PANDEMIA ANTI-ESCLAVISTA

Por Mariela Sagel, El Siglo, 22 de junio de 2020

     Desde que el afroamericano George Floyd fue empujado a la muerte por un policía blanco en la ciudad de Minneapolis a fines del mes pasado, en el mundo se desataron una serie de manifestaciones que, en las ciudades más importantes del país norteño, sumaron cientos de miles de personas.  Todo esto en medio de la pandemia que azota al mundo y que tiene a Estados Unidos encabezando la lista de países con más cantidad de contagios en el mundo.  La política que ha implementado el decrépito presidente de ese país, que incluso sugirió a sus ciudadanos que tomaran lejía para combatir el virus, le ha merecido esa supremacía entre todos los países.  En su población, que está actuando como un rebaño sin criterio, hubo varios casos de personas que tomaron Lysol y otros desinfectantes, que los mandó para el hospital, a tal punto que el mismo fabricante tuvo que salir públicamente a desmentir el “diagnóstico” del decrépito ocupante de la Casa Blanca.

     Después de estas protestas, y en vista de que se empezó a gestar una especia de onda antiesclavista (los negros en Estados Unidos han representado la población que fue esclavizada) siguieron otras, como una onda expansiva, derrumbando estatuas de personas que representaron conquistas, imperios y que, de alguna manera, sometieron a los pueblos.  Fue así como les tocó a las estatuas de Cristóbal Colón en varias ciudades de Estados Unidos ser decapitadas y de personas vinculadas a la esclavitud en ese país, como Williams Carter Wickham y la onda cruzó el Atlántico y empezó una pandemia nacionalista que ha llevado a los europeos a derribar estatuas de conocidos esclavistas, como Edward Colston y William Gladstone en Inglaterra, el rey Leopoldo II de Bélgica (conocido por su pasado colonialista en las colonias africanas).

     Esta onda expansiva es peligrosa, puesto que es aplicada sin criterio y bajo condiciones de histeria colectiva.  He visto que hasta a Cervantes le han pintado la cara de rojo y eso ya se está pasando de tono. La historia está allí para respetarla y aprender de ella, no para querer borrarla derribándola.