Todas las entradas de: Mariela Sagel

Mariela Sagel es Arquitecta y tiene una Maestría en Administración de Empresas. Además, tiene una especialización en Administración de Proyectos, por la Universidad de Louisville. Reside en la ciudad de Panamá, República de Panamá. Ocupó el cargo de Ministra de Gobierno y Justicia en la década de 1990. Tiene una hija que vive en Montreal, con su esposo y sus hijos, un niño y una niña, que la han convertido en una abuela feliz. Todos son amantes de los Schnauzers. Mariela Sagel escribe sobre diferentes temas, especialmente de política, pero también cultiva la literatura y el arte. Tiene una página cultural semanal en La Estrella de Panama y dos columnas de opinión semanales. Es un referente intelectual panameño y sus artículos también se publican en dos medios españoles y en catorce países latinoamericanos. Además produce un segmento cultural semanal en Telemetro Matutino, titulado "Entre Letras" desde 2011 donde recomienda libros . Es sabinera de "fina estampa". “La reseña es un oficio que me gusta, entendida siempre como testimonio de lector, más que como esa cosa aparatosa y sosa y casposa llamada ‘crítica literaria’ ”. Darío Jaramillo Agudelo

CON EL AGUA HASTA EL CUELLO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 21 de mayo de 2017

Las últimas intervenciones públicas que ha hecho el presidente Juan Carlos Varela lo han mostrado un tanto crispado, descontrolado y diciendo algunas cosas poco coherentes.  Una de ellas, de que va a hospedar en los hoteles de Panamá a los que están esperando cirugías (por la enorme mora quirúrgica que existe en los hospitales de la Caja de Seguro Social) y que asciende a varios miles.  Ese exabrupto fue en respuesta a que se supo que de su partida discrecional le pagó una operación que pudiera llamarse cosmética, al Director del Consejo de Seguridad.

Esas declaraciones, al igual que muchas otras que ha estado mandando, continúan con el populismo mal entendido que lleva a cabo el gobernante.  Habría que recordarle el encumbrado mandatario lo que decía Marco Tulio Cicerón hace 2067 años: “El presupuesto debe equilibrarse, el tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada y la ayuda a otros países debe eliminarse, para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar en lugar de vivir a costa del estado”.  Y todo eso es lo que estamos viendo: más subsidios, más endeudamiento, más arrogancia de parte de los funcionarios –hasta de parte de los que acaban de nombrar se montan en ese patín— y un deterioro peligroso en la calidad de vida de los ciudadanos, especialmente en el tema de seguridad.

El nerviosismo puede deberse a que la fatídica fecha de junio que anunciaron los fiscales brasileños se acerca, en la cual se revelaría la lista de los que recibieron coimas y cada día salen más evidencias de que las últimas dos administraciones han estado más que salpicadas (más bien embadurnadas) de dineros de la constructora brasileña Odebrecth.  Un grupo de ciudadanos, de diferentes corrientes de pensamiento nos reunimos en una conferencia de prensa la semana pasada para exigir al Presidente que solicite al gobierno de Brasil las informaciones sobre las delaciones premiadas de las investigaciones que se están realizando.

No es posible que todas las informaciones que tenemos sobre este monumental entramado de corrupción vengan solamente de afuera, cuando desde el mismo seno de nuestro estrecho istmo se han hecho acusaciones de gente que estaba dentro del engranaje, que señalaron puntualmente a personas y entidades.  Han quedado en el limbo jurídico en que siempre nos tratan de enredar las revelaciones de Ramón Fonseca Mora, al igual que las detenciones preventivas que nunca terminan en juicios y mucho menos en condenas, y de buenas a primeras matan a una señora que se hacía pasar por abogada en la cafetería de un hospital, en abierta operación de sicariato.  Panamá está en vías de ser un estado fallido, ése que siendo soberano falla en la garantía de proveer a sus ciudadanos de servicios básicos, como son la seguridad, la salud y la educación.

La revelación absoluta de que la campaña del candidato del CD fue financiada por Odebrecht tiene a los responsables jugando a las sillas musicales.  Uno dice que solamente veía estrategia, la otra que como era candidata a vicepresidenta no tenía acceso a esa información y la responsable de las finanzas guarda silencio absoluto, al igual que el señor Arias, que nadie sabe dónde está.

Cuando la gente se ve con el agua al cuello, a punto de ahogarse, tiende a cometer actos desesperados.  Como la presión es muy fuerte, porque hay muchas personas involucradas, que a su vez presionan para que no se revelen sus nombres, se siente el ambiente cargado, tenso y no ayudan para nada todos estos elementos “aislados” como la ejecución de la pasante del que fuera el zar de los impuestos en el gobierno de Martinelli, que forjó la empresa que se hizo de comisiones millonarias y que recientemente le fueron perdonados varias decenas de millones de dólares.

El uso de las partidas discrecionales ha ido en proporción inversamente proporcional al patrimonio del gobernante de turno.  Y el que superó cualquier ranking fue el mismo que celebró al llegar a tener su primer billón cuando era presidente.  Por eso exigimos que se agilicen las investigaciones, que no sean selectivas, que no nos peloteen como lo han venido haciendo hasta ahora y sobre todo, que se practiquen auditorías a todas las obras multimillonarias por parte de la Contraloría.

LA COMPETENCIA ESTÁ EN EL SERVICIO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 15 de mayo de 2017

Se anunció para hoy una protesta de los conductores de taxi contra la plataforma de Uber, que tiene a muchos satisfechos de que haya llegado hace ya unos 3 años a Panamá.  Los taxistas, que se especializan en manejar desordenadamente, llevar a varios pasajeros al mismo tiempo, cobrar los que les da la gana y ser poco corteses (especialmente los que dicen “no voy”) no han entendido que Uber es para un segmento de la población que no necesariamente carece de automóvil, sino que prefiere trasladarse a los sitios en forma segura y confiada.

Hace unos días pedí un Uber para ir a la Ciudad del Saber y al rato me llamó el conductor (porque al pedirlo uno mediante su aplicación, se identifica tanto el que pide como el que va a prestar el servicio, con número de teléfono y foto) para decirme que había dejado las llaves en su auto.  Le pregunté si le era más conveniente dejarlas con el guardia de seguridad de mi edificio, dado que la Ciudad del Saber está un poco alejada, y así lo hizo, con un cargo ínfimo.  Si me hubiera ido en taxi, las posibilidades de rescatar mis llaves hubieran sido casi nulas y lo más probable es que hubiera tenido que llamar a un taller de cerrajería para poder entrar a mi departamento.

Las autoridades están en la obligación de poner orden en este asunto, porque no se puede permitir que ya que el tránsito por la ciudad es un tormento, encima no se asuma con hidalguía el meollo del asunto: la población usuaria de taxis está harta del mal servicio, del “no voy”, de los automóviles en mal estado, de la música estridente y del peligro que representa andar en un taxi, tanto de día como de noche. Claro que hay sus excepciones, pero seguramente esas no son las que van a estar en la protesta de hoy.  Espero que Uber haya llegado para quedarse.