Todas las entradas de: Mariela Sagel

Mariela Sagel es Arquitecta y tiene una Maestría en Administración de Empresas. Además, tiene una especialización en Administración de Proyectos, por la Universidad de Louisville. Reside en la ciudad de Panamá, República de Panamá. Ocupó el cargo de Ministra de Gobierno y Justicia en la década de 1990. Tiene una hija que vive en Montreal, con su esposo y sus hijos, un niño y una niña, que la han convertido en una abuela feliz. Todos son amantes de los Schnauzers. Mariela Sagel escribe sobre diferentes temas, especialmente de política, pero también cultiva la literatura y el arte. Tiene una página cultural semanal en La Estrella de Panama y dos columnas de opinión semanales. Es un referente intelectual panameño y sus artículos también se publican en dos medios españoles y en catorce países latinoamericanos. Además produce un segmento cultural semanal en Telemetro Matutino, titulado "Entre Letras" desde 2011 donde recomienda libros . Es sabinera de "fina estampa". “La reseña es un oficio que me gusta, entendida siempre como testimonio de lector, más que como esa cosa aparatosa y sosa y casposa llamada ‘crítica literaria’ ”. Darío Jaramillo Agudelo

Cartas de un amigo

julio-cortazarMuchas veces he querido publicar algunas de las cartas que tengo la fortuna de recibir, de amigos artistas que residen en ciudades tan interesantes como París o New York, y que retratan la realidad que ellos viven, un poco alejada quizás de la nuestra. Pero la que a continuación me atrevo a reproducir tiene un hondo contenido humano, y habla de la amistad y el comportamiento social de los seres humanos. Con ello pretendo compartir con los amantes de la buena escritura un relato de lo que fue para uno de los asistentes el funeral de Julio Cortázar, en París:

“……….Ayer lo enterramos a Julio Cortázar, en el cementerio de Montparnasse, fallecido de leucemia a los 69 años el domingo pasado. El lunes se inauguró una exposición de un libro de serigrafías de Luis Tomasello, artista cinético bien conocido, con textos de Cortázar, título: Negro el O, el color de la nada…. (así comienza el texto….) y lo entierran el martes, St. Valentine’s Day, en la misma tumba que su última compañera norteamericana, Carol Dunlop, muerta de cáncer, como Cortázar, hace 14 meses no más. Esta extraña constelación, definitivamente literaria, se parece a un cuento………de Cortázar. El martes pues nos reunimos en el cementerio de Montparnasse los amigos latinoamericanos de Julio –yo, aunque le hice en 1961 el primer artículo importante aparecido en la prensa argentina sobre su obra desde París, nunca fui íntimo pues su interés por la pintura era superficial, anecdótico. También estaban amigos suyos de la UNESCO, donde trabajó 20 años como traductor y también los infaltables curiosos. La ceremonia fue corta, banal, fría como la soleada mañana invernal con el viento del este barriendo Montparnasse, sin palabras ni discursos –sin ceros o no—quizás to ha sido dicho ya por periódicos y radios. La televisión estaba presente despertando el narcisismo inconsciente de todos más preocupados de presentar un buen perfil al ojo impiadoso de las cámaras que de honorar con recogimiento al amigo desaparecido. Pero en general todos cumplimos con nuestro deber, especialmente las dos viudas “oficiales” del difunto, abandonadas hace largos años pero reivindicando el primer puesto del cortejo, llorando lo conveniente frente al foso donde Julio reposará sobre Carol, la joven de 37 años, su último amor.

Magnífica y extraña generosidad femenina, que ante la muerte de los “famosos” borra celos y desengaños retrospectivos…….. Como se debe, amigos o no, reales o de ocasión, pisotearon las tumbas adyacentes para ubicarse estratégicamente frente a los fotógrafos que inmortalizaron el desfile fúnebre con la sonrisa satisfecha de unos –¡estamos vivos! – el sombrero bien calado sobre el cráneo de otros –hacía frío, no?— o aquel que pasó con las dos manos en los bolsillos y mismo quien lo hizo con el cigarro entre los dientes! En fin, un acto bien actual, sin orden ni rito alguno, religioso y civil. Evidentemente, para nosotros la muerte no significa nada, simplemente se deja de vivir, y los muertos no son más que abonados ausentes de la guía telefónica… Nos hemos quedado sin el Gran Referente intemporal y no nos queda más que la multiforme sucesión inmemoriosa de la actualidad….”

Cosas del Orinoco

El Orinoco es el segundo río más caudaloso y largo de nuestra América, después del Amazonas —aún más que el Magdalena, tan enaltecido por autores célebres y filmado con gran belleza— y su cuenca se extiende, en un 65% por territorio venezolano, y el resto en Colombia, bañando los llanos y un tramo en la gran Cordillera de los Andes. Estoy segura de que los venezolanos también lo han recreado en su filmografía y Rómulo Gallegos se refiere a él en su novela Doña Bárbara.

Hay un dicho que reza, Cosas del Orinoco, que yo no sé ni tú tampoco. La primera vez que lo escuché me encantó, porque resume realmente cosas que uno no entiende, que no se explica, y que son intrínsecas de algunas idiosincrasias, especialmente aquellas tan particulares como la de los países que circunda el citado río.
Todo esto viene a colación por mi artículo del pasado domingo. Me sentí muy halagada cuando Domplín lo mencionó en su programa, pero aclaro que yo no estaba regañando a nadie. Tuve muchas llamadas y mensajes inquiriendo por el significado de la palabrita “siútico”, que es un chilenismo aprobado por la Real Academia de la Lengua y significa una persona que simula pertenecer a una clase social pudiente. Es una persona que presume ser elegante o sea, snob. Me apuntó una amiga chilena que se usa en forma despectiva.

Pero como no puedo dejar de darme cuenta de los horrores de los comunicadores, especialmente los que hablan al calor de las emociones y más en estos momentos —en una recta final electoral agotadora y desgastante, además de descalificadora y degradante— justo a la misma persona a quien le escuché el mal uso de “desasosiego”, la volvió a repetir en la radio, queriendo decir todo lo contrario. También vi asombrada a un alto funcionario decir en TV que las recientes acciones tomadas por el gobierno en materia de seguridad eran “tardíacas”, supongo que queriendo decir que eran tardías.

Más sorprendente fue leer un anuncio pagado del Frente Empresarial del PRD que decía, textualmente, Aviso “aprovado” por el partido. Los programas de procesamiento de palabras corrigen automáticamente los barbarismos como éste. Pero hay más: En el segundo capítulo de la novela del colombiano de la colita, David Murcia, en Telemetro se leía un cintillo que decía que un teléfono determinado “recive” comentarios de lo que se estaba transmitiendo. No sé si es una consigna para seguir esparciendo la incultura en el aire que respiramos y que reseñó muy bien el periodista Paco Gómez en su artículo Cero en Cultura , refiriéndose al desempeño de los candidatos a la Presidencia en el malogrado debate que organizó hace un par de semanas la Cámara de Comercio.

Pero así como son las cosas del Orinoco, las de la tecnología tampoco las entendemos. Cuando apenas empezamos a sentirnos cómodos con una versión de un lenguaje computacional tenemos que saltar a otra más sofisticada. Con los teléfonos celulares he tenido mala suerte. En menos de un año me han cambiado el equipo cuatro veces, y con cada cambio —por defectos de fábrica del modelo que escogí, no por mal servicio del proveedor— he perdido casi todos los números de teléfono. Así que, por favor, envíenme sus números a mi dirección electrónica y, de paso, me ayudan a entender las cosas del Orinoco, aunque ni ustedes las entiendan ni yo tampoco.