Todas las entradas de: Mariela Sagel

Mariela Sagel es Arquitecta y tiene una Maestría en Administración de Empresas. Además, tiene una especialización en Administración de Proyectos, por la Universidad de Louisville. Reside en la ciudad de Panamá, República de Panamá. Ocupó el cargo de Ministra de Gobierno y Justicia en la década de 1990. Tiene una hija que vive en Montreal, con su esposo y sus hijos, un niño y una niña, que la han convertido en una abuela feliz. Todos son amantes de los Schnauzers. Mariela Sagel escribe sobre diferentes temas, especialmente de política, pero también cultiva la literatura y el arte. Tiene una página cultural semanal en La Estrella de Panama y dos columnas de opinión semanales. Es un referente intelectual panameño y sus artículos también se publican en dos medios españoles y en catorce países latinoamericanos. Además produce un segmento cultural semanal en Telemetro Matutino, titulado "Entre Letras" desde 2011 donde recomienda libros . Es sabinera de "fina estampa". “La reseña es un oficio que me gusta, entendida siempre como testimonio de lector, más que como esa cosa aparatosa y sosa y casposa llamada ‘crítica literaria’ ”. Darío Jaramillo Agudelo

El reto del agua

3gargantasClarinMARIELA SAGEL Y ADRIANA MÉNDEZ SAGEL*

Publicado en La Estrella de Panamá el 28 de febrero de 2010

Mi hija compartió recientemente conmigo una presentación de una charla a la que ella asistió, en Cambridge, Massachusetts, por parte de John Briscoe, cuya carrera se ha enfocado en el campo del manejo de aguas y desarrollo económico. Oriundo de Sur África, trabajó en el centro de investigación del cólera en Bangladesh, fue profesor en la Universidad de North Carolina y en los últimos veinte años ocupó una posición en el Banco Mundial que lo llevaba a analizar las políticas operativas que se implementaban en el campo del financiamiento de generadores de energía. Actualmente, dicta una cátedra en la Universidad de Harvard y además tiene como misión crear un Instituto Interdisciplinario para el Agua.

En dicha presentación, exhaustiva y además muy bien estructurada y animada, Briscoe lanza un reto al Massachusetts Institute of Techonology (MIT) a unirse a lo que él llama Water Security ( aseguramiento del agua ) y detalla cómo economías emergentes asumen los retos para asegurar el agua en regiones pobres, dado que la ayuda financiera de parte de países desarrollados e instituciones internacionales disminuye considerablemente.

Inicia la presentación con enumerar la forma en que el común de los mortales enfrenta el reto del agua: primero, en un contexto cultural e histórico. Lo tradicional ha sido contar con un recurso (ríos), hacer una represa; y el resultado, el orden político (comenta cómo la famosa represa de las Tres Gargantas de China es una demostración de poder y no una simple represa). Lo segundo, las amenazas externas, en lo que puso por ejemplo que el agua de Pakistán viene de países vecinos con los que no ha mantenido relaciones muy cordiales. En tercer lugar, las herramientas internas, identificadas como la selección, muchas veces, de tecnologías básicas para enfrentar los problemas.

A medida que uno va pasando las filminas de este valioso documento, va entrando en materia y mostrándonos cómo las instituciones financieras, especialmente las que deben apoyar los proyectos que pueden brindar soluciones a la escasez de recursos hídricos —en especial el Banco Mundial— han ido disminuyendo, desde los inicios de la década del 90, los préstamos a proyectos hidroeléctricos, a tal punto que cita al entonces gobernador de Ceara, Brasil, alegando que si se le ocurriera presentar un proyecto para construir una represa de apenas diez metros de altura, ese organismo a lo mejor requeriría de estudios similares a los que se presentarían para replicar a la de Itaipú (la mayor hidroeléctrica del mundo, binacional entre Paraguay y Brasil). Apunta que es realmente dramático que los países en desarrollo, con escasos y no muy robustas economías, necesitan, la mayor parte del tiempo, financiar sus propias infraestructuras. Y cómo las economías medianas, como India, Brasil y más importante, China, están llenando el hueco dejado por los timoratos ricachones donantes. En un escenario mundial, el Banco Mundial financia 5 proyectos versus 200 que respalda China.

Hay mucha tela que cortar en este enfoque avanzado del Prof. Briscoe, tanto que daría para varios artículos. Quiero resumir una experiencia suya, que relata que hace 21 años, en un poblado de Bangladesh, al que le llega el afluente del segundo río más caudaloso del mundo (el río Congo), él mismo se opuso a que se generara electricidad por medio de una represa y cuando volvió constató que el nivel de vida de la población se había elevado, se habían incrementado las labores agropecuarias, ahora los residentes tenían bombas de agua para su uso y de la misma manera se alimentaban mejor y habían establecido un sistema de letrinas, a la vez que la expectativa de vida de las mujeres había aumentado.

Todo este rodeo para indicar que el tema debería ser prioridad en los países en desarrollo. En la Antigua China, el emperador era representado por el dragón, el cual simboliza el poder, particularmente sobre el agua, la lluvia y las inundaciones. Si el monarca no manejaba exitosamente el tema, no duraba mucho. Usando esta misma alegoría debemos asegurarnos que nuestros gobiernos sean responsables en el manejo del agua. Se debe elevar el asunto a tema de seguridad y comenzar primero en invertir en infraestructura y luego en estrategias innovadoras.

En Panamá, el agua abunda, pero existen grupos que se oponen a manejar este recurso de manera innovadora y prefieren quemar combustible, pagando una tarifa más alta en concepto de energía en vez de hacerlo de forma responsable y asegurar un desarrollo económico más sostenible y más equitativo para la mayoría de los panameños.

MARIELA SAGEL Y ADRIANA MÉNDEZ SAGEL*

Mi hija compartió recientemente conmigo una presentación de una charla a la que ella asistió, en Cambridge, Massachusetts, por parte de John Briscoe, cuya carrera se ha enfocado en el campo del manejo de aguas y desarrollo económico. Oriundo de Sur África, trabajó en el centro de investigación del cólera en Bangladesh, fue profesor en la Universidad de North Carolina y en los últimos veinte años ocupó una posición en el Banco Mundial que lo llevaba a analizar las políticas operativas que se implementaban en el campo del financiamiento de generadores de energía. Actualmente, dicta una cátedra en la Universidad de Harvard y además tiene como misión crear un Instituto Interdisciplinario para el Agua.

En dicha presentación, exhaustiva y además muy bien estructurada y animada, Briscoe lanza un reto al Massachusetts Institute of Techonology (MIT) a unirse a lo que él llama Water Security ( aseguramiento del agua ) y detalla cómo economías emergentes asumen los retos para asegurar el agua en regiones pobres, dado que la ayuda financiera de parte de países desarrollados e instituciones internacionales disminuye considerablemente.

Inicia la presentación con enumerar la forma en que el común de los mortales enfrenta el reto del agua: primero, en un contexto cultural e histórico. Lo tradicional ha sido contar con un recurso (ríos), hacer una represa; y el resultado, el orden político (comenta cómo la famosa represa de las Tres Gargantas de China es una demostración de poder y no una simple represa). Lo segundo, las amenazas externas, en lo que puso por ejemplo que el agua de Pakistán viene de países vecinos con los que no ha mantenido relaciones muy cordiales. En tercer lugar, las herramientas internas, identificadas como la selección, muchas veces, de tecnologías básicas para enfrentar los problemas.

A medida que uno va pasando las filminas de este valioso documento, va entrando en materia y mostrándonos cómo las instituciones financieras, especialmente las que deben apoyar los proyectos que pueden brindar soluciones a la escasez de recursos hídricos —en especial el Banco Mundial— han ido disminuyendo, desde los inicios de la década del 90, los préstamos a proyectos hidroeléctricos, a tal punto que cita al entonces gobernador de Ceara, Brasil, alegando que si se le ocurriera presentar un proyecto para construir una represa de apenas diez metros de altura, ese organismo a lo mejor requeriría de estudios similares a los que se presentarían para replicar a la de Itaipú (la mayor hidroeléctrica del mundo, binacional entre Paraguay y Brasil). Apunta que es realmente dramático que los países en desarrollo, con escasos y no muy robustas economías, necesitan, la mayor parte del tiempo, financiar sus propias infraestructuras. Y cómo las economías medianas, como India, Brasil y más importante, China, están llenando el hueco dejado por los timoratos ricachones donantes. En un escenario mundial, el Banco Mundial financia 5 proyectos versus 200 que respalda China.

Hay mucha tela que cortar en este enfoque avanzado del Prof. Briscoe, tanto que daría para varios artículos. Quiero resumir una experiencia suya, que relata que hace 21 años, en un poblado de Bangladesh, al que le llega el afluente del segundo río más caudaloso del mundo (el río Congo), él mismo se opuso a que se generara electricidad por medio de una represa y cuando volvió constató que el nivel de vida de la población se había elevado, se habían incrementado las labores agropecuarias, ahora los residentes tenían bombas de agua para su uso y de la misma manera se alimentaban mejor y habían establecido un sistema de letrinas, a la vez que la expectativa de vida de las mujeres había aumentado.

Todo este rodeo para indicar que el tema debería ser prioridad en los países en desarrollo. En la Antigua China, el emperador era representado por el dragón, el cual simboliza el poder, particularmente sobre el agua, la lluvia y las inundaciones. Si el monarca no manejaba exitosamente el tema, no duraba mucho. Usando esta misma alegoría debemos asegurarnos que nuestros gobiernos sean responsables en el manejo del agua. Se debe elevar el asunto a tema de seguridad y comenzar primero en invertir en infraestructura y luego en estrategias innovadoras.

En Panamá, el agua abunda, pero existen grupos que se oponen a manejar este recurso de manera innovadora y prefieren quemar combustible, pagando una tarifa más alta en concepto de energía en vez de hacerlo de forma responsable y asegurar un desarrollo económico más sostenible y más equitativo para la mayoría de los panameños.

Un ministerio para la seguridad

MARIELA SAGEL
El Siglo, 22 de Febrero de 2010

Sin apenas darnos cuenta nos desayunamos un día con la creación de un Ministerio de Seguridad. La figura, que no es aberrante ni mucho menos innecesaria, nace como resultado de las pugnas internas de poder que existen en el gabinete y no es incluyente de todos los estamentos que caen dentro del tema “seguridad”, del que existe total descontrol.

A fines de la gestión del ex presidente Pérez Balladares presenté al Consejo de Gabinete la propuesta de crear dos viceministerios dentro del ya enorme Ministerio de Gobierno y Justicia –que de justicia no tiene nada, más que el nombre y un par de juzgados nocturnos–. La explicación de motivos sustentaba que, habida cuenta que no existe un ejército en el país, los temas de seguridad debían tratarse con mayor celeridad y excluyéndolos del maremágnum de dependencias que ese ministerio tiene, entre los que está la política indigenista, los correos y la banda republicana.

El quinquenio siguiente se sumió en el sopor propio de los gobiernos arnulfistas (aún así dos ministros de Gobierno saltaron de allí para la Corte Suprema) y, a raíz de la elección de Martín Torrijos a la Presidencia, le hice llegar mi propuesta. Como era una iniciativa producida por “gente del Toro” ni me pararon bolas, pero fue cuando Rodrigo Cigarruista fue nombrado en el Servicio Marítimo que esa idea logró cristalizarse y de hecho, el señor Cigarruista fue el primer viceministro de Seguridad que tuvimos en Panamá.

En los estertores del gobierno de Torrijos, el ministro Delgado propuso cinco decretos ley que hasta le costaron el puesto, donde se reforzaba la seguridad del país. En campaña, los adláteres del cambio anunciaron a voz en cuello que derogarían esos decretos ley, pero ahora, en el poder, como que ya no le son tan incómodos, de hecho, mejor tener más control desde un poderoso Ministerio de Seguridad. Nunca más se habló de la amenaza que los decretos ley DDD o que la militarización de la policía representaría una vuelta a los abusos del odiado G2.

Ahora tendremos un ministro de Seguridad que deberá velar por lo indefendible que son nuestras costas y nuestras fronteras para el enemigo más grande que tiene el país, que es el narcotráfico y sus secuelas. No hay más detalles del asunto y mucho menos, en quién recaerá esa responsabilidad.

El tema da para muchas consultas, opiniones y especulaciones. Un estamento así debe tomar en cuenta que no hace falta un pie de fuerza en las fronteras, sino la presencia de todas las dependencias del Estado que tienen un control sobre lo que ingresa y lo que sale: migración, aduanas, salud, etc. Debemos estar vigilantes para que no vayamos a crear un ente incontrolable y preguntarnos si, en el fondo, no es una vuelta al militarismo.