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Invertir en quimeras

MARIELA SAGEL*

En esta época del año se hacen generalmente buenos propósitos, especialmente para iniciar el próximo con paso seguro e intentando que lo que dejamos de hacer en los doce meses que se están agotando, se logren cumplir en los que están por venir. Claro que en medio de esa catarsis, se nos mete ese pensamiento color rosa (el que señalan los autores Johnson y Learned que hace que las mujeres compren), y es allí donde empieza la ansiedad y la intolerancia.

Para hacernos más fáciles estos treinta días que faltan para que termine el año, sin que pensemos en las villas navideñas que nos harán romper el récord Guinness por los alaridos más estruendosos que habrá ni en las piscinas tan “ cute ” que harán de la Cinta Costera el criadero de Aedes aegypti más grande de, por lo menos, Centro América, propongámonos, aunque sea intentándolo, cultivar una educación ciudadana que debería ir surgiendo de cada uno de los residentes de esta caótica ciudad.

Empecemos por darles paso a los peatones, pero sin gesticular en forma ofensiva. Sigamos dejando a otros conductores entrar a la vía principal, aunque eso signifique que la luz de los semáforos inteligentes cambie y nos quedemos sin cruzar la intersección.

No pitemos sin necesidad, solamente si es muy necesario. Saludemos cuando entramos a un ascensor, a un edificio o a un lugar donde haya personas que ni se inmutan por nuestra presencia.

Seamos más amables de lo que acostumbramos con nuestros semejantes más inmediatos y con los que no son tanto, y practiquemos una cultura de tolerancia.

Panamá tiene un pésimo concepto del servicio y la atención que se debe ofrecer a locales y visitantes. Por eso nuestras vecinitas obtienen los puestos que tienen contacto directo con la gente (y después nos quejamos) y sus paisanos nos abruman con su melosidad desde los centros de llamadas donde empiezan diciendo: “ ¿cómo me le va…?”.

Hace poco regresé de un viaje al extranjero y me tocó llegar a la hora que llegaron varios aviones. A pesar de haber cinco novedosas máquinas de las que escanean el equipaje cuando uno ya ha pasado por los controles de migración, solo una estaba siendo operada en ese momento. La fila era interminable y lo peor de todo era que en cada una de las otras máquinas de última generación había personas de la Dirección de Aduanas, paradas como postes, que no contribuían ni a agilizar la fila y a ponerlas a andar y tenían cara de pocos amigos.

Más recientemente intenté, en dos ocasiones y en dos lugares diferentes, que me lavaran el auto. En esas dos instancias las respuestas fueron invariables: estaba lloviendo. No era válido el hecho que el local que lava autos estuviera bajo techo, o que a mí, la propietaria del vehículo no le importara que estuviera lloviendo, porque yo quería que a mi carro se le quitara la imagen que tenía que parecía que hubiera venido por tierra a través del tapón del Darién: no, estaba lloviendo por eso ellos, los lavaautos, no trabajaban. Y así queremos posicionarnos como un destino turístico, queremos que vengan a ver las sonrisas gratis que ahora se están convirtiendo en mueca y queremos que solamente se contraten a nacionales de pura cepa para los puestos donde la atención y la amabilidad son la tónica que marca la calidad del servicio que ofrecemos.

Vamos a intentar, por lo que queda del año, elevar la forma en que nos comportamos con los demás, y así dar ejemplos de educación –ya no digo de cultura, porque enseguida la gente se escalda— y de tolerancia para que la presión por cumplir con las metas que nos habíamos trazado no nos impida dar la mejor imagen de nosotros, aunque eso signifique darle paso a un peatón, a un “ diablo rojo ” o a una de esas cucarachitas amarillas que siempre dicen “ no voy ”.

Cuando la inteligencia se vuelve bruta

MARIELA SAGEL*The fate of women

La semana pasada la ciudad se volvió un caos por la puesta en ejecución de los semáforos llamados “inteligentes” y que crearon más tranques en la ya de por sí congestionada ciudad de Panamá. La verdad es que entiendo que este proyecto viene no solo desde el gobierno anterior, sino desde inicios del 2000, cuando se iba a combinar los semáforos con las licencias. Por falta de acuciosidad o de interés no puedo juzgar y señalar culpables en todo este enredo, pero definitivamente que a los ojos de la población, los semáforos ni siquiera intentaron llegar a ser medianamente efectivos.

En fecha próxima se celebrará el Día de la No Violencia contra la Mujer y son muchas las voces que se alzan y estarán alzadas escribiendo y opinando sobre este mal, que va en aumento y que tiene ya visos de convertirse en una profesión que practican no solo compañeros entre parejas, sino patrones contra sus empleadas, gremios contra planteamientos de género y muchas otras variantes.

Pero lo más alarmante de esta brutalidad contra las mujeres es que no tiene relación con el nivel de educación que tenga un país o determinada población. Leía en el primer libro de Stieg Larsson que en Suecia, el 46% de las mujeres es o ha sido maltratado y vimos cómo las dos protagonistas principales fueron ferozmente avasalladas por varios medios machistas y acosadas hasta casi la demencia (en una novela de ficción) y en la vida real la compañera del escritor es tristemente vapuleada por los parientes cercanos al no permitírsele el acceso a percibir un beneficio económico que ha producido el éxito literario del autor.

Las estadísticas panameñas dicen que en lo que va del año 68 mujeres han muerto víctimas de violencia doméstica. Pero esas estadísticas no muestran la violencia solapada y soslayada que se practica a diario contra el género femenino y que afecta, sobre todo, la autoestima y denigra moral y espiritualmente a muchas mujeres. Tomemos en cuenta nada más las “ remociones ” recientes de la directora del Tránsito y de la vicealcaldesa, para que notemos una velada discriminación que no se acepta, pero se practica en todos los niveles de la sociedad. A esto se suma la abierta negativa de ofrecerle a mujeres de cierta edad, que están en su mejor etapa de vida, cuando ya la maternidad y las hormonas las dejan de condicionar, acceder a puestos de importancia, porque prevalece lo de “ buena presencia ” y menores de 35 años o les faltan aquellas que llevan directo “ al paraíso ”.

No quiero dejar de expresar en este breve espacio mi respaldo a la señora Méndez, como en su momento lo hice con la procuradora Gómez. La conozco, además de personalmente, por la excelente trayectoria que ha tenido al frente de Casa Esperanza desde donde, sin prestarse a un “ ridicullity show ”, hizo un trabajo encomiable y estoy segura de que lo seguirá haciendo ahora que no tiene que estar atajando metidas de pata.

La violencia contra las mujeres no debe señalarse solo en el plano físico y emocional, debe denunciarse por igual en todos los campos y a todos los niveles y su condena no debe encasillarse en un solo día, debe practicarse a lo largo de los 365 días del año y nosotras exigir el respeto y consideración que nos merecemos a todo nivel.