ETIQUETA DE WHATSAPP

Por Mariela Sagel, El Siglo de Panamá, 10 de agosto de 2020

     El domingo pasado anuncié que una segunda versión del programa Contrapunto, en torno a Periodismo y Literatura, se estaría transmitiendo el martes 4 de agosto.  El profesor Justo Arroyo insistió en que ahora las personas, incluso sus amigos intelectuales ya no contestan con frases sino con “emojis”, esos pequeños dibujos que la creatividad digital nos ofrece sin límites.

     El fenómeno de las redes sociales definitivamente que nos ha cambiado, y a veces para mal.  Que quede claro que el WhatsApp no es una red sino un servicio de mensajería instantánea, que se ha vuelto tan popular que ya la gente no habla sino manda mensajes de voz.  En lo personal, los detesto y no se me ocurre mandar uno, creo que nunca lo he hecho.  Si tengo algo que decir, levanto el teléfono y llamo.

     Algo que me llama mucho la atención es que ahora los mensajes de WhatsApp han reemplazado el correo electrónico.  Tenía la costumbre de enviar mis artículos a unas 500 personas por correo, pero el tiempo no me alcanza y el otro día un amigo en el exterior preguntó si es que ya no escribía.  Y los pongo en Facebook y Twitter, pero no en Instagram, que parece es el preferido de cierto nivel de gente. 

     Otro asunto que me inquieta mucho es que como ahora el ocio pandémico nos obliga a estar viendo a cada rato el WhatsApp y reenviando cuanto nos cae en el teléfono, sea o no verdad, hay personas que tienen la descortesía de replicarte que ya lo habían visto o recibido.  Muchas veces me inhibo de no enviar algunas cosas de interés porque sospecho que el recipiente me saldrá con ese domingo siete.

     Pero hay que adaptase a los tiempos, y en el caso de redes, es importante que la cortesía prevalezca, que se respete el derecho a opinar y hacer de muros de Facebook, o las réplicas de Twitter un campo de batalla.  Si no tienes nada agradable que decir, no digas nada, es lo que debe prevalecer.