NOS HAN ROBADO EL MES DE ABRIL

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 5 de abril de 2020

     Una de las canciones más famosas del cantautor español Joaquín Sabina es “¿Quién me ha robado el mes de abril?”, y es una bella alegoría al mes en que todo empieza, todo florece.  Es el inicio de la primavera, astrológicamente empieza el Zodíaco, y se renuevan esperanzas.  Este año, que además de bisiesto ha puesto al mundo al revés por la pandemia mundial del COVID-19 nos recibe un mes de abril en cuarentena casi total, con las mujeres saliendo los lunes, miércoles y viernes, y los hombres martes, jueves y sábados, solamente por dos horas, para quedarnos todos encerrados los domingos.

     Desde el 9 de marzo, cuando se detectó el primer caso de COVID-19 en Panamá (aunque ya se venía trabajando, desde febrero, en el desarrollo de una estrategia para enfrentar una eventual pandemia) se ha implantado una cuarentena progresiva en todo el país, al punto de cerrar las fronteras terrestres y cancelar todos los vuelos internacionales en un aeropuerto que el año pasado movió 16 millones de pasajeros en 5,900 vuelos semanales con conexiones a 90 ciudades tanto de América como de Europa y Asia.  Somos un país pequeño, de apenas 4.1 millones de habitantes, pero por nuestra posición geográfica, somos importantes en el sector marítimo, logístico y de intercambio comercial.

     Además de lo anterior, en el período en que se han puesto en vigencia las medidas sanitarias para combatir el COVID-19, se han aplicado más pruebas para detectar posibles contagios que en el resto de los países del área, inclusive comparando la cantidad de habitantes versus los contagiados, lo que alarma a simple vista pero que en realidad muestra dos factores importantes: que las autoridades de salud se prepararon con tiempo para esta ya declarada pandemia, y que han empezado a buscar casos rápidamente con una gran cantidad de pruebas diagnósticas.

     No podemos cerrar la frontera marítima porque el Canal de Panamá está abierto al tránsito independientemente de las circunstancias, ni cuando los conflictos bélicos del siglo pasado el canal dejó de operar.  Sin embargo, su actividad se ha visto reducida, por la baja en la movilidad marítima, tanto de carga como de turismo.  A pesar de ello, pasamos una prueba de fuego cuando los cruceros Zaandam y Rotterdam, de la línea Holland America, uno de ellos con cuatro muertos a bordo y varios infectados con el virus, cruzaron el paso transístmico por las esclusas del canal ampliado, después de haber sido rechazados en varios puertos de Sur América.  Testimonios de los pilotos, que son los responsables del tránsito mientras esté en aguas canaleras conmueven cuando expresan su impresión por la forma en que los miembros del equipo sanitario que se enfrenta a diario a este mortal virus, y que abordaron el crucero, manejaron la situación, con estrictos protocolos que no tienen nada que envidiar a ningún país super desarrollado.

     La manera que nuestras autoridades han enfrentado esta grave situación es resaltada a diario en todo el mundo, a costa del gravísimo deterioro que está causando a la economía nacional.  El énfasis ha sido en preservar la vida humana y nos llenamos de orgullo y tranquilidad cuando a diario vemos a los funcionarios sanitarios, de seguridad y hasta voluntarios se enfrentan a las más peligrosas tareas, a riesgo de su propia salud, y también al presidente y sus ministros al frente y con decisión informar y solicitar la colaboración de todos para ganar esta guerra.

     Otros países, con más recursos y mucha más población, se han jugado su suerte y hoy reflejan una alucinante cifra de contagiados y de fallecidos.  España, Italia, Estados Unidos son apenas algunos de los que se hicieron de la vista gorda y no se prepararon, y hoy día pagan las terribles consecuencias de su irresponsabilidad.  Panamá ha sido, a través de su historia, un pequeño país donde se han combatido pestes como la fiebre amarilla y la malaria, y ha salido airoso.  El Dr. Omar Jaén Suárez publicó recientemente un magnífico artículo titulado “Las epidemias en Panamá y su perspectiva histórica” donde hace un recuento de todas las plagas que nos han afectado, y cómo hemos logrado combatirlas.  Por ser el cruce entre dos mares y el encuentro entre dos mundos, ha sido nuestro destino manifiesto.  En esta oportunidad, y a pesar de que guardaremos el mes de abril en un cajón, al lado del corazón (como dice la canción), si seguimos las indicaciones que responsablemente nos señala el equipo que trabaja a diario por combatir esta pandemia, saldremos airosos de ella.

     Con esto, se ha demostrado que, invertir en ciencia y educación, además de infraestructuras sanitarias e investigaciones, es una prioridad y debe ser otra de las estrellas que nos guíen.