CAPITAL CULTURAL

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 23 de febrero de 2020

     Desde hace unas semanas, a los que somos aficionados a ver los canales de televisión española nos ha llamado la atención una cuña publicitaria en la que se promociona a Punta Arenas, en Chile, como Capital Cultural Americana de la Cultura.  Esta designación, que se viene preparando desde el año 2017 coincide con el arribo de las naves que hicieron la primera circunnavegación al globo, hace 500 años, a través del Estrecho de Magallanes, expedición que partió de Sanlúcar de Barrameda, Andalucía, en septiembre de 1519.

     Punta Arenas es una ciudad cercana a la extremidad más austral de la Patagonia chilena y está en el estrecho por donde pasó Fernando de Magallanes (y que ahora lleva su nombre) y Juan Sebastián El Cano en ese histórico viaje, y que conecta los océanos Atlántico y Pacífico.  La ciudad es conocida por ser la base para excursiones naturales en los alrededores y la Antártida.  Se resalta el paso del portugués Magallanes mediante un monumento en su honor y existe un museo llamado Nao Victoria, donde hay una réplica de uno de los cinco galeones que conformaron la expedición, y la única que regresó al puerto del que partieron.

     Desde el año pasado se ha venido conmemorando la partida de esta circunnavegación que le dio la vuelta al mundo, y hace apenas unos días los reyes de España visitaron el sitio desde donde se hicieron a la mar y donde existen réplicas de los galeones.

     La designación de Capital Americana de la Cultura se instituyó en 1998 para capitales americanas, con el fin de ayudar a conocer las especiales características de las ciudades y pueblos del continente americano, manteniendo el respeto a la diversidad nacional y regional y resaltando el patrimonio cultural.  También se promueve el conocimiento mundial de la ciudad que se ha seleccionado y eso va amarrado de una agresiva campaña publicitaria, a la vez que el establecimiento de vínculos de cooperación con las otras capitales culturales del mundo.

     La Capital Americana de la Cultura es miembro del Bureau Internacional de Capitales Culturales, que está acreditada ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y es reconocida por los parlamentos tanto latinoamericano como europeo.

     Panamá fue Capital Americana de la Cultura en 2003, coincidiendo con el centenario de nuestra separación de Colombia junto con Curitiba, Brasil.  El año pasado nuestro país había sido designado Capital Iberoamericana de la Cultura, que es otra designación que otorga un comité sectorial de la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas, para que a través de ese año pudiera mostrar su desarrollo y vida culturales.  Cabe resaltar que, en ocasiones, las ciudades designadas aprovechan esa honrosa elección para transformar completamente sus estructuras culturales y que las mismas sean reconocidas a nivel internacional.  Se despliegan toda clase de manifestaciones artísticas. 

     Su elección se nos anunció, con bombos y platillos desde 2016 por lo que esperábamos que se aprovechara para invertir en infraestructura cultural, una campaña agresiva para atraer turistas y destacar manifestaciones culturales. Era la segunda vez que se le daba a Panamá ese privilegio, también en 2003 habíamos sido Capital Iberoamericana de la Cultura.  Coincidía con la celebración de los 500 años de la fundación de Panamá Viejo, la primera ciudad fundada por los españoles en el Océano Pacífico.

     Lamentablemente, poco escuchamos de eso, menos se invirtió en infraestructuras culturales y casi no hubo campaña turística internacional.  Los 500 años fueron celebrados por todo lo alto con diversos actos que trascendieron las fronteras, pero bajo la responsabilidad del Patronato de Panamá Viejo.  La Alcaldía montó otra comisión de 500 años que organizó actos intrascendentes donde los ciudadanos no llegaron a conocer la historia de la fundación de nuestra ciudad capital.  Para colmo de males, el alcalde se lanzó a candidato a presidente, por lo que abandonó el cargo (después de haber destruido dos barrios importantes de la ciudad en una supuesta “renovación” que causó desastres de los que aún no nos recuperamos y el cierre de muchos negocios de todo tipo).  Por supuesto, no ganó en las elecciones y, de hecho, tuvo un fracaso estrepitoso, a pesar de correr por el partido gobernante.

     También hubo cambio de gobierno a mitad del año, y el nuevo gobierno encontró las finanzas del país en los huesos, por lo que no se pudo retomar el tema con seriedad y responsabilidad, ante tan honrosa designación.

     Esperemos que se nos dé otra oportunidad para que Panamá sea Capital Iberoamericana de la Cultura, con metas fijas y objetivas en invertir en infraestructuras y en proyectar el país con todo su potencial, tanto cultural como gastronómico, turístico, comercial, logístico y seguro, alejado de las listas.

LOS PELIGROSOS CARNAVALES

Por Mariela Sagel, El Siglo, 17 de febrero de 2020

     En lo particular, nunca me han gustado las fiestas carnestolendas, especialmente por la aglomeración descontrolada que conllevan, y el desenfreno que produce.  Formé parte de la junta directiva del Carnaval Tropical que organizó estas fiestas en 1987 y aprendí mucho, tratando de entender por qué son las festividades que el panameño toma más en serio.  Sin embargo, respeto a los que las goza, desde la mañana hasta la noche, y aquellos que se entregan a ellas.

     Sin embargo, este año hay que ser muy cuidadosos, no solo por la amenaza mundial que representa el coronavirus, también por la inminencia del inicio de clases inmediatamente después que éstos pasen, por la eventualidad de que privaría a muchos estudiantes de tener listos tanto sus útiles como sus uniformes porque sus padres o acudientes dedicaron los recursos a gozar “el guaro y campana”.

     Tenemos que ser muy conscientes que en la vida hay prioridades y ponerlas en su justa proporción.  Veo que, como siempre, hay polémica entre los músicos por los contratos que ha extendido la Autoridad de Turismo y seguramente, esta semana, veremos toda clase de reportajes sobre las medidas que tomará la Policía Nacional y la Autoridad de Transporte para los traslados al interior y el desalojo de la ciudad capital.

     Debe privar, por encima de todo, la sensatez y valorar la vida humana, no solo la propia sino la ajena.  ¿Cuántos accidentes, algunos fatales, ocurren durante estas fiestas, así como cuántas vidas se conciben en medio del desafuero que produce el alcohol y otros estimulantes en estas fiestas?  Si le gustan los carnavales, pues que los gocen, pero con mesura, a fin de cuentas, se van a realizar todos los años.  No pongamos en riesgo la vida de uno y la de los demás por estos cuatro días.