Todas las entradas de: Mariela Sagel

Mariela Sagel es Arquitecta y tiene una Maestría en Administración de Empresas. Además, tiene una especialización en Administración de Proyectos, por la Universidad de Louisville. Reside en la ciudad de Panamá, República de Panamá. Ocupó el cargo de Ministra de Gobierno y Justicia en la década de 1990. Tiene una hija que vive en Montreal, con su esposo y sus hijos, un niño y una niña, que la han convertido en una abuela feliz. Todos son amantes de los Schnauzers. Mariela Sagel escribe sobre diferentes temas, especialmente de política, pero también cultiva la literatura y el arte. Tiene una página cultural semanal en La Estrella de Panama y dos columnas de opinión semanales. Es un referente intelectual panameño y sus artículos también se publican en dos medios españoles y en catorce países latinoamericanos. Además produce un segmento cultural semanal en Telemetro Matutino, titulado "Entre Letras" desde 2011 donde recomienda libros . Es sabinera de "fina estampa". “La reseña es un oficio que me gusta, entendida siempre como testimonio de lector, más que como esa cosa aparatosa y sosa y casposa llamada ‘crítica literaria’ ”. Darío Jaramillo Agudelo

El Canal en la mira

Todavía están vigentes los comentarios que vertimos los aficionados a expresar nuestras opiniones, durante la batalla campal que libramos para la aprobación del referéndum de la ampliación del Canal. Se iniciaron los trabajos y las licitaciones y asignaciones de obras se han realizado con transparencia, puntualidad y bajo un estricto calendario. Y ahora a alguien se le ha ocurrido hacer los cierres de campaña en las áreas aledañas al edificio de la Administración, en las faldas del Cerro Ancón.

Varias razones están en contra de esta aberración: Frente al Edificio, bajando esa colina donde celebramos jubilosos la transferencia a manos panameñas del manejo del Canal, está el boulevard El Prado, donde se encuentran las oficinas legales y de auditoría, al igual que las del medio ambiente, agua y tecnología, cuyas operaciones se verían afectadas por una concentración de tal magnitud. El Centro de Control de Tráfico Marítimo y de Asignación de Pilotos también está en el área, en dirección del Círculo Stevens, erigido en honor de uno de los constructores de esa obra. Es una calle con rotonda, frente al Teatro Balboa, que no permite otra cosa que dar la vuelta.

En cuanto a accesos, el área es vital para la salida y entrada a la ciudad capital, especialmente para los residentes de las ciudades dormitorios de Arraiján y Chorrera. Una concentración masiva puede provocar alteraciones en las operaciones del puerto de Balboa y obstruir el cono de aproximación que debe mantenerse a la pista del aeropuerto de Albrook, y las áreas circundantes no son suficientes para albergar a la cantidad de gente que cada campaña piensa movilizar. Se calcula que en total caben unas 25,000 personas, y las aspiraciones de las dos campañas —el señor Endara la va a hacer mirándonos a la cara— adelantan un mínimo de 250,000 asistentes.

El título constitucional del Canal, además de su neutralidad y el mantenerlo alejado de la política, exige que sus operaciones no se vean afectadas por ninguna circunstancia, menos por una concentración política. ¿Qué imagen daremos al mundo, que tiene su mira puesta en este valioso activo panameño, la empresa más grande e importante que tiene la República de Panamá, si se cierra por una concentración política? Es como si en los próximos carnavales se le ocurriera a la junta de carnaval hacer culecos en las esclusas.

En los casi diez años que el Canal de Panamá ha estado administrado por profesionales panameños, su manejo ha sido un ejemplo de eficiencia y ha probado que su modelo de negocios es el más rentable. La ampliación va a potenciar ese recurso en el que todos los ojos del mundo están puestos. Los pronósticos de la afectación que puede recibir Panamá por la crisis mundial se ven amortiguados, en gran medida, por las obras ya emprendidas. Un uso inadecuado de esas áreas sería como escupir en la olla que nos alimenta. Ya se han agredido suficiente las áreas que deben preservarse, especialmente con la construcción del esperpento de monumento a Arnulfo Arias, que fue el que debieron haberse robado, en vez del de los pela’os. Para hacer ese mamotreto se cortó el árbol que sembró el presidente Roosevelt cuando inauguró el canal transístmico.

Ojalá el Tribunal Electoral no permita este despropósito. Los panameños debemos defender a toda costa tres cosas: el Canal, la democracia y el dólar. Que los cierres de campaña sean en otros lugares alejados de un área tan sensitiva como ésta.

NUDO GORDIANO

La murciomanía dio paso a la boscomanía durante la pasada semana. Tratando de explicarme toda esta alharaca, se me ocurrió buscar una definición que tuviera relación con una leyenda y es así como llegué a la expresión de nudo gordiano. La misma se refiere a un campesino en lo que es hoy Turquía que llevaba bueyes atados mediante unas cuerdas anudadas de una forma tan complicada que era imposible desatarlas. A la par existía un augurio que promulgaba que quien consiguiera desatar el nudo conquistaría el Oriente.

Entró en escena Alejandro Magno quien, en busca de conquistar el Imperio Persa, conquistó la región de Frigia, de donde provenía el campesino de Gordias. El tipo, en forma práctica, solucionó el nudo cortándolo con su espada. Los dioses aparentemente estuvieron de acuerdo y Alejandro consiguió su objetivo.

En nuestro rico idioma se usa el término para describir una situación o hecho difícil de solucionar y en muchos casos, el mismo solamente admite soluciones propias de un pensamiento lateral, aquel que permite cambiar conceptos, percepciones y aumentar la creatividad. También se utiliza para referirse a la esencia de un tema de difícil comprensión de manera que, desatando el nudo –descubriendo la esencia del problema— se pueden revelar sus implicaciones.

Todo lo anterior para adentrarnos en la serie de sobresaltos y peleas en los programas de opinión que se dieron de lado y lado y que demostraron la gran intolerancia y falta de “glamour” que tienen los voceros de las diferentes campañas políticas. Gracias a Dios que ninguno de estos vergonzosos episodios fue protagonizado por mujeres, por aquello que siempre nos tildan de perequeras.

En lo enrevesado que se convirtió la aspiración a la alcaldía por parte del candidato de la alianza opositora, versiones van y vienen sobre cómo obtuvo la ciudadanía estadounidense. Estoy convencida que la más cercana a la realidad es aquella que alega que la consiguió porque sirvió a los servicios de inteligencia de ese país. Pero la muletilla de todos los opositores es que ha sido un plan urdido por el PRD. A estas alturas, quedó bien claro quiénes fueron los que denunciaron esta anomalía ante las autoridades pertinentes. Mejor dicho, siguieron la técnica de desatar el nudo gordiano, cortándolo. En otras palabras, sus propios aliados del Movimiento Cambio Democrático, lo cruzaron. Yo lo hubiera hecho no por el hecho de que tuviera doble nacionalidad (John McCain y Ricardo Maduro la tienen y el primero corrió para presidente en Estados Unidos y el segundo fue presidente de Honduras; Miguel Bosé y hasta el novelista mexicano Carlos Fuentes también son panameños, y no se les ha ocurrido correr para alcaldes de la ciudad de Panamá) sino porque el candidato de marras tiene una barriga descomunal y en su defensa ha esgrimido los más deleznables argumentos, queriéndose llevar a todo el mundo en su camino al despeñadero. Hasta la familia del Dr. Hugo Spadafora tuvo que pedir que no se le utilizara para fines politiqueros.

Quiero dejar claro en este artículo que no pretendo dictar cátedra ni de uso de lenguaje ni de una vasta cultura. Me encanta el buscarle la quinta pata al gato, mediante leyendas, dichos, refranes e hilar los hechos que a diario vivimos en nuestro país con situaciones que a veces no se conocen. Con eso trato de hacer un aporte a los conocimientos de los que me leen, además de criticar determinado hecho.

Precisamente por tener esa orientación, la procuradora de la Nación, quien me lee y siempre me comenta mis artículos, me pidió que revisara el término arrogarse y abrogarse, usado en un artículo publicado el pasado mes de marzo. Y resultó que tenía razón en que lo usé mal. Quise decir lo primero y utilicé lo segundo. Ahora con el Internet es muy fácil no equivocarse, simplemente es un trabajo de oficio el buscar las referencias y comprobar lo que a veces la memoria nos escatima. Y le agradezco la observación porque yo no tengo la verdad absoluta, de hecho, nadie la tiene porque, como decía Antonio Machado, “tu verdad? No, la verdad, y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela”.