UN JUSTO RECONOCIMIENTO

Por Mariela Sagel, Facetas, 25 de agosto de 2017

En la pasada Feria del Libro de Panamá se le concedió la “Pluma de Oro” al escritor panameño Justo Arroyo, por su obra literaria, que mayormente ha sido en narrativa de cuentos y novelas.  Frente a esto, el autor manifestó que lo considera un gran honor el haber sido distinguido con ese reconocimiento, fundamentalmente por la labor que realiza la Cámara Panameña del Libro en la promoción de la lectura.

Sus palabras al aceptar este galardón fueron improvisadas, no elaboró un discurso como el que hace unos tres años escuché embebida cuando asumió como Académico de la Lengua, pero hizo énfasis en las influencias con las que alega tener deudas, entre ellas Rogelio Sinán, José de Jesús Martínez y Roque Javier Laurenza.

A Justo Arroyo se le ha llamado “El Príncipe de las letras panameñas” y es, sin lugar a dudas, el escritor vivo más importante que tenemos.  Con casi una decena de novelas publicadas, igual cantidad de libros de cuentos, estudió en la Universidad de Panamá y en la Autónoma de México, además de dedicarse a la traducción.  Se ha alzado con ocho premios Ricardo Miró, el concurso de excelencia literaria que se celebra en Panamá desde hace 75 años y también recibió el Premio Centroamericano Rogelio Sinán en 1997, con el libro de cuentos “Héroes a medio tiempo” cuyo prólogo lo hizo el escritor argentino Mempo Giardinelli, quien en la contratapa de la primera edición de su célebre novela “Vida que olvida” destaca que el autor “todo lo combina con un maduro espíritu crítico, agudo sentido de la observación y conocimiento de los recovecos más profundos del alma humana”.

Vida que olvida”, fue editada por el sello Alfaguara en 2002 y recientemente (en 2014) la editorial Random House la reeditó en formato de bolsillo, lo que manifiesta el autor que se siente abrumado y agradecido por la acogida que le ha dado esta editorial.  Conversando con la editora, María del Carmen Deola, que estuvo aquí para la feria, la idea es que esa historia, tan fundamental para entender nuestra esencia como nación, sea leída en forma masiva y sobre todo, por los estudiantes.

VIDA QUE OLVIDA

Cuando se presentó al público la primera edición de “Vida que olvida” las palabras de presentación le correspondieron al Dr. Aristides Royo, con quien ahora el autor comparte labores en la Academia de la Lengua.  Y tal como lo indicó el Dr. Royo, ex presidente de la República, es una magnífica novela iberoamericana además de una gran novela panameña. Sus personajes son un bogotano blanco y rubio, que se casa con una cartagenera negra y bella, y deciden venir a vivir a Panamá (que era todavía parte de Colombia) y llegan a la ciudad atlántica de Colón (de donde es oriundo el autor) en 1885, en el momento que iban a ejecutar a Pedro Prestán por presuntamente haber incendiado su ciudad natal, –lo que él negó rotundamente porque allí vivía su familia, señalando a los gringos como los verdaderos incendiarios–, en su afán de justificar otra intervención en el Istmo, para sabotear al canal francés.

El protagonista principal, Pedro Regalado, a quien en todo momento el autor lo nombra por su nombre completo, desgrana toda una vida en esa ciudad y cómo se mantuvo siempre leal a Colombia, llegando a odiar tanto a Manuel Amador Guerrero como a Teodoro Roosevelt y de paso a los gringos.  Nunca perdió las esperanzas de que Panamá volviera a ser parte de Colombia y por allí pasan todos los hechos acontecidos durante la separación, la posterior firma del tratado del canal, el primer conflicto bélico mundial, la guerra de Coto contra Costa Rica (1921), la gran depresión de 1929 y termina su mágico relato en 1939, cuando lee en el diario que el generalísimo Francisco Franco pone fin a la Guerra Civil y Hitler invade Polonia.  Pero una noticia, en el mismo periódico, lo deja perplejo, y es que al hospital más importante de la ciudad que acogió como suya, le han puesto como el que consideraba su enemigo, Manuel Amador Guerrero.

“Vida que olvida” es una magnífica novela que nos habla de amores, de nacionalismo, costumbres y también detalla un final de siglo y principio de otro que todos los latinoamericanos debemos conocer.  Pedro Regalado vive y sufre todos los eventos que fueron marcando el Istmo y se irrita con la claudicación final del reconocimiento de Colombia de Panamá como república independiente, que demora hasta 1924 esta decisión.  Mientras tanto, él y su mujer, Antonia, tienen tres hijas, con 10 años de separación entre sí, que le causan muchos dolores de cabeza por las circunstancias especiales en que nacen y son educadas.  También cuando se casan, tienen hijos y dos de ellas mueren.

“Vida que olvida” es indispensable para cualquier lector que se precie de conocer de historia panameña.  Además de amena, tiene unos toques de realismo mágico que nos hacen aferrarnos a su lectura y relectura.  Sus descripciones de las tradiciones como la del Cristo Negro, y las pasiones que se desatan en las ciudades que caen en la decadencia de ser puertos –como lo hizo Colón— son insuperables y la reedición de su obra, en formato bolsillo, uno de los más grandes reconocimientos a la vigencia de esta historia que no se olvida, sino que se queda con nosotros para siempre.