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YA NO QUEDAN MIL Y UNA NOCHES

Por Mariela Sagel, La Estrella, 10 de noviembre de 2017

Hace dos años el famoso escritor Salman Rushdie, sobre el que pesa una “fatwa” (condena a muerte) por haber publicado un libro que los ayatolas consideraron blasfemo contra la figura de Mahoma (“Versos satánicos”) publicó una novela titulada “Dos años, ocho meses y veintiocho noches” que, haciendo las matemáticas, suman mil y una noches.  Ésta, a su vez, “Mil y una noches”, es el título de una conocida recopilación medieval en lengua árabe de cuentos tradicionales del Oriente Medio, que tiene como protagonista principal a la inmortal Scheherezade, pero que también incluye historias como “Aladino y la lámpara”, “Los viajes de Simbad el marino” o “Alí Babá y los cuarenta ladrones”.  Es muy común que se usen estos títulos para enmarcar algunas situaciones que se dan en la vida cotidiana, por eso, esperando a que la audiencia que se realiza en la Corte Suprema de Justicia, sala de casación, arroje algo de luz al túnel oscuro de los casos de corrupción en que incurrió la empresa Odebrecht, trato de resumir lo que le queda a este gobierno para cumplir con todo lo que prometió en la campaña electoral.

Al presidente Varela y su gobierno no le quedan dos años, ocho meses y veintiocho noches.  Le queda mucho menos y no creo que pueda enderezar el barco porque pronto empieza la carrera electoral y sus funcionarios, inmersos en querer reelegirse, sea por el voto o por soñar que el partido panameñista tiene chance de repetir, no ha sabido encontrar una ruta para llegar al país que todos esperamos se edifique para beneficio de la mayoría de la población.

No le ha sido fácil, desde todo punto de vista, porque además de estar inmerso en la persecución de los desafueros de la administración anterior, de la que formó parte por 26 meses, y que se robó hasta la forma de caminar de la nación y embarró la imagen del país, ha tenido que enfrentar todo tipo de escándalos de resonancia mundial, entre ellos los Panamá Papers y las coimas de Odebrecht, constructora a quien premiaron por su delación anticipada permitiéndole que siga obteniendo contratos mediante licitaciones, lo cual resulta muy sospechoso.

Nunca supimos los resultados del informe que presentó la flamante comisión que, a costas muy altas, se formó para limpiar la imagen de Panamá después de la publicación de los #PanamaPapers, la misma de la que sus más conspicuos integrantes se fueron bajando rápidamente, aduciendo que no veían la voluntad del gobierno de hacer los correctivos por ellos sugeridos.  Ya casi le pisa los pies otro nuevo escándalo, los Paradise Paper, y aquí, no ha pasado nada.

Ha tenido logros indiscutibles al establecer las relaciones con la República Popular China y la celebración de la Cumbre Iberoamericana, que escenificó el primer contacto entre Estados Unidos y Cuba (2015) pero no ha sabido defender nuestros derechos soberanos como país, especialmente en el caso de la Lista Clinton y todo el vía crucis que padecieron los medios aglutinados en el Grupo Editorial GESE, al que pertenece este diario.

Sigue prometiendo la restauración de la Casa Wilcox en Colón, y después de tres años, no se sabe qué se va a hacer de este icónico edificio, que le sirvió de marco el día de su toma de posesión, a la sombra de un patrón (suena a parodia de la canción de Ana Belén, “A la sombra de un león”, compuesta por Joaquín Sabina).

Los temas sociales sensitivos no están en la agenda de lo importante y lo urgente, como son la educación, salud y seguridad, y se hace una gran inversión en la participación del equipo de Panamá en el campeonato mundial de fútbol el otro año, y la realización de la Jornada Mundial de la Juventud en enero de 2019 en nuestra capital.  Seguramente apuntan a que esos dos eventos les garantizarán votos para una reelección del partido en los comicios de mayo de 2019.

No sé qué hace la Secretaría de Metas, si monitorea la ejecución correcta del presupuesto aprobado (con recortes sensitivos hasta en la administración de justicia, entre otros) pero Indesa hace más monitorizando cómo se invierte el dinero en cada institución, en forma periódica, para Telemetro.

Parodiando algunos relatos de “Mil y una noches”, este gobierno no se le ha aparecido la “Aladino y su lámpara” y seguro que se parece más a “Ali Baba y los cuarenta ladrones”.  Seguiremos esperando las revelaciones de Odebrecht.

 

 

EL PRECIO DE LA CORRUPCIÓN

Por Mariela Sagel, El Siglo, 6 de noviembre de 2017

En estos días en que ha aflorado el fervor patriótico, demostrado en siembra de banderas, poemas, videoclips, memes alusivos a las efemérides que estamos celebrando, se hizo viral un video en el que se ve a unos niños de un olvidado pueblo de Darién marchando descalzos, contagiados de esa misma pasión patriota.  No solamente estaban descalzos, sino que marchaban sobre ríos de lodo, que son sus carreteras o vías de acceso, con alguna pendiente que hace más difícil el ascenso, pero con igual entusiasmo.

En contraposición a eso, el 3 de noviembre todo el mundo vio que, al abanderado de ese día, el futbolista Román Torres, a quien se le acredita el gol que catapultó a la selección de Panamá para ir al Mundial de Fútbol, lo traían desde Estados Unidos en avión privado, junto con su familia, para que pudiera estar en el desfile.

No está claro de quién es el avión en que viajó, pero si no es del estado, seguramente es de alguien muy allegado a uno de sus miembros más conspicuos, que se beneficia de estar muy cerca del poder.

La corrupción, vale la pena insistir, no es algo que se ve a primera vista, sino lo que se deja de hacer en las comunidades que más necesidades tienen, cuando los medicamentos están escandalosamente caros, o cuando los centros de salud no tienen ni implementos para curar una herida.  Es el germen que crea estas desproporciones, lo que a muchos les falta, a pocos les sobra.

Román Torres tiene todo el derecho a ser abanderado como muchos otros panameños que le han dado lustre a Panamá, no solo con patadas sino con textos, canciones, experimentos científicos o méritos académicos, poemas, libros o filmes.  Y los niños que van a escuelas donde no hay donde sentarse y no tienen ni para la merienda también lo tienen, puesto que son igualmente panameños.  Así es que se entiende que en un país que lidera los índices de crecimiento, la desigualdad sea muy grande.