EN RESCATE DE LA DECENCIA

Por Mariela Sagel, El Siglo, 17 de septiembre de 2018

El partido más grande de Panamá, el PRD, tuvo ayer sus elecciones primarias y a la hora que escribo este artículo (domingo en la mañana) no se conoce todavía el resultado.  En las últimas semanas ha cobrado mucha importancia la campaña de #NoALaReelección, sobre todo para los impresentables diputados que han colmado los niveles de tolerancia del panameño, no haciendo su trabajo y contando con recursos infinitos para meter en planilla a un montón de personas que lo que hacen es servirles de frente para que esos dineros retornen a sus bolsillos.

Yo espero que esos diputados no hayan salido electos en las primarias de ayer, como espero que en las de otros partidos tampoco lo hagan.  Sus actuaciones, en los dos últimos quinquenios, han sido deplorables y han llevado a esta sufrida nación al hartazgo.  Si el que salga electo para correr para presidente haya sido respaldado por la compra de los dineros de esos diputados, sepa que va a ser un rehén de la maleantería y seguirán las mismas prácticas.

La corrupción es un mal endémico de tiempos inmemoriales. Si bien una gota de cianuro no te malta, un frasco sí. Estos señores se pasaron y es hora de que ya no siga este relajo.  La Asamblea Nacional ha resultado el órgano más inoperante y corrupto, peleándose este puesto con la Corte Suprema de Justicia. Todas nuestras instituciones están carcomidas y es necesario que se haga una reingeniería intensa para que se vuelva a la institucionalidad.

A cada uno de los diputados que van a la reelección se les debió haber solicitado una lista de las leyes que durante su gestión presentaron y cuántas fueron aprobadas.  De igual forma, los que aspiran a llegar al Palacio Justo Arosemena (qué deshonra para este gran jurista, calificado como el panameño más relevante del siglo XIX, que la sede de la desprestigiada Asamblea Nacional lleve su nombre) presenten los temas y proyectos en los cuales se basará su gestión.  Si no lo hacen y no lo exigimos, seremos cómplices.

UNA CORONA CON CANTÁRIDAS

Por Mariela Sagel, Vida y Cultura, 16 de septiembre de 2018, La Estrella de Panamá

La escritura de novelas cortas es uno de los géneros que ha sido tradicionalmente cultivada por grandes novelistas y está en medio del cuento y la novela como la conocemos.  De novelas cortas tenemos de las mejores plumas, como F. Scott Fitzgerald (“El Gran Gatsby”), Albert Camus (“El extranjero”) y el irremplazable Juan Rulfo con su “Pedro Páramo”.  Gabriel García Márquez escribió una muy buena, “El coronel no tiene quien la escriba” y hasta los rusos, dados a las novelas muy largas tienen sus estrellas rutilantes, como “Noches blancas”, de Fiódor Dostoievski y “La tormenta en la nieve” de Leo Tolstoi.  “El amante”, de Marguerite Duras solamente tiene 128 páginas, lo que le bastó para catapultarla a la fama.  Tristán Solarte con “El ahogado” y Ramón H. Jurado con “El desván” son los mejores ejemplos que tenemos de novelas cortas panameñas.

Desde el año 2014 el Taller Editorial Sagitario convoca a un concurso de novela corta y la ganadora del 2018 fue la obra “Una corona con cantáridas” del panameño Rogelio Guerra Ávila, un escritor que tal parece que gana en cada certamen en el que participa, pues este año se ha hecho merecedor de dos premios, el Centroamericano Rogelio Sinán y el Sagitario de Novela Corta.  Anteriormente ha ganado en dos ocasiones el José María Sánchez en cuento, tres veces el Premio Ricardo Miró en novela, y una vez el Premio Joaquín Beleño, también de novela, que otorga la Universidad de Panamá.

Portada del libro “Una corona con cantáridas”

Esta versión del premio es la quinta desde su instauración y anteriormente lo han ganado Allen Patiño, con “Casa de David”, Eduardo Soto, con “El colmillo de los dioses”, Carlos Fong, con “Aviones dentro de la casa” y María Laura De Piano con “El color de las buganvillas”.  Consta de un premio único de $2,000.00 y el jurado está integrado por tres eruditos.  La edición del libro fue presentada recientemente en la Feria del Libro de Panamá.

El Taller Editorial Sagitario fue una evolución de la editorial 9 Signos, que dirigía Enrique Jaramillo Levi, y publica periódicamente otros libros, el más reciente “Complicidades”, 18 asedios al cuento y la poesía de Jaramillo Levi y el destacado poeta Salvador Medina Barahona, una asociación entre la editorial y el grupo “El duende gramático” que comanda Medina Barahona, que también presentaron en la FIL.

UNA CORONA CON CANTÁRIDAS

Con apenas 150 páginas, el escritor Guerra Ávila logra engarzarnos en la historia de una pareja, desde que se conocen hasta que uno de ellos muere, y todas las vicisitudes que pasan a lo largo de sus vidas.  Exenta de dramas nacionalistas, toca el tema de la invasión a Panamá (1989) y también a la República Dominicana (1965) por los Estados Unidos y la forma en que gente común las vivieron.  Es una bella historia de amor teñida de dolor, que enseña los valores de los vecinos, los parientes y también las tragedias que a lo largo de una vida pueden empañar la existencia.

Jerónimo Chirú, el protagonista, se casa con una hermosa dominicana a quien conoce en su remoto pueblo de San Juan de la Maguana que destaca por su gracia y, sobre todo, por sus ojos verdes.  Se la trae a vivir a Panamá, contra la voluntad de su madre, que le hace la vida imposible despojándolo, incluso, de su parte del patrimonio familiar.  Tienen dos hijos, al mayor lo matan y el segundo se entrega al vicio.   Con el tiempo, su reina, Mahuampi, se precipita al fondo de la demencia senil y allí también recae una enseñanza:  el trato que se le dispensa a los pacientes con este tipo de enfermedad y la comprensión a las personas mayores.

Durante la invasión de Estados Unidos a Panamá Chirú cava un hoyo para esconder un arma, en vista de que su barriada, cerca de las ruinas de Panamá Viejo, es visitada constantemente por los “marines” que andan detrás de Noriega. Encuentra, por esos azares del destino, un cofre con las joyas de la Virgen de la Asunción, entre ellas una corona con esmeraldas, el color de los ojos de su mujer.

Cómo llega a ser enterrado ese cofre también lo narra el autor en un capítulo donde reproduce documentos de la época en la que los españoles colonizaron el Istmo, con su castellano ancestral y el hecho de que el que enterró el cofre desapareció en la revuelta que se creó ante el ataque inminente que se cernía sobre la primera ciudad fundada en el Océano Pacífico.

Las cantáridas son insectos que se conocen también con el nombre de “mosca de España” y se destacan por su intenso color verde.  Son usadas medicinalmente para laceraciones de la piel y también se usó –lo que se extrae de ellas — como afrodisiaco hasta el siglo XVII, cuando cayó en desuso porque causaba envenenamientos.  En literatura se le encuentra en la obra “El general en su laberinto”, de Gabriel García Márquez, que narra los últimos días de Simón Bolívar y al que se le aplicaron parches de cantárida.  Hay una novela titulada “La mosca española” del autor valenciano Lorenzo Galiana Gallach que narra un viaje a principios del siglo XIX para establecer una nueva ruta para el tráfico de la cantaridina, el alcaloide que se extrae del escarabajo.

La obra “Una corona de cantáridas” cobra aún más valor en vísperas de la celebración de los 500 años de la fundación de Panamá Viejo, que se celebra el próximo año, ya que su relato acontece en esa área y tiene relación directa con el ataque que perpetró el pirata inglés Henry Morgan, antes del cual fue enterrado ese cofre con joyas que engalanaban a la virgen.  Tal como dictaminó el jurado “la obra encuentra fortaleza en su coherencia literaria, su excelente y enriquecedor manejo del lenguaje, por la prevalente claridad y sencillez de la forma, así como por el extraordinario enfoque social y humano que nos induce a refrescar la ocurrencia de hechos como la invasión norteamericana a Panamá”.  A fines del próximo año también se cumplen 30 años de esa infame acción militar contra nuestro país.

SOBRE EL AUTOR

     Rogelio Guerra Ávila no es de los escritores que andan en grupitos de unos contra otros, como bien los señaló Priscilla Delgado en una reciente entrevista que le hizo Luis Pulido Ritter, con el que me honro compartir este espacio una vez al mes.  Contador de profesión, me contó, en un ameno encuentro, que había dejado de escribir durante más de diez años.  Bastante tímido, recibió con agrado mi valoración de la obra, señalándole que al texto le hacía falta edición, aunque estaba bien impreso y diagramado y con pocos errores tipográficos.  De igual forma me llevó otro de sus libros y me confesó que le gusta escribir novelas largas, por lo que el ejercicio de hacer ésta le exigió mucha disciplina.

El escritor Rogelio Guerra Avila

Es un autor que merece ser conocido en el extranjero, que las editoriales extranjeras se fijen en él por la solidez de su talento narrador (sus fuertes son los diálogos) y que sus novelas sean promovidas y leídas a todos los niveles.  Ya pasó la época en que solamente los adinerados (y añade él, los que tienen un autor fantasma) sean los que consiguen que las casas editoriales más importantes publiquen sus obras.  “Una corona con cantáridas” es fé del talento de este narrador que es un fenómeno: donde participa gana, que es casi como que “lo que toca lo convierte en oro…. o esmeraldas”.