TRANSFORMACIONES SOCIALES

Por Mariela Sagel, El Siglo, 30 de abril de 2018

Acabamos de ser testigos de la cumbre que llevaron a cabo dos enemigos irreconciliables, los líderes de Corea del Norte y Corea del Sur, buscando deponer sus diferencias y, sobre todo, terminar con la amenaza de bombas nucleares que pendía sobre el mundo.  Este acuerdo, el primero que se da después que se terminó sin armisticio la Guerra de Corea, en 1953, abre una era de paz en medio de un mundo en el que por todos lados brotan conatos de guerra.  Nuestra hermana república de Nicaragua vive un clima de tensión que ha lanzado a las calles a cientos de miles de manifestantes, seguramente cansados de los abusos de los esposos Ortega y su camarilla.  Ni hablar de Venezuela, que es un caso aparte y en Siria se siguen dando enfrentamientos, después del bombardeo que recibió a inicios del mes de abril.

La reunión de los líderes de las dos Coreas fue una auténtica representación de que el deporte, como dijo recientemente el dirigente chorrillero Héctor Brands, es una herramienta de transformación social.  En febrero pasado Corea del Norte aceptó participar en los Juegos de Invierno que se celebraron en Corea del Sur.  Desde entonces, se fueron acercando al punto de reunirse en la zona desmilitarizada que está entre las dos naciones.

En la década del ’70 del siglo pasado algo similar sucedió entre China y Estados Unidos.  Un equipo de este país fue invitado a un campeonato de ping pong en Beijing.  Ese fue también el comienzo de las relaciones entre los dos países y el preludio de la reunión entre Richard Nixon y Mao Ze Dong.  Desde 1972 ambas naciones tienen relaciones diplomáticas, con las diferencias que se respetan y no son ni enemigos ni adversarios.

Hay que apostar por el deporte y la cultura, solo ellos permiten hacer transformaciones sociales profundas y permanentes.  De nada sirven los índices de crecimiento exorbitantes si no hay cambios en la sociedad.