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SENTADOS SOBRE UN POLVORÍN

Por Mariela Sagel, El Siglo, 23 de abril de 2018

Los recientes acontecimientos en Nicaragua, donde las protestas por el cambio en el sistema de pensiones en la institución de seguridad social han llevado a la población a alzarse, y donde se han producido casos de violencia, debe hacernos reflexionar sobre los señalamientos de un presunto desfalco en la Caja de Seguro Social.

Nuestra institución de seguridad social es quizás la única esperanza que tienen muchos panameños de tener algo seguro en vida, pues garantiza a los que han cotizado una jubilación, aunque magra, pero una pensión que al fin y al cabo será el sustento que tendremos seguro.  De igual forma, al cotizar en ella, estamos comprando por adelantado la atención médica que está supuesta a brindar, si bien deficiente y con muchas limitaciones, es la única alternativa que muchos panameños tienen para el resto de sus existencias.

El gobierno nacional debe enfrentar con determinación todas estas acusaciones, haciendo las auditorías necesarias, pero a tiempo y pronto, porque la dilatación de éstas conduce a la pérdida de esperanza, de credibilidad y al desánimo, sentimientos que están a flor de piel actualmente por todo lo que hemos pasado en estos últimos 9 años.  Es inaceptable que la Contraloría no haga su trabajo en forma puntual, como debe hacerlo.  Ahora está auditando donaciones legislativas de períodos anteriores.  Cuando llegue al actual, ya habrá cambiado el gobierno y “a Rey muerto, Rey puesto”, como dice el refrán.

Es inadmisible esta laxitud de parte del gobierno, sea el central, la Contraloría y la misma institución, en investigar y cortar de raíz algo que se produce gracias a la forma corrupta en que se comportan los funcionarios.  El ejemplo del hermano pueblo de Nicaragua debe servirnos para emprender cuanto antes una campaña de exigir una rendición de cuentas a quienes sean responsables y que se aclare todo el caso de la manera más transparente.

EN LO QUE HEMOS QUEDADO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 26 de marzo de 2018

No contento con habernos dicho ñañecos, creadores de crisis y mentecatos (como si supieran qué significa o fueran académicos de la lengua), ahora resulta que somos marginales.

Quien no tenga una piscina de cemento en su casa o departamento, y tenga las piscinas inflables que son el regocijo de tantas familias de escasos recursos, que disfrutan los fines de semanas ofreciéndoles a sus hijos unos ratos de esparcimiento mientras los mejores dotados (o remunerados) van al mall, son los causantes de la falta de agua en la mayoría de las barriadas de la ciudad capital.

La misma ciudad capital de la cual se regodea el lamentable ministro de Economía, que es la que más crece en América Latina, tiene a sus pies barriadas “marginales”, las que señaló el desafortunado director del Instituto de Acueductos y Alcantarillados (IDAAN), a quienes responsabilizó de desperdiciar el agua potable que se usa en la ciudad.

Lo que este improvisado y “mentecato” director no dice es que la mayoría de los potentados de esta ciudad tienen piscinas de cemento que consumen galones de agua que no utilizan sino de vez en cuando, y que esa agua sí es desperdiciada, porque ni siquiera sirve de esparcimiento para los “privilegiados de la tierra”.  Alguien debería asesorar a los funcionarios en los temas que deben tratar y la forma en que lo deben hacer.  Si bien es cierto es mucho pedir a los arnulfistas que, de la mollera, como he dicho ya repetidas veces, no tienen mucho, por lo menos sus asesores podrían hacer un mejor papel.

Pero eso es pedir peras al olmo, como dice el refrán.  Meten la pata y la siguen metiendo, no importa las veces que lo hagan, no aprenden. Por eso es por lo que nadie serio les acepta el cargo ni nadie serio quisiera ver en su currículo que fue miembro de un gobierno arnulfista o varelista, que es peor, porque al lado de éste, el de Mireya fue de estadista.