Que nadie se quede atrás

Por Mariela Sagel

29 de noviembre de 2020, La Estrella de Panamá

Uno de los más serios problemas sociales que enfrenta Turquía es la incursión de refugiados en sus tierras provenientes de Siria, país con el que comparte una frontera de 822 kilómetros, que inicia en la intersección de la triple frontera con Irak (al oriente) y termina al occidente en el Mar Mediterráneo.

Uno de los más serios problemas sociales que enfrenta Turquía es la incursión de refugiados en sus tierras provenientes de Siria, país con el que comparte una frontera de 822 kilómetros, que inicia en la intersección de la triple frontera con Irak (al oriente) y termina al occidente en el Mar Mediterráneo. Es uno de los países que más refugiados acoge y se estiman en 4 millones, 3.6 de ellos sirios. El gobierno y las comunidades, especialmente cercanas a la frontera, han recibido una población que huye de una guerra civil que parece no tener fin.

El Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (UNDP por sus siglas en inglés) ha jugado un rol muy importante en manejar este asunto, que para otros países sería causa de inquietud y hasta violencia en la población local, que se puede sentir invadida, ofreciendo guías de referencia para adoptar la resiliencia desde el año 2014. El representante permanente de UNDP, Claudio Tomasi, me expuso de manera muy sencilla el éxito que han tenido en manejar esta crisis: voluntad política de parte del gobierno. El lema escogido es “leave no one behind”, que acordamos traducir en “que nadie se quede atrás”. Los sirios y turcos tienen pocas cosas en común, ni siquiera el idioma, ya que en Turquía se habla turco y en Siria árabe. Sumidos en una guerra civil desde 2011, la población se ha visto obligada a huir, dejando atrás todas sus pertenencias y hasta cierto punto su vida.

El éxito del programa que lleva a cabo Naciones Unidas ha sido el de integrar las comunidades a las diferentes poblaciones, no crear campos de refugiados, como se hace tradicionalmente. Es una tarea titánica porque involucra que los sirios aprendan turco, los niños acudan a clases, trabajen para ganar un sustento, y de cierta forma, irse integrando a la sociedad. No hay un término para su regreso, puede que nunca lo hagan, forman parte de la sociedad turca en diferentes poblaciones.

Los mayores retos son el acceso a puestos de trabajo, cohesión social y armónica y contar con una buena disposición de servicios municipales, como puede ser la disposición de la basura. UNDP ha estado apoyando a Turquía por más de 50 años, lo que le ha permitido crear y fortalecer lazos con autoridades locales, el sector privado, pequeños negocios y algunos ministerios claves para crear sinergia entre los esfuerzos, que logren alcanzar las metas de desarrollo sostenible y las prioridades del plan de desarrollo nacional y, por el otro lado, satisfacer la necesidad de los refugiados sirios y las comunidades que los han acogido. Esta entretela ha permitido que la presencia de refugiados no sea motivo de conflictos sino una oportunidad para avanzar en desarrollos locales.

La declaración sobre refugiados y migrantes, que se dio en New York en 2016 apeló al desarrollo y aplicación de un marco referencial comprensivo de respuestas al fenómeno de los refugiados. La meta era permitir que ellos pudieran tener acceso y se integraran a los planes de desarrollo locales y nacionales. Además de los actores que mencioné antes se incluyeron las instituciones financieras y la sociedad civil, representada por think tank’s, ONG’s, académicos y líderes espirituales. Todo esto se ceñía a lo establecido en la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030.

Son innumerables las actividades que se han realizado para llevar con éxito esta labor humanitaria sin precedentes, que ha incluido garantizar la calidad de vida y el acceso al trabajo, mejorando las capacidades de los refugiados, sacando provecho de sus vocaciones y destrezas, desarrollando puestos laborales a través de la creación de centros de innovación y capacitación, la transformación de zonas industriales, desarrollo de servicios de negocios y agregando valor a la cadena de producción, que incluye apoyar la creación de iniciativas inclusivas de negocios, como la que se desarrolla en el Tecnoparque Sanliurfa, población cercana a la frontera con Siria.

La UNDP ha apoyado el fortalecimiento de las capacidades municipales para que puedan afrontar el incremento de las necesidades de servicios públicos, tanto en desarrollo de infraestructura como en conseguir equipos y soporte técnico para enfrentar el incremento de la demanda.

Muy importante en todo este proceso, que garantiza la convivencia pacífica entre refugiados y sus anfitriones es potenciar las capacidades de las mujeres para que se apoyen mutuamente, sirias y turcas, y se les provee de maquinarias, equipos que necesiten para nuevas habilidades que vayan desarrollando, así como de los elementos necesarios de consejería para el acceso a ayuda legal. Esto incluye, entre otras cosas, servicios de traducción, clínicas móviles y apoyo en la calidad de los servicios que se presten. UNDP Turquía apoya decididamente el acceso al trabajo para jóvenes y mujeres en sectores en franco crecimiento como el de tecnología, trabajo a distancia y energías renovables.

Un verdadero hito en el manejo de crisis tan delicadas como la de refugiados, más cuando no tienen en común ni la lengua ni las costumbres.