EN EL REINO DE TODAVÍA

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 21 de enero de 2018

En 1996 salió una canción con una letra subliminal, que fue objeto de un montón de análisis, del cantautor cubano Silvio Rodríguez, titulada “Reino de todavía”.  Se la dedicó a su colega cantante, Amaury Pérez, por su cumpleaños No. 41.  Pérez fue fundador, junto con Silvio, Pablo Milanés, Noel Nicola y otros, de la Nueva Trova Cubana, que todavía hoy sigue vigente a pesar de todos los cambios que han experimentado el mundo y Cuba.

Muchas de las sugestivas frases de esa canción pueden aplicarse a Panamá, que no solo vive un abotagamiento de nuestra sensibilidad social sino un aborregamiento de la sociedad, al punto que la idiotización a la que nos tienen sometidos tanto los gobiernos como los medios de comunicación masiva, con programas basura estridentes, llevan a mitificar los libros de autoayuda y el misticismo estilo Cohelo.

Las alarmas suenan, como en la canción de Silvio que “y nadie las ve avanzando por sobre el ruido” y es así como la Procuradora anuncia en una conferencia de prensa el entramado de otro escándalo de corrupción llamado “Blue Apple”, que tiene varios años pero que ahora lo sacan a relucir, pero no dice nombres ni acciones que tomará para proseguir con las investigaciones.  Un escándalo tapa al otro y pareciera que el tema Odebrecht pasó a ser periódico de ayer, sin que ninguno de los responsables, incluso los miembros de este gobierno señalados y que han aceptado recibir “donaciones” –como ellos les llaman a las coimas— sean investigados.

Uno de los desfalcos más sonados de los últimos años, y que involucró la desaparición física de un ejecutivo de la casa de valores Financial Pacific, ha sido tratado por los jueces y fiscales con displicencia y esta semana, para acabar de rematar, en este “reino de todavía”, el expediente del mismo se le cayó a un individuo que iba en una moto camino del interior.  Una persona que iba detrás del motorizado lo recogió –milagrosamente el legajo ni se ensució ni se desordenó— y se lo llevó al periodista Álvaro Alvarado, que conduce el noticiero matutino de más rating en Panamá.  Eso forzó al presidente de la Corte Suprema –que de milagro no andaba de viaje— a convocar a una reunión para averiguar qué había pasado, con la posterior explicación de un juez que alegó que le estaban llevando el expediente a su casa para trabajar en él.  ¿Alguien se creyó esta historia?

Y como seguimos en este sistema de borregos, idiotizados por los teléfonos inteligentes y adictos a los mensajes de texto y al Instagram, el Ministerio de Obras Públicas, cuyo titular se dio el tupé de decir el año pasado que nunca había caído en un hueco en las calles de la ciudad de Panamá (será que viaja en helicóptero porque la mayoría de las calles están intransitables y son una amenaza para el buen funcionamiento de los carros que las circulan) se salió con un decreto, como “un antecedente de los ciclones”, suscrito hace unos meses, en que establece el uso de la Cinta Costera, justo después de que una figura del espectáculo realizó una concentración masiva contra la corrupción en esos predios.  La población entera protestó por esta medida inconstitucional (de las manos de los supuestos constitucionalistas) y tuvo que salir el ministro de la Presidencia a explicar, en un galimatías que nadie entendió, que no se iba a aplicar.  Saqué dos conclusiones de esta bochornosa conducta: el país se conduce como en una pista de carritos locos y los panameñistas* no tienen nada en la mollera, aunque esto último todos lo sabemos y de sobra. Una tercera reflexión sobre la prohibición de la Cinta Costera sería que cómo emiten una reglamentación así si originalmente la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) se iba a celebrar allí.  Recordemos que, para el actual gobierno, lo más importante que le ha ocurrido a Panamá desde que somos país es que nuestro equipo de fútbol clasificó para ir al Mundial de Fútbol y que la JMJ se va a celebrar aquí.  De nada han valido las luchas nacionalistas y la recuperación del Canal de Panamá de manos de los gringos.

Remato con Silvio, porque para no enloquecer o volverse indiferente hay que cobijarse en la poesía: “El sistema invisible tendrá su precio, su frontera y tamaño, su analogía. Dios le llaman algunos, otros Comercio, más para mi es el Reino de Todavía”.

*Nombre del partido en el poder

BALANCE DE UNA PROTESTA

Por Mariela Sagel, El Siglo, 15 de enero de 2018

Voy a expresar aquí mi opinión sobre la concentración organizada la semana pasada, el día que conmemorábamos los 54 años de que ocurrió la gesta del 9 de enero, que marcó un final y un principio en nuestras relaciones con los Estados Unidos.  Según los noticieros y los comentarios que he escuchado, la convocatoria fue exitosa y ordenada, y mucha gente (especialmente jóvenes de clase media y alta) acudieron, muchos de los cuales nunca sintieron ninguna motivación para acudir a un acto ese día, que es de duelo nacional.

Me surgen preguntas como si en vez de ser un día libre y que no fue puente, tanta gente hubiera acudido. Escuché comentarios como: fui a una marcha anticorrupción hasta con mi nieto y mi perro, como si fuera parte de una actividad recreacional.  Me abstengo de emitir mis opiniones sobre el organizador de la marcha, pero sí veo con preocupación que las figuras del espectáculo, de la farándula, se vuelven políticos de repente, y ya hemos pasado por algunas experiencias no muy felices, como fueron Bosco Vallarino, Agapito, Panchito y hasta un “grande de la música” como Luis Eduardo Quirós, llegan por ser electas por ser figuras mediáticas.  Estoy segura de que la “One Two”, que adoro, convoca una marcha y va más gente, porque así es: vivimos en la civilización del espectáculo.

Los manifestantes no debieron ir frente al edificio donde vive el presidente a gritarle consignas (aunque se las merece) porque es una falta de respeto y encima, perturban a más de 200 familias que allí viven, pero más grave fue la reacción del gabinete, en una desacertada conferencia de prensa, donde amenazó con tomar acciones contra los que estuvieron allí presentes.  El tono que usaron para hacer esa condena fue amenazante, y nos hace pensar que, si la máquina pinchadora que usó el preso de Miami y no aparece, ¿no estará en manos de ellos y siguen con esas mismas prácticas?  Al fin al cabo, estuvieron 26 meses agarraditos de la mano.