Todas las entradas de: Mariela Sagel

Mariela Sagel es Arquitecta y tiene una Maestría en Administración de Empresas. Además, tiene una especialización en Administración de Proyectos, por la Universidad de Louisville. Reside en la ciudad de Panamá, República de Panamá. Ocupó el cargo de Ministra de Gobierno y Justicia en la década de 1990. Tiene una hija que vive en Montreal, con su esposo y sus hijos, un niño y una niña, que la han convertido en una abuela feliz. Todos son amantes de los Schnauzers. Mariela Sagel escribe sobre diferentes temas, especialmente de política, pero también cultiva la literatura y el arte. Tiene una página cultural semanal en La Estrella de Panama y dos columnas de opinión semanales. Es un referente intelectual panameño y sus artículos también se publican en dos medios españoles y en catorce países latinoamericanos. Además produce un segmento cultural semanal en Telemetro Matutino, titulado "Entre Letras" desde 2011 donde recomienda libros . Es sabinera de "fina estampa". “La reseña es un oficio que me gusta, entendida siempre como testimonio de lector, más que como esa cosa aparatosa y sosa y casposa llamada ‘crítica literaria’ ”. Darío Jaramillo Agudelo

Pavadas

Como la semana pasada hablé de pavos, se me pasaron algunas holgazanerías en la que invierten las personas que no les da por aprovechar el tiempo cuando lo tienen en abundancia.

Por ejemplo, los visitadores médicos. Menos mal que ahora llevan unas maletas con rueditas, porque de lo contrario, sufrirían de lumbago o ciática, cargando esas muestras médicas. Me acordé que los dejé por fuera entre los profesionales que tienen mucho tiempo para leer o para perfeccionarse en un arte (sudoku, solitario o chat). En esos ratos de espera, hasta un diplomado en escritura hubiera sacado, o por lo menos, me sabría toda la vida de la realeza, leyendo Hola.

La verdad es que me la paso evadiendo el tema tan caótico que nos tiene los pelos de punta, en cuanto a la política criolla y también la internacional.

La elección de Barack Obama me tiene perpleja, no sólo por representar un hito en la historia de los Estados Unidos que un hombre negro llegue a la Casa Blanca, sino por el nivel de aceptación que ha tenido entre los votantes estadounidenses, para quienes, lo admito, los ocho años de Bushito han sido catastróficos. Y no solamente para ellos, para el resto del mundo. No he sido muy perseverante en el seguimiento de esa campaña, suficiente tengo con tratar de entender el zambapalo que hay en Panamá, pero siento una gran curiosidad por saber cómo Obama va a arreglar la economía mundial.

También trato de entender los extremos y exabruptos que se están dando a diario en la política local, pero cuando este artículo vea la luz los knockouts de esta semana serán periódico de ayer. Y habrá otra ponchera de por medio. Así que mejor es mirar las cosas sobre la marcha, sin enredarme tanto la mente.

He sido una fanática del radio, he hecho programas de radio y creo que es un medio subutilizado, con gran penetración. Lo escucho todo el día, desde el programa de Mayín Correa, pasando por el del cambio (habría que mandar a la conductora no solamente a cursos de geografía, sino a un “starting school”), el de vamos a ganar, el Manantial de la Salud, Tres Patines, que no deja de divertirme y el nunca bien ponderado y cómico Domplín.

Trato de evadir Haciendo Radio, porque me desespera la arrogancia del Profesor Don Lucho y los análisis políticos del Chombo, pero lo que culmina mi tarde, especialmente los viernes es Sobre Ruedas.

Deberían ponerlo en Internet, como Lo Mejor del Boxeo, especialmente las opiniones políticas. A veces, cuando voy en el auto, escucho la ñamería de Convergencia (y no es de los ñames) y al Dr. Miguel Antonio Bernal.

Lo anterior para felicitar a los periodistas radiales por el Día del Periodista. Cuando tenga más espacio, me encargaré de los televisivos y escritos.

Y para hacer honor al título de este espacio, pavadas es un juego de niños, que se hace sentándose todos en corro con las piernas extendidas, menos uno, que recitando ciertas palabras cuenta sucesivamente los pies hasta llegar al octavo, que hace esconder, y continuando del mismo modo hasta que uno solo quede descubierto, pierde el niño a quien este pertenece. Esto es lo que he hecho yo en este artículo.

El salto de los políticos

Tantas  veces he querido escribir del transfuguismo político y tantos otros temas más actuales se me cruzan por delante que los detalles sobre los tránsfugas (donde ahora se suma una persona a quien respetaba mucho, Guillermo Cochez) que los dejaré para otra ocasión. Pero tampoco voy a escribir del “buen salto, Rubén” que catapulta al general Noriega, ni del salto de Irving Saladino, que colocó a Panamá en un lugar privilegiado, sino de los acontecimientos recientes, de campañas sucias, negativas y las reacciones de los que deben mantener el equilibrio en los exabruptos que se dan aún, después de tantas lecciones, en los
mensajes políticos.

El partido gobernante, al que pertenezco, se prepara para unas primarias y pareciera que los mensajes entre los precandidatos a la Presidencia suben de tono en la medida en que se acerca la fecha en la que se celebrarán. No vi tal comportamiento en las fechas anticipadas a las primarias arnulfistas ni tampoco en las dos elecciones primarias que anteriormente vivió nuestro partido. Coincidiendo con ciertas escaramuzas que se dieron, donde denuncias fueron y vinieron, en relación a los señalamientos de uno de los contendores
contra la candidata que aparentemente tiene las preferencias del electorado perredista, se da un “debate” organizado por un canal de televisión, con la participación de pseudoanalistas políticos que le tiran a matar a todo lo que huela a PRD.

Si bien el formato era totalmente cerrado y poco amable con los participantes, el resultado fue una vergüenza para un partido que se dice monolítico y con amplia democracia. Los principales contendientes tuvieron su encerrona, buscada además, sin haberse preparado para resistir los embates. Los analistas invitados fueron más puntuales en sus observaciones, precisamente porque algunos (no todos) no tienen agendas políticas y están preocupados realmente por el rumbo que tome este país. A pesar de la mediocridad de las intervenciones, otra vez salió airoso -aún cuando trastabilló en relación con el CEMIS y perdió la oportunidad de aclarar muchas cosas- el candidato que no lleva chance, Laurentino Cortizo y con el mejor perfil.

El tono de las acusaciones que se están dando a nivel de las precandidaturas preocupa, sobre todo porque el 14 de abril pasado todos sus protagonistas firmaron un pacto ético, con bombos y platillos y las campañas sucias o negativas han ido en aumento al punto que veo con preocupación cómo será cuando pasemos a las elecciones generales. Eso pasa por tener a casi todo el CEN del partido corriendo para un puesto clave. No hay quien ponga orden en ese colectivo. Encima, precisamente por la falta de un liderazgo coherente,
se dispara otro pseudoanalista con una trayectoria errática (como dijeron en Trocha Abierta) lavándose las manos de una campaña sucia que supuestamente se tramaba en los cerebros de unos asesores extranjeros. No entiendo todavía si buscaba protagonismo o una chamba en algún canal local, pero no pasó de ser una bala perdida en medio de este intercambio o un salto al vacío sin paracaídas.

Y si por estos lados llueve, por los alrededores no escampa. Entre los destinatarios de mi próximo análisis sobre transfuguismo incluiré el deplorable papel que ha hecho el Partido Liberal y también, el candidato de
las cutarras. Uno en la vida tiene que ser consistente y no buscar cómo caer siempre con paracaídas de oro. Aprender de los errores y no volverlos a repetir.

Se dice que Irving Saladino no tuvo ningún apoyo del Comité Olímpico y si bien recuerdo, hasta problemas para llegar a Beijing confrontó por la falta de un respaldo gubernamental. Cuando estoy escribiendo este artículo recién pasa la borrachera de su recibimiento, del concierto bajo la lluvia y del espléndido cheque que recibió el atleta que puso a Panamá en el mapa olímpico, a todos los niveles. Como soy fiel creyente del proverbio árabe “me sentaré a la puerta de mi tienda para ver pasar el cadáver de mi enemigo”, seguramente ha sido más incómodo para el desprestigiado dirigente del Comité Olímpico que para el resto de los que lo repudiamos el tener que aceptar el gran salto del colonense y el triunfo para el país que le negó su apoyo en determinado momento.

Carlos Fong, un intelectual loco que ha intentado darme clases de cómo escribir, escribió una reflexión en relación a todo este delirio que se tomó al país: “Si bien es cierto que se debe castigar a los delincuentes y
criminales, no es menos cierto que construyendo más cárceles resolveremos el problema de la delincuencia. Hay que dar un salto, un gran salto hacia la concepción de país que queremos”, y agrego yo, eso sólo se da con la educación, con el fomento a la cultura y las artes, al deporte y sobre todo, con un cambio de actitud hacia los valores de la vida. Un gran salto cualitativo en la conciencia de los panameños.

A Irving Saladino le cae bien el mote: “Buen salto Irving”. La población entera celebró con júbilo su triunfo, no así lo hacen para apoyar una mano durísima o unos ataques desaforados a una promesa de campaña incumplida. La libertad de expresión no la ostentan los que quieren difundir la verdad, sino los dueños de los medios, que nos abomban con malas noticias o cercenan el incentivo a las buenas nuevas. A ver si saltamos para ser coherentes, consecuentes, críticos y responsables de nuestras acciones.