Todas las entradas de: Mariela Sagel

Mariela Sagel es Arquitecta y tiene una Maestría en Administración de Empresas. Además, tiene una especialización en Administración de Proyectos, por la Universidad de Louisville. Reside en la ciudad de Panamá, República de Panamá. Ocupó el cargo de Ministra de Gobierno y Justicia en la década de 1990. Tiene una hija que vive en Montreal, con su esposo y sus hijos, un niño y una niña, que la han convertido en una abuela feliz. Todos son amantes de los Schnauzers. Mariela Sagel escribe sobre diferentes temas, especialmente de política, pero también cultiva la literatura y el arte. Tiene una página cultural semanal en La Estrella de Panama y dos columnas de opinión semanales. Es un referente intelectual panameño y sus artículos también se publican en dos medios españoles y en catorce países latinoamericanos. Además produce un segmento cultural semanal en Telemetro Matutino, titulado "Entre Letras" desde 2011 donde recomienda libros . Es sabinera de "fina estampa". “La reseña es un oficio que me gusta, entendida siempre como testimonio de lector, más que como esa cosa aparatosa y sosa y casposa llamada ‘crítica literaria’ ”. Darío Jaramillo Agudelo

100 DIAS UNIENDO FUERZAS

Por Mariela Sagel, El Siglo de Panamá, 7 de octubre de 2019

     Mañana 8 de octubre se cumplen 100 días del gobierno de Laurentino “Nito” Cortizo, que sin lugar a duda despertó muchas esperanzas en una población que no veía cómo iba a arreglarse la situación económica del país.  En estos 100 días el presidente ha cumplido algunas de sus promesas, como la creación del Ministerio de Cultura, el pago a los proveedores que ya rebasaba lo tolerable y, sobre todo, dio un mensaje claro al mundo en su visita a Naciones Unidas.

     Al celebrarse la 74ª. Asamblea Anual en la sede de esa organización en New York, Cortizo exhortó a las naciones presentes a unirse para construir el futuro, sin imposiciones y en libertad para convivir con igualdad y respeto. Exhortó a buscar un mundo más fraterno, con el único propósito de disfrutar de una paz duradera, compartida y universal.

     Resaltó que el libro de Panamá (refiriéndose a lo que se ha escrito de nuestro país) tiene muchas páginas por conocer, que somos más que un canal.  Dedicó un especial reconocimiento a todas las migraciones que vinieron a construir, primero el ferrocarril, y después ese canal que unió los dos océanos y facilitó el comercio mundial.  También resaltó los productos emblemáticos por los que se nos conoce, así como los esfuerzos por la paz a través del diálogo y las negociaciones y el logro de consensos.  Recordó que el sueño del libertador Simón Bolívar era “Si el mundo hubiese de elegir su capital, el Istmo de Panamá sería señalado para ese augusto destino”.

     Destacó la lucha de generaciones de panameños que derribó la quinta frontera, la Zona del Canal, y el apoyo del mundo que culminó con la firma y puesta en vigencia de los Tratados Torrijos Carter, así como la reciente visita del Papa Francisco para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, en la que destacó que el país es “de gente noble”.

     Insistió en lo que ha llamado la conquista de la sexta frontera, la erradicación de la pobreza y la desigualdad que existe en nuestro país, y que es parte de sus postulados de campaña.  Se comprometió al cumplimiento de los 17 objetivos de Desarrollo Sostenible, que pasan por enfrentar la corrupción con una efectiva administración de justicia.

     De igual forma, reiteró su gran obligación con la educación, a fin de que los estudiantes aprendan a pensar en equipo, resuelvan problemas, sean creativos, cuiden el ambiente y sean sensibles al arte, la cultura, la ciencia y la tecnología.

     Como corolario, mencionó la enorme riqueza natural que tiene nuestro país, y la defensa que todos debemos asumir de ella, vinculándola a la cumbre de acción climática que se estaba celebrando.  Muchas otras cosas positivas expuso el presidente, en su primera presentación ante el foro mundial.  Lo más importante es que su coherencia y franqueza va acorde a la ejecución que de forma firme y pausada lleva a cabo para rescatar el país del hoyo profundo en que nos dejó el gobierno anterior, tanto moral como económicamente.

SIDI QAMBITUR

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, 6 de octubre de 2019

     La última novela del escritor español Arturo Pérez Reverte, “Sidi, Una historia de frontera”, como se lee en su portada, es sencillamente magistral.  Para muchos, la legendaria figura del Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, que se remonta al siglo XI es bastante ajena.  Pero la magia revertiana nos acerca a este inspirador personaje, en la época del Al-Ándalus, que es el nombre que en la Edad Media dieron los musulmanes a la península Ibérica, territorios que estuvieron bajo su control. 

     Esta novela tiene una historia intrínseca fascinante, pues el autor, que era un hurgador de las bibliotecas de sus padres y abuelos, encontró el libro de José Zorrilla y Moral, “La Leyenda del Cid”, que había adquirido su bisabuela Adéle Replinger Gal en 1883 y él leyó setenta y seis años después.  Zorrilla es más conocido por su obra “Don Juan Tenorio”.  “La leyenda del Cid” la publicó en 1882 y era considerado un poema narrativo.

     Para muchos nos suena “El Cantar del Mío Cid” y seguramente en la escuela, cuando se nos enseñaba historia como debían, entramos en contacto con esa gesta anónima que relata hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, que datan del año 1200.  El Cid fue un caballero castellano que estuvo al servicio del rey Alfonso VI y después estuvo al frente de su propio ejército (mesnada en lenguaje de la Edad Media) en el Levante de la península ibérica.  Conquistó Valencia y estableció allí un señorío independiente.  Es considerado un héroe nacional, especialmente castellano y un cruzado que promulgaba la reconquista, que combatió del lado tanto de cristianos como de musulmanes.  Para algunos fue un mercenario, un soldado profesional, que prestaba sus servicios a cambio de un emolumento.

La nueva novela de Arturo Pérez Reverte

     Campeador significa “experto en batallas campales” y Cid, del árabe Sidi, significa señor.  Con estos elementos el académico, escritor y periodista Arturo Pérez Reverte ha hecho un coctel explosivo.  El lanzamiento de la novela ha sido todo un acontecimiento de mercadeo, lo que siempre se monta cuando el autor presenta un libro y eso aumenta la urgencia de leerlo y de comentarlo.

EL CID CAMPEADOR REVERTIANO

     El libro de Pérez Reverte no es una biografía o compendio de la agitada vida que tuvo Ruy Díaz, como también se le decía al Cid, solamente un relato de algunas de sus batallas.  Se escenifica entre los que se llamaban reinos de Valencia, Córdoba, Zaragoza y las reminiscencias que en su momento asaltaban al personaje, su antiguo patrón el rey Alfonso VI y también la figura del rey Sancho.  Como es su característica, el autor cuida con esmero el lenguaje de la época, así como los vestuarios que llevaban los guerreros.  De igual forma, la portada es de su amigo, el pintor Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, el pintor de batallas. En resumen, el Cid de Pérez Reverte es su Cid, “saqueando sin escrúpulos tanto la leyenda como la realidad” como dijo Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, el día que se presentó el libro en la Real Academia Española, en la que el autor ocupa la silla T desde hace trece años.

     Desde su apoteósico lanzamiento el escritor no ha dejado de ofrecer entrevistas y el tema no se agota.  Han calificado la historia como un western español del siglo 21.  La leyenda del Cid es muy poderosa, y sobre sus batallas hay miles de versiones, pero ésta es la de Pérez Reverte.

Orgulloso de su biblioteca

     Hace poco reveló por primera vez el lugar donde escribe, durante ocho horas diarias, porque se considera un obrero de su oficio.  Se rodea de enciclopedias, no tiene acceso a internet, no consulta Wikipedia y no usa –mientras trabaja— su teléfono móvil.

     Este libro bien puede adaptarse a una película, y si tiene una segunda o tercera versión, a una serie.  El autor le da créditos a Alberto Montaner Frutos, un filólogo a quien le dedica el libro, que es heraldista y arabista especializado en literatura e historia hispánica medieval y, más concretamente, en estudios cidianos tanto históricos como literarios.  Agradece también a Julio Mínguez la parte ecuestre y a Federico Corriente el vocabulario árabe fronterizo y, sobre todo, guerrerista de la época y no se escapa lo exquisito de las descripciones de las cotas de malla y las urgencias amatorias que asaltaban a estos guerreros, que no veían mujeres en meses.  Ruy Díaz estaba casado con Jimena, a quien describe como poseedora de una personalidad de hierro y dos hijas, a las que evoca cada vez que iba a la batalla. La única mujer “revertiana” que aparece en la novela es Raxida, la hermosa hermana de Mutamán, Rey de Zaragoza.

Rodrigo Díaz de Vivar, un modesto infanzón burgalés llegó a convertirse, incluso para los musulmanes, en Sidi Qambitur: el señor que campea, que cabalga.  Era tan solo un hombre con su espada y su caballo, un desterrado que, acompañado por un puñado de mercenarios leales, peleaba en territorio enemigo por su vida buscando, al otro lado de la frontera, el horizonte y el mar.

EL FENÓMENO REVERTIANO

     “Sidi” es el segundo libro que este año publica Arturo Pérez Reverte.  Le tomó año y medio escribirlo y se nota una minuciosa investigación, un cuidado y pulido lenguaje, así como unas licencias que bien valen la pena tomarlas para hacer más atractiva la saga.

     El anterior, “Una historia de España”, que en su momento reseñé, es un maravilloso recorrido por la historia del país ibérico desde el punto de vista crítico agudo que caracteriza al autor, con muchos guiños hilarantes que hacen muy amena su lectura. 

     El día de la presentación en el salón de la Real Academia de la Lengua, el presentador, Carlos Ansina le preguntó: “¿Escribirás alguna vez una novela que no sea revertiana, Reverte?” a lo que el autor contestó: “Buena pregunta, Alsina. Mira, hay escritores que poseen un territorio y se mueven por él con soltura, y en realidad siempre escriben la misma novela. Yo soy uno de esos escritores que son felices con su trabajo, entre otras cosas porque escribir es una manera singular de vivir al acecho de cualquier cosa que sea útil para la historia que estás contando en ese momento. Unos zapatos, una línea de sol, una sonrisa… Todo sirve. Y también es una excusa para leer cosas nuevas y releer a los viejos amigos, que siempre ayudan cuando los reclamas. Tengo en casa treinta mil libros, pero sé dónde buscar el que necesito en cada momento. Vivir alternando el mundo con la biblioteca y usar todo eso para escribir es la felicidad. Por otro lado, como novelista no me interesa contar una historia completa ni narrar un mundo. No soy Thomas Mann, ni Proust o Tolstoi. Solo pretendo contar una historia eficaz, para que el lector la lea y la viva y siga queriendo comprar mis libros.

Arturo Pérez Reverte

“Narrativamente, por la vida que llevé, hay una serie de mecanismos humanos que me interesan más que otros y que en esta novela están, creo, muy bien representados: la lealtad, la valentía, la camaradería singular entre hombres que batallan juntos, el liderazgo… Los hombres de esta historia de frontera se mueven en ese territorio revertiano del que hablamos. Y son los hombres que me interesan, capaces de dejarse matar por lealtad. Luchar y saber morir; sobre todo esto último. Quizás porque viví en lugares de frontera, aprendí desde muy joven que saber morir es muy importante. El líder que consiga que uno de los suyos muera con naturalidad es el mejor de los líderes. En el mundo occidental ya no sabemos morir. No sabemos aceptar las reglas implacables de la naturaleza, nos negamos a aceptarla, rodeamos la realidad de una costra edulcorada para olvidar. Con esta novela yo también quería recordar al lector que el mundo sigue siendo eso, y que la gente que acepta morir vive de otra manera. Aceptar las reglas del juego te hace ser mejor.

“Así pues ­—concluye Arturo Pérez-Reverte— con todo lo leído y lo vivido he construido mi Cid saqueando sin escrúpulos tanto la leyenda como la realidad y prestándole mi mirada”.

     Para Arturo Pérez Reverte, en este relato de una de las muchas batallas que libró el legendario Cid   se funden de un modo fascinante la aventura, la historia y la leyenda. “Hay muchos Cid en la tradición española, y éste es el mío”.