Todas las entradas de: Mariela Sagel

Mariela Sagel es Arquitecta y tiene una Maestría en Administración de Empresas. Además, tiene una especialización en Administración de Proyectos, por la Universidad de Louisville. Reside en la ciudad de Panamá, República de Panamá. Ocupó el cargo de Ministra de Gobierno y Justicia en la década de 1990. Tiene una hija que vive en Montreal, con su esposo y sus hijos, un niño y una niña, que la han convertido en una abuela feliz. Todos son amantes de los Schnauzers. Mariela Sagel escribe sobre diferentes temas, especialmente de política, pero también cultiva la literatura y el arte. Tiene una página cultural semanal en La Estrella de Panama y dos columnas de opinión semanales. Es un referente intelectual panameño y sus artículos también se publican en dos medios españoles y en catorce países latinoamericanos. Además produce un segmento cultural semanal en Telemetro Matutino, titulado "Entre Letras" desde 2011 donde recomienda libros . Es sabinera de "fina estampa". “La reseña es un oficio que me gusta, entendida siempre como testimonio de lector, más que como esa cosa aparatosa y sosa y casposa llamada ‘crítica literaria’ ”. Darío Jaramillo Agudelo

CONJUGANDO TURISMO Y CULTURA

Avenida Balboa con el café Squirt a la derecha
Avenida Balboa con el café Squirt a la derecha
En declaraciones recientes, el presidente electo señaló que las actividades culturales que hace el estado (léase INAC) se fusionarían con las de la Autoridad de Turismo (IPAT) y no han faltado voces de alarma ante esta posibilidad así como tímidas defensas a un modelo organizativo como tal, que incluya ambas entidades en una sola. Se ha llegado a decir que estamos ante la defunción de la cultura y levantado toda clase de argumentos en público y en privado contra esta posibilidad.

En lo personal, no lo veo ni bien ni mal, sino todo lo contario. Alegar que en otros países, algunos mucho más desarrollados culturalmente que nosotros, este modelo trabaja bien, es sustentar la propuesta sobre bases endebles. Uno debe apoyar o rechazar los cambios (y ahora que entraremos en un período donde se han prometido los mismos hasta en la manera de caminar) en la medida que avancemos o retrocedamos como país sino ver con luces largas lo que le conviene al país.

Si bien es muy cierto que las manifestaciones artísticas que impulsa la Autoridad del Turismo son esencialmente para promover la riqueza étnica del país, también lo es que ese organismo del estado ha hecho poco o nada para incluir en su oferta o sus diferentes mercados, tanto las actividades que se dan a nivel de danza, arte, literatura, precisamente porque cada uno está en lo suyo y no estudian la sinergia que puede haber entre ambos pilares. Igualmente, el turismo que llega a Panamá es muy variado, está lo estrictamente turístico (conocer y paseas por nuestras ciudades y visitar las playas) al turismo de negocios e inclusive el de compras. Sería interesante conjugar todas esas actividades en una. De repente funciona y los extranjeros, que llegan no solo vengan buscando el sol y el canal, sino también visitando los museos o asistiendo a eventos culturales de todo tipo.

No veo tan descabellada la idea. Por años, el Instituto de Cultura ha funcionado no solamente con un magro presupuesto sino circunscrito sus actividades a apoyar estructuras obsoletas y empujar desfasados programas que necesitan de muchos recursos para innovarse. En entrevista reciente el pintor argentino que reside en nuestro país, Juan Carlos Marcos, señaló que sus recursos solamente satisfacen la planilla de la institución y no está lejos de la realidad. El INAC que creó Omar Torrijos y ejecutó con mucho tino Jaime Ingram ya no es el ente dinámico que ellos tuvieron en mente. Sobrevive por el esfuerzo de unos cuantos pero su accionar se ve muy limitado. Paralelamente, otras entidades que promueven la cultura, como son los museos de arte, del canal, Explora, la Biblioteca Nacional, Panamá Viejo y similares, han demostrado ser exitosos funcionando como un patronato, apoyados financieramente por empresas privadas y hasta por países extranjeros.

En años recientes las actividades turísticas se han disparado y las cifras que han arrojado como resultado de su atractivo son más que alentadoras. Beneficiaría mucho a la cultura el tener los recursos del turismo, pero para eso habría que tener una perfecta sincronización.

Es así como llego a la conclusión que no debemos adelantarnos a oponernos a un modelo de fusión que puede que sea bueno para Panamá, sin antes estudiar sus pro y sus contra y cómo podríamos beneficiarnos todos y ofrecer un paquete turístico cultural que enaltezca nuestras manifestaciones más variadas sin demeritar la una y la otra. Lo que se impone es un cambio de actitud dentro de nosotros mismos, para elevar el nivel cultural de la población y seguir siendo el país dinámico y de avanzada que hemos llegado a ser, culto y educado que aspiramos.

Pensar en bilingüe

El autor
El autor
Portada del libro
Portada del libro

Reseña “La Breve y Maravillosa Vida de Oscar Wao”

A mediados del año 2008, al concederse el prestigioso Premio Pulitzer, la sorpresa para muchos fue que recayó en la obra de un dominicano, Junot Díaz, que se constituyó en un bestseller del New York Times. Su nombre era tan cautivador como intrincado: The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, que se tradujo en español como “La Breve y Maravillosa Vida de Oscar Wao”.

Me enteré de este maravilloso libro a fines del año, durante un viaje a los Estados Unidos, gracias a un encargo que me hizo el poeta César Young Núñez. Cuando lo busqué en Internet, resultó que había sido publicado en inglés originalmente por lo que emprendí la tarea de sabueso hasta conseguirlo y, ahora, culminar su lectura. Fue una experiencia tan interesante que no quería que se acabara la saga de Oscar Wao, yendo y viniendo de un lado a otro, entendiendo el gran recurso que utiliza el autor mediante las notas a pie de página, el spanglish que no demerita ni a uno ni a otro idioma y la profunda introspección que hace de una época tan importante como el trujillato y sus más recordadas aberraciones: el asesinato de las hermanas Mirabal y la desmedida codicia y lascivia del personaje de la Fiesta del Chivo.

El escritor tiene 41 años y es dueño de un recursivo manejo del lenguaje literario que hizo pensar que estaba escrito en “Spanglish”.

Una vez acometido el acto heroico de leerla e investigar sobre sus “leitmotiv”, entiendo que no es así, que el uso magistral del español, el inglés y el slang dominicano se entreteje para ofrecernos no solamente el disfrute de leerlo, sino el aprendizaje de toda una cultura atávica que se cuece en las urbes estadounidenses donde residen los inmigrantes, y en las provincias olvidadas de la isla de Quisqueya.

El autor, que partió desde su nativa Santo Domingo a los seis años, con destino a Nueva Jersey, empieza induciéndonos a términos very dominicans, como fukú, que va a ser repetido durante el desarrollo de la novela. Este modismo responde a “la maldición que cualquiera puede lanzar contra aquellos que odia, de manera que los persiga y aniquile sin importar cuántos años le tome. Al igual que ocurre con el azar, el destino, las fuerzas de la historia o lo que llamamos intervención divina, el fukú puede saltar continentes y generaciones pero, a diferencia de semejantes potencias, sólo pretende hacer daño de manera implacable”.

La edición que yo leí, de 335 páginas de Penguin Books, combina las costumbres, la saga de los inmigrantes, la investigación histórica de una época que marcó para siempre la cultura de ese pueblo –como lo fue el gobierno de Rafael Leonidas Trujillo, el Chivo de Vargas Llosa y el “Jefe”, el Tigre del Caribe por más de 30 años en la isla que originalmente Cristóbal Colón llamó Hispanola –, sus más conocidas atrocidades y devaneos, narradas desde una óptica refrescante, relajada y hasta cómica, que te tiene atrapado al libro, subrayando cada frase célebre y cada ocurrencia de este dominicano inusual, que no es precisamente producto de la llamada diáspora, pero que no abandona sus raíces ancestrales.

Junot Díaz es un ex nerd al que el idioma inglés no le era fácil cuando aprendió a sobrevivir en su país de adopción, los Estados Unidos. Creó su personaje, Oscar Wao, luego de una rumba –según él mismo confiesa–, y agarró una copia de La importancia de llamarse Ernesto y se le grabó el nombre de su autor, Oscar Wilde. En su mente atiborrada en ese momento y traducido al dominicano lo que salió fue Óscar Wao. De allí en adelante Oscar se convierte en un buenazo gordinflón medio nerd, que sueña con todo: ser escritor, enamorarse, etc.

El profesor Díaz había publicado anteriormente un libro de cuentos con el nombre Drown y gozaba de una beca Guggenheim en México cuando le llegó la noticia del codiciado premio. Actualmente enseña la materia de escritura creativa en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Boston, De las entrevistas que concedió a raíz de su celebrado premio se destaca una concedida a EFE en Madrid, donde establece que la civilización actual necesita recuperar su humanidad para poder retomar el hábito de leer, por lo que reivindica un movimiento pro vida tranquila o ‘slow life’, similar al de la comida -‘slow food movement’-. Junot Díaz defiende que la lectura es algo “muy solitario” que pone al lector en contacto con “otro sistema nervioso y otra imaginación. La lectura es un ritmo muy humano, en la que te puedes pasar dos o tres horas manteniendo contacto con otro ser humano”.

A juicio de Díaz, esta novela fue traducida aparentemente de forma magistral al español, la razón por la que las editoriales publican cada vez menos libros es porque la gente “no está leyendo”, y en su momento invitó a los escritores a buscar formas alternativas como Internet para dar a conocer sus trabajos e intentar promocionarse para llegar a ser publicados.

“Es importante conectar con el público. Los escritores tienen que buscar lectores, aunque sea en una web, porque son ellos los que te dan la oportunidad de mejorar tu arte, y conseguir oportunidades de publicación”, dijo.

Sobre su estilo de escribir, ha dicho que lo que escribe “no es esa cosa desaliñada que llaman spanglish sino una especie de criollo, con palabras y expresiones intercaladas de español”. Hay quienes acometen su libro con diccionario en mano, pero la mayoría se deja arrastrar por el río caudaloso su prosa vivaz, moteada con expresiones al alcance del americano medio: “Then you will be mi negra bella”.

Junot Díaz cree que se le da demasiada importancia al “poder mítico” de la lengua, sea el inglés o en español. “La gente está obsesionada con el sueño del idioma puro como una cosa uniformadora”, admite. “Y ésa es una idea que fomentan mucho los políticos… Estados Unidos es el opuesto a España en el siglo XIV: los que tienen el poder hablan un idioma; los demás hablan, tú sabes, una lengua distinta” (entrevista concedida a Oscar Fresneda en Nueva York). “Los gringos quieren negar el español, lo perciben como una amenaza”, asegura Díaz, “pero lo cierto es que este país camina hacia el bilingüismo. Con el español pasa lo que nunca ha ocurrido aquí con otro idioma, que se va reforzando con la llegada de nuevos inmigrantes. Cada cinco o seis años viene aquí un nuevo ‘draw’, una extracción de dominicanos, y los mexicanos que no dejan de llegar, y los colombianos, los ecuatorianos, los argentinos…”

Para Junot Díaz, un nerd es una persona inteligente fascinada por el conocimiento científico y aislado de la sociedad. Dice que él fue uno hasta los 14 años, cuando se dio cuenta lo que se estaba perdiendo con las chicas. Es un gran aficionado al mundo del cómic y la literatura de género, y señala que el libro trata un aspecto autobiográfico que recrea las lecturas de su infancia, pero que a pesar de ello le requirió un esfuerzo importante de investigación y puesta al día.

En estos momentos, previos a la celebración de la gran fiesta cultural que es la Feria Internacional del Libro, es un momento ideal para volver a la lectura –aquellos que se han alejado, como Domplín*, que me lo confesó en su programa radial— y desvirtuar el paradigma que los únicos que leemos somos intelectuales (o nerds). Es una reivindicación de la literatura y por default, de algo tan cotidiano como la forma informal en la que hablamos.

*Domplín es un conocido radio comentarista y político panameño cuyo nombre verdadero es Andrés Vega.  Su programa se llama El Cañonero de Domplín y se transmite diariamente.