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Lo que hemos aprendido de la pandemia

El Siglo de Panamá, 28 de septiembre de 2020

Por Mariela Sagel

Cada uno debería hacer un balance de lo positivo que ha sido estar confinados por tanto tiempo en las cuatro paredes del hogar

Pareciera que el confinamiento en Panamá está llegando a su final, con la apertura de varios bloques que le permiten a la población salir con más libertad a hacer sus compras y, sobre todo, a aliviar la carga económica que esto ha representado, volviendo la mayoría a sus labores. Cada uno debería hacer un balance de lo positivo que ha sido estar confinados por tanto tiempo en las cuatro paredes del hogar. 

Los que vivimos solos puede haber sido privarnos de la compañía de seres queridos, que hemos aprendido a valorar como nunca y los que no, de repente se han dado cuenta que la convivencia se les hace insoportable.  A saber, cuántos divorcios habrá en los próximos meses. En lo personal pude, en los meses de confinamiento, aprovecharlos al máximo para hacer lo que llamamos “policía” de montones de cosas que, con el tiempo, se fueron acumulando en mi casa, así como me entregué a las tareas domésticas, que me eran ajenas pues siempre he tenido ayuda. 

Me hice una rutina de limpieza de la casa, lavandería, jardinería y, sobre todo, cocina, que hasta llegué a disfrutar.  Mejoré mis habilidades culinarias y, sobre todo, fui solidaria con los que se quedaron sin trabajo, como el billetero del barrio, o el canillita que vende periódicos. 

Tuve tiempo para leer más que nunca, para ver series, para llamar a mis amigos, para empacar todos los peroles que me traje a Turquía y, sobre todo, valorar el premio de la amistad y solidaridad con amigos y familiares. 

También aprendí nuevas destrezas, en el campo informático y saqué de mi vida (o de mi Facebook) personas tóxicas que no saben abrir la boca para decir algo bueno sino para expresar algo malo. 

Las lecciones han sido muy duras, para todos, pero lo mejor que hemos podido hacer es tomarlas como enseñanzas que la vida nos puso enfrente para que no olvidemos lo mucho que tenemos y lo poco que necesitamos. 

Aprendiendo de las buenas prácticas

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 30 de agosto de 2020

La noticia que sacudió a Turquía el pasado 21 de agosto fue el hallazgo de un depósito de gas natural en el Mar Negro de proporciones tan impresionantes que permitirá al antiguo Imperio otomano convertirse en una potencia en este campo a la vez que mejorará su balanza de importaciones del rubro de países como Rusia, Irán y Azerbaiyán. No es poca cosa, pues la nación había dependido de estos suministros y ahora podrá disfrutar del usufructo de sus recursos, especialmente en beneficio de una población tan numerosa como avanzada, en todos los campos, especialmente el tecnológico, turístico y científico.

Interesante también es la forma en que este país ha manejado la pandemia que azota al mundo, la de la COVID-19, que tiene a la mayoría de los países arrodillados. Desde el mes de junio Turquía volvió a la normalidad y en sus calles lo único que notas es que la gente lleva mascarillas y hay dispensadores de alcohol por todos lados. En algunas tiendas no puedes entrar, pero te despachan desde dentro y en otras no puedes probarte la mercancía, pero te dan 60 días para devolverla en caso de que no te quede (en rubros como ropa). Todo lo demás funciona casi normal, con una exigencia de distanciamiento físico en transportes, restaurantes, y otros sitios donde se congrega mucha gente. El no uso de la mascarilla es sancionado por ley.

Evaluando las cifras que arrojan a diario los nuevos contagios y comparando con la cantidad de población que existe, se puede apreciar que el país y sus instituciones tomaron muy temprano control del virus y lo bloquearon parcialmente. El turismo, que aporta 16 % al PIB del país, ha decaído no tanto por la situación de aparente normalidad que aquí se aprecia, sino por las restricciones que imponen otros países a sus ciudadanos a viajar. Y aún así hay mucha actividad en este verano que ya casi termina.

La tasa de letalidad anda por el 2.7 y el total de casos alcanza 260 mil. Los muertos apenas seis (6) mil y se han aplicado a la fecha más de seis (6) millones de pruebas. Turquía tiene una población de alrededor de 82 millones de habitantes.

Intrigada en qué habían hecho bien para que estén tan bien, y valga la redundancia, además de estadísticas y análisis que revisé, conversé con un alto funcionario de la Cancillería turca que me manifestó que el Gobierno ha invertido mucho en el sistema de salud en los últimos años, lo que le ha permitido enfrentar el virus de manera frontal y sin improvisaciones o adaptaciones de estructuras para que sirvieran de hospitales. Su capacidad hospitalaria nunca ha alcanzado ni el 75 % de ocupación. Eso, aunado a una fuerte inversión en educación, para que la gente entendiera que no eran medidas coercitivas, sino preventivas, permitió que se controlaran a tiempo los contagios. En estos días han impuesto medidas como la prohibición a los mayores de 65 años de asistir a bodas o eventos sociales similares, por un leve rebrote. Se espera que, como en todos los países, haya una nueva oleada de contagios por la prueba de fuego que representa la reapertura de los colegios, en el mes de septiembre. El cierre de las fronteras con los países vecinos, especialmente Siria e Irán en el mismo momento que se declaró la pandemia, representó una ventaja para el control de la misma.

Algo que ha mostrado la larguísima cuarentena que se observa en Panamá, que se ha ido relajando poco a poco por la presión económica que representa la paralización de sus actividades, es que nuestros sistemas de salud no están ni sincronizados ni son robustos, por el contrario, son tremendamente frágiles. Eso, aunado al abandono que tuvieron los Gobiernos anteriores a las estructuras sanitarias y la capacitación de personal ha producido un choque brutal, del que no logramos reponernos. También la educación juega un papel relevante, toda vez que la compresión y observación de todos los residentes del país a las reglamentaciones que impone el Gobierno solamente pueden ser adoptadas por una población disciplinada y eso únicamente se obtiene en una sociedad educada. Debemos aprender de las cosas buenas que hacen los países que han no vencido, sino controlado el desborde de la pandemia.