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EL ESPÍRITU DE NAVIDAD


Por Mariela Sagel, El Siglo, 24 de diciembre de 2018

     A través de los años hemos ido perdiendo el verdadero espíritu de Navidad, que no es otro que celebrar el nacimiento de Jesús. Cuando niña lo más importante que hacíamos en torno a la fecha era el nacimiento, y cada figura significaba algo:  un tributo, un regalo al niño que nacería para salvar al mundo.

     San Nicolás o Santa Claus es el sincretismo que hicimos los cristianos de un personaje que traía regalos a los niños la Nochebuena, basado en la leyenda del antiguo mito solar que acabamos de pasar, el solsticio de invierno.  Personificaba a un obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás, que vivió en Anatolia, como se conoce al Asia Menor, actual Turquía.

     Pero como el consumismo a todo le pone precio, vinieron los muñecos de nieve, las decoraciones de luces y se ha ido degenerando a tal punto el espíritu de Navidad que se desata un delirio por comprar hasta lo que no se necesita.  Si bien es una época en la que es bueno reconocer a los que nos han brindado su amistad y nos han atendido con esmero, los regalos son un simbolismo, igual puede ser una comida, un dulce o cualquier detalle que denote agradecimiento.  En las últimas semanas el tráfico se ha vuelto insoportable (que es mucho decir, ya que de por sí es insoportable), los autos decorados con cuernos de reno (honor al mal gusto) y otras aberraciones nos hacen este tiempo uno del que quisiera pasar alejado.

     Lo otro es la forma de comer desmesurada: lo más fácil que hay en el mundo es subir de peso, pero en este tiempo, con la excusa de que en el nuevo año nos pondremos a dieta, no perdonamos una comida, una copa de ron ponche o un tamal.  Pareciera que todo se resume en eso, comer y consumir.

     Retomemos el espíritu de Navidad como es, celebrando el nacimiento del niño en Belén y olvidando toda la parafernalia que se ha ido creando en torno a él.

VISITA DEL PRESIDENTE CHINO A PANAMÁ

Por Mariela Sagel, El Siglo, 3 de diciembre de 2018

Ayer inició una visita a nuestro país el presidente de la República Popular China, la primera de un mandatario de ese país y después de que Panamá estableciera relaciones diplomáticas con la gran potencia en junio de 2017.

No comprendo cuál es la histeria de la mayoría de los panameños tanto por la visita como por el creciente intercambio de tecnología, comercio y ojalá, temas educativos y culturales con el gigante asiático.  Los chinos llegaron a Panamá desde 1850, para la construcción del ferrocarril y han establecido una comunidad con raíces sólidas e influenciado nuestras costumbres al punto de que la comida china es de las más consumidas en nuestros hogares, así como las tiendas de chino las más populares (y #resuelvelotodo) en nuestros barrios.

Me decía hace unos días el escritor español Javier Sierra, estudioso de los símbolos, que la bandera china (que fue diseñada hace 69 años) tiene cinco estrellas, una grande y cuatro pequeñas, que representaban al continente asiático y al resto de los continentes.  La estrella más grande corresponde a Asia y aunque China no es el único país que está en él, si es un factor importante.  También en ese continente está el país más grande del mundo, en extensión, Rusia.  Hace sentido lo de los símbolos, aunque las interpretaciones que he visto en Wikipedia se refieran a la unión de los pueblos que componen China Popular.

La integración de Panamá a la ruta y franja de la seda es un hecho que ha sido abarcado con rigor por muchos eruditos en la materia, más recientemente por el Dr. Eddie Tapiero en un libro que presentó a inicios de noviembre.  El problema de que China se imponga en Panamá no es que los chinos lo quieran hacer, es que nuestros gobernantes se dejen. Ya vivimos una imposición imperialista gringa desde nuestra separación de Colombia.  Y tuvo que liderar un rescate a ese entreguismo Omar Torrijos.  Demos la bienvenida al presidente y pidamos respeto, el mismo que los chinos se merecen.