LAS INUNDACIONES DE LA CIUDAD

Por Mariela Sagel, El Siglo, 24 de septiembre de 2018

      En los meses recientes, cuando ha llovido más de lo normal, los residentes de El Cangrejo hemos sufrido unas inundaciones inenarrables, cercanas a unas pesadillas de películas de terror.  Por un lado, está el innegable cambio climático, que tiene al tiempo totalmente loco, y por el otro el capricho de alterar un barrio que fue planificado para que todo fluyera, inclusive las aguas.

Para los que no se han percatado, El Cangrejo tiene calles que no son cuadriculadas, sino sinuosas.  Fue diseñado así para ir en armonía con su topografía y no alterarla, de manera que las aguas NO deberían sobrepasarla, como ha ocurrido muy recientemente.  Algunos se llenan a la boca diciendo que SIEMPRE se ha inundado, lo que no es cierto.  Se inundan las partes bajas donde los desechos y las trampas de grasa de ciertos restaurantes de la Vía Argentina no son manejados adecuadamente.

Encima de todo, al alcalde se le ocurrió remodelarlo y como si fuera poco, lleva casi dos años en este empeño sin que veamos, sus sufridos residentes, cuándo van a terminar los trabajos.  La misma vice alcaldesa reconoció recientemente en un programa de televisión que se habían cometido errores en esa caprichosa remodelación.  Habrá que exigir un audito de las obras que se están ejecutando, empezando por la revisión del estudio de Impacto Ambiental porque el verdor del que gozábamos ya no existe, sino planchas de cemento y vastos lugares donde se coloca grama artificial, algo inaceptable en un país donde llueve en demasía.

Quien pase por el parque Andrés Bello sentirá ganas de llorar porque lo que en un tiempo fue un lugar de entretenimiento y encuentro para personas de todas las edades hoy está poblado de camiones y tractores quien sabe con qué intención.

El pobre Einstein comprobó en cabeza propia (su monumento ha sido vapuleado a diestra y siniestra) su teoría de que la estupidez humana es infinita.

RICARDO MIRÓ, PROTAGONISTA DE NUESTRA HISTORIA CULTURAL

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, La Estrella de Panamá, 23 de octubre de 2018

       El Patronato de Panama Viejo, que desde su instauración en 1995 ha venido de manera consistente no solo haciendo una labor de rescate de las ruinas que quedaron de la primera ciudad que fundaron los españoles en el Océano Pacífico, sino que ha dado valor a este sitio histórico, que hoy no solo es Patrimonio de la Humanidad sino un lugar donde se aprende de nuestra historia colonial, inauguró en días pasados una magnífica exposición dedicada al poeta panameño Ricardo Miró, autor de la afamada poesía “Patria”.

Esta exhibición es parte de las actividades que, en camino a la celebración de los 500 años de fundación de este asentamiento, que fue atacado en 1671 por el pirata Henry Morgan, lo que obligó a su traslado a lo que hoy se conoce como el Casco Antiguo o Casco Viejo, y se titula “Recuerdos de un poeta”.  La comisión constituída para la conmemoración de esta importante efeméride, que se verificará el 15 de agosto de 2019 no ha descansado un segundo en conformar una serie de exposiciones, publicaciones y actividades que lleguen a todos los estratos de la población panameña, así como al extranjero que nos visita, a fin de que se conozcan los protagonistas de nuestra historia.

Estas actividades buscan divulgar tanto nacional como a nivel internacional, de forma académica y educativa, lo más destacado del conocimiento histórico y científico que pueda resaltarse, de cara a la celebración del otro año.  De esta manera se fomenta la formación de públicos que están versados en el conocimiento y se refuerza el valor y la identidad nacional.  En alineación con este objetivo, el eje Dejando Huellas, Protagonistas de nuestra historia cultural busca destacar a ilustres panameños que fueron autores de la historia de nuestra ciudad desde varias ópticas: el arte escrito en letras, así como al compás de la música, la pintura y la plástica, así como desde la antropología y la ciencia.

Dentro de este eje temático encaja la exposición Ricardo Miro, recuerdos de un poeta, que fue inaugurada el pasado 19 de septiembre y estará abierta al público hasta enero del año entrante.  Anteriormente se mostró la exposición Reina Torres y Amado Arauz, descubriendo nuestros orígenes.

Ricardo Miró Denis

 RECUERDOS DE UN POETA

Ricardo Miró fue una de las figuras de la intelectualidad más importante de nuestra cultura. Nacido en 1883, cuando éramos parte de Colombia, murió en 1940, ya estrenada nuestra república. La muestra ha sido posible gracias al coleccionista Mario Lewis Morgan, que heredó del hijo de Miró, Rodrigo, la mayoría de los documentos que se muestran.  A través de ella se puede apreciar la historia de un creador que siempre apeló al conocimiento de su pasado y presente para hacer frente a los desafíos culturales y políticos de su época y de las venideras.

         La exhibición se divide en cuatro partes: la primera repasa su vida de infancia y formación artística y la inserta en su tiempo para reconocer diferentes lugares de la ciudad de Panamá, sus bocetos, sus primeras composiciones, su matrimonio, la revista literaria “Nuevos Ritos”, de la que fue fundador y director.  La segunda parte se ocupa de su producción poética, mostrando el primer poema en la revista literaria “El Heraldo del Istmo” en 1904, así como sus poemarios más representativos como “Preludios” (1908); “Los segundos preludios” (1916) o “La leyenda del Pacífico” (1925). No sólo se exhiben sus obras poéticas más importantes, sino también algunos de sus manuscritos. La tercera está orientada a recordar publicaciones, cartas y manifestaciones por su muerte. La última parte de la exhibición nos recuerda las referencias surgidas por el desarrollo del Centenario de su Nacimiento realizado en 1983 y la creación del Premio Nacional de Literatura en su honor en 1942, y que otorga anualmente reconocimiento en los géneros poesía, cuento, novela, teatro y ensayo”. (Boletín de prensa del Patronato de Panamá Viejo)

Exposición de documentos de Ricardo Miró

          Al decir de Silvia Estarás, curadora y responsable del montaje de la muestra, junto a Mario Lewis: “Esta exposición me ha permitido conocer a un Miró comprometido, sensible, entregado a las letras y a la lucha por construir en aquellos primeros años del país, algo que después lo destrozó también”.

 RICARDO MIRÓ

          Nuestro admirado poeta, en cuyo nombre se celebra el certamen literario más importante de nuestra era republicana, nació en la ciudad de Panamá en 1883.  Su padre murió cuando él era muy joven.  Apenas a los 15 años fue enviado a estudiar a Bogotá, pero no pudo culminar sus estudios porque en 1899 se desató la Guerra de los Mil Días, que fue el preludio a la posterior separación de Panamá de Colombia.

Después de algunas iniciativas literarias se marchó a España, donde ocupó el cargo de Cónsul en Barcelona (1908-1911) y es desde esta distancia que escribe su más emblemático poema, “Patria”, que resume no solo la nostalgia por su país sino su sentimiento nacionalista.

Su obra se enmarca dentro del modernismo y también escribió cuentos, que no fueron publicados en forma de libro sino en diarios locales.  Uno de los documentos más importantes que se destacan en esta exposición en la que se le rinde homenaje es un poema dedicado a Belisario Porras, tres veces presidente de Panamá, manuscrito y que nunca fue publicado, del poemario “Fuente sin cristal”.  También hay dos cartas escritas por Porras y una foto de Miró dedicada a su compatriota.

Vista de la exposición

             La Academia Panameña de la Lengua presentó en la pasada Feria del Libro una compilación de sus poemas en una publicación elegante y comprensiva de su obra.  El intelectual Pedro Luis Prados, quien tuvo a su cargo un texto especial para esta exposición y al que le tocó decir el discurso de fondo el día de la inauguración destaca que Miró fue “Hombre y artista de su época, conocedor del arte de la poética y habitante de lo imaginario, Ricardo Miró es una figura singular en la trayectoria de la poesía panameña y un innovador que no escatimó recursos para motivar con su arte el amor por un país, que en esos momentos se debatía entre la transitoriedad como entidad política, la precariedad de sus instituciones y la falta de fe de muchos de sus iniciadores. Al igual que otros patriotas, que no dudaron en abandonar sus cómodos estudios de arte, salas de conciertos, prestigiosas academias y universidades allende del Atlántico, Miró se vuelca a esta tierra de incertidumbres y desasosiegos con una idea única, compartida por algunos de sus idealistas contemporáneos: Construir una nación”.

Poesía selecta, publicación de la Academia de la Lengua

         También destaca Prados en su enjundioso texto las influencias irremediables y positivas que tuvo Ricardo Miró en América y España, empezando por el nicaragüense Rubén Darío y siguiendo por los poetas románticos españoles José de Espronceda y José Zorrilla (autor de Don Juan Tenorio) al señalar, con gran propiedad que Miró era “Conocedor de esas ambigüedades resultantes del intento por fusionar lenguaje e imaginación para proponer un mundo de exóticas manifestaciones y nostálgicas remembranzas,  y elabora un discurso poético en el cual conjuga el brillo y la sonoridad de las palabras que ofrece la poética de Rubén Darío y el intimismo romántico heredado de Espronceda y Zorrilla. El resultado es una poesía coloquial que se desplaza sutil en un juego de interioridades que de forma recurrente convoca al lector a participar en una red de emociones y motivos; pero, por otro lado, hace gala de un recurso formal de un orden poético que exalta la sonoridad, brillo, orden y caudal rítmico que le permite alcanzar altos niveles de empatía y estados subliminales”.

Otros documentos de la muestra

          Para conocer a Ricardo Miró, su legado poético, patriótico y de amistad a toda prueba vale la pena acercarse a ver esta magnífica exposición que nos revela con gran profesionalismo uno de los más importantes protagonistas de nuestra historia cultural.