DESFACHATEZ GUBERNAMENTAL

Por Mariela Sagel, El Siglo, 13 de noviembre de 2017

No tiene nombre ni adjetivos lo que pasó con la sonada audiencia por Skype en el caso Odebrecht, que se realizó el jueves pasado, y al que la jefa del Ministerio Público calificó como un hito por llevarse a cabo a través de medios tecnológicos de avanzada. Tanta bomba no reparó en que la supuesta traducción simultánea resultó en ser casi artesanal (por eso duró tanto), y ni siquiera era traducción sino una interpretación consecutiva.

Parece sospechoso que se haya realizado un día antes de un feriado casi sagrado en nuestra holgazanería patriotera de noviembre, y apenas unas horas antes de la realización de un partido de fútbol en el que jugaba la selección panameña, esa que tanta atención recibe ahora por haber logrado que Panamá participe en el Campeonato Mundial de Fútbol en Rusia.

Para colmo de males, al presidente lo agarraron de atrás pa’lante en la mañana, y en un intento desesperado por quitarse de encima todo el salpique que lo señalan a él y su partido como receptores de dineros de la constructora Odebrecht, llamó donaciones a lo que es una coima y encima, dijo que la iglesia católica, al igual que los medios televisivos, también recibieron esos donativos.

No pasó mucho antes de que el arzobispo Ulloa saliera a desmentir las palabras del presidente y en otro intento desesperado, amenazó con dejar salir su verdadero yo si lo siguen vinculando a Odebrecht.  O sea, se mounstroseó.

Al final del día (o de la noche) resultó que no pasó nada, que la audiencia casi que absuelve a los brasileños y siguen en la mira los mismos de siempre, o sea, los hijos del loco que está en prisión en Miami, sus ministros y colaboradores más allegados, y no hay viso de que se abra a otras personas u otras gestiones.

Esta semana el presidente se va para China y se lleva a todos los que dirigen la seguridad del estado y a la vicepresidenta.  Al resto del país, ¿quién podrá defenderlo?