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LA MAESTRA DE TÍTERES


Por Mariela Sagel, 

Vida y cultura, La Estrella de Panamá, 6 de enero de 2019

     La escritora uruguayo-española Carmen Posadas, experta en encontrar esas “pequeñas historias” (petite histoires) que están en el inconsciente colectivo del ser humano, nos deslumbra con su nuevo libro “La maestra de títeres”, que presentó en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).  Tal como expuso en el acto, se le ocurrió esta intrincada historia releyendo en el verano –cuando tiene tiempo de leer libros clásicos y largos— “La Feria de las vanidades”, novela inglesa cuyo título original es “Vanity Fair: A novel without a hero”, escrita por William Makepease Thackeray, que se publicó en 1847 y en la que hace una crítica satírica a la sociedad inglesa de inicios del siglo 19.  Esa novela, que dio paso al título de la famosa revista estadounidense, es considerada un clásico y se le ha llamado, por la BBC de Londres, la “novela más querida” del Reino Unido.

     Ya en anteriores ocasiones Carmen Posadas –que además de haber ganado el Premio Planeta en 1998, es la Presidenta del Jurado de ese galardón, considerado el Premio Nóbel de las letras españolas— nos había sorprendido con libros que rescatan pequeñas historias de grandes protagonistas o escenarios, como lo son la XIII Duquesa de Alba (su libro anterior es “La hija de Cayetana”), la Revolución Rusa (“El testigo invisible”), la vida de Teresa Cabarrús, la dama española que, según cuentan, logró acabar con el terror en la Revolución Francesa (“La cinta roja”) o Carolina Otero (“La Bella Otero”), una de las figuras más destacadas de la “Belle Époque”.  En “La maestra de títeres” Posadas no solo rescata personajes de unos años sumamente convulsionados en España y los países que consideraban, los conquistadores, “las Indias” (las colonias americanas) sino formas de hablar, modismos y costumbres que nos subyugan por la fina y evanescente entelequia con que están adheridos a la historia de Beatriz Calanda, una dama que se casó cuatro veces y tuvo cuatro hijas.

La maestra de títeres

LA GRAN ORQUESTADORA

Se marcan tres épocas bien diferenciadas en la novela, los años 50, los 70 y la actual y se desgrana la vida y miserias de diferentes hombres y mujeres.  Beatriz es una mujer que podría llamársele en el argot de hoy “influencer” porque su vida gira en torno a lo que ella quiere proyectar, a cómo vive, su familia, hasta el tamaño de calzado que usa.  Es el retrato de una sociedad. Dentro de esa pantalla hay críticas a esa sociedad y a la transición española en su momento. 

     El ejercicio del autor de la “Feria de las Vanidades” de Thackeray fue tomar un personaje y de alguna manera introducirlo en la corte inglesa, de manera que la pudiera retratar.  A Carmen se le ocurrió hacer algo parecido con un personaje de nuestra época, que no ha hecho nada de mucho mérito pero que siempre está en las revistas del corazón.  Esa es Beatriz Calanda, y a partir de ella fueron surgiendo los personajes de su entorno familiar como Ina, su madre, que es todo lo contrario a ella, que es soñadora, que se enamora de los hombres (que para la autora es una calamidad, según dijo entre risas en la presentación).  Ina nace en Bolivia y es adoptada por unos “indianos”, españoles que hicieron fortuna en el llamado “nuevo mundo” y se mudan a España cuando la chica tiene 18 años.  Beatriz, por su lado, también tiene una historia detrás, nace en Inglaterra y se va a España, donde sus abuelos, a la misma edad que su madre, coincidiendo con los años 70, fin de la época franquista y marcada por la transición del país.

Todas las historias se van entrelazando y al final todas convergen.  Se nota una profunda documentación y así lo corroboró ella en la presentación. Dice Carmen que andaba con una libretita apuntando lo que pudieran decirle personas de esa época, cómo se vestían, qué comían y cómo se comportaban.  Lo que cambia es el decorado de cada época que ella recrea, pero en la vida de sus protagonistas se reivindica el dicho de que “siempre tropezamos con la misma piedra”.

A pesar de que todo estaba expuesto, porque Beatriz Calanda vivía de eso, de ventilar su vida, nada es lo que parece y el final es el más inesperado.  Vendía una vida perfecta que estaba muy lejos de ser tal.

La autora es una experta en mirar qué hay detrás de la máscara que todos llevamos.  Según aseveró, ahora nada se puede ocultar, estamos a un “click” de conocer las interioridades de todo el mundo.  Los mentirosos tienen ventajas ahora porque se fabrican y se venden como lo que no son.

En cuanto a la historia, Ina tiene un pretendiente guapísimo y otro que es un maqui* y al final se va con el último.  La escritora tenía que contar cómo era esa España que se recuperaba después de la guerra, con el gran peso que suponía el franquismo, donde la gente no quería saber ni opinar sobre Franco, pero había una gran oposición.

Carmen Posadas en la presentación de los ganadores del Premio Planeta

Los que no hemos estado sumergidos en esa época podemos entender perfectamente lo que vivían los protagonistas a través de sus descripciones.  En el caso de las novelas de Carmen Posadas, los hombres son personajes importantes.  Todos aportan, y en el caso de Beatriz, además de una hija, –cada una adopta una personalidad del padrastro que la cría— un estilo de vida diferente.  Según ella, “Las mujeres tenemos ventajas sobre los hombres, porque tenemos la óptica de ellos”.  Aquí los personajes masculinos no son dependientes de los personajes femeninos.

Es importante lo que se deduce, de que no hay familia que no guarde secretos.  A las hijas de Beatriz les toca descubrir los secretos de sus padres.  Carmen es fanática de las simetrías, todas tienen su protagonismo a la misma edad.

Los procesos históricos están bien representados en cada época en la que vivían.  En los años cincuenta había costumbres condicionadas por el peso de la religión.  Y los matrimonios eran concertados, no existía un gran amor y estaba aceptado que, al cabo de unos años, cada uno tenía sus amantes.  Carmen rescata costumbres o dichos como lo que se llamaba “la fila de los mancos”, en los cines, cuando se iba con chaperón.  Igual, las chicas que marcaban “penalties”, o sea las que quedaban embarazadas y después tenían “sietemesinos”.

Cuidadosa de sus fuentes e investigaciones, en esta novela encaja con hechos ocurridos, como que en los años 70 ETA hizo varios atentados y uno de sus personajes muere en un vuelo.  Otro de sus personajes, Estela o Lita, es clave para el desenlace y durante toda la historia va muy velado. 

Es una novela que, para escribirla, fue muy complicado, porque tenía muchas ventanas abiertas, al final, mientras la leía, le preguntaba cómo cerraría esa historia tan intrincada, y realmente el cierre es magistral, de lo más inesperado pero que deja todos asombrados y complacidos. Y mejor que sea así porque cuántas buenas historias se estropean por un final precipitado y que no deja a nadie satisfecho.

No es una historia lineal, pero todos los planos están perfectamente encajados en el cuerpo de la novela.  Carmen nunca sabe qué va a pasar (dice que es una escritora ciega), y a veces se le va tejiendo una red que va dándole pistas de por dónde seguir. No hay ningún personaje que no sea importante.

Las voces y los modismos tienen una razón, porque como ella mismo dijo, es “sudaka” y vive en España y se fija mucho en cómo hablan las personas.  Por eso los diálogos tienen sus variantes, dependiendo de dónde o en qué época están.  Para entender los modismos de la España de los años 50 le ayudó mucho la novela “La Colmena” de Camilo José Cela.

Carmen Posadas en la presentación de su libro

“La maestra de títeres” es una historia fluida, no puedes dejar de leerla y no te imaginas cómo va a terminar esa complicada trama, que es un deleite.  Beatriz Calanda quería que su vida fuera perfecta y estaba siempre como en una vitrina, nunca bajaba la guardia.  Fabrica la verdad. Carmen Posadas nos ha entregado una novela fuera de serie y la vendrá a presentar en Panamá en abril.

*Se les dice maquis a los guerrilleros antifranquistas que siguieron luchando después de que se terminó la Guerra Civil.

MARC CHAGALL EN EL POMPIDOU

Por Mariela Sagel, Sección Vida y Cultura de La Estrella de Panamá, 1 de julio de 2018

Ya que andamos en modo ruso, vale la pena destacar una exposición del famoso artista de ese país Marc Chagall, que se muestra en el Centro Pompidou de París, el llamado Beaubourg, en el distrito que se conoce como Les Halles y cerca del mítico restaurante Au pied de cochon en el 1st arrondissement de la ciudad luz.  Este pintor liderizó la vanguardia artística rusa y soviética que representaba la escuela de Vitebsk y que estuvo vigente entre los años 1918 y 1922.  Junto a magníficos cuadros de Chagall se pueden apreciar obras de El Lissitzky, Kazimir Malévich y otros, que suman unas 200 piezas, procedentes de museos y colecciones de todas partes del mundo.

Fachada del Centro Pompidou

Chagall, de origen judío y nacido en lo que era parte del Imperio ruso y hoy es Bielorusia, concretamente en Vitebsk, se vinculó desde sus estudios superiores a la escuela de la Sociedad de Patrocinadores del Arte en la ciudad de San Petersburgo, donde se había mudado en 1907, a los 20 años.  Sus obras son oníricas, en las que resuenan las fantasías y es un digno representante de la vanguardia de su generación.  Entre los años 1909 y 1911 realizó estudios bajo la tutoría de un reconocido maestro de la plástica rusa, Nikolái Roerich y una vez se fue dando a conocer, se marchó a Paris, la meca de todos los artistas, para vivir y pintar en el barrio de Montparnasse.  Regresó a su pueblo natal en 1914 y allí permaneció durante el desarrollo de la primera conflagración mundial.

La revolución rusa inspiró el movimiento

Una vez se van desarrollando los acontecimientos de la revolución rusa, que eclosionaron en noviembre de 1917, Chagall se vuelve un participante activo de la misma y es nombrado Comisario de Arte para la región de Vitebsk, fundando la Escuela de Arte en 1919.  Siendo un pintor tan de vanguardia y expresionista, la carga burocrática se le vuelve insoportable y empezó a tener diferencias con su colega artista Kazimir Malévich, por lo que se muda a Moscú en 1920 y posteriormente a Paris en 1923.

Obra de Marc Chagall titulada “Doble retrato con copa de vino”, 1917-1918

Con la ocupación alemana de la capital de Francia, durante la Segunda Guerra Mundial y la persecución de los judíos y deportación de éstos a los campos de exterminio nazis, Marc Chagall tiene que abandonar la capital francesa.  Se va a Marsella y de allí logra escapar a Estados Unidos, pasando por España y Portugal.  Vuelve a Francia en 1948 y muere en la localidad de Saint Paul de Vence, en el sur de Francia, a los 97 años, en 1985.

Sobrevolando la ciudad, de Marc Chagall

Su obra se ha cotizado a precios exorbitantes, algunos cuadros en más de 6 millones de dólares y ejemplos de ella se pueden apreciar en museos importantes del mundo, como el Guggenheim de New York, el Museo de Tel Aviv,  el Hermitage de San Petersburgo y otros.  En 1964, Charles de Gaulle le encargó que pintara el techo de la Ópera de París y en 1977 recibió la orden de la Legión de Honor de Francia.  También le encargan en 1965 los dos grandes murales del vestíbulo de la Metropolitan Opera House de New York.

La escuela de arte de Vitebsk representó la vanguardia rusa soviética, antes que el arte se volviera estrictamente adscrito al realismo socialista y en ella Malévich fundó el primer colectivo de la historia del arte, llamado UNOVIS.  La exposición estará abierta al público hasta el 16 de julio en el Centro Pompidou.

EL SUPREMATISMO

Esta exposición reúne los trabajos de algunos de los artistas que se aglutinaron en algún momento bajo el suprematismo y la escuela UNOVIS, un movimiento artístico enfocado en formas geométricas fundamentales y generalmente monocromáticas.  Se buscaba evitar cualquier referencia de imitación a las formas de la naturaleza.  El suprematismo está respaldado por un ensayo escrito por Malévich donde elabora sus teorías, que data de 1920.

Los suprematistas no seguían los estilos tradicionales de la pintura, y no trasmitían mensajes sociales. Las obras suprematistas fueron aumentando su colorido y composición con el paso del tiempo.  Pero en la medida que se fue asentando la revolución rusa, se determinó que existiendo tanto analfabetismo en ese inmenso país, era urgente volver al realismo, por lo que cerca del año 1925 sus representantes se habían dispersado y el movimiento como tal había desaparecido.  Las obras de Wassily Kandinsky están cerca del movimiento, especialmente por la abstracción que cultiva.

Maquetas que exponen las teorías del suprematismo

En Rusia, donde se gestó, por los lineamientos gubernamentales que se fueron estableciendo, no tuvo muchos seguidores, pero fue indudablemente una gran influencia en el desarrollo del arte y el diseño en los países de Occidente y de la escuela de diseño Bauhaus, fundada por Walter Gropius en Weimar, Alemania, en 1919 y cerrada por las autoridades prusianas en manos del Partido Nazi en 1933 ya que la veían como socialista, internacionalista y judía.  Tuvo, entre sus directores, al célebre arquitecto Ludwig Mies van der Rohe.

Después de su desmantelamiento sus más relevantes exponentes siguieron impartiendo sus ideas en los Estados Unidos, que incluían las manifestaciones arquitectónicas, la tipografía y la fotografía, entre otras.

EL CENTRO POMPIDOU

     El Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou fue inaugurado en 1977 y su concepción le correspondió al mandatario francés que lleva su nombre, que falleció antes de que se inaugurara.  Le correspondió al presidente Valéry Giscard d’Estaing la apertura y dentro de su rocambolesca estructura funciona un centro de investigación musical y acústica (IRCAM), la Bibliothèque Publique d’Information, que tiene una capacidad para unas 2.000 personas y el Musée National d’Art Moderne, que tiene un patrimonio de unas cien mil obras de arte moderno y contemporáneo, lo que lo pone al nivel de museos como el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York y la Tate Modern de Londres. Entre los artistas que allí están representados figuran Pablo Picasso, Joan Miró, Brancusi, Amadeo Modigliani, Henri Matisse, Francis Bacon, Jean Dubuffet, etc.

Vista de la Torre Eifell desde la terraza del Centro Pompidou

El Centro Pompidou está en el solar donde hasta los años 70 funcionó el mercado de Les Halles, que era una zona deprimida económica y socialmente.  Había allí un mercado de abastos, un enorme centro que vendía productos al por mayor y al por menor. Pompidou, para revitalizar el área, decidió derribar este mercado ya que desprendía malos olores y contribuía al caos vehicular. En su lugar se construyó el edificio de la bolsa, de planta circular, unos jardines y un nuevo centro comercial con conexión a la estación de metro del barrio.  El Centro Pompidou es otro de los edificios que pertenece a este plan de revitalización.

Interior del Centro Pompidou

Otra vista de la fachada

Escaleras mecánicas que son vistas desde afuera

Su diseño es totalmente vanguardista e innovador, sobre todo para los años en que se construyó, ya que es de estructura industrialista, con los elementos funcionales visibles, tales como conductos, escaleras, ascensores.  Las tuberías están pintadas en colores vivos y todo se puede ver desde afuera, de manera que el interior es muy diáfano.  Tiene unos 7 pisos y en su azotea hay un restaurante con vistas de París a 360 grados.  Debido a ser tan moderno y por el lugar donde se construyó, hubo una polémica cuando se inauguró, pero la comunidad se ha acostumbrado a su aspecto y es muy popular.  Su arquitectura representa una de las primeras manifestaciones de “high tech” en París.

Desde las escaleras mecánicas se ve el entorno parisino

En 1985 el pintor chileno Roberto Sebastián Matta realizó una exposición retrospectiva a cuya inauguración tuve el privilegio de asistir, y todavía recuerdo los peculiares zapatos que vestía el famoso artista, eran unos guantes de cuero para pies que tenían hasta la forma de los dedos.