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EL INFINITO Y LA ESTUPIDEZ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 6 de mayo de 2018

     Desde hace un año un grupo de ciudadanos, bajo el liderazgo de la Lic. Mery Alfaro de Villageliú, remitimos una carta al Ministro de Ambiente, Emilio Sempris manifestándole nuestra preocupación por la proliferación del uso de grama sintética tanto en las aceras y jardines públicos como en las canchas deportivas.  Basamos nuestra denuncia en numerosos estudios que han realizado prestigiosas universidades e instituciones de Estados Unidos y de Europa, que evidencian los efectos nocivos de este producto y su contribución al calentamiento global.  De igual forma, adjuntamos las opiniones de los directivos de la Federación Panameña de Fútbol (FEPAFUT) que exigen más espacios para entrenamientos, pero con grama natural, para poder celebrar más torneos internacionales, de acuerdo con las exigencias de la CONCACAF.  En esta causa hemos contado con el respaldo del Centro de Incidencia Ambiental (CIAM).  A la fecha, no hemos recibido una respuesta del Ministerio de Ambiente.

El césped artificial se ha puesto de moda aún en los más impensables rincones, como en el miniespacio que mandó a hacer hace unos 8 años el representante de Bella Vista donde está la escultura de la cabeza Alberto Einstein del artista Carlos Arboleda en el Cangrejo.  Nadie puede explicarse cómo, en un país tropical, donde llueve 10 de los 12 meses del año, hay necesidad de poner grama artificial, que está fabricada con restos de neumáticos triturados y que no le permite al suelo respirar y, por ende, contribuye a hacer más caliente el ambiente.  De igual forma, los estudios que se le incluyeron al ministro Sempris daban cuenta de que se hay indicios que el césped sintético puede ser causa de cáncer y mutaciones.  Es muy sintomático que el otrora Secretario General de MiAmbiente, con quien el ministro tuvo una lucha frontal, haya sido directivo del CIAM.

Algunos podrán argumentar que el césped crece sin control y que hay que darle mantenimiento, mientras que a la grama sintética no.  Pero para eso están los empleados de ornato de la Alcaldía, y hasta los jubilados que pueden encargarse de mantener los jardines como una manera de entretenerse.  En otros países el ayuntamiento se preocupa por tener jardines diseñados de manera preciosista y los mantienen de manera óptima.  Aquí, la municipalidad hace aceras anchísimas, sin una sola sombra y cuando se dan cuenta que fue un error (contratadas con Odebrecht para acabar de rematar), compran potes gigantescos, de cemento, para sembrar lo que habían tumbado: palmeras.

Los jardines verticales, que tan en boga están y en los que algunas empresas han invertido ingentes sumas para tenerlos en sus sedes, ofrecen beneficios tales como que en un metro cuadrado de cobertura vegetal se genera el oxígeno requerido por una persona en todo el año y atrapa 130 gramos de polvo por año.  De igual forma, un edificio de 4 plantas que tenga una fachada con jardín vertical es capaz de atrapar y procesar 15 kg de metales pesados, mejora el rendimiento y reduce malestares de las personas que tienen vegetación en su lugar de trabajo y ese aislante vegetal que se produce reduce hasta 10 decibelios la contaminación sonora, que nos está dejando sordos a todos.  Lo anterior son datos científicos de instituciones prestigiosas y ni tan nuevos, algunas datan de 2001. Seria ideal que la ciudad entera luciera estos jardines a lo largo de sus calles, que los edificios tengan en sus fachadas y que los parques los ostenten en sus muros.

Otro factor en contra de la grama sintética es su costo. Recientemente se conoció que la grama natural que luce el estadio Santiago Bernabéu, sede del equipo Real Madrid en la capital española, costó 160 mil euros.  La cancha sintética de Veracruz, Arraiján, por escoger uno solo de los proyectos faraónicos de este gobierno, costó 449,999.14 dólares.  No hay relación entre uno y otro.

Lo mismo pasa con las bolsas de la compra, que en un decreto reciente obliga a los comerciantes a usar bolsas reutilizables y no plásticas, ya que éstas demoran hasta mil años en descomponerse.  Los comerciantes están molestos por esta medida, que da un plazo hasta el otro año para que se adopte esta buena práctica, pero en otros países, como Chile, Marruecos, España es algo cotidiano y hasta agradable.  Sin embargo, se siguen fabricando bolsas como si el decreto no se fuera a implementar y hasta se hacen conjeturas sobre quién está detrás del negocio de las bolsas reciclables, cuando los que han producido bolsas toda la vida nos han invadido con ellas.

Al pobre Einstein, que lo tienen encapuchado mientras se realizan las obras de renovación del barrio de El Cangrejo, que con tantos defectos parece que no terminarán nunca, se le ha comprobado uno de sus dichos más célebres:  “Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”.

 

 

JAVIER MORO Y “MI PECADO”

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 6 de mayo de 2018

El escritor español Javier Moro, que en 2011 ganó el Premio Planeta con “El imperio eres tú”, novela histórica que relata el reinado del emperador Pedro I de Brasil y IV de Portugal, vuelve a sorprendernos con su última novela, acabada de salir, “Mi pecado”, sobre la vida de Conchita Montenegro, una actriz vasca que en los años ’30 triunfa en Hollywood y tiene amores con los más importantes galanes de la época.

El libro salió a la venta el 5 de abril, pero a fines de febrero recibió el Premio Primavera de Novela, de la editorial Espasa, dotado con 100 mil euros. Yo estaba en Madrid y había hablado con Javier el día antes de recibir el premio y justo estaba leyendo un libro de una periodista, también española, Carmen Ro, titulado “Mientras tú no estabas” que trataba de la vida de la actriz.  Le dije a Javier sobre la coincidencia y después leí que se había formado una polémica en torno a unas declaraciones que él había dado al recibir el premio, ya que desconocía de ese otro libro.

Mi pecado

Al terminar de leer “Mi pecado”, que me hizo llegar el autor como lo ha hecho con sus libros anteriores, puedo decir, sin temor a equivocarme, que su libro no tiene nada que ver con el otro.  El de la señora Ro trata se enfoca en los años de Conchita en Hollywood, pero desde el recuerdo de un enamorado perdido que ella tuvo, que ya está en sus últimos días, y la recuerda con todas sus extravagancias, compartiendo esos recuerdos con una joven que, para paliar su depresión por una ruptura amorosa, va a leerle a los ancianos. El personaje no es la actriz sino el anciano y la chica. Ni asomo de la rigurosidad de la investigación de Javier Moro y, sobre todo, de los acontecimientos posteriores que vivió la actriz, a la que llamaron la Greta Garbo española.  Esos hechos son primordiales para entender la trascendencia de Conchita y que sea una referencia histórica que, además de haber llevado una vida glamorosa y excéntrica, llena de amores y desamores, también fue un eje fundamental en los acontecimientos políticos de la II Guerra Mundial y la dictadura de Francisco Franco.

UNA POLÉMICA DE PELÍCULA

Apenas Javier Moro recibió el premio se desató una polémica en torno a un libro que todavía no había salido.  Los más aguerridos periodistas y opinadores le cayeron encima por haber ignorado el libro de Carmen Ro, sin siquiera haber leído “Mi pecado”.  Yo le insistía a Javier que siempre que hay polémica, los libros se venden más y la historia se vuelve más interesante. Él debería saberlo porque su libro, “El sari rojo”, publicado en 2006, que narra la vida de Sonia Gandhi, fue prohibido en India sin que ningún miembro de la familia Gandhi lo leyera.  La imagen del escritor fue quemada y sus otros títulos también.  No fue hasta hace tres años, en 2015 que, cuando los Gandhi fueron desplazados del poder, Javier Moro volvió a Nueva Delhi y en menos de un mes le rindieron honores y firmó contratos para que su libro fuera traducido a varios de los dialectos que se hablan en ese inmenso país y se publicaron millones de ejemplares.

“El sari rojo” trata a Sonia Gandhi con benevolencia y hasta con inmenso respeto, no había ninguna razón para que los miembros del Partido del Congreso Indio, de la dinastía Nehru-Gandhi, se ofendieran por lo novelado en el libro.  Pero victimizaron al autor y el resultado ha sido que ahora más indios han leído sobre la nuera italiana de Indira Gandhi.

El escritor español Javier Moro

Lo mismo está pasando con éste, aunque repito, uno no tiene ni remotamente comparación con el otro, porque se abordan desde dos enfoques diferentes.  “Mi pecado” lleva el título de un perfume que el gran amor de la vida de Conchita Montenegro, el actor británico Leslie Howard, le regalaba y es de la casa Lanvin, lanzado en 1924.

UNA HISTORIA FASCINANTE

     Javier Moro es un maestro en la técnica de novelar historias.  Lo hace con elegancia y cadencia, que son importantes a la hora de leerlo.  Sus capítulos son cortos y sus párrafos también y describe los ambientes y los personajes con preciosismo y meticulosidad. Él mismo vivió en Hollywood durante cinco años así que conoce los escenarios donde lo llevó la investigación sobre la diva española.

En el caso de Conchita, ella se va a Estados Unidos con su hermana Justa para perseguir una carrera de actriz en el Hollywood que tiene que adaptarse a la transición del cine mudo al sonoro, y a una industria que para sobrevivir en medio de una crisis económica que arrasó al mundo, vive en una burbuja de derroche y fiestas estrafalarias.  Conchita aprende rápido el inglés (ya hablaba francés pues tenía un show de baile en París antes de su aventura hollywoodense) y su fuerte carácter e impactante físico le ganan el respeto y los favores de los más importantes directores del momento.

Fue famosa porque no se dejó besar por Clark Gable, porque se hizo amiga de Charles Chaplin y Greta Garbo, así como por haber sido la obsesión de jóvenes actores (o aspirantes a serlo) que en ocasiones tomaron revancha contra ella cuando los despreciaba.

A pesar de sus devaneos amorosos, su corazón quedó prendado de Leslie Howard, que estaba casado y no pretendía dejar a su familia y le llevaba veinte años.  Sufría de ansiedad que la llevaba a comer en forma descontrolada para después provocarse vómitos (bulimia) y rechazaba cualquier connotación a que se le viera como una artista latina, no anglosajona.

Conchita era además muy buena amiga, buena hija y buena hermana.  Mantuvo sus vínculos familiares intactos a pesar de las distancias y las formas tan complicadas en que se tenían que comunicar de un continente a otro.  Se casó, cuando su meteórica carrera de artista estaba en la cúspide, con el marido de su mejor amiga después que ella murió en un lamentable accidente de auto, y se fue a vivir a Brasil. Él era un actor brasileño y su matrimonio no duró mucho y ella se volvió a Madrid, donde conoció a un diplomático con el que conspiró contra los nazis y contra Franco.  Era su prometido cuando Leslie Howard reapareció en su vida, con una misión importante que le encomendó Winston Churchill.  Gracias a esa coyuntura, se logró que Franco declarara la neutralidad de España en la II Guerra Mundial.

Mi pecado” es un libro fascinante, sus descripciones de las fiestas del Hollywood de ese tiempo, de los encuentros amorosos de Conchita y Leslie y de los escenarios donde ella vive, tanto en España como en Estados Unidos, son cautivantes.  Javier tiene la virtud de entretejer en la trama a todos los protagonistas, muy famosos en la industria del celuloide de sus tiempos y al final hace un recuento, en el epílogo, de qué pasó con cada uno de los personajes principales, especialmente los españoles que fueron a dar a Hollywood.  No deja por fuera la feliz coincidencia de que su padre, Julio Moro, era el radiotelegrafista del barco en el que Conchita se trasladó a Montevideo para gozar su luna de miel, ni la apreciación que el escritor cubano, Guillermo Cabrera Infante tenía de la actriz: “Conchita Montenegro fascinó a todos un momento y después desapareció.  Inútil buscarla en los libros, y en las enciclopedias de cine: ni siquiera la mencionan.  Solo nos queda su imagen fugaz, su belleza perenne y su encanto mórbido e inquietante”.

Javier Moro ha puesto a Conchita Montenegro y su vida de vuelta en las historias que hay que conocer y leer.