Todas las entradas de: Mariela Sagel

Mariela Sagel es Arquitecta y tiene una Maestría en Administración de Empresas. Además, tiene una especialización en Administración de Proyectos, por la Universidad de Louisville. Reside en la ciudad de Panamá, República de Panamá. Ocupó el cargo de Ministra de Gobierno y Justicia en la década de 1990. Tiene una hija que vive en Montreal, con su esposo y sus hijos, un niño y una niña, que la han convertido en una abuela feliz. Todos son amantes de los Schnauzers. Mariela Sagel escribe sobre diferentes temas, especialmente de política, pero también cultiva la literatura y el arte. Tiene una página cultural semanal en La Estrella de Panama y dos columnas de opinión semanales. Es un referente intelectual panameño y sus artículos también se publican en dos medios españoles y en catorce países latinoamericanos. Además produce un segmento cultural semanal en Telemetro Matutino, titulado "Entre Letras" desde 2011 donde recomienda libros . Es sabinera de "fina estampa". “La reseña es un oficio que me gusta, entendida siempre como testimonio de lector, más que como esa cosa aparatosa y sosa y casposa llamada ‘crítica literaria’ ”. Darío Jaramillo Agudelo

TESTIGOS DE EXCEPCIÓN

Por Mariela Sagel, El Siglo, 26 de junio de 2017

Los que pasamos con garbo la cincuentera podemos considerarnos testigos de excepción en su más amplio sentido, porque a pesar de no haber vivido ninguna de las dos guerras mundiales hemos visto muchos acontecimientos importantes.

En Panamá crecimos con las reclamaciones nacionalistas y, aunque algunos éramos muy pequeños, recordamos el desasosiego que produjeron los infaustos sucesos de enero de 1964.  Un poco incierto fue el golpe de 1968 (sobre todo por la rumorología que predominaba) y de allí empezamos a vivir un gobierno que fue girando el timón hacia el populismo.  Para los que fuimos a escuelas privadas se nos alejó un poco de la efervescencia que predominaba entre los estudiantes por el tema nacionalista pero estuvimos muy conscientes de las negociaciones y de la firma de los tratados del Canal de Panamá, que nos devolvería la soberanía sobre la Zona.  Atravesarla era una vergüenza y toda una aventura cruzar el ferry donde ahora está el puente de las Américas años antes.

El referéndum para ratificar los tratados fue el primer ejercicio electoral al que muchos nos enfrentamos y después vinieron las elecciones de 1984.  Antes habíamos visto con estupefacción la muerte de Omar Torrijos y la pelea de poder que se desató en la Guardia Nacional por el control del país, cuando un Paredes prepotente dijo que el poder reposaba en la Avenida A.  Nos fuimos involucrando en las luchas anti militaristas a medida que crecía el descontento y a partir del ’87 nos vestimos de blanco para protestar.  Vino la invasión y vimos a un Noriega entregándose sumiso a los gringos, sus antiguos patrones.

Después vivimos la reversión total de las tierras y el manejo del Canal, los debates de la ampliación, su ejecución y feliz culminación. Mientras tanto caía el muro de Berlín, desaparecía la Unión Soviética y se desvanecía la Guerra Fría. Ahora estamos viendo a un ex presidente esposado y con grilletes en una cárcel gringa.  No podemos quejarnos.

 

ISABEL ALLENDE VUELVE DEL INVIERNO

Por Mariela Sagel, Facetas, 25 de junio de 2017

     A inicios del mes de junio salió a la venta el nuevo libro de Isabel Allende, titulado “Más allá del invierno” y otra vez la autora chilena vuelve a enamorarnos con su prosa elegante y lúcida, coqueta y juguetona, que arranca lágrimas y risas y que lleva una enorme carga personal y emocional.  Sus tres personajes principales son una chilena exilada en Estados Unidos, una inmigrante ilegal guatemalteca y un académico estadounidense que lleva a cuestas una dolorosa culpa emocional.

Allende dijo en una de las muchas presentaciones que realiza en varias ciudades del mundo, que “puedo decir que uno no deja todo lo que tiene por gusto, sino porque viene huyendo de algo”.  Ella misma se exiló de su país de origen (aunque nació en Perú porque su padre era diplomático allí, es auténticamente chilena) en Venezuela, después de haber dado vueltas por algunos lugares antes de casarse con su primer marido, padre de sus dos hijos.  Empezó su carrera como periodista en organismos internacionales y revistas chilenas y la siguió en Caracas.  En 1982 el mundo quedó deslumbrado con su primera novela, “La casa de los espíritus”, que fue llevada al cine actuada por Meryl Streep, Glenn Close, Jeremy Irons, Winona Ryder, y Antonio Banderas en 1993.  Es considerada la escritora viva en lengua española más leída del mundo y se estima que se han vendido de sus más de 20 novelas y relatos un aproximado de 67 millones de libros y se han traducido a 35 idiomas.

UN VERANO INVENCIBLE

Isabel Allende empieza religiosamente a escribir sus libros un 8 de enero y en esta ocasión, compartiendo con su hijo (su hija Paula murió de porfiria en 1992), su nuera y familia de éstos para las fiestas de Navidad en un sótano de un edificio en New York, empezaron a darle ideas sobre historias y así fraguó esta novela adictiva, llena de recovecos y semejante a un thriller sin llegar a serlo, con un desenlace imprevisible.

El encuentro fortuito de los tres personajes en medio de una tormenta de nieve es el hilo conductor que los lleva a una aventura a la que ninguno pensó nunca enfrentarse, y como parte de su narrativa, expone y vislumbra los rasgos que los unen, tales como el dolor, el desarraigo, la necesidad de amor, y los que los fortalece, a los tres, para llegar a encontrar la luz al final del túnel, o atravesar el invierno y que llegue el verano.

El título del libro proviene del epígrafe que resume la frase de Albert Camus “En medio del invierno aprendí por fin que hay en mí un verano invencible”.  La misma Isabel atravesaba una situación complicada tanto a nivel personal como histórica: su reciente divorcio de su marido gringo, con el que estuvo casada 28 años y con quien vivió verdaderas tragedias familiares; la llegada a la presidencia de Donald Trump y el incremento de la xenofobia y las actitudes reaccionarias en todo el mundo pero especialmente en el país donde vive.

Allende fue merecedora del Premio Nacional de Literatura en 2010 en su Chile natal por «la excelencia y aporte de su obra a la literatura, la que ha concitado atención en Chile y en el extranjero, y también ha sido reconocida por múltiples distinciones y ha revalorizado el papel del lector».  Al año siguiente obtuvo el Premio Hans Christian Andersen de Literatura por sus cualidades como narradora mágica y su talento para «hechizar» al público, sucediendo a otra mujer, la británica J.K. Rowling (autora de la serie Harry Potter), que ganó la primera edición de este galardón que desde 2010 se entrega en Odense, ciudad natal del famoso escritor danés.

MECÁNICA NARRATIVA

     Con la picardía que la caracteriza, Isabel Allende nos lleva por la vida de Richard, Lucía y Evelyn, que coinciden en Brooklyn bajo el azote de una tormenta invernal tremenda.  A partir de ese encuentro, y en diferentes capítulos, nos vamos enterando de las vidas de los tres, de dónde vienen y por qué están donde están.  En lo personal, son desgarradoras las historias que llevan a cuestas la guatemalteca y el gringo, pero Lucía también tiene su pesado equipaje, especialmente por la nunca aclarada muerte de su hermano, como muchos otros chilenos en la dictadura militar.  Sus inolvidables frases, como “esa soledad, que antes llegaba sin anunciarse, como insidiosa visitante” o la de “unidos por una amistad sensual e intereses intelectuales” no hacen sino acicatear la lectura de esta novela.

Isabel Allende, la escritora chilena

Evelyn se convierte, para Richard y Lucía, que son vecinos pero que él “está cerrado a la aventura formidable del amor” en una parte necesaria en sus vidas, para siempre, aún después que Richard se entrega a “la amable decadencia de vivir en pareja” una vez que supera la “delicada etapa de tantear la intimidad”.

La escritora ha explicado que siente una profunda preocupación por el incremento del terrorismo, la crisis de refugiados, la vuelta de la ultraderecha en muchas partes, la xenofobia y el racismo. “Estamos viviendo un invierno político y en algún momento surgirá de allí un verano” ha dicho esperanzada.

Conocí a Isabel Allende en 1995, cuando acababa de publicar su libro “Paula”, un relato filial que su agente, Carmen Balcells, le exhortó a escribir cuando atravesaba la enfermedad que acabó con la vida de su hija.  Mi hija y yo fuimos a Sausalito, California,  y nos dijeron dónde vivía, tocamos la puerta de la casa y ella misma abrió y nos invitó a pasar.  Yo había hablado con su agente unos días antes para que me diera una cita y ella recordó que tenía un mensaje de una panameña.  Ese encuentro fue muy significativo por la humildad y calidez que ella proyecta, y nos hemos mantenido en contacto a través de los años.  Una vez me mandó un cuadro que ella hizo, una especie de collage que le entretiene la mente cuando está ansiosa.  Las críticas a sus libros no siempre han sido elogiosas, la tachan como “escribidora”, –especialmente los hombres misóginos– ese odioso adjetivo que usa con frecuencia Mario Vargas Llosa, pero a nivel general, todos sus libros son bien recibidos y sobre todo, leídos con gran entusiasmo.

Y el profundo invierno en el que vivía Isabel debido al final de su largo matrimonio llegó a su fin con este libro.  A sus 75 se ha vuelto a enamorar y lo ha contado a los cuatro vientos.  Su madre, de 96 años, le sigue corrigiendo sus textos y no dudo que su familia vive ese gozo que ella reboza, con la convicción de que “el único remedio para tanta desgracia es el amor.