SIN DESARROLLO NO HAY CRECIMIENTO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 15 de diciembre de 2017

En Panamá nos pasamos alardeando de que es el país que más crecimiento arroja en la región, al punto de que somos la envidia de nuestros vecinos, pero no entendemos que sin desarrollo humano no hay verdadero crecimiento.  Se define el primer mundo como el que aglutina los países que arrojan un alto índice de desarrollo humano (IDH) y que solamente es posible si disfrutan de altos estándares de vida, seguridad sanitaria, esperanza de vida y calidad de servicios.  Generalmente, estos países gozan de instituciones democráticas robustas y confiables.

Sin embargo, no nos acercamos a ser del primer mundo, por muchos índices de crecimiento que mostremos, ya que nuestras instituciones democráticas son incompetentes, están maniatadas e imparten su accionar de manera sesgada.  Igualmente, nuestros servicios, los que pregonamos al mundo con orgullo, distan mucho de ser profesionales.  De hecho, he visto cómo se ha ido deteriorando en diferentes aspectos la atención en un país que, en teoría, vive de la prestación de servicios.

Empecemos por nuestra aerolínea de bandera, Copa, dueño y señor de los cielos aeronáuticos.  Me tocó pasar por una experiencia muy negativa recientemente cuando mi hija, viajando con sus dos hijos pequeños, hizo con tiempo su web check in e imprimió los pases de abordar.  Supuestamente con ese trámite era cuestión de solamente ir a dejar las maletas al mostrador.  Pues bien, resulta que el día del viaje se puso en la fila correspondiente y si al principio fue lenta la atención, después fue nula, ya que, en plena temporada de fiestas, cuando aumenta el tráfico de pasajeros, no había nadie atendiendo en los respectivos mostradores.  Mucha gente estaba impaciente, con aprehensión a perder su vuelo y exigimos a los empleados que agilizaran el asunto (incluso yo demandé que se atendiera a mi hija con prioridad porque viajaba con coche y niños muy pequeños).  La respuesta, del primer empleado que abordé fue que él no era el supervisor, la de una señora que iba muy oronda paseándose frente a los indignados fue un gesto de desprecio y finalmente del supervisor, que pronto se iba a retomar la atención.  De todos tomé sus nombres para reportarlos.

Una muestra de que la justicia no funciona ni a nivel muy bajo ni a niveles altos es un hecho que ocurrió a unos familiares cercanos, que sufrieron el robo de todas sus joyas en el mes de junio por parte de una empleada doméstica nicaragüense.  Se puso la denuncia en la fiscalía y en octubre supimos que habían detenido a la susodicha por estar indocumentada.  Al ir a verificar que estuviera la denuncia en orden para que se procediera al careo y la acusación, se nos dijo que la fiscalía no había dado traslado “porque tenían mucho trabajo”.  La señora fue deportada, pero no se le pudo probar que robó descaradamente en casas que le dieron la confianza para trabajar, especialmente sin contar con sus papeles migratorios en regla.

La atención en los establecimientos, aún de los más encumbrados, ha ido en franco deterioro, ni hablar de en los necesarios, como las farmacias, supermercados y similares.  Volviendo a Copa, se supone que somos el Hub de las Américas y que la aerolínea cuenta con un índice de puntualidad muy alto.  Pero eso no lo exime de que deba mantener su estándar en forma permanente.  En Tocumen, por ejemplo, hay unos maleteros que controlan los carritos que asisten a los viajeros con su equipaje.  Esos carritos estuvieron por años en un litigio hasta que finalmente se pusieron las máquinas que los administran, pero resulta que hay que pagar con dólares, no aceptan tarjetas de crédito, lo que los coloca en un desfase, ya que no necesariamente el visitante que llegue a Panamá cuenta con dólares para pagar ese servicio.  Y ni hablar de los aires acondicionados, que un ala de la terminal funcionan a punto de congelamiento y en la otra prácticamente estás cocinándote a fuego lento.

Cuesta mucho construir prestigio, confianza y estima y la mayoría de las veces, con solo una acción, una mala atención, un mensaje equivocado y hasta con un tuit o un mensaje de voz disparado con o sin premeditación todo se viene abajo.  La ruta para llegar a ser del primer mundo no es solamente mostrar crecimiento sino un apreciable índice de desarrollo humano que empieza con la atención, la educación y, sobre todo, la consistencia en los desempeños.

ASALTO NAVIDEÑO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 8 de diciembre de 2017

El título de este artículo evoca una canción que se hizo famosa en 1970 por el ya desaparecido cantante puertorriqueño Héctor Lavoe, que la estrenó en las fiestas navideñas de ese año con Willie Colón, y se convirtió en el álbum más vendido de la historia de la música latina con tema navideño. Y en Panamá, desde hace unos años, las empresas e instituciones internacionales acostumbran perpetuar un “asalto navideño” al país, y las mismas autoridades también lo hacen, disfrazados del populismo que han abrazado como método de gestión.

Todos recordarán que durante varios años la empresa Sacyr, contratista de la expansión del Canal de Panamá, nos regalaba unos alcances, paralización de obras y sobrecostos como regalo del Niño Dios.  A pesar del pusilánime llamado que hizo el presidente Juan Carlos Varela el año pasado, que dejáramos los temas importantes para después de las fiestas de fin de año para que nada las enturbiara, siguen lloviendo las malas noticias.  No han valido las entregas de los CEPADEM, de casas en Colón o la celebración de licitaciones de infraestructuras, nada logra disipar el tupido velo que tiene que ver con Odebrecht, con Blue Apple y con muchos de los escándalos que, como una pelota de fútbol se la pasan de un lado de otro. Y la Procuradora ni se entera, no da cuentas, no avanza en las investigaciones que todo el país espera que ofrezca.

Para rematar el ambiente enrarecido, dos de los directores de la Junta Directiva del Canal de Panamá, que debería (como en años anteriores) estar conformada por un grupo de notables en diferentes disciplinas –aunque la única mujer que actualmente funge como directora es de cuestionables ejecutorias, sin que necesariamente sean méritos profesionales o académicos — están señalados en un escándalo de los muchos que escenifica este gobierno, incluso con alertas de Interpol para su captura, y el presidente se excusa diciendo que estará “evaluando” si se los remueve.  Se sabe que los dos, Corcione y Mizrachi han incumplido con sus funciones, ausentándose más de lo permitido, por lo que la decisión no debería tomar mucho tiempo para el jefe del ejecutivo que como dice su nombre, debe ser “ejecutivo”, no un pinche burócrata que todo lo demora.

También se anuncia que a partir del 15 de diciembre el presidente va a decidir a quién nombra en la Corte Suprema de Justicia, y todos recordamos lo que ocurrió la última vez que designó a dos ilustres desconocidos y con abiertos lazos con el poder: reeligieron al deleznable magistrado que había sido premiado por el ex presidente Martinelli con la magistratura cuando le sirvió como un fiel peón tanto desde la Fiscalía contra la delincuencia organizada como desde la Procuraduría General de la Nación.  Nada nos garantiza que, otra vez, el presidente se burle de los que todavía suspiran de que vaya a cumplir su palabra, la que no ha honrado a lo largo de su mandato.

Para rematar, la Unión Europea nos pone en la peor de las listas, al lado de países que uno no sabe ni dónde están ubicados en el globo terráqueo, como poco colaboradores en el lavado de dinero y otras yerbas.  La cancillería, en esta ocasión, se desboca en defenderse y protestar, lo que no hizo cuando nos golpearon con los Panama Papers ni cuando por capricho de un par de burócratas gringos, metieron en la infame Lista Clinton a las empresas de la familia Waked, logrando quebrarlas, rematarlas y doblegarlas. Cuando se dieron cuenta de que no podían comprobar nada, se erigieron en defensores de la libertad de expresión, sacando los periódicos La Estrella y El Siglo, a pesar de que el representante diplomático de Estados Unidos señaló contundentemente en su oportunidad de que los miembros de esa familia eran los mayores lavadores de dinero y financistas del terrorismo.  A la fecha, no se ha levantado ni un solo cargo contra los Waked, y, por ende, no se les ha podido probar nada.

El populismo no es solo de izquierda, también es de derecha y de centro y es el resultado de políticas irresponsables que agravan los problemas sociales y económicos de los países que se rinden a su hechizo.  Para muestra varios botones: los subsidios, las ferias de jamones, las becas sin mérito y acciones como las de CEPADEM en época de Navidad:  nos toman por asalto y, por ende, nos toman por imbéciles.