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DIVERTIMENTO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 2 de diciembre de 2018

Falto a mi promesa de listar los desaciertos, siguiendo en el orden de señalar los del Órgano Legislativo, –porque los sobresaltos ocurren generalmente al fin de la semana, cuando yo escribo esta columna–, ya que todavía me hace falta digerir todo el “destape” que el jueves, en un informe al país, revelaron las fiscales sobre el caso Odebrecht.  Mientras pasa el alboroto, (y uno lo entiende y digiere) voy a relatarles una serie de cosas divertidas, curiosas y también censurables que me ocurrieron en apenas una semana.  Adelanto que este “divertimento” no lleva música, como debería.

Viajé a Guadalajara para cumplir con mi cita anual de la Feria Internacional del Libro y como siempre, me embriagué de literatura, de debates de altura y de temas fascinantes.  El país invitado de este año era Portugal y se debatió mucho sobre la vida y obra de José Saramago, el escritor portugués que en el año 1998 ganó el Premio Nobel de Literatura y allí estuvo su viuda, Pilar del Río, sevillana, periodista y traductora, ofreciendo testimonios invaluables sobre su marido.  También se le rindió un sentido homenaje a Fernando del Paso, que iba a presentar la re edición de una obra de teatro sobre Federico García Lorca y murió apenas 10 días antes de la apertura de la FIL.  Ida Vitale, una poeta uruguaya, de 95 años, recibió el Premio de Lenguas Romances y lo fue a recoger, mostrando una vitalidad que muchos jóvenes quisieran tener. Y con días de diferencia también le fue conferido el Premio Cervantes, el nobel de las letras españolas, que irá a recoger en abril a España, coincidiendo con el Día del Libro.  Vitale estuvo casada con el también uruguayo Ángel Rama, ensayista y crítico literario, que después se casó con la historiadora de arte Marta Traba.  Ambos murieron en un accidente de aviación ocurrido en 1983 en el aeropuerto de Barajas, cuando viajaban al “Primer Encuentro de la Cultura Hispanoamericana” que se celebraría en Bogotá.

Y para que esta columna no parezca un cotilleo diplomado de revista del corazón, quiero comentar la grata experiencia que siempre me causan los conductores de taxi mexicanos.  Independientemente de que sean de extracción humilde, son muy respetuosos y tienen muy claro el panorama nacional, y en esta ocasión a solo días de que el nuevo mandatario, Andrés Manuel López Obrador (AMLO)asumiera el cargo, algunos mostraban desesperanza, otros, entusiasmo y la mayoría, una gran interrogante.  Y es que no le va a ser nada fácil al nuevo ocupante de Los Pinos, residencia de los presidentes de ese orgulloso y envidiable país, no ceder a los grandes intereses que siempre han manejado los hilos del poder, así como tampoco rescatar a la población marginada de las garras de la violencia y el narcotráfico.

Mencionaba el famoso periodista Jorge Ramos, en ocasión de la presentación de su último libro y donde mostró el video en el que Trump lo echó de una conferencia de prensa, que ya han empezado los desaciertos de AMLO (y cuando lo decía aún no había tomado posesión, acto que fue ayer 1 de diciembre).  Pero el colmo del saliente y cosmético presidente Enrique Peña Nieto, fue la concesión de la Orden del Águila Azteca a Jared Kushner, yerno de Donald Trump, lo que fue criticado airadamente por mucha gente.

Algo que admiro de los mexicanos es haber logrado unir la cultura con los atractivos turísticos, así como la gastronomía, lo que siempre ha resultado en una marca ganadora para atraer visitantes y en un sólido producto de venta.

Y vuelvo a Panamá, donde las correas de avance del aeropuerto no funcionan, no hay ningún puesto de revista o de medicamentos básicos en todo ese portentoso “hub” del que estamos tan orgullosos y lo peor, cuando uno va a pagar por el uso de los carritos para cargar las maletas, hay que hacerlo en efectivo y en dólares.  Le pregunté a uno de los maleteros que qué pasaba si alguien no traía dólares y me contestó que había uno de ellos que andaba con una cangurera para darles cambio (seguro entendió que traía billetes de mayor denominación). Le insistí que qué tal que llegara alguien con euros, o libras esterlinas, o liras turcas y no supo decirme que lo ideal fuera que se pudiera pagar con tarjeta de crédito, como se hace en todos los aeropuertos del mundo donde estos carritos no son gratis.

Y revolviendo nuestro patio, tan pasivo y letárgico, con paciencia a cuenta gotas homeopáticas, la noche de las declaraciones de las fiscales sobre las coimas pagadas por Odebrecht debimos haber salido en protesta y sitiar tanto la sede del Ministerio Público como la Corte Suprema.  Otros países, con menos evidencias, han hecho renunciar a presidentes.  Después nos quejamos.

NUESTRAS EFEMÉRIDES PATRIAS

Por Mariela Sagel, El Siglo, 5 de octubre de 2018

Estamos en el mes de noviembre, que es un mes donde se celebran muchas fiestas, la mayoría en torno a nuestra constitución como república en 1903.  Hace 115 años nos separamos de Colombia, a la que nos habíamos unido voluntariamente una vez que nos independizamos de España (también un 28 de noviembre de 1821) detrás del sueño americano de Simón Bolívar.  Fueron 321 años de ser colonia española y el primer movimiento para consolidar esta independencia se proclamó el 10 de noviembre de 1821 en la Villa de los Santos, de allí que se conmemora el “grito”.

Al tomar voluntariamente la decisión de unirnos a Nueva Granada, que era como se conocía, nos sumábamos a Venezuela y Ecuador, persiguiendo los ideales bolivarianos.  Para fines del siglo XIX, a pesar de que el istmo le había dado a Colombia grandes riquezas y triunfos (la construcción del ferrocarril y el inicio de los trabajos del Canal por los franceses) la provincia o estado que éramos estaba sumida en la desidia y el olvido de los gobernantes de turno, y ya habíamos sufrido la guerra de los Mil Días.

Fueron 82 años de unión voluntaria que terminaron sin grandes luchas, pero sí con la alineación de varias circunstancias que dieron ventaja tanto a los “conjurados” (grupo de panameños que estaba planeando la separación) como a los Estados Unidos, que veía en la quiebra de la Compañía del Canal Francés una oportunidad para hacerse de un paso marítimo en lo más estrecho de la cintura de América.

En estos días de los símbolos patrios, de la bandera y de marchas de los jóvenes estudiantes muchas leyendas pululan por los medios y las redes, como la leyenda negra de que Wall Street nos creó.  Una buena manera de explicarla la aportó el historiador Oscar Vargas Velarde en un escrito reciente: “La separación de Colombia fue el resultado de la audacia panameña, la ambición estadounidense, la codicia francesa y la miopía colombiana”.