Todas las entradas de: Mariela Sagel

Mariela Sagel es Arquitecta y tiene una Maestría en Administración de Empresas. Además, tiene una especialización en Administración de Proyectos, por la Universidad de Louisville. Reside en la ciudad de Panamá, República de Panamá. Ocupó el cargo de Ministra de Gobierno y Justicia en la década de 1990. Tiene una hija que vive en Montreal, con su esposo y sus hijos, un niño y una niña, que la han convertido en una abuela feliz. Todos son amantes de los Schnauzers. Mariela Sagel escribe sobre diferentes temas, especialmente de política, pero también cultiva la literatura y el arte. Tiene una página cultural semanal en La Estrella de Panama y dos columnas de opinión semanales. Es un referente intelectual panameño y sus artículos también se publican en dos medios españoles y en catorce países latinoamericanos. Además produce un segmento cultural semanal en Telemetro Matutino, titulado "Entre Letras" desde 2011 donde recomienda libros . Es sabinera de "fina estampa". “La reseña es un oficio que me gusta, entendida siempre como testimonio de lector, más que como esa cosa aparatosa y sosa y casposa llamada ‘crítica literaria’ ”. Darío Jaramillo Agudelo

El apuro trae cansancio

07-19-2009
Unos 20 días fuera del país me recibieron con idas y vueltas en todas las instancias del gobierno, como consecuencia lógica del estreno de una nueva administración. Si bien el tema Panamá no fue objeto de mayor comentario en la mass media de EUA, porque el show se lo robó (y se lo sigue robando) la muerte de Michael Jackson, tampoco el zangoloteo de la vecina Honduras se logra entender, concentrados como estamos en ver cómo gatea primero y luego empieza a dar sus primeros pasitos el gobierno de los locos (y no lo digo en un sentido peyorativo, sino ceñida al eslogan de campaña).

Llama la atención que las primeras acciones visibles de un gobierno fuerte se interpreten como un gobierno de fuerza. La incursión en Amador, en dos ocasiones, por parte del presidente y algunos ministros envían mensajes equivocados, y como uno no es monedita de oro para que todo el mundo lo quiera, sus resultados son recibidos con beneplácito por unos y con aprehensión y advertencia por el otro.

Dos temas son sensitivos en este momento y pequeñas acciones pueden elevar aún más el nivel de simpatía que tiene por ahora la administración Martinelli: reparar los huecos de las calles “ya mismo” y desplegar un operativo de seguridad que demuestre que las promesas de campaña no se quedarán en eso. Para la primera solo se necesita un poco de voluntad y recursos, que se pueden trasladar o conseguir de manera inmediata, porque no estamos ante un inminente final de un período fiscal —a menos que la culminación de la Cinta Costera haya empeñado hasta los salarios de los funcionarios que se han quedado en el MOP— y para la segunda, una comprensión cabal de lo que realmente se necesita para que la población se sienta verdaderamente segura.

No sé si será por los recientes vendavales, los temblores y el tsunami de votos que obtuvo la administración Martinelli —o la pospuesta asunción del alcalde electo—, pero encuentro todas las calles de la ciudad, sus aceras, parques y demás vías en un estado deplorable, sin poder entender cómo puede justificarse eso ante tanta bonanza y crecimiento que se aprecia desde lejos. Todavía tengo que hacer una ruta crítica para saber dónde están los periodistas que han migrado de un medio a otro, o que se han convertido en voceros de las diferentes entidades del Estado. Parece que todas las caras bonitas (y otras no tanto) de la televisión fueron a parar a las oficinas de prensa del Estado.

No escapa a todo este revuelo el hecho cada vez más recurrente de poner al frente de las direcciones de los medios a profesionales ajenos al periodismo, lo que ha sido la tónica, por lo menos, en los diarios impresos. Si bien es válido que en la gerencia y gestión comercial tal decisión es vital para la sobrevivencia del medio, no estoy segura de que sea lo más adecuado, cuando a nivel de política editorial se refiere. De allí salen las tirrias y el sensacionalismo e improvisación que se ha estado macerando en los últimos 15 años. Esto, aparte de causar daño a las víctimas, distorsiona la percepción del público en general.

En fin, temas que nos tocará ir entendiendo a medida que se vayan desenvolviendo los acontecimientos, sin prisas, dándoles a todos su tiempo para que entiendan que hay que hacer lo importante antes que lo urgente.

CRONICAS DE VIAJE

christmas-eve-and-rod5755578theater-avenue-qsffVolver a andar los pasos recorridos a veces resulta muy reconfortante, sobre todo si se tienen buenos recuerdos del lugar al que nos llevaron esos pasos. En esta ocasión volví a Manhattan, lugar al que me fui a vivir cuando me casé, hace más años de los que quisiera recordar y al que he vuelto innumerables veces, siempre descubriendo cosas maravillosas de una ciudad tan delirante como interesante. Como el marco de este viaje era el de reunirme con parte de mi familia dispersa en Asia y acompañar a mi ahijado a descubrir la gran manzana, me puse mi sombrero de guía turística para que los excursionistas pudieran tener un pantallazo de casi todo lo que ofrecía la ciudad que nunca duerme, a la que le han cantado Frank Sinatra, John Lennon, Madonna y Liz Minelli, entre otros.

Aparte de los íconos obligados que identifican a New York, escogimos dos obras musicales de Broadway que me dejaron con la satisfacción del deber y el placer cumplidos, además de ver una exposición temporal en el Museo Guggenheim, del renombrado arquitecto Frank Lloyd Wright. Coincidimos precisamente con la muerte de Michael Jackson, de la que no han dejado de hablar en ningún medio bajo ninguna circunstancia, el aniversario de la liberación gay (The Big Gay Pride Liberation Parade) y el concierto de Juan Luis Guerra en Radio City Music Hall.

Los plays a los que fuimos fueron Avenue Q y In the Heights. La primera fue creada en el 2003 y sus protagonistas son todas marionetas o títeres pero, a diferencia de Casimiro, los actores van con ellas en mano toda la obra y ambos actúan. Tiene su base conceptual en Plaza Sésamo y sus principales temas son el racismo, la pornografía, la búsqueda de un propósito en la vida y el compromiso entre parejas, además de la represión sexual de un broker de Wall Street que quiere “salir del closet” y la realidad de la carga financiera de los que dependemos de nuestro trabajo.

La obra, además de su contenido educativo, es muy divertida y la puesta en escena muy interesante, ya que combina una recursiva escenografía con elementos audiovisuales que le agregan al resultado final una excelencia insuperable. Avenue Q ganó tres premios Tony en el año 2004, incluyendo el mejor musical y el mejor libreto, derrotando al que hasta entonces se mantenía como favorito, Wicked, que además de llevada a escena, fue publicado por la Editorial Planeta como Wicked: memorias de una bruja mala. Una decena de personajes, con sus respectivos actores que los manejan y les dan vida, desfilan en animada secuencia y perfecta sincronización entre ellos además de otros que actúan per se. La promoción advierte que no es recomendable para menores de 12 años porque tiene “full puppet nudity” (nudismo total de los títeres) y es así de explícita en escena. Además de estar en el Golden Theatre, desde junio de 2006 la están presentando en Londres.

En esta obra cobran vida algunos personajes que hacen referencia a otros famosos, como Kate Monster y Trekkie Monster (este último inspirado del Cookie Monster de Plaza Sésamo y de los Trekkies, los admiradores obsesivos de Star Trek), y es una versión obscena del come galletas y manejado por dos personas, con una dinámica más que interesante, sobre todo en sus movimientos de los dedos. Entre los que no usan marionetas, sino que actúan sus propios papeles, están la japonesa Christmas Eve, que impresiona con su potente voz que cautiva a la audiencia, cuando habla y más cuando canta y la personificación femenina de Gary Coleman, el mítico actor estadounidense de pequeña estatura que tanto nos hizo reír con su popular serie Different Strokes a través de los años, que se convierte en la administradora de Avenue Q, una especie de suburbio o edificio en la ciudad de Nueva York.
Rod es el títere que quiere “salir del closet” pero mientras tanto despista a todo el mundo agenciándose una supuesta novia en Canadá, y Princeton recién egresa de la universidad y busca su propósito en la vida. Música, letras de canciones y los parlamentos son realmente dignos de seguirlos en detalle, especialmente aquel que dice que Internet es la única inversión estable en los mercados de capital. No falta en el casting la femme fatale, Lucy the Slut, que estimula sexualmente a todos los hombres en el bar del barrio.

Algunas de las canciones de Avenue Q se convirtieron en éxitos, especialmente Internet is for porn, cuando personajes de World of Warcraft la hicieron famosa en un video de YouTube y The More you Ruv someone, cantado por la japonesa con el comiquísimo nombre de Christmas Eve, entendiendo que el uso de ruv significa love, con su poderoso acento.

Tanto los actores, sus puppets, el escenario y los efectos dan como resultado una relajante obra musical que dentro de las risas que provoca y la hilarante personificación, nos revuelven los más profundos sentimientos de solidaridad, comprensión, perspectiva de la vida y la gran interrogante que quizás nunca saciamos, cuál es el propósito de nuestras vidas en este mundo por el que transitamos.