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ARTESANOS DEL LENGUAJE

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 23 de abril de 2017

 Hoy 23 de abril se conmemora el Día del Libro, celebración que tiene gran relevancia en muchos países y que cada año adoptamos con mayor entusiasmo en Panamá.  Se designó esta fecha para rendir homenaje a esos compañeros necesarios e inseparables, que son fuente de conocimiento, entusiasmo, relajamiento y que curan muchas heridas, los libros.

El 23 de abril de hace 401 años murieron, en diferentes lugares del mundo, el padre de la novela moderna, Miguel de Cervantes, autor de Don Quijote de La Mancha, William Shakeaspere, el escritor más importante de la lengua inglesa, y el Inca Garcilaso de la Vega, el «primer mestizo biológico y espiritual de América», que supo conciliar su herencia americana con la europea.  Gracias a una iniciativa del gobierno español, en 1995 la UNESCO designó este día con el objetivo de rendir tributo universal a los libros y sus autores.

En Cataluña, donde es una verdadera fiesta con que se celebra el Día del Libro, se regala una rosa, y coincide con el día de San Jorge, porque Jorge de Capadocia, primero mártir y después un santo, también murió un 23 de abril  pero del año 303.  Según la leyenda, el caballero Jorge defendió a una princesa contra un dragón  clavándole una espada que lo mató y de la sangre que brotó del cuerpo sin vida del mountruo nació una rosa roja que le ofreció a la princesa.  En las Ramblas es un verdadero carnaval el día del libro y la tradición se mantiene en regalar rosas y libros.

En Alcalá de Henares, lugar del nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, se entrega tradicionalmente el Premio Cervantes, el galardón que otorga el Ministerio de Cultura de España a las propuestas de candidatos que les presenta las Academias de la Lengua de los países de habla hispana.  Si bien nos es el de más cuantía, es muy prestigioso. Fue instituido hace 41 años, y solamente 4 mujeres lo han recibido: María Zambrano, Dulce María Loynaz, Ana María Matute y Elena Poniatowska.  Este año lo recibió el escritor catalán Eduardo Mendoza, célebre por su libro “La verdad del caso Savolta”, “La ciudad de los prodigios” y “Riña de gatos”, con el que ganó el Premio Planeta en el año 2010, entre otros muchos títulos.

Los reyes de España entregaron en una ceremonia muy concurrida y elegante el premio el pasado 20 de abril, revestida de toda la solemnidad que merece celebrar la lengua de Cervantes.  El Rey Felipe VI se refirió al ganador, Eduardo Mendoza, como un “verdadero artesano del lenguaje” y el Ministro de Cultura español le dedicó sendos elogios.  Eduardo Mendoza dijo que había leído el Quijote cuatro veces, la primera por obligación en la escuela y las siguientes por devoción, y en cada ocasión encontró diferentes lecturas.  A quien se le ha llamado el escritor serio más divertido de la literatura española le asaltó la duda de si verdaderamente Don Quijote estaba loco y se respondió, en esa pieza que fue su discurso:   “es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza”. Y añadió con el mismo tono zumbón y melancólico, sin subrayados, que usó durante todo el discurso, bromeando en cada párrafo pero sin anunciar las bromas: “Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo”.

En Panamá celebramos a Cervantes y a Shakeaspere y al Inca Garcilaso.  En años anteriores tanto la Universidad de Panamá, como la Biblioteca Nacional y la Cámara del Libro han organizado lecturas continuadas de El Quijote en estas fechas en años anteriores.  Este año, en el Centro Cultural de España-Casa del Soldado, en las Bóvedas, arrancará la lectura del Quijote por todo el que quiera pasar y recrearse con esta obra esencial y fundamental para nuestra lengua, mañana lunes desde las 9:30 am.  Una hermosa forma de hacer la diferencia hacia los indigentes intelectuales que abundan en este país.

CRISIS ENERGÉTICA Y HUMANA

Por Mariela Sagel, El Siglo, 27 de marzo de 2017

En menos de una semana las ciudades de Panamá y Colón, principalmente, han sufrido de fuertes y prolongados apagones, por diversas causas, una de ellas el incendio de unas plantas de transmisión bajo la responsabilidad de ETESA, el componente estatal de la fórmula de empresas mixtas en que se convirtió al inoperante IRHE hace 20 años.  El primero en salir corriendo de la crisis fue el mismo Gerente de la empresa del estado, alegando diferencias con la Junta Directiva.  Todo apunta que ha habido negligencia, descuido y falta de voluntad en darle un apropiado mantenimiento a las plantas de transmisión, y no se ha respetado la obligada redundancia que hoy día demandan los centros tecnológicos hasta más insípidos.

Entre un apagón y otro, florecieron los guayacanes que de alguna manera anuncian la llegada de la primavera, en un país donde las estaciones no se observan. Las escenas de estos árboles flameantes encandilaban la vista y, aunque pasajera, nos llenaba de júbilo contemplarlos y muchos se colocaban debajo para recibir la lluvia de flores efímeras amarillas que ellos desprendían.

Ocurrió también un hecho lamentable en una pizzería que, por malos entendidos, no dejó entrar a unos jugadores que habían sido invitados a comer allí.  La población se adelantó a condenar la acción discriminatoria y por el abuso a las redes sociales, el restaurante en mención se volvió en una tendencia fuerte, desplazando los acuciantes problemas que enfrenta el país y desenfocándonos de lo importante, reemplazándolo por lo urgente.

Otra de las “panameñadas” que nos tuvo distraídos fue la foto morbosa que circuló en la que reflejaba a Manuel Antonio Noriega entubado en su cama de hospital.  Independientemente del rechazo a su dictadura, no es de humanos regocijarnos por la condición de salud de un ser humano, y mucho menos de su muerte.  El que tomó la foto debió ser uno de los empleados del hospital y existe un código de ética sobre esos temas, que debería ser aplicado.