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JUNIO, MES DEL AMBIENTE

Por Mariela Sagel, El Siglo, 10 de junio de 2019

     Este mes de junio se están celebrando varios días dedicados al ambiente.  El 5 de junio fue el Día Mundial del Medio Ambiente, establecido por la ONU desde 1974.  El 8 de junio fue el Día Mundial de los Océanos, que se conmemora también por iniciativa de la ONU desde 2009 y el próximo 17 de junio se celebra el Día Mundial contra la desertificación y la sequía.

     Nuestro planeta está en franco peligro.  La mayoría de la población del mundo no se ha dado cuenta del daño que causa la mala disposición de la basura, la tala de árboles, la deforestación, el desperdicio del agua y no entienden lo que se llama “cambio climático”.  Es hora de que recapacitemos al respecto.

     Panamá es un país bendecido por abundancia de agua, de flora y fauna, pero no sabemos la riqueza que tenemos y la desperdiciamos.  Dá dolor pasar por los barrios más pobres de la ciudad y ver los cúmulos de basura, entre los cuales se aprecia papel, cartón, plástico, latas, todo material que es fácilmente reciclable y que incluso puede generar ingresos para los que lo arruman como desechos. Estos desechos van a dar a los océanos. Y contaminan.

     El Ministerio de Ambiente ha hecho muy poco o casi nada en elevar la conciencia ambiental del país.  El legislador electo Edison Broce logró pasar una ley de reciclaje hace más de un año, siendo diputado suplente, para que en las instituciones públicas se implementara el reciclaje.  A la fecha, el actual ministro no se ha dignado darse por enterado de esta ley, lo que debe ser el primer intento por crear conciencia de reciclar.  Esta conciencia funciona como un efecto dominó: aprendes a reciclar en el trabajo y luego lo adoptas en tu vivienda, en tu barrio, en tu corregimiento.

     Apostemos al ambiente y no sigamos destruyéndolo.  Es el único planeta que tenemos.  Debemos respetarlo y quererlo.  Esperamos que el nuevo gobierno tome en serio el peligro que enfrentamos con esta inconsciencia ambiental.

DE CONDECORACIONES Y EXCESOS

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 9 de junio de 2019

     Muchas ronchas han levantado las recientes condecoraciones que otorgó el presidente Varela, a punto de terminar su mandato, a miembros conspicuos de su gestión, como al Director del Consejo de Seguridad Nacional.  Hay que recordar que, en su momento, el expresidente Martinelli condecoró a todos sus ministros, muchos de los cuales se la pasaron subiendo y bajando escaleras durante los pasados cinco años, en la fiscalía especial, acusados de toda clase de malos manejos.

     Independientemente de cuál condecoración se les otorgó a estas personas, y la definición que acertadamente colgó Atenógenes Rodríguez del decreto que regula, por lo menos, la Orden Manuel Amador Guerrero, otros reconocimientos y condecoraciones se han estado dando recientemente, que no han levantado tanto interés pero que son, en su medida, más importantes que unas que hasta perro, micho y gato tienen en este país.

     Me refiero a la que se le concedió al ex embajador de Francia en Panamá recientemente en París, Patrick Boursin. Con motivo del día de América Latina en Francia, que fue una iniciativa del Senador Jean Marc Pastor en el año 2011 y que poco a poco se ha ido convirtiendo en la semana de América Latina y seguramente en breve será un mes dedicado a este continente, el embajador Boursin la recibió del presidente del Senado francés, Gérard Larcher, que es la segunda persona más influyente del gobierno. El evento contó con la participación de embajadores latinoamericanos y de personalidades que han sido merecedoras de recibir esta prestigiosa medalla, en los salones de la Cámara Alta francesa.

El embajador Boursin fue propuesto por nuestro embajador en el país galo bajo la siguiente premisa: “Considerando su trayectoria, el cariño y el apoyo que siempre ha manifestado para con nuestro país, el Embajador Fábrega le pide aceptar su propuesta de designarlo como la personalidad más relevante para recibir la medalla del Senado, en nombre de la amistad Franco-panameño”.

Patrick Boursin siente y piensa, desde su merecido retiro de la vida diplomática, que “Francia y Panamá están vinculados para siempre, por la aventura común del canal interoceánico, iniciado por Ferdinand de Lesseps, hasta su reversión a Panamá, en la víspera del año 2000, un gran momento que presencié. Queda mucho por hacer conjuntamente. Una mirada más ecuánime sobre Panamá sería propicia para concretar nuevos proyectos económicos comunes”.  Muchos desconocen que él es el padre del Metro, por lo menos de la primera línea, ya que fue el gestor del proyecto de factibilidad y consiguió el financiamiento inicial para que se hiciera, lo que no se pudo construir hasta que el expresidente Martinelli lo sacó de una gaveta donde lo habían metido los subsiguientes gobiernos al que terminó en 1999.

Patrick y su esposa Annie, fueron grandes promotores de la cultura francesa a través de la moda, la gastronomía, le tocó estar en Panamá cuando Francia ganó el Mundial de Fútbol y auspició un “happening” en Taboga con motivo del centenario de la muerte del pintor francés Paul Gauguin en 2003, al que concurrieron muchos artistas nacionales.

Otro galardonado la semana pasada, y por mérito propio, fue el Profesor Luis Navas Pájaro, por su trayectoria académica y en defensa de la identidad nacional y patriótica en la Facultad de Administración Pública, donde ha impartido clases por más de 40 años.  El Prof. Navas es el director del Instituto de Estudios del Canal.  El emotivo acto dedicado a su impecable trayectoria contó con la presencia de los más destacados intelectuales panameños, que ensalzaron las virtudes del ilustre compatriota que, desde joven, fue un ferviente defensor de la soberanía e identidad nacional, llegando a perder a su hermano, Juan, que fue vilmente asesinado cuando era Secretario General de la Federación de Estudiantes en 1966.  Ningún homenaje sería suficiente para el Prof. Navas que no fuera el ser propuesto para integrar la Junta Directiva del Canal de Panamá, como hemos estado pidiendo desde hace meses, para que ese privilegiado grupo deje de ser un coto de negocios para los allegados de los presidentes Martinelli y Varela.

Como bien apuntó el poeta Pedro Rivera, “Luis Navas pertenece a esa generación que le devolvió a Panamá su dignidad.  No claudicó, no se vendió, no se enriqueció y sigue luchando”.

Ante estas dos condecoraciones, y una tercera, que relataré en un próximo artículo, a la embajadora de Marruecos en Panamá, uno se pregunta, qué hace la cancillería actual condecorando a personas que pasaron con pena y sin gloria por este país, y en cambio, le regatearon, por lo menos a dos embajadores, su justo reconocimiento.  Me refiero a Philippe Casenave, que era el embajador francés cuando la pelea con la OCDE y lo trataron de manera displicente y a Gil Artizely, de Israel, que tanto empeño puso en el tema del agua y la agricultura, llevándose a medio gabinete a apreciar el milagro de una tierra árida que produce las mejores cosechas y aprovecha hasta la última gota de agua que está por caer en los alrededores.