LO QUE HEMOS APRENDIDO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 12 de julio de 2020

     Durante estos más de 120 días de confinamiento por causa de la pandemia que asola no solo a nuestro país, sino al mundo entero, hemos debido aprender muchas cosas.  En lo personal, seguramente a estar más tiempo en la casa (obligatoriamente) lo que para muchos no es problema por tener espacios y facilidades como computadora, balcón, terraza, conexión a Netflix y una amplia biblioteca.  Para una gran mayoría esto ha sido una lección de vida, porque viven muchos en un espacio pequeño, a veces las parejas no se soportan, y se tiene la costumbre de andar “pateando calle” como decimos coloquialmente.

     De igual forma nos hemos dado cuenta de que, algunos de nosotros, tenemos más de lo que necesitamos y es hora de ir soltando tanto prendas de vestir, como carteras, zapatos, adornos y demás accesorios.  Sé que hay personas que sienten compulsión por ir de compras y eso se ha visto reflejado en la urgencia de comprar por internet las cosas más inverosímiles e innecesarias.  Otros extrañan ir a los centros comerciales a ver vitrinas, o lo que se conoce como “window shopping”.

     Hace una semana participé de una interesante reunión virtual en la plataforma Zoom, que es como ahora nos reunimos, que estaba liderizada por Julieta de Fábrega, donde ella no solo contó en qué ha empleado los días de confinamiento, sino su experiencia hace unos años cuando hizo totalmente sola el Camino de Santiago, la famosa peregrinación cristiana de tradición medieval que termina en el templo donde está la tumba del apóstol Santiago el Mayor, uno de los apóstoles de Jesús en la Catedral de Santiago de Compostela, en Galicia, España.  Ella relató con su gracia particular y motivadora cómo sobrevivió por 40 días con tres pares de medias, dos mudas y muy pocas cosas porque lo realizó a pie y no podía llevar mucha carga.  Además, se quedó en los albergues más sencillos que hay en la ruta. Lo que más me impresionó fue que afirmó que lo volvería a hacer, en las mismas condiciones.

     Experiencias como ésa y muchas otras deben ser lecciones de vida para los que solo piensan en adquirir cosas materiales, descuidando lo más valioso que tenemos como seres humanos, los valores morales y del conocimiento.  Este descuido en cultivar el intelecto, la educación, es lo que nos ha hecho vulnerables en esta pandemia, por la falta de cultura ciudadana, de respeto por los demás, de cumplir con horarios.  Así mismo, el desprecio por tener un servicio sanitario óptimo y a gran nivel, como debería tenerlo un país que es la envidia de muchos de la región por haber tenido un gran crecimiento económico, nos ha reventado en la cara con los cada día más alarmantes casos nuevos en los que se ha cebado esta pandemia.

     Siempre he repetido que el virus no vino con un manual de procedimientos, por lo que ha tocado, a las autoridades de salud, seguridad y otras relacionadas, hacer una especie de ensayo y error.  De los tantos mensajes y memes que salen a diario hay uno que me llamó la atención, y dice “en tiempos de crisis, los inteligentes buscan soluciones y los inútiles culpables”.  Me sorprende que haya tanta gente inútil que se vuelca en las redes sociales a decir cuanta imbecilidad se le ocurra y lo que es peor, los políticos que hoy están en la oposición aprovechan para empezar sus campañas electoreras en medio de esta tragedia.  Ya vaticinan las marisabidillas que el PRD no repite, con total ignorancia de cuál hubiera sido la respuesta de un gobierno arnufista, que siempre ha demostrado incapacidad e incompetencia en sus períodos, o un gobierno martinellista, que seguramente nos tendría al estilo Bolsonario o Trump, tomando lejía y saltando sobre colchones. 

     Ya llegamos a la barrera de 1,000 muertos y nos tocó dedicar un día a reflexionar sobre los que se han ido por causa de este maldito virus.  En casi todos los países se han hecho sendos actos, a los que han acudido los presidentes y hasta los reyes, donde hay monarquías.  El dolor de los familiares de los que pierden esta batalla es terrible, porque la mayoría no puede verlos antes o cuando mueren y se han dado casos lamentables que se han enterado muy tarde de que sus familiares han fallecido, lo que duele más y causa un nivel de impotencia y dolor incomparables.  Para todos ellos mi más profundo sentimiento de condolencia.

     Seamos positivos y veamos qué hemos aprendido de esta dura prueba, para la que nadie estaba preparado.  Demos nuestra milla extra, como la dan los enfermeros y personal médico, los voluntarios para empacar bolsas y todos los funcionarios que permiten que la ayuda, aunque magra (y que se la pasan criticando) les llegue a los que menos tienen.  Vayamos todos en una dirección sin torpedear lo que se está haciendo, aportando lo mejor que tenemos.