Marruecos en la literatura

Por Mariela  Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 1 de abril de 2015

Poco conocemos de la literatura marroquí, pero hay académicos e hispanistas que han estado promoviendo desde hace mucho tiempo el intercambio cultural con el sur de España, donde la influencia morisca es más evidente

Hacer un balance de la literatura marroquí, sea en árabe, español o francés, que son las lenguas en las que generalmente se escribe y publica, es tarea de especialistas que durante años la han evaluado, especialmente por los vaivenes que esa región del Magreb ha tenido desde que se conoce de ella. El Reino de Marruecos, como oficialmente se llama, es un país musulmán en África, que tiene al norte el Mar Mediterráneo, y al oeste el Océano Atlántico, allí donde confluyen los dos grandes mares. Frente a Europa está África, a solamente 39 kilómetros de distancia.

Galería de Eugene Delacorix

Es una monarquía constitucional y hace un año y medio tiene una embajada en Panamá, aunque las relaciones entre los dos países datan de más de 40 años. Los anteriores embajadores eran concurrentes y despachaban desde países cercanos.

Se estima que es el lugar más antiguo del mundo, ya que en sus tierras se encontró un cráneo de Homo Sapiens en el año 8000 AC. Una de las lenguas y etnias más destacadas de Marruecos es la bereber y todo indica que surgió al mismo tiempo que la agricultura.

Como fue protectorado español y francés, no estuvo exento de disputas entre esos dos países, que querían contar con un frente estratégico en sus tierras, con cierto apoyo y mediación de Gran Bretaña. Al soplar los vientos de guerras, las tensiones se acrecentaron y los mismos marroquíes se fueron involucrando en movimientos separatistas, que lograron que en 1956 se constituyera un país independiente.

Mientras todo esto ocurría, y desde tiempos inmemoriales, Tánger, la ciudad puerto que une a Europa con África y al Mediterráneo con el Atlántico, seducía a muchos intelectuales, artistas, conquistadores y gente famosa, que hicieron de ese maravilloso lugar un mito, una atmósfera, que cuando uno la abandona se pregunta si es que la soñó.

LOS FAMOSOS DE TÁNGER

En el siglo XIX las misiones diplomáticas y comerciales europeas aumentaron su presencia en la ciudad y en 1925 Tánger se convirtió en Zona Franca internacional, bajo la soberanía del Sultán de Marruecos. Esa es la época dorada de la ciudad, cuando se experimentó un gran desarrollo cultural y económico que le creó una reputación ‘novelesca’ en el cine y en la literatura. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que en esa ciudad se inventó la globalización.

De los más emblemáticos tangerinos está Ibn Battouta, nacido en 1304, que fue un viajero, peregrino, explorador que, al igual que Marco Polo (con quien se le compara) recorrió kilómetros para conocer el mundo, aunque lo hacía por razones intelectuales, mientras que el italiano, por razones comerciales. Se estima que recorrió el oeste, centro y norte de África, parte del sur y el este de Europa, Oriente medio, la India, Asia central, el sureste asiático y China, por lo que superó al viajero oriundo de Venecia en sus desplazamientos. Su tumba es lugar de peregrinación si uno visita su ciudad natal y a ella hacen referencia muchas novelas al igual que películas. Su ‘rihla’ o periplo le tomó 20 años, y está relatada por un estudioso granadino, Ibn Yuzayy, motivado por el sultán de esos tempranos años del siglo XIV, que lo contó en detalle en una crónica dictada por el trotamundos tangerino, a instancias del sultán.

Madre de leche y miel

Es interesante conocer que Marruecos fue el primer país en reconocer la independencia de Estados Unidos en 1777 y, en agradecimiento, el Sultán Moulay Slimane regaló a la misión estadounidense una regia mansión en Tánger, en 1821. Hoy día funciona allí un museo, que muestra la historia de la ciudad entre los siglos XVII y XX.

A Tánger, como a un imán, fueron a dar muchos escritores, de la talla de Tennessee Williams, Paul y Jane Bowles, Ernest Hemingway, William S. Burroughs, Raymond Chandler, Truman Capote y otros que entre 1925 y 1960 fueron parte de un movimiento conocido como la generación beat. A ellos se les unió el pintor Henri Matisse, que decía de Tánger que era ‘el paraíso del pintor’ y otro artista francés, Eugene Delacroix, exclamó, al descubrir la ciudad ‘Vengo de recorrer la ciudad. En este momento soy como ese hombre que sueña y ve cosas temiendo que se le escapen’. Su obra, a partir de ese encuentro con el paisaje tangerino, sufrió una transformación innegable. Hay una Galería Delacroix en la Rue La Liberté, que sube hacia el Gran Café de París, casi enfrente al mítico hotel El Minzah, en donde se hospedaron en su momento, Rita Hayworth, Rock Hudson, el diseñador Yves Saint-Laurent, Tennessee Williams y Paul Bowles. Otro dato que es de resaltar es que la película Casablanca no fue filmada en esa ciudad marroquí, sino enteramente en Hollywood, pero para celebrar la notoriedad, hay un Ricks’s Café en la ciudad de Casablanca.

Eva, de Arturo Pérez Reverte, que se escenifica en Tánger

Los afectos de Saint-Laurent se establecieron en Marrakech, donde compró varias propiedades, una de ellas la Villa Oasis. En esa también maravillosa ciudad hay una fundación y ahora cuenta con un museo Yves Saint-Laurent.

PUENTE CULTURAL ENTRE LA LITERATURA ESPAÑOLA Y TÁNGER

Poco conocemos de la literatura marroquí, pero hay académicos e hispanistas que han estado promoviendo desde hace mucho tiempo el intercambio cultural con el sur de España, donde la influencia morisca es más evidente. Autores marroquíes contemporáneos son muchos, aunque algunos no vivan en su país, como es el caso de Leila Slimani, que ganó el Premio Goncourt en 2016, el más prestigioso de la lengua francesa, por su libro Canción dulce y que hoy forma parte del gobierno del presidente francés Emmanuel Macron para el tema de la Francofonía. También destacan novelistas y cuentistas como Mohamed Akalay, Larbi El-Harti, Mohamed, Lahchiri y Najat El Hachmi; los relatos de género negro de Ahmed Oubali y la poesía de Mohamed Mamún Taha, Abderrahmán El Fathi y Abdellatif Limami.

Niebla en Tánger

Algunos escritores en lengua española que son dignos de mencionar, que recrean sus obras en Marruecos, son el mexicano Alberto Ruy Sánchez, que ha recibido más de 100 premios nacionales e internacionales y que fue elogiado en su momento por Octavio Paz, Juan Rulfo, Severo Sarduy, Alberto Manguel y Claude-Michel Cluny. Ruy Sánchez dirige desde 1988 la revista Artes de México y para él, cuando visitó el Sahara por vez primera, tuvo un Déjà vu que lo transportó a su primera infancia. Lo que él llama ‘la memoria involuntaria’ ha permanecido como una constante en sus obras.

Ángel Vásquez, nacido en Tánger, pero considerado escritor español, ganó el premio Planeta en 1962. Su mejor novela es La vida perra de Juanita Narboni , publicada en 1976 y de la cual se hizo una magnífica película, que transcurre en su ciudad natal. Hace un mes la cinta fue presentada en Panamá dentro del mes de la Francofonía por la Embajada de Marruecos. La obra de Vásquez ha sido elogiada por Alejo Carpentier y Juan Goytisolo.

Elías Canetti, de origen búlgaro y que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1981 publicó un interesante libro titulado Las voces de Marrakech , un recuento de su visita a esa ciudad.

Más recientemente, Arturo Pérez Reverte toma a Tánger y su puerto como escenario de la segunda novela de la serie Falcó, titulada Eva , que está formidable. También la escritora española, Cristina López Barrio, finalista del Premio Planeta 2017 se traslada a Tánger con su obra Niebla en Tánger. Javier Valenzuela, que laboró en El País y estuvo destacado en Rabat, tiene dos libros en torno a Tánger: Tangerina y Limones Negros , que son del género negro.

Librería Las Columnas

Y como siempre hay un lugar que aglutina a los escritores, la Librería Las Columnas, fundada en 1949, en la época de ebullición de la ciudad de Tánger, era donde se reunían autores como Samuel Beckett, Jean Genet, Tennessee Williams, Truman Capote, Paul Morand y otros. Ha logrado mantenerse como un espacio de expresión, de libertad, de consulta, de saber y difusión y allí se encuentran libros en árabe, español, inglés, francés y es un verdadero ícono de la ciudad.

De primaveras y refranes

La Estrella de Panamá, 1 de abril de 2018

En el hemisferio norte la entrada oficial de la primavera, una de las cuatro estaciones climáticas del año, se da a fines del mes de marzo, cuando se produce el equinoccio, que es el fenómeno que anualmente ocurre dos veces, cuando los polos norte y sur de la Tierra se encuentran a la misma distancia del Sol. Estos tiempos, que son para tener las energías renovadas, nos encuentran más enredados que nunca en la arena política. A pesar de que vemos los robles y los guayacanes floreados (aunque estos últimos están más enredados que nosotros, pues ahora florean cuando les da la gana) y nos energizamos con los vientos del verano nuestro, que no se quiere despedir, la cosa pinta muy complicada.

También se inicia, el mismo día del equinoccio, un nuevo ciclo zodiacal y por eso el mes de abril es tan cantado y evocado poéticamente, está cargado de simbolismo literario y de fuerza vital de la naturaleza y grandes escritores han nacido y partido a y de esta vida terrenal durante los 30 días que tiene el mes de las flores.

Toda esta pirueta evocadora de la primavera, que apenas atisbamos en la floración de algunos árboles y en la caída de sus hojas la hago para pretender entender al país. A inicios de esta semana asistí a un almuerzo que ofreció la Embajadora de Canadá para reconocer a panameños que han aportado en la igualdad de género. Como a ese evento asistió la vicepresidenta, que de milagro no se fue con el presidente en su periplo por Jordania y Roma, estaban todos los medios de comunicación y el país alborotado por ese viaje, en mitad de la crisis institucional por la que atravesamos y que parece no tener fin y me hicieron una sola pregunta: qué opinaba sobre ese viaje?

Mi respuesta fue muy simple: el Presidente puede y debe viajar todo lo que pueda pues nada vende más a un país que una visita presidencial. Pero de esos viajes debe hacerse una rendición de cuentas, informar qué beneficios trajo al país ese costoso desplazamiento. Todavía tenemos en la memoria la foto de la presidenta Moscoso vestida de quinceañera (a sus casi 60 años que entonces tenía) coqueteando con el Rey de España, en uno de esos viajes improductivos que se tiraba y en los que no podía lucir andrajosa, según sus palabras.

Cuando hablo de rendición de cuentas de los viajes me viene a la memoria el libro que publicó el presidente uruguayo Tabaré Vásquez ‘Uruguay, ser en el mundo’ cuando terminó su primer mandato presidencial, en los que informaba sobre cada misión que realizó en el extranjero y los beneficios que trajeron para su país.

No quiero ser mal pensada pero me ‘tinca’ —como dicen los chilenos— que ese periplo por Jordania tuvo un desvío por Roma, para coincidir con el jueves y viernes santo y solo eso explica por qué se llevó al director del Consejo de Seguridad y al del Sistema de Protección Civil. Seguro ellos fueron a lidiar, como han ido todo el que tiene o quiere tener que ver con la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) pero el presidente y la primera dama, que se dan golpes de pecho de ser más católicos que el mismo Papa Francisco, deberían predicar con el ejemplo, porque le cae al ‘callo’ (otra expresión chilena) eso de ‘a Dios rogando y con el palo dando’. Debe hablar con la verdad, decir todo lo que sabe y recibió de Odebrecht, nombrar de una vez por todas los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y dejar de inmiscuirse en los asuntos de la Asamblea Nacional.

Y en cuanto a la primera dama, que a pesar de ser una profesional ha tenido una trayectoria errática y a veces se alborota y va a azotar y hacer señalamientos temerarios a los medios, le sugiero que estudie bien con quién se va a reunir para que represente adecuadamente a las mujeres panameñas. Hasta Melania Trump palideció al lado de la esposa del presidente de China, que destaca por su elegancia y buen gusto. Como andamos de dicho en dicho, ‘al lugar al que fueres haz lo que vieres’, no le hubiera sentado mal darle una miradita a la forma de vestir de la Reina de Jordania para no lucir andrajosa. Obligada misión de las mujeres públicas, que tienen que cuidar su imagen a través de su vestuario y sus modales y no caer en el mal gusto, la vulgaridad o la civilización del espectáculo con posturas y poses fuera de lugar.