LA MADRE DE FRANKENSTEIN

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, La Estrella de Panamá, 17 de abril de 2020

     Hablar de Almudena Grandes es hablar de una de las más importantes novelistas españolas de nuestros tiempos, que además tiene posturas muy definidas en política.  Es una excelente representante de la intelectual de nuestros días.  Reseñar el último libro de Grandes, “La madre de Frankenstein” no es una coincidencia en esta oportunidad, puesto que ella, como escritora, se confiesa influenciada mayormente por los relatos de Benito Pérez Galdós, cuyo centenario de su muerte se celebra este año.  La autora también sigue los pasos de don Miguel de Cervantes, autor del Quijote, ya que tiende a construir historias complejas, con pequeñas historias dentro de otras más extensas.

                Aún cuando la autora se graduó de Geografía e historia, porque su madre quería que estudiara una carrera “para chicas”, su vena narrativa pudo más y en 1989 irrumpió con una novela erótica que fue un bombazo, “Las edades de Lulú”, que ganó el XI Premio La Sonrisa Vertical, y fue llevada al cine en 1990.  Ella siente que su misión es la narrativa, aun siendo hija y nieta de poetas y casada con uno muy famoso, Luis García Montero, director del Instituto Cervantes desde 2018.  Posteriormente publicó otras novelas y una obra dramática, “Atlas de geografía humana”, en 1998, un género por el que según ella misma cuenta, siente “una gran pasión y a la vez una gran frustración”.  Esa obra fue adaptada al cine en 2007.

     A partir del 2010 Almudena Grandes inició una serie titulada “Episodios de una guerra interminable” con la publicación de “Inés y la alegría”, a la que siguió “El lector de Julio Verne”, “Las tres bodas de Manolita”, “Los pacientes del doctor García” y ahora, la magistral “La madre de Frankenstein”.  Todas están basadas en hechos reales que ocurrieron en la España franquista.

     Además de sus novelas, Almudena Grandes es columnista de El País, con opiniones muy punzantes y directas, así como contertulia del programa Hoy por hoy, de la cadena SER.

ENCUENTRO EN GUADALAJARA

     En la Feria del Libro de Guadalajara (FIL) de 2017, tuve el privilegio de sostener una animada conversación con Almudena Grandes, en ocasión de que presentaba el libro “Los pacientes del Doctor García”, y le pregunté qué la animó a empezar esta serie de “Episodios de una guerra interminable”, ya que son obras de ficción basadas en hechos reales. En ellas pretende contar 25 años de la dictadura de Franco desde el punto de vista de los españoles que siguieron luchando, cada uno con las armas físicas o intelectuales que tenían.  Para la autora, es normal que los españoles escriban sobre la guerra y la dictadura, ya que no han resuelto la base de la democracia.  “España es la única democracia de Europa, del este y del oeste, que proviene de un estado totalitario, que no empieza a andar con una declaración solemne de repulsa al estado anterior, por lo que no está resuelto el tema de la memoria.  Esto es fundamental, porque la memoria no solo tiene que ver con el pasado, es la base para vivir el presente y proyectar el futuroTiene que ver con lo que no queremos ser y a quién nos queremos parecer.  Pero la democracia española todo esto se lo saltó a la torera, con la consigna de que hay que olvidar para progresar, y eso es imposible, porque una dictadura de 40 años moldea la conciencia de todo un país, y los narradores, los guionistas, los periodistas estamos haciendo una labor que ha debido ser un deber del estado”.

     Cuando Almudena Grandes empezó a escribir la serie, que constará de seis libros, se dio cuenta de que los españoles viven sobre un tesoro oculto de historias increíbles.  Este filón le ha permitido mostrar a los lectores personas que se jugaron la vida por ellos, para que ahora vivan en democracia, y también le dio satisfacción cumplir con el deber moral de rescatar esas historias. 

     “La madre de Frankenstein” es el quinto libro, así que queda uno por salir.

LA MADRE DE FRANKENSTEIN

     Es un relato luminoso y a la vez revelador, que transcurre entre 1954 y 1956, pero que retrotrae a algunos de sus personajes a la Guerra Civil y avanza en su desarrollo hasta 1979.  Su escenario primordial es una residencia de enfermos mentales en Ciempozuelos, un municipio al sur de Madrid, donde una parricida, Aurora Rodríguez Carballeira es tratada por un médico que pasó los peores años de la guerra civil en Suiza, gracias a que su padre lo sacó de España antes de que se recrudeciera ésta.  El Dr. Germán Velásquez es un siquiatra que quiere aplicar un programa de clorpromazina y demostrar que puede mejorar la condición de pacientes recluidos por esquizofrenia. Para desgracia de los pacientes y médicos, ese programa lo vio el gobierno como subversivo, y cuando ya era evidente que funcionaba, lo mandaron a cancelar.  El padre de Germán, que también era siquiatra, había muerto en la cárcel y tildado de “rojo”.

     De la misma forma se corrobora que los pacientes ingresados en un manicomio en esas fechas eran muy mal tratados, especialmente por teorías nefastas como la del tristemente célebre Antonio Vallejo Nájera, que creía que la ciencia podía extirpar “el gen de la degeneración roja”, y el siniestro Dr. Juan José López Ibor, que creía fielmente que sometiendo a los homosexuales a sesiones de electrochoques — para “curar esa enfermedad” — era el procedimiento correcto.

     Son tres los narradores de este relato, el doctor Germán Velázquez Martín, la auxiliar de enfermería María Castejón Pomeda y la propia Aurora Rodríguez Carballeira, que mató a su hija Hildegart, a la que había concebido como experimento científico y que, según sus deseos, debía representar a la mujer del futuro.  Fue juzgada sin que se arrepintiera de haber acabado con la vida de su hija y condenada a 26 años de cárcel, 21 de los cuales cumplió en el manicomio de Ciempozuelos.  Es una historia real que cautivó a Almudena desde que cayó en sus manos.  Murió de cáncer en 1956 en el centro siquiátrico de Ciempozuelos. Velásquez, coincidentemente, la había conocido en 1933 cuando fue a ver a su padre con su abogado, para que fungiera de perito en el juicio que se le iba a seguir.

     La novela tiene una estructura complicada pero fácil de seguir, lo que les da mucho valor a los recursos narrativos de ficción y, sobre todo, de verosimilitud.  La prosa es impecable y escrupulosa, muy al estilo galdosiano que la autora tanto admira y al que rinde homenaje con referencias a algunas de sus obras, como “Fortunata y Jacinta”.

     Revisando los libros que forman esta serie, en “Las tres bodas de Manolita” hay una frase sobre la cual se sustenta el lirismo de este libro: “Como los recuerdos dolían, no recordaban. Como las lágrimas herían, no lloraban. Como los sentimientos debilitaban, no sentían”.

     No faltan las referencias a Honoré de Balzac y Víctor Hugo y la necesidad y curiosidad por los libros que tiene María.  Almudena Grandes nos lleva de la mano por las salas de los manicomios de mujeres, con sus diferentes secciones, el de las pobres, el de las medianamente pudientes y el de las ricas.  También nos muestra las experiencias que vivió Germán mientras vivía en Suiza y cómo el nazismo se fue enseñando con la familia alemana que lo acogió, que era de origen judío.  En esta novela hay algunos personajes de las cuatro anteriores, como hilo conductor de las historias.

     “La madre de Frankenstein” desborda de diálogos impecables, de ironía y humor y cada vuelta de página sorprende por el placer de la lectura de este portentoso libro.  Almudena Grandes nos ha entregado una novela que, aunque no hayan leído los libros anteriores a la serie, se sostiene por sí misma.