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PROMESAS INCUMPLIDAS

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 22 de diciembre de 2017

El título de este artículo lo tomé prestado del último libro del filósofo español, Javier Moscoso, que en el año 2016 presentó en Panamá su “Historia Cultural del dolor”.  Y calza muy bien con la desazón que estamos viviendo frente a las designaciones para magistradas que ha hecho el Órgano Ejecutivo y todas las promesas que hicieron en campaña los actuales gobernantes, la mayoría de las cuales ni remotamente han cumplido.

Empecemos por lo básico: la constituyente. La gente que votó a Varela se comió el cuento de que emprendería el urgente proceso de reformar la constitución y en lo que va de su gestión, se ha ido zafando de esa responsabilidad, aduciendo mentiras baladíes.  Otro de sus pregones ante los cuales más de un independiente o miembro de otro partido cayó fue el de la transparencia.  A la fecha, el manejo que se le ha dado al caso Odebrecht revela no solo que no darán a conocer ni los nombres ni las empresas que recibieron coimas (para ellos son donaciones) sino que justifican las mismas como apoyos al funcionamiento de su partido.  Llama la atención que algunos de esos dineros llegaron en fechas que no coinciden con la campaña electoral.  Y tanto el municipio como el gobierno central siguen dándole contratos a la constructora brasileña, que seguramente tiene problemas para operar ahora que se ha destapado todo el escándalo de corrupción a nivel regional y se le han congelado sus cuentas.

Igual pasó con el antiguo PAN que, en vez de cerrarlo, como prometido, le cambiaron el nombre y quién sabe cómo se está manejando.  Si Martinelli hizo las cosas que quiso de la manera más burda, este presidente las está haciendo de todas maneras, hasta con cierto cinismo.  En la última designación de magistrados, a pesar del compromiso que supuestamente tiene con algunos grupos que todavía le creen, se sacó a dos ilustres desconocidos de la manga y lo primero que ellos hicieron fue reelegir al impresentable presidente de la Corte Suprema de Justicia, que pasa más tiempo viajando y recibiendo inmerecidos premios que aquí, donde la gente lo abuchea donde va.

Ahora designa a dos damas de indudable capacidad, pero a las que no les hace ningún favor escogiéndolas porque tienen conflictos de intereses: la señora Tovar de Zarak, a la que no conozco pero que seguramente es una persona que prestigiará el Palacio Gil Ponce –que tanto lo necesita— puede que sea una magnífica selección, pero el hecho de estar casada con quien todavía es el vice ministro de Economía la pone en una posición de descalificación. La señora Moore, que tanto protagonismo ha tenido en los casos de corrupción, de ser ratificada, dejaría la puerta abierta a la impunidad del escándalo Odebrecht, ya que tendría que abstenerse de lidiar con los casos cuando llegan –si es que llegan—a la CSJ.

Me duele que el presidente utilice a dos damas en esta farsa y las eche al fuego para que se quemen, ya sea que lleguen a ser magistradas o no.  Seguramente no haría lo mismo con los hombres.  Pero lo más deleznable han sido los duelos por Twitter que han protagonizado el jefe de la cartera de Economía, su aún vice ministro y esposo de la señora Zarak y para colmo, los que creen que “o ellos o nada” tienen la verdad (según les convenga), que han hecho uso de acusaciones temerarias contra los que de una manera u otra criticamos esta desacertada designación para la Corte de la injusticia.  A muchos se les ha contagiado la logorrea tuitera de quien fue su aliado y hoy ve pasar los días en una cárcel de Miami.

Quien miente no quiere recordar, quien incumple sus promesas busca que los demás olviden, quien deshonra sus acuerdos persigue reconstruir el pasado de modo que el eco de sus viejas palabras caiga en la indiferencia.  Si la memoria prevalece, la historia de la deslealtad se confundirá con la historia de la locura” dice Javier Moscoso en su libro.  No dejemos que en esta ocasión el Ejecutivo se salga con la suya.  Si llega a burlarse una vez más del pueblo al que prometió servir, debemos estar dispuestos a salir a la calle a manifestarnos enérgicamente.  No hemos aprendido nada después de 28 años que nos invadieron los gringos en forma injusta y temeraria. Por eso no tenemos derecho a olvidar.

 

 

ASALTO NAVIDEÑO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 8 de diciembre de 2017

El título de este artículo evoca una canción que se hizo famosa en 1970 por el ya desaparecido cantante puertorriqueño Héctor Lavoe, que la estrenó en las fiestas navideñas de ese año con Willie Colón, y se convirtió en el álbum más vendido de la historia de la música latina con tema navideño. Y en Panamá, desde hace unos años, las empresas e instituciones internacionales acostumbran perpetuar un “asalto navideño” al país, y las mismas autoridades también lo hacen, disfrazados del populismo que han abrazado como método de gestión.

Todos recordarán que durante varios años la empresa Sacyr, contratista de la expansión del Canal de Panamá, nos regalaba unos alcances, paralización de obras y sobrecostos como regalo del Niño Dios.  A pesar del pusilánime llamado que hizo el presidente Juan Carlos Varela el año pasado, que dejáramos los temas importantes para después de las fiestas de fin de año para que nada las enturbiara, siguen lloviendo las malas noticias.  No han valido las entregas de los CEPADEM, de casas en Colón o la celebración de licitaciones de infraestructuras, nada logra disipar el tupido velo que tiene que ver con Odebrecht, con Blue Apple y con muchos de los escándalos que, como una pelota de fútbol se la pasan de un lado de otro. Y la Procuradora ni se entera, no da cuentas, no avanza en las investigaciones que todo el país espera que ofrezca.

Para rematar el ambiente enrarecido, dos de los directores de la Junta Directiva del Canal de Panamá, que debería (como en años anteriores) estar conformada por un grupo de notables en diferentes disciplinas –aunque la única mujer que actualmente funge como directora es de cuestionables ejecutorias, sin que necesariamente sean méritos profesionales o académicos — están señalados en un escándalo de los muchos que escenifica este gobierno, incluso con alertas de Interpol para su captura, y el presidente se excusa diciendo que estará “evaluando” si se los remueve.  Se sabe que los dos, Corcione y Mizrachi han incumplido con sus funciones, ausentándose más de lo permitido, por lo que la decisión no debería tomar mucho tiempo para el jefe del ejecutivo que como dice su nombre, debe ser “ejecutivo”, no un pinche burócrata que todo lo demora.

También se anuncia que a partir del 15 de diciembre el presidente va a decidir a quién nombra en la Corte Suprema de Justicia, y todos recordamos lo que ocurrió la última vez que designó a dos ilustres desconocidos y con abiertos lazos con el poder: reeligieron al deleznable magistrado que había sido premiado por el ex presidente Martinelli con la magistratura cuando le sirvió como un fiel peón tanto desde la Fiscalía contra la delincuencia organizada como desde la Procuraduría General de la Nación.  Nada nos garantiza que, otra vez, el presidente se burle de los que todavía suspiran de que vaya a cumplir su palabra, la que no ha honrado a lo largo de su mandato.

Para rematar, la Unión Europea nos pone en la peor de las listas, al lado de países que uno no sabe ni dónde están ubicados en el globo terráqueo, como poco colaboradores en el lavado de dinero y otras yerbas.  La cancillería, en esta ocasión, se desboca en defenderse y protestar, lo que no hizo cuando nos golpearon con los Panama Papers ni cuando por capricho de un par de burócratas gringos, metieron en la infame Lista Clinton a las empresas de la familia Waked, logrando quebrarlas, rematarlas y doblegarlas. Cuando se dieron cuenta de que no podían comprobar nada, se erigieron en defensores de la libertad de expresión, sacando los periódicos La Estrella y El Siglo, a pesar de que el representante diplomático de Estados Unidos señaló contundentemente en su oportunidad de que los miembros de esa familia eran los mayores lavadores de dinero y financistas del terrorismo.  A la fecha, no se ha levantado ni un solo cargo contra los Waked, y, por ende, no se les ha podido probar nada.

El populismo no es solo de izquierda, también es de derecha y de centro y es el resultado de políticas irresponsables que agravan los problemas sociales y económicos de los países que se rinden a su hechizo.  Para muestra varios botones: los subsidios, las ferias de jamones, las becas sin mérito y acciones como las de CEPADEM en época de Navidad:  nos toman por asalto y, por ende, nos toman por imbéciles.