LA AMENAZA DEL AGUA

Por Mariela Sagel, El Siglo, 20 de enero de 2020

     Hace varios años mi hija me compartió una conferencia de un afamado experto en el tema del agua, John Briscoe, nacido en Sudáfrica, que trabajó en el centro de investigación del cólera en Bangladesh, fue profesor en la Universidad de North Carolina y en los últimos años ocupó una posición en el Banco Mundial que lo llevaba a analizar las políticas operativas que se implementaban en el campo del financiamiento de generadores de energía.  Dictaba una cátedra en la Universidad de Harvard y tuvo como misión crear un Instituto Interdisciplinario para el Agua.  Se le conocía como “Mr. Water”.  Murió a edad muy temprana por causa del cáncer.

     En dicha presentación, exhaustiva y además muy bien estructurada y animada, el Profesor Briscoe lanzaba un reto al Massachusetts Institute of Techonology (MIT) (donde mi hija obtuvo su maestría) a unirse a lo que él llama “Water Security” (aseguramiento del agua) y detallaba cómo economías emergentes asumen los retos para asegurar el agua en regiones pobres, toda vez que la ayuda financiera de parte de países desarrollados e instituciones internacionales disminuye considerablemente.

Inicia la presentación con enumerar la forma en que el común de los mortales enfrenta el reto del agua: primero, en un contexto cultural e histórico.  Lo tradicional ha sido contar con un recurso (ríos), hacer una represa, y el resultado, el orden político (comenta cómo la famosa represa de las Tres Gargantas de China es una demostración de poder y no una simple represa).  Lo segundo, las amenazas externas, en el que puso por ejemplo que el agua de Pakistán viene de países vecinos con los que no ha mantenido relaciones muy cordiales.  En tercer lugar, las herramientas internas, identificadas como la selección, muchas veces, de tecnologías básicas para enfrentar los problemas.

En Panamá el agua ya no es un reto sino una real amenaza, que afecta no solo la vida diaria sino el manejo de nuestro más importante recurso: el Canal de Panamá.  Todos debemos coadyuvar a que este verano, inclemente por lo que parece, no afecte demasiado el funcionamiento no solo de nuestros hogares sino del paso transístmico.