LA CASA BOYACÁ

Por Mariela Sagel, El Siglo, 26 de febrero de 2018

Estuve fuera cuando ocurrió el lamentable incendio que destruyó la Casa Boyacá y seguí de cerca lo ocurrido.  Me impresionó que un patrimonio como ese baluarte llamado Mano de Tigre fuera presa de las llamas.  El inmueble fue construido en el siglo XVII y en el siglo siguiente sus muros fueron mejorados, semejando la proa de un barco.  El nombre, Boyacá, se le dio por un barco colombiano que fondeaba en nuestros mares a fines del siglo XIX (y también por el departamento de ese país, del que formábamos parte).

Tuvo varias remodelaciones, la más reciente en 2004, manteniendo su estructura sobre los muros del antiguo foso, que era una muralla exterior, de cuando la ciudad era dividida entre los “de adentro” y los de “afuera”.

El incendio de este icónico edificio es un duro golpe a la memoria, expresó el escritor panameño Carlos Fong cuando se producía el siniestro.  La reacción de los vecinos y de dos de las fundaciones que gozan del privilegio de estar en el Casco Antiguo no se hizo esperar.  Como estaba dedicada a viviendas populares, hay muchas personas mayores que hoy no tienen dónde vivir.  También hay una juventud que se vio tocada por la labor que hace la Fundación Danilo Pérez, que a través de la música los aleja del mal vivir.  A todos hay que ayudarlos a retomar sus vidas.

Pero lo más importante es que se restaure la Casa Boyacá exactamente como fue concebida y como fue conservada desde su construcción hasta nuestros días, sin concesiones.  Que esto no sea una excusa para que nos priven de gozar de semejante portento de construcción.  Les toca a las autoridades de Patrimonio Histórico y del Instituto Nacional de Cultura velar porque se haga lo debido, pero sobre todo, al Gobierno Nacional garantizarnos que no se nos borre de la memoria la curiosa y agresiva construcción de este baluarte Mano de Tigre.