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LA NUEVA CARA DEL MAC

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, 15 de septiembre de 2019

     El Museo de Arte Contemporáneo (MAC) fue creado en 1983 como una secuencia lógica de un proyecto que habían emprendido panameños interesados de que Panamá contara con un museo de arte bajo la figura del Instituto Panameño de Arte (Panarte), establecido en 1962.  Cincuenta y siete años han pasado y el compromiso de ofrecer a panameños y extranjeros con espacios para exhibiciones de arte moderno y contemporáneo se mantiene, con caras nuevas, sin olvidar a sus precursores, especialmente a Graciela Quelquejeu de Chapman y Coqui Calderón.

     Ahora lleva la batuta un grupo que ha aplicado el “relevo generacional” en todo sentido, y al frente está Luz Bonadies, que es la actual directora ejecutiva.  Luz nos comentó que en el año 2017 hubo un cambio generacional muy importante al pasar los directores a ser honorarios y entró un grupo de empresarios jóvenes, segunda o tercera generación de aquellos que fundaron el MAC, muy comprometidos con la filantropía y el desarrollo social de Panamá.  En su caso particular, se enteró que estaban buscando un/a director/a ejecutivo/a y abrieron a concurso la posición. Ella estudió periodismo y comunicación visual en Chile y había tenido experiencia editorial en el Instituto Nacional de Cultura (INAC) y se aventuró a presentarse.

Luz Bonadies, directora del Museo de Arte Contemporáneo

Se recibieron unos 22 currículos y su propuesta fue la de una usuaria, algo en lo que ha invertido sus 31 años, y que es mejorar la calidad de vida de la gente.  Eso caló pues era lo que buscaba la directiva.  El asunto era cómo cambiar el museo, que hasta el momento había tenido una actitud muy orientada hacia las artes plásticas y hacia la conservación, y ponerla al servicio de cómo esos elementos podían ser útiles en la vida de los ciudadanos. 

Para Luz ese fue el gran cambio de paradigma:  mantener el patrimonio, que es la colección permanente de casi 700 obras, — la más grande de arte latinoamericano abierta al público– (se muestra una vez al año).  Eso hizo que cambiaran muchas cosas, desde la visión y misión hasta la plataforma que manejan hoy en día, que promueve la creatividad y el diálogo sobre la cultura panameña a través del arte contemporáneo.  Y eso ha hecho que la aproximación a la educación y, por ende, el programa público, esté enfocado en crear conocimiento y pensamiento crítico desde la infancia.  Esto ha redundado en que el MAC produce su propio contenido.

Antes de este cambio la línea artística del museo no estaba muy bien definida, estaba un poco a la suerte en quien pudiera interesarse en donar o tener una exhibición.  Al decidir invertir eso, y más bien proponer las temáticas que les interesaba a los nuevos directores, recibieron propuestas relevantes para Panamá.  Y desde 2017 se han organizado en lo pertinente a lo que vive el país, que es lo contemporáneo, porque el MAC es un museo de arte contemporáneo, el único con que contamos.

Actual Museo de Arte Contemporáneo, en Ancón, un antiguo Templo Masónico

“Sin embargo, al ser el único museo de arte, procuramos mostrar la colección, que no es necesariamente contemporánea sino más bien moderna, una vez al año, pues ese es el acervo que tenemos, y lo hacemos desde una narrativa contemporánea, invitando a curadores de afuera y conformando un consejo curatorial, que hoy está compuesto por Mónica Kupfer, Lorena Riba, Adriene Samos, Margot López, Gladys Turner y Ramón Zafrani”, acota la directora. 

Al ser una plataforma, se ha podido comprender que el museo es un concepto, no solamente un edificio, y así es que surge MAC temporal, que son exhibiciones que se presentan en varias partes de la ciudad, (próximamente habrá un espacio en SoHo Mall), el de los contenedores (que están afuera del actual museo), que circulan por el país, con obras de la colección, y ya se han visitado cinco diferentes provincias, desde sectores urbanos hasta rurales.  Es un museo móvil.  Se han revisado los archivos de la colección. Se han digitalizado documentos para ofrecer la oportunidad a los investigadores de consultarlos.  De igual forma se ha invertido mucho en la capacitación, tanto del personal como del ecosistema artístico, o su entorno.  Todo esto basado en la opinión de la comunidad.  “Nos gusta mucho tomar decisiones basadas en lo que el ecosistema necesita”. 

USOS QUE SE LE DARÁN A UNA GENEROSA DONACIÓN

En junio pasado el MAC recibió una donación de 13 millones de dólares de una fundación vinculada a sus orígenes y la directora se siente confiada que, con el avance que han experimentado estos años están preparados para recibirla, que no es una inyección de cash a al flujo de caja sino un fideicomiso para garantizar el futuro del museo.  Un futuro que hoy día se ve maduro para empezar a construir a partir de los cambios que han venido generando desde hace dos años.  La idea es que en unos tres años se pueda tener ya avanzada la construcción de un nuevo museo, la ubicación no está definida, se debe hacer el “due diligence” para entender qué necesita la ciudad, no qué necesita el museo.  Una vez identificada esta necesidad, para que el único museo de arte se convierta en un pulmón cultural de la ciudad, entonces se pasará a las necesidades del museo, que ya se han estado revisando con el equipo de curadores.  También se han contratado algunos consultores, que han hecho museos en otras ciudades, y el equipo se está preparando para hacer esa transición de una manera muy responsable porque están conscientes de que, ser el único museo de arte en Panamá, es una responsabilidad ciudadana, que involucra al estado y a la empresa privada. 

Sala principal del MAC

“Somos una fundación sin fines de lucro que recibimos ayuda estatal para proyectos muy particulares.  Queremos en este caso ser un aliado del estado para que se sienta la presencia del museo en la vida de la ciudad.  Con esa premisa es muy importante que busquemos un lugar que asegure la democratización del acceso al arte, un lugar donde la gente pueda llegar a pie, pueda llegar en bus, en Metro, en su propio auto.  Eso de salida descarta algunas áreas de la ciudad.  Estamos buscando terrenos que sean del estado, negociando con éste a ver si nos ceden alguno, porque existe el interés de ambas partes de coadyuvar a hacer un proyecto conjunto.  Ya se cuenta con la titularidad tanto del terreno como del edificio del antiguo Templo Masónico que ocupamos ahora mismo”. 

Una de las mayores quejas que tenía el MAC era la ubicación (en Ancón, colindando con la Avenida de los Mártires) y se ha trabajado en mejorar la señalización y en alianzas con plataformas como Uber, Cabify, etc.  Hoy día ya nadie se queja de eso cuando se hacen encuestas.  Lo malo es que el edificio está en un barrio rodeado de oficinas públicas, lo que lo hace un sitio desierto, sin vida en la noche y la Avenida de los Mártires siempre ha sido una barrera, una delimitación de la ciudad con Ancón y eso es difícil sacarlo de la mente de la gente. 

El número de personas que ha estado viniendo ha ido en incremento cada año.  En 2016, antes del cambio generacional, lo visitaban 5 mil personas al año, al año siguiente, con la nueva modalidad, asistieron 11 mil personas, el año pasado llegaron 21 mil y en lo que va de este año se ha superado los 40 mil visitantes.  “Hay un despertar cultural en Panamá muy interesante e importante y queremos ser protagonistas de éste.  Y no se debe al cambio de dirección del museo, sino que el mismo ecosistema está cambiando.  Hay un proceso integral cultural y tenemos la responsabilidad y la batuta de las artes plásticas y queremos generar alianzas con otras disciplinas.  Ya hemos hecho actividades con festivales de cine, charlas, ciencias, teatro, danza.  Los museos en todo el mundo se han convertido en centros culturales y nosotros nos estamos sumando a esa tendencia de una manera muy natural que hoy día nos permite ser un punto esencial no solo para Panamá sino para Centro América”. 

El fideicomiso bajo el cual están resguardados los fondos de la donación extraordinaria recibida está dividido en tres partes:  10 millones para la construcción del nuevo museo, la segunda, 3 millones para un fondo (endowment), que es una figura que asegura el funcionamiento de la institución mediante los intereses que genera, y la idea es que sea un fondo semilla, y el tercero, 300 mil dólares, es para nuevas adquisiciones.  La idea es que esa donación sea aliciente de otras donaciones, el endowment crezca, y que no dependa únicamente de la donación que hacen sus socios y amigos, como hasta ahora, anualmente.  “Es muy complicado vivir de las donaciones porque se compite con necesidades más acuciantes y si de verdad queremos hacer una propuesta seria, tenemos que buscar la sostenibilidad.  Cuando tengamos nuestro edificio se estará pensado en la autosostenibilidad, servicio público, cafetería, tienda de regalos y la búsqueda de donaciones se mantendría para asuntos puntuales y el endowment”. 

Sala del piso superior del MAC

En ese nuevo museo habrá un espacio para la colección permanente.  Ahora mismo se están evaluando cinco propuestas de consultores, cuatro de Estados Unidos y uno de Colombia para ver cuál debe ser el plan estratégico de aquí a cinco años.  Incluye una visión de los espacios que se necesitan, construyendo una narrativa propia.  Se están haciendo encuestas a todos los estratos sociales, les interesa saber qué opina la gente que no viene al museo, la gente de San Miguelito, por ejemplo, qué necesitan, qué es arte para ellos.  “Cuando nos vayamos de aquí, espero que tengamos una institucionalidad super afianzada, que sea un museo integral”, remata la directora.

Una vez culmine la construcción del nuevo museo deberá comprender la parte intelectual, la parte social hasta la parte expositiva.  Lo que no puede pasar es abrir un museo lindísimo que no sirva para mostrar arte.  El diseño y construcción se harán por medio de un concurso de arquitectura, para hacerlo más democrático, abierto a extranjeros y panameños.

EXPOSICIÓN DE CARLOS CRUZ DIEZ 

El pasado 23 de junio se abrió al público una exposición interactiva del artista cinético venezolano Carlos Cruz Diez, que había estado residiendo unos años en Panamá.  El 27 de julio el artista murió en Paris, lo que dio pie a que muchos se interesaran en visitar la muestra.  Para Luz Bonadies fue un gran reto no solo el hecho de montar una exposición especialmente diseñada por el artista para Panamá, sino manejar multitudes que no se habían acercado al MAC anteriormente.  Se fue creciendo con esa circunstancia, instalando aditamentos con los que antes no se contaba, –como medición de humedad, temas de seguridad, etc.–.  A partir de esa exhibición hay un “learning lab” para los pequeños, se va a continuar con esa sala interactiva.  “Trabajamos muy de cerca con la familia Cruz y pusimos al MAC en el mapa mundial.  A su muerte éramos el museo que tenía la exposición que el maestro diseñó especialmente para nosotros.  Para el maestro era una misión de vida transformar Panamá y él mismo estaba muy contento.  Y cerró ese ciclo en nuestro país y para mí eso es importante.  Era fundamental cómo la obra del maestro venezolano ha influido en la obra de panameños y aunque no pudo venir a su exposición, estaba muy feliz de haberla mostrado aquí”.   

Learning Lab para chicos y grandes

Ahora que tenemos Ministerio de Cultura le indagué a la directora si estaban trabajando en cómo acoplarse y tiene puestas sus esperanzas en que se cree una buena sinergia entre el MAC y la nueva entidad.  Remata el tema con lo siguiente: “Hemos sido muy buenos ejecutores de los fondos estatales y en base a eso podemos crecer en la relación”.

LA CUNA DEL DESCUBRIMIENTO

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, 28 de julio de 2019, La Estrella de Panamá

     En el municipio de Palos de la Frontera, provincia andaluza de Huelva, muy cerca de la frontera con Portugal, sobre el océano Atlántico, se encuentra el Monasterio de Santa María de la Rábida, lugar donde se gestó el descubrimiento de América por el navegante genovés Cristóbal Colón.  A este claustro franciscano llegó el descubridor, desalentado por la negativa del rey de Portugal de respaldar financieramente su travesía en busca del Gran Kan (título de rango imperial en las lenguas túrquica y mongola equivalente al estatus de emperador) *, el Cipango (Japón) o la India, a los que él creía que iba a encontrar.

     Cuando se va uno aproximando a este lugar se encuentra con el Monumento a la Fe Descubridora, o Monumento a Colón, que simboliza a un fraile, de 37 metros de alto, cuya fe guio al almirante en su empresa.  La estatua fue regalada a España en 1929 por los Estados Unidos.

Monumento a la fe descubridora en Huelva

     El Monasterio data del siglo XIV y es de estilo gótico-mudéjar y hay muchas salas dedicadas al Descubrimiento de América, así como a la imagen de la Virgen de los Milagros ante la cual se dice que Colón rezó antes de embarcarse a atravesar el mar.  Su estructura se afectó con el terremoto de Lisboa de 1755 y durante estos más de quinientos años ha sufrido algunas modificaciones, conservando su estilo original y ostentando en sus paredes hermosos lienzos del pintor Daniel Vásquez Díaz, artista del siglo XX que recrea con singular maestría los acontecimientos de la conquista y colonización de nuestro continente.  Hoy en día lo sigue gestionando la orden franciscana.

     La imagen de la virgen es de alabastro y el papa Juan Pablo II la nombró en 1994 “Madre de España y América” y su festividad se celebra el 15 de agosto, coincidiendo con la fecha de la fundación de Panamá Viejo.

Virgen de los Milagros, nótese las pequeñas calaberas que están frente a su imagen

     El Monasterio tiene mucha historia, ya que Colón se hospedó allí antes de partir, al igual que en algún momento pasaron por sus estancias Hernán Cortés, Gonzalo de Sandoval y Francisco Pizarro. Fue declarado Monumento Histórico y Artístico de la Nación en 1856, colocándose como el tercer monumento de España, y en 1949 fue declarado el Primer Monumento Histórico de los Pueblos Hispánicos.

     Gracias a la estancia del almirante genovés en el Monasterio, y a que allí vivían fray Juan Pérez y fray Antonio de Marchena, ellos fueron determinantes en que los reyes de España acogieran y financiaran el proyecto que le quitaba el sueño a Colón.  Ambos eran muy cercanos a la corona, especialmente a la Reina Isabel, a la vez que convocaron a todo aquel que tuviera conocimientos o avituallamientos de marinería.  Ellos fueron también los que consiguieron que Martín Alonso Pinzón, a quien se refieren los cronistas de la época como el codescubridor de América, que además era un adinerado armador y bien relacionado en esa zona, consiguiera la ayuda económica y los marineros que se embarcaron en esa travesía.

     Una de las salas más interesantes que tiene el Monasterio-museo es la que corresponde a las banderas de los países que visitó Cristóbal Colón en sus cuatro viajes a este continente. Frente a cada bandera hay una caja con tierra del lugar y la primera que se ve es la panameña, con una placa en la que destaca que esa tierra fue colocada allí por el presidente Ernesto de la Guardia y su canciller, Aquilino Boyd.  Se ven en los amplios pasillos réplicas a escala de las tres calaberas y otros objetos de navegación.

Bandera de Panamá con tierra de nuestro país

MUELLE DE LAS CARABELAS

     La visita al Monasterio de la Rábida no podía estar completa sin visitar el Muelle de las Carabelas, donde se reproducen la Nao Santa María, la Pinta y la Niña, que fueron las naves que usó la expedición de Colón en su primer viaje en busca de las Indias o de confirmar que la tierra era redonda.  En un bien acondicionado centro de interpretación, con una película ilustrativa por demás interesante, se aprecian objetos de cada sitio de la sociedad del siglo XV y todo lo que de ella se puede relacionar con el descubrimiento: réplicas de mapas, armas, tratados como el de Tordesillas o Alcaçovas-Toledo, incluso una réplica del mapamundi que confeccionó Juan de la Cosa, al que me referí en mi artículo anterior.

Las tres calaberas están en un muelle al que lo rodea una dársena que recrea los ambientes tanto medievales de la época, como los que visitaron los conquistadores en sus viajes, con representaciones de tamaño natural de cómo vivían los pueblos americanos, y se puede entrar a cada una de ellas.  En el barrio medieval hay una taberna de la época que es muy acogedora. Dentro de las naves se representan los lugares de descanso, de trabajo y toda clase de ambientes para que uno se haga a la idea de la forma en que viajaron esos intrépidos navegantes. 

Muelle de las carabelas en Palos de la Frontera

Este muelle y su consecuente recreación fue construido en 1994 después de las festividades y exposiciones que se llevaron a cabo en Sevilla con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América dos años antes.  La Junta de Andalucía adquirió las naves y construyó el sitio que cada día es más visitado por locales y turistas.

MOGUER

     Una visita a Palos de la Frontera, de donde salió la primera expedición de Cristóbal Colón al llamado Nuevo Mundo demanda hacer un alto en la vecina Moguer, cuyos pobladores participaron activamente en los preparativos del viaje a través del Atlántico.  Allí encontró el almirante el apoyo de la abadesa del Monasterio de Santa Clara, de algunos clérigos y hacendados que fueron un apoyo determinante, y de los Hermanos Niño, puntualmente, que aportaron su carabela “La Niña”, y casi un tercio de la población de oriundos de ese lugar conformaron la tripulación.

     Moguer forma parte de lo que se conoce como Bien de Interés Cultural de los Lugares Colombinos, por su importante participación en la preparación y realización del primer viaje de Colón.  También es importante porque es la cuna del escritor Juan Ramón Jiménez, premio Nobel de Literatura de 1956. En todo su entorno se pueden encontrar esculturas del escritor, así como de su obra más destacada, Platero y yo.

Escultura de Platero y yo, en honor a Juan Ramón Jiménez

     En el área se han destinado casi 4 mil hectáreas al parque nacional y natural Doñana, que es Patrimonio de la Humanidad.

     Cristóbal Colón realizó cuatro viajes al continente americano, el primero zarpó desde Palos de la Frontera, el segundo de Cádiz, el tercero desde Sanlúcar de Barrameda, que este año celebra la partida de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián El Cano a darle la vuelta al mundo, y el cuarto, que es cuando visita Panamá, vuelve a partir desde el puerto de Cádiz.  En noviembre de 1502 fundó Portobelo en la costa caribeña de lo que hoy es la provincia de Colón.

*”En busca del Gran Kan, la novela del descubrimiento de América” es una obra de Vicente Blasco Ibáñez, escritor y político valenciano, que escribió este libro sobre Cristóbal Colón, donde revela facetas poco conocidas del Almirante genovés.