LA RELIGIÓN QUE UNIÓ A PANAMÁ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 8 de septiembre de 2017

Ayer se cumplieron 40 años de la firma de los Tratados Torrijos Carter, que devolvieron a nuestro país su soberanía sobre la ignominiosa franja que a ambos lados del paso transístmico controlaba los Estados Unidos desde 1903, gracias a un tratado que ningún panameño firmó y que le permitió a la potencia del norte terminar de construir el canal empezado por Ferdinand de Lesseps, con la finalidad de facilitar el tránsito entre los océanos Atlántico y Pacífico.  Esta prodigiosa obra de ingeniería, que opacó la gloria del empresario francés por el fracaso que representó en nuestro país (después de haber sido alabado por la culminación en 1869 del Canal de Suez), fue desde sus inicios una constante afrenta a nuestra soberanía, (por existencia de la Zona del Canal) que logró unir a los panameños para demandar el reintegro de esas tierras y su usufructo por la joven nación.

Muchos han sido los actos que se organizaron para conmemorar esta histórica fecha, que se escenificó en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) el 7 de septiembre de 1977 ante la presencia de mandatarios de varios países y personalidades famosas.  Los tratados fueron ratificados en Panamá en un plebiscito celebrado el 23 de octubre de ese mismo año, con un porcentaje a favor de 66.14% y en Estados Unidos, pese a la férrea oposición de los sectores más conservadores, el Senado estadounidense ratificó lo firmado por el presidente James Carter, gran amigo de Panamá, que estaba convencido de que Estados Unidos debía corregir una injusticia, y los tratados entraron en vigor el 1 de octubre de 1979.  Tuvieron que pasar 23 años para que Panamá recibiera en su totalidad todo el territorio ocupado, pero la transición se hizo de manera ordenada, culminando el 31 de diciembre de 1999.  La paradoja del asunto es que quienes recibieron con la formalidad del caso la administración del Canal fueron los que se opusieron al tratado en su momento, por la simple y mezquina razón de que la había negociado Omar Torrijos, que a juicio de Carter, tenía gran coraje político y honestidad y a quien consideró su amigo personal.

Al acto celebrado en la sede de la OEA concurrieron representantes de 27 naciones del mundo, entre los que se contaban 18 jefes de estado. Los presidentes de Colombia, Alfonso López Michelsen; Venezuela, Carlos Andrés Pérez, Costa Rica; Daniel Oduber y México, José López Portillo, estuvieron entre los más destacados defensores de las negociaciones que se llevaron a cabo durante años, con Torrijos a la cabeza, sin que ninguna bala fuera disparada, después de los aciagos días enero de 1964.

Fue un triunfo de la diplomacia y la unión de un pueblo en una causa común, que contó con el respaldo de personas tan dispares como el actor John Wayne y el multimillonario David Rockefeller, así como Josip Broz, «Tito», jefe de estado de la antigua Yugoslavia, Fidel Castro de Cuba, Felipe González de España y de entusiastas intelectuales como Graham Greene y Gabriel García Márquez, entre otros.  Torrijos emprendió una gira internacional para obtener el respaldo a la causa de Panamá y la obtuvo de parte de la mayoría de las naciones que visitó.

En ocasión de esta celebración, la Fundación Omar Torrijos divulgó un video con el título de esta nota: “la religión que unió a Panamá” en la que Adolfo Ahumada, ex negociador, destaca dos obras fundamentales que marcaron una generación, para comprender las complejas relaciones entre nuestro país y los Estados Unidos: “Las relaciones de Panamá y los Estados Unidos”, de Ernesto Castillero Pimentel y “3 de noviembre”, de Diógenes de la Rosa.  De igual forma explica que Panamá no era enteramente soberano y lo primero que se eliminó fue el gobernador, los jueces, las leyes, el sistema institucional y estructural, migración, el control de los puertos y sobre todo, se recuperó el usufructo de su posición geográfica.

Fue una lucha que unió a los estudiantes, a los dirigentes campesinos, a los obreros, a los profesionales, a todo un pueblo, que logró que la causa se convirtiera en una religión.

El video empieza con un verso del poeta Manuel Orestes Nieto, publicado en el bellísimo poemario editado en varias lenguas “Aquí nací y moriré”: “Vendrán las madres de otras madres, y ésta será también su patria sagrada.  Aquí estará por siempre el lugar donde nací.  Este delicado hilo de luminiscencia que entró a mis pupilas al nacer y salió al morir, es este privilegiado y amoroso filamento de tierra entre dos prodigiosos océanos….. Aquí nací y moriré”