¿EN QUÉ QUEDÓ LA CONCERTACIÓN?

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 5 de febrero de 2017

Aunque muchos de nosotros estamos muy pendientes de lo que hace y deshace el nuevo POTUS, que en 15 días ha sacudido al mundo (parafraseando a John Reed, el gringo que publicó en 1919 “Diez días que estremecieron al mundo” relatando la revolución bolchevique, que en octubre próximo cumple 100 años), y nos hemos solidarizamos con México y otros países que han sido avasallados, tenemos que mirar nuestro propio patio para que, cuando nos toque, estemos preparados.

Uno de los encuentros más recientes que se han dado en el mundo, independientemente del “reality show” que a cada rato monta el nuevo inquilino de la Casa Blanca, fue la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos, que se verificó en Suiza bajo el lema central de Liderazgo Responsable y Receptivo.  Según un interesante documento que publicó en este diario el Ing. Juan Carlos Roldán, de la empresa de comunicaciones Pizzolante, se destaca que las nuevas circunstancias del mundo obligan a buscar el perfil, la oportunidad y la responsabilidad de los líderes políticos y económicos que deben combatir la exclusión existente en muchos países.

En Panamá, esas nuevas circunstancias se vinieron develando desde el año 2006, cuando se convocó a un referéndum para la ampliación del Canal de Panamá, que en teoría brindaría excedentes que debían ser invertidos en alcanzar una sociedad más democrática, equitativa, próspera, social y ambientalmente sostenible y regionalmente equilibrada.

En el año 2007, después de meses de arduo trabajo de varias mesas interdisciplinarias y la participación de 2000 personas de todo el espectro social, gremial, profesional, étnico, religioso, político e ideológico, se logró un documento inédito en la historia de los diálogos, que permitió recopilar información valiosa sobre las realidades de cada provincia y las comarcas para construir una visión territorial desde la amplia participación de la gente.  Mediante estos acuerdos de concertación nacional para el desarrollo se le ofrecía a la economía panameña una renovada oportunidad de alcanzar el objetivo de superar una realidad éticamente intolerable, socialmente inaceptable, económicamente injustificable y políticamente insostenible, con voluntad, ilusión y esperanzas, además de los mecanismos para monitorear su avance y lograr alcanzar sus fines.

Dado que el país tiene profundas asimetrías sociales y territoriales, que afectan primordialmente a los sectores agrícolas e indígenas, se tomaron en cuenta estos fenómenos –que le dan el peso a solamente tres provincias que generan el 90% del Producto Interno Bruto (PIB)– para dirigir al país a un crecimiento sostenible, que es el que se alcanza con una tasa de crecimiento del PIB superior al 7% anual durante períodos prolongados.  La realidad de Panamá –que ya es un país de ingreso medio – es que ha mostrado serias dificultades para sostener esta dinámica de crecimiento y por ende no logra tener una sociedad equitativa que eleve el ingreso por habitante de la población más pobre y mejore el acceso a servicios e infraestructura de calidad.

Los acuerdos de la concentración nacional para el desarrollo fueron suscritos en octubre de 2007 y lo firmaron abogados, clubes cívicos, economistas, etnia negra, el Gobierno Nacional (que encabezaba en ese momento el Presidente Martin Torrijos), la Asamblea Legislativa, los gobiernos locales, iglesias, comité ecuménico, ingenieros y arquitectos, instituciones de educación superior, organizaciones empresariales, juveniles, de mujeres, de pequeños y medianos productores, de trabajadores, pueblos indígenas, partidos políticos (con la excepción de Cambio Democrático), representantes de provincias y de las diferentes mesas que trabajaron en su elaboración y, como testigos, el entonces coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas, la directora del equipo facilitador para la concertación, la hoy vice presidenta Isabel Saint Malo de Alvarado, y el facilitador principal para el proceso.

Esta instancia cuenta con sendas oficinas en el área de Balboa, funcionarios con altos sueldos pero a la fecha, ningún resultado se ha visto.  Si existen los mecanismos para enfrentar los problemas que surgen a diario, ¿qué estamos esperando para que se pongan a trabajar?  ¿Por qué directora del equipo facilitador no ve la oportunidad de ejercer un liderazgo responsable y receptivo en momentos que el país atraviesa un serio problema de gobernabilidad y se acuerda de sus tiempos de asesora de Naciones Unidas?

Recordemos que el término concertación es un acuerdo, pacto o convenio que se hace sobre algún propósito, y en el caso que nos concierne, el propósito es Panamá y las renovadas oportunidades para el desarrollo que se presentaron cuando se decidió actualizar los objetivos y metas nacionales del desarrollo.