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LOS RETOS DE ENERO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 7 de enero 2019

     Pasaron las fiestas de Navidad y de Año Nuevo y ayer celebramos la de Reyes Magos, que en otros países tiene gran relevancia.  Esta semana conmemoramos un año más de la gesta histórica del 9 de enero.  Hace 55 años un grupo pequeño de estudiantes del Instituto Nacional cruzaron la barrera que dividía a la ciudad de la Zona del Canal, a fin de hacer valer un acuerdo que se había firmado un año antes, el que las dos banderas, la estadounidense y la panameña ondearan en los edificios de esa zona, que también era panameña, aunque los gringos lo negaran.

     Los estudiantes de Balboa High School, donde se pretendía hacer efectivo el izamiento de la bandera, estaban enardecidos y recibieron a nuestros muchachos con ofensas y al final, la bandera panameña quedó rota y empezó una lucha dispareja, de chicos con piedras y biombos contra el ejército más poderoso del mundo.  Fueron varios días de enfrentamiento que provocó que nuestro país rompiera relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, primera vez que un país pequeño como el nuestro toma una actitud tan digna.  Hubo un saldo de 22 muertos.

     Pasado el 9 de enero se celebrará en Panamá la Jornada Mundial de la Juventud, un evento multitudinario de la Iglesia Católica que permitirá que varios cientos de miles de peregrinos de otros países vengan a nuestro país, que rematará con la visita del Papa Francisco del 23 al 25 de enero.  Desde ya se siente el peso de la cantidad de visitantes que están llegando.  Hay que mostrar una buena organización además de la mejor cara de la ciudad.  Es un poco incongruente que se esté gastando millones de dólares en una tarima que usará el Papa cuando una de sus características más importantes es la humildad que ha querido aplicar a su vida y sus desplazamientos.  Ojalá que se rindan cuentas oportunamente de todos estos desembolsos.

EL ESPÍRITU DE NAVIDAD


Por Mariela Sagel, El Siglo, 24 de diciembre de 2018

     A través de los años hemos ido perdiendo el verdadero espíritu de Navidad, que no es otro que celebrar el nacimiento de Jesús. Cuando niña lo más importante que hacíamos en torno a la fecha era el nacimiento, y cada figura significaba algo:  un tributo, un regalo al niño que nacería para salvar al mundo.

     San Nicolás o Santa Claus es el sincretismo que hicimos los cristianos de un personaje que traía regalos a los niños la Nochebuena, basado en la leyenda del antiguo mito solar que acabamos de pasar, el solsticio de invierno.  Personificaba a un obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás, que vivió en Anatolia, como se conoce al Asia Menor, actual Turquía.

     Pero como el consumismo a todo le pone precio, vinieron los muñecos de nieve, las decoraciones de luces y se ha ido degenerando a tal punto el espíritu de Navidad que se desata un delirio por comprar hasta lo que no se necesita.  Si bien es una época en la que es bueno reconocer a los que nos han brindado su amistad y nos han atendido con esmero, los regalos son un simbolismo, igual puede ser una comida, un dulce o cualquier detalle que denote agradecimiento.  En las últimas semanas el tráfico se ha vuelto insoportable (que es mucho decir, ya que de por sí es insoportable), los autos decorados con cuernos de reno (honor al mal gusto) y otras aberraciones nos hacen este tiempo uno del que quisiera pasar alejado.

     Lo otro es la forma de comer desmesurada: lo más fácil que hay en el mundo es subir de peso, pero en este tiempo, con la excusa de que en el nuevo año nos pondremos a dieta, no perdonamos una comida, una copa de ron ponche o un tamal.  Pareciera que todo se resume en eso, comer y consumir.

     Retomemos el espíritu de Navidad como es, celebrando el nacimiento del niño en Belén y olvidando toda la parafernalia que se ha ido creando en torno a él.