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ESCÁNDALO TRAS ESCÁDALO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 30 de julio de 2017

     El país se hunde cada vez más en escándalos de corrupción que no tienen parangón con lo que se ha visto en años anteriores.  No es que el asunto sea nuevo, es que se ha llevado a niveles insostenibles, intolerantes y hace falta una acción ciudadana para poner un alto, develar todos los involucrados y proceder con los procesos que pareciera que han quedado en el limbo.

Las revelaciones de un abogado brasileño en Madrid no han venido sino a confirmar lo que era un secreto a voces entre los que nos preocupamos por el país.  Ponerlo en tela de dudas y querer matar el mensajero al no poder matar el mensaje es irresponsable y hace cómplices a los que lo practican.  Más de uno ha mostrado que de alguna manera ha sido aceitado por algún contrarito o asesoría y ha salido lanza en ristre a desacreditar lo expresado o señalado por el diario El País.

El jueves pasado amanecimos con una noticia sorprendente y la misma fue opacada esa tarde por las revelaciones que aparecerían en el diario español al día siguiente. Ese mismo día la encuestadora Dichter y Neira daba a conocer su último sondeo y la popularidad del presidente, su gabinete, las instituciones y hasta la alcaldía van en “caída libre”, faltando dos años para que se termine este período de gobierno.

Pensar que el señor Tacla ha sido empujado a declarar todo lo dicho por el preso de Miami no es desacertado pero es una media verdad.  El eximirlo u obviar mencionarlo taxativamente puede haber sido una labor de su equipo de abogados –del que entiendo han ido saliendo algunos que lo conformaban— como parte de una estrategia, pero eso no lo libra de haber estado al frente de los chanchullos que se hicieron en el gobierno anterior.

Los ciudadanos debemos exigir que se conforme una comisión investigadora independiente que dilucide todo lo tocado por Odebrecht cuanto antes.

Y MIENTRAS TANTO…

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, edición de fin de semana, 21 de julio de 2017

Ya ha pasado una semana desde que la señora Canciller envió una carta servil y alejada de la diplomacia a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y no se conoce que le hayan dado respuestas o “instrucciones” como ella pedía.  Lo hizo el mismo día en que se vencía la licencia de operaciones de La Estrella y El Siglo.  En enero, cuando la poderosa (e invisible) OFAC extendió la licencia, tanto el presidente, la canciller y el titiritero de ambos corrieron a vanagloriarse del logro obtenido. De igual forma, se remitió el lunes una carta pública al gobierno estadounidense, con la firma de figuras prominentes (entre los que están la ex Presidenta de Panama y del Partido Panameñista, el ex canciller y el ex vice presidente durante esa gestión) y continuamos en la espera.  La canciller, por su rango de Vicepresidenta, debió dirigirse a su homólogo.  Hacerlo de la forma en que lo hizo degrada la majestad de su cargo.  De repente por eso ni le paran bolas.

Aquí no se puede aplicar el dicho de “el que espera lo mucho espera lo poco” porque este gobierno ya casi es del pasado y lo que no se ha hecho o empezado, ya no se hará.  Tres años de gestión que no han representado ningún avance para la mayoría del “pueblo primero”, como era su slogan.  Un logro diplomático ha sido el establecimiento de las relaciones de Panamá con China, pero eso cuánta gente lo comprende o le importa es muy difícil de precisar.  Y eso después de sendas metidas de pata en el ámbito de las relaciones exteriores.

Desde principios de junio se está a la espera de la lista de las personas y empresas que recibieron coimas de la constructora brasileña Odebrecht y tal parece que esa lista está recibiendo plazos de extensión tan caprichosos como los que ha vivido el grupo GESE.  En la República Dominicana se han realizado marchas multitudinarias en reclamo por este mismo tema y nosotros como que somos impermeables o nos da lo mismo.  Tampoco se conoce nada adicional del caso que causó la investigación de los #PanamaPapers y el abogado que quería trascender como escritor (al estilo de García Márquez) está calladito por Twitter y sin celebrar con dulce de Momi, como alardeaba.

En el caso de Uber, la plataforma de transporte particular que tiene a todos los conductores de taxi de cabeza, ha habido protestas en su contra, pero el servicio de taxis particulares no mejora: siguen manejando en forma desordenada, no tienen taxímetro, meten a cuantas personas quieren en una sola carrera, siguen con el “no voy” que es tan frustrante para los que dependen de ellos y cobran lo que les da la gana.  Uber también ha relajado sus reglas y en los últimos tiempos no cumplen con los plazos, ha entrado una gran cantidad de extranjeros que ni conocen las calles de esta ciudad sin nomenclatura y me ha tocado conductores que ni español hablan.  Desde que Uber se instaló en Panamá ha sido una alternativa confiable para salidas a lugares donde no hay dónde estacionarse, no hay servicio de valet parking o es inseguro dejar el carro en los alrededores.  En otras ciudades, donde es permitido, la policía bajo el mandato del Ministerio de Transporte, ejerce una férrea vigilancia para que se respete al taxi concesionado.  Y en las ciudades donde no están, por ley, el servicio particular es efectivo y muy confiable.  Debe esclarecerse de una vez por todas la zona gris en la que cohabita esta plataforma para saber de quién es la responsabilidad y decisión final para que todos sean legales.

Y así seguimos, pasando los días, de sobresalto en sobresalto, sin exigir y ponerle un plazo para que se cumpla lo que se ha prometido o a lo que se han comprometido.  El único que tiene algo seguro, con fecha de plazo es el preso engrilletado de Miami, cuya audiencia fue fijada para el 3 de agosto, después de ingentes ofertas y contraofertas de fianzas que han presentado sus abogados, como si se tratara de una bolsa de valores o una subasta pública.  No me puedo imaginar lo que pensaran estos jueces de un ex presidente panameño que quiere comprar sus juicios.