APOSTANDO POR LA PAZ

Por Mariela Sagel, El Siglo de Panamá, 9 de diciembre de 2019

     En la reciente Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) que culmina hoy en la capital del estado de Jalisco, México, el país invitado era India y se tocaron muchos temas en torno a Mahatma Gandhi, el líder más destacado del movimiento independentista de ese país cuando estaba bajo el dominio del Raj británico hasta 1947, cuando se convirtió en una nación independiente.

     Uno de sus nietos, Arun, que vivió con él en Sudáfrica, tuvo una agradable conferencia en forma de diálogo con el escritor mexicano Jorge F. Hernández donde resaltó las cualidades de la desobediencia civil no violenta que practicaba su “Bapu” (padre en uno de los idiomas hindúes).  Todos tenemos una idea preconcebida de Gandhi, como un hombre muy delgado y pobre, pero en realidad él escogió esa forma de vida para llevar a cabo su proyecto político de una India libre, lo que es hoy, con más de 1,300 millones de personas y con desarrollos tecnológicos avanzadísimos. 

     Arun Gandhi conversó sobre la forma en que su abuelo les enseñó a considerar tanto la educación y la alimentación como algo muy importante y lo que significaba la desobediencia civil no violenta en la consecución de la lucha por la independencia.  En estos momentos que vemos que hay tantas protestas en los países de nuestro continente que se tornan violentas a la mínima causa, deberíamos revisar la vida de Gandhi para entender que violencia solo genera violencia.

     Lo ocurrido en Chile, que no deja de sorprendernos por las consecuencias que han tenido las protestas ante el anuncio de la subida del pasaje del metro, los disturbios que todavía azotan Bolivia una vez su presidente renunció y los reclamos de los colombianos, que por primera vez en años no protestan por los enfrentamientos entre estado y guerrilla sino por temas sociales, debe darnos un timbrazo para que en nuestro país apostemos por métodos pacíficos para exigir que las cosas se hagan bien.