LAS INUNDACIONES DE LA CIUDAD

Por Mariela Sagel, El Siglo, 24 de septiembre de 2018

      En los meses recientes, cuando ha llovido más de lo normal, los residentes de El Cangrejo hemos sufrido unas inundaciones inenarrables, cercanas a unas pesadillas de películas de terror.  Por un lado, está el innegable cambio climático, que tiene al tiempo totalmente loco, y por el otro el capricho de alterar un barrio que fue planificado para que todo fluyera, inclusive las aguas.

Para los que no se han percatado, El Cangrejo tiene calles que no son cuadriculadas, sino sinuosas.  Fue diseñado así para ir en armonía con su topografía y no alterarla, de manera que las aguas NO deberían sobrepasarla, como ha ocurrido muy recientemente.  Algunos se llenan a la boca diciendo que SIEMPRE se ha inundado, lo que no es cierto.  Se inundan las partes bajas donde los desechos y las trampas de grasa de ciertos restaurantes de la Vía Argentina no son manejados adecuadamente.

Encima de todo, al alcalde se le ocurrió remodelarlo y como si fuera poco, lleva casi dos años en este empeño sin que veamos, sus sufridos residentes, cuándo van a terminar los trabajos.  La misma vice alcaldesa reconoció recientemente en un programa de televisión que se habían cometido errores en esa caprichosa remodelación.  Habrá que exigir un audito de las obras que se están ejecutando, empezando por la revisión del estudio de Impacto Ambiental porque el verdor del que gozábamos ya no existe, sino planchas de cemento y vastos lugares donde se coloca grama artificial, algo inaceptable en un país donde llueve en demasía.

Quien pase por el parque Andrés Bello sentirá ganas de llorar porque lo que en un tiempo fue un lugar de entretenimiento y encuentro para personas de todas las edades hoy está poblado de camiones y tractores quien sabe con qué intención.

El pobre Einstein comprobó en cabeza propia (su monumento ha sido vapuleado a diestra y siniestra) su teoría de que la estupidez humana es infinita.