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TODO UN DESPROPÓSITO

Por Mariela Sagel, 15 de junio de 2020, El Siglo de Panamá

     En medio de todo el estrés que está causando el confinamiento y las medidas restrictivas impuestas por la pandemia que recorre al mundo, a un grupo de dueños de centros comerciales se les ha ocurrido la peregrina idea de solicitar que se cambie la celebración del Día del Padre.  La verdad es que se ven cosas ridículas en Panamá, pero como ésta, pocos la superan.

     La intención de esta medida es para beneficiar las tiendas y que le compremos a los padres regalos, que muchas veces no significan nada y se hacen por compromiso.  Muchas tiendas donde se le puede escoger un regalo al padre, esposo, hijo, nieto, venden en línea, por lo que de hacerse con un regalo no es el problema. El tema aquí es pretextar una acción encomiable para que las personas se vuelquen a los centros comerciales.

     Si bien la rueda de la economía debe activarse cuanto antes, después de tres meses de parálisis, hay negocios que no han dejado de facturar y se han reinventado para mantener un mínimo de actividad comercial.  A los padres se les debe regalar cosas útiles, como herramientas de ferretería y ésas se pueden comprar en línea.

     El día del padre se celebra en días diferentes en varios países.  Solo en 70 es el tercer domingo de junio.  En España, Italia, Liechtenstein, Portugal, Honduras y Bolivia es el 19 de marzo, fiesta de San José. Rumania y Corea lo celebran en mayo, y en Dinamarca, Salvador, Guatemala, Nicaragua, Uganda y Vietnam, así como Lituania, Austria y Bélgica otros días de junio que no son el tercer domingo del mes.

     Ya pasamos una semana santa en confinamiento y un día del trabajo sin mayores problemas.  Debemos dejar a un lado el afán consumista y centrarnos en el verdadero significado de una celebración.  Total, al final serán montones de mensajes de WhatsApp, Facebook, Twitter e Instagram, además de otras redes, lo importante debe ser que se felicite al que sea papá.

VOLVIENDO A LA ANORMALIDAD

Por Mariela Sagel, 8 de junio de 2020, El Siglo

     El gozo no duró mucho, ni una semana.  El sábado nos volvieron al estricto confinamiento por género y horario en las áreas de Panamá y Panamá Oeste.  Como me dijo alguien, tres pa’lante y dos pa’atrás, igual que en las procesiones de Viernes Santo.

     No me sorprende.  Durante la semana en la que gozamos de la desescalada total la gente salía sin ir a ningún lado.  No entiendo si la mayoría del comercio está cerrado, a dónde se dirigía.  Los tranques en la carretera al interior fueron insoportables.  Entiendo que mucha gente necesita volver a los lugares donde trabajan o donde residen sus familiares, pero una gran mayoría lo hacía para acudir a las playas, para reunirse con amistades, para festejar. Ahora mismo no hay nada que festejar porque no hemos ganado la guerra.  Lo único que debemos hacer es colaborar para que se detenga este virus maldito, que ha atacado al mundo entero.  Y la colaboración empieza por no salir si no es necesario, por usar mascarilla y lavarnos las manos con más frecuencia.  Son mecanismos sencillos, baratos y accesibles a todos, sin distingo de clase o condición económica.

     No se trata de una conspiración de los poderes económicos mundiales, como la “conspirofobia” que se ha desatado entre algunos holgazanes.  Aprovechen su tiempo en aprender nuevas destrezas, ordenar cosas pospuestas, leer, reinventarnos.  Es sencillo y no hay que caer en la desesperación.  Si bien el tema económico es crucial y parte de la ansiedad que nos corroe, debemos evaluar qué vida tendremos si enfermamos o la vida que le dejaremos a nuestros familiares si morimos.   

     Como leí en muros de algunos marisabidillos que son expertos de la boca para afuera, hay improvisación desacertada en la vuelta al confinamiento.  Todo lo contrario.  Fueron cifras frías y crueles las que llevaron a esta penosa decisión.  Colaboremos todos a salir pronto de esta situación inédita, que no solo se da en Panamá sino en muchos otros países que han vuelto a tomar medidas al haber un rebrote o empeoramiento de los casos.