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ESCÁNDALOS PENDIENTES

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 30 de septiembre de 2018

Ahora que ya tenemos dos candidatos a la presidencia y seguramente tendremos dos más para fin del próximo mes, podemos ir vislumbrando lo que le va a tocar al que ocupe el Palacio de las Garzas, que es como en Panamá se conoce a la residencia presidencial.

En primera instancia está el tema de Odebrecht, que entre promesas y postergaciones la Procuradora Kenia Porcell nos ha ido llevando al juego de la gallina ciega.  O mejor dicho de forma cruda, nos ha agarrado de pendejos, encubriendo a quien la puso allí.  Esa firma brasileña, que está en el ojo de la tormenta en todos los lugares donde ha hecho obras (aquí todavía tiene contratos, a pesar de los escándalos, de las acusaciones, subidas y bajadas de la fiscalía y las detenciones preventivas) y más de un mandatario en países donde tenía contratos ha tenido que dimitir porque se le ha comprobado su vinculación con esa empresa constructora, sigue tan fresca como si no hubiera pasado nada.

Está lo de Financial Pacific, en el que no solo hay una persona desaparecida sino un montón de hilos sueltos que han llevado a más de uno a guardar casa por cárcel.  ¿No es hora de que la Procuradora haga su trabajo y le meta velocidad a este asunto?  Además de Vernon Ramos, desaparecido misteriosamente hubo un apuñalado y una ex empleada estuvo presa varios años por haber señalado cómo se hacían los chanchullos por orden del ex presidente preso en El Renacer.

No contentos con esto, nos reventó en la cara el tema de los #PanamaPapers, que llevó a un bufete angurriento a la quiebra y cuyos responsables siguen haciéndose las víctimas, arrastrando consigo a todo un equipo de trabajadores.

Y no había pasado ni un mes de esta bochornosa revelación que enlodó el nombre del país que saltó el asunto Waked, que a la fecha no se logra aclarar, después de haber acabado con un imperio financiero que daba empleo a muchos panameños y que fue pésimamente mal manejado por la cancillería, dejando a un desbocado embajador gringo hacer y decir lo que le dio la gana contra quien le dio la gana.

El caso Blue Apple tiene a varios de sus involucrados guardando prisión preventiva, y lo de Cobranzas del Istmo no tiene nombre, le devolvieron al orquestador mayor su dinero, hasta con intereses, por estafar al país.

El que asuma la presidencia el otro año no la va a tener fácil.  Tendrá que lidiar con todos estos temas, además de las calles destruidas (con huecos que el ministro de Obras Públicas nunca ha visto, en 4 años), subsidios que se llevan todas las ganancias del Canal de Panamá, una abrumadora desigualdad entre ricos y pobres, una agricultura que ni de subsistencia se puede catalogar y, sobre todo, una falta de programas educativos y culturales que dejan perplejo hasta al más incauto.

La Universidad de Salamanca, esa a la que se refieren con el dicho “lo que natura no da, Salamanca no presta” tiene años intentando crear un centro cultural en nuestro país, invirtiendo millones de dólares en un inmueble en el Casco Viejo y solamente falta una firma para que continuen las obras.  Esa firma es la de la directora del Instituto Nacional de Cultura (INAC) y la misma no se ha dado hasta ahora, quién sabe por qué razones.  El concurso de piano “Jaime y Nelly Ingram” fue suspendido hasta que alguien le habló al oído de esta funcionaria y entonces se pudo rescatar.  Y la editorial Sagitario, que ha tenido con éxito seis convocatorias anuales para premiar una novela corta está en veremos de si va a poder conseguir patrocinio para este año.  Seremos referente en autopistas y casas construidas, pero en los temas culturales somos un fracaso.

Todo lo que se haga en el campo cultural lo hace el sector privado.  Las embajadas apoyan, algunas de manera decidida.  Pero el presidente se va a la reunión de Naciones Unidas y lee un discurso que más parece escrito por Walt Disney (como dice @nanopty) y pinta un país de maravillas, ante una reducidísima audiencia.  Si se hubiera atrevido a decir semejantes imbecilidades en su discurso a la nación, hasta los diputados adversos a su partido, con los que ha compartido planillas y prebendas, le hubieran abucheado.

Lo más lamentable de ese desgraciado discurso, que encima nos metieron en cadena nacional, fue la mención a los tratados canaleros, sin decir siquiera que se llaman “Torrijos Carter” y sin nombrar a quien logró que el usufructo de nuestra posición geográfica estuviera bajo nuestro control, el General Omar Torrijos.  En la entrada del campo de concentración de Auschwitz hay una frase del filósofo español George Santayana que lee: «Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo».

LAS INUNDACIONES DE LA CIUDAD

Por Mariela Sagel, El Siglo, 24 de septiembre de 2018

      En los meses recientes, cuando ha llovido más de lo normal, los residentes de El Cangrejo hemos sufrido unas inundaciones inenarrables, cercanas a unas pesadillas de películas de terror.  Por un lado, está el innegable cambio climático, que tiene al tiempo totalmente loco, y por el otro el capricho de alterar un barrio que fue planificado para que todo fluyera, inclusive las aguas.

Para los que no se han percatado, El Cangrejo tiene calles que no son cuadriculadas, sino sinuosas.  Fue diseñado así para ir en armonía con su topografía y no alterarla, de manera que las aguas NO deberían sobrepasarla, como ha ocurrido muy recientemente.  Algunos se llenan a la boca diciendo que SIEMPRE se ha inundado, lo que no es cierto.  Se inundan las partes bajas donde los desechos y las trampas de grasa de ciertos restaurantes de la Vía Argentina no son manejados adecuadamente.

Encima de todo, al alcalde se le ocurrió remodelarlo y como si fuera poco, lleva casi dos años en este empeño sin que veamos, sus sufridos residentes, cuándo van a terminar los trabajos.  La misma vice alcaldesa reconoció recientemente en un programa de televisión que se habían cometido errores en esa caprichosa remodelación.  Habrá que exigir un audito de las obras que se están ejecutando, empezando por la revisión del estudio de Impacto Ambiental porque el verdor del que gozábamos ya no existe, sino planchas de cemento y vastos lugares donde se coloca grama artificial, algo inaceptable en un país donde llueve en demasía.

Quien pase por el parque Andrés Bello sentirá ganas de llorar porque lo que en un tiempo fue un lugar de entretenimiento y encuentro para personas de todas las edades hoy está poblado de camiones y tractores quien sabe con qué intención.

El pobre Einstein comprobó en cabeza propia (su monumento ha sido vapuleado a diestra y siniestra) su teoría de que la estupidez humana es infinita.