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DESPUÉS DE ALCANZAR LA VICTORIA  

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 13 de octubre de 2017

 Esta semana se cumplió un sueño largamente acariciado por los fanáticos panameños del fútbol, que año tras año, desde que este deporte sustituyó al béisbol como el favorito entre los ciudadanos, desata verdaderas pasiones, al punto de que cuando se celebran las copas mundiales el pais queda medio paralizado.

En mi artículo de El Siglo del lunes señalaba que era un desacierto (otro más) del gobierno el ordenar el cierre de las oficinas públicas a las 2 de la tarde para que las personas pudieran desplazarse a sus casas a ver el partido que se verificaría el martes, contra la vecina Costa Rica en tierras panameñas.  Poco es lo que entiendo de este deporte, pero si sabía que ese partido sería decisivo para que nuestra selección (llamada con cariño “la sele” o la “marea roja”) pudiera ir por primera vez a un campeonato mundial de fútbol, que el otro año será en Rusia.

Debido a mi desapego por ese deporte y también por no estar en el país no volví a acordarme del asunto hasta que el martes, cuando en Panamá era el mediodía caí en cuenta que esa noche se jugaba nuestra participación en Rusia.  Como ni en Panamá ni donde esté ese deporte me va quitar el sueño, me dormí tranquilamente y cuando el equipo panameño se alzó con el triunfo, me empezaron a llegar noticias, “memes”, comentarios y todo lo que enriquece un acontecimiento. Como estaba amaneciendo para mí dije por bromear que seguro que al gobierno se le ocurría dar el día libre, y fue eso precisamente lo que hizo, como si no estuviéramos en la antesala del mes que más días libres tiene y la productividad por ende va en descenso hasta el fin del año.

No quiero sonar anti patriota ni anti sele.  Si el fútbol es irrelevante para mi no lo ha sido para muchos escritores que admiro, como Eduardo Galeano, uruguayo ya fallecido, o el gran ensayista mexicano Juan Villoro y muchos otros más. Lo mismo pasa con la hípica, cuya pasión la comparten Fernando Savater y Antonio Skármeta. A Joaquín Sabina, el canta autor español tampoco le es indiferente el fútbol, y en sus letras menciona al Atlético de Madrid, que es su equipo preferido y creo que hasta su himno le compuso y en cualquier caso, los hinchas del fútbol son más.  Esta “Sele” nuestra ha logrado sacarnos de la apatía y la impotencia en que nos habíamos ido sumiendo, desde que las peleas del Cholo Manos de Piedra Duran o la causa del Canal de Panamá nos había unido como en una religión.  Pero de eso a partir en dos la semana y dar el día libre porque sí es descabellado.  ¿Se podrán contabilizar las pérdidas económicas que tuvo el país por ese arrebato triunfalista presidencial?

Ví escenas de caravanas que recorrieron con vítores la ciudad y también vi escenas de la basura que dejaron a su paso y cómo ciudadanos independientes y llamados por su propia pasión por el fútbol se fueron a las calles por donde pasaron los cochinos que celebraban, ensuciando a su paso, para ellos recoger, con lágrimas en los ojos el resultado de una población que no tiene cultura ciudadana.

Felicitaciones a los muchachos de la selección y un llamado para que expongan, alto y claro, si el gobierno apoya ese deporte de la manera tan entusiasta como aparenta, con espacios adecuados para entrenar, recursos para que no nos dejen mal en el primer campeonato mundial al que se enfrentan.  Al gobierno, recordarle que el himno nacional dice: “Alcanzamos por fin la victoria, al trabajo sin más dilación”.  No nos distraigamos de lo que es importante y lo que es urgente.  Importante es apoyar la cultura y el deporte mediante la implementación de programas culturales que los enaltezcan.  Urgente es que nos digan de una vez por todas la verdad completa del caso Odebrecht, para que no se salgan otra vez con la payasada del año pasado, que no se darían a conocer detalles para celebrar las fiestas de fin de año en paz.  Ya el país no puede esperar más.

TENDENCIAS DEL MOMENTO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 15 de septiembre de 2017

El pasado lunes 11 de septiembre se cumplieron 16 años del ataque perpetrado contra las torres gemelas en la ciudad de Nueva York que inició una guerra contra el terrorismo a nivel mundial.  Inmediatamente después de este hecho insólito empezó la guerra de Afganistán (en octubre) contra los talibanes, supuestos responsables del ataque al World Trade Center.

También ese día 11 de septiembre se cumplían 44 años del golpe de estado contra el gobierno del Presidente chileno Salvador Allende, que dio paso a una época de terror y represión contra todos los que apoyaron en su momento el gobierno de la Unidad Popular.  El golpe, perpetrado por el General Augusto Pinochet, estuvo apoyado por el gobierno de los Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).  Tanto el primero como el segundo son censurables desde todo punto de vista, con sobradas razones para exigir que no se olviden.

En Panamá tuvimos una invasión gringa en 1989 para ponerle fin a la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega, que trajo a 26 mil soldados que cayeron desde helicópteros nuevos en aguas fangosas con el único fin (supuestamente) de capturarlo.  Este hombre, que recién falleció y pagó sus culpas en cárceles estadounidenses y francesas, además de en Panamá, se entregó voluntariamente a las tropas invasoras.

Después de casi 28 años poco hemos hecho por conocer la verdad.  El año pasado se conformó una comisión del 20 de diciembre de 1989, que ha estado evaluando mediante entrevistas y audiencias públicas los ataques que por tierra, mar y aire ejecutó el ejército de los Estados Unidos.  En su misión establece claramente que no está entre sus tareas la de discernir sobre los temas políticos que caldeaban el ambiente en esos años sino analizar los hechos mismos de la cruenta invasión y los posteriores saqueos y daños al comercio, la industria y el agro, así como los muertos y desaparecidos que no se sabe dónde fueron enterrados.

Resulta ineludible que esta comisión reciba el apoyo de toda la ciudadanía, porque echar al olvido el hecho más doloroso de nuestra historia es negar nuestra identidad nacional e impedir que nuestro pueblo se encuentre con su propio pasado.  Nunca en la historia del país se perdieron o afectaron tantas vidas, ni ocurrió tanta destrucción.  Por ser un pasaje trágico y luctuoso, no se le puede dar la espalda.  En su momento, la Asamblea General de Naciones Unidas calificó la intervención en Panamá por parte del gobierno de los Estados Unidos como “una flagrante violación al derecho internacional de la independencia, soberanía e integridad territorial de los estados”. (Resolución 44/240 del 29 de diciembre de 1989).

Esta misma comisión ha estado trabajando para que de una vez por todas se decrete el 20 de diciembre como día de duelo nacional y que éste no se convierta en día puente, si cae en fin de semana, como se logró hace un par de años con el 9 de enero.

Tendemos a prestarle atención a asuntos superficiales, como el que ha tenido a todo el mundo opinando recientemente, de una mujer tirando bolsas de basura en varios puentes de la ciudad, o a un artículo de un folclorista que se refirió a la procuradora como una mujer guapa.  Pero esa misma señora no avanza en las investigaciones de todos los escándalos que han tenido al país en el ojo de la tormenta mediática desde hace más de un año y los pronunciamientos de unos y otros –hasta de los que no deben meterse en temas internos del país– lo que hacen es tirar una cortina de humo sobre las responsabilidades que todos esperamos que cumpla la Procuraduría General de la Nación en los casos que tiene que investigar.  Desde junio se nos prometió la lista de los involucrados en el caso Odebrecht y todos los meses sale una excusa nueva para no afrontar ese delicado asunto.  Ahora el entretenimiento es que si un comisionado de la policía le hizo propuestas sexuales a un cabo.  Estamos abusando de la civilización del espectáculo, y los medios noticiosos contribuyen a eso, porque se convierten en una especie de corregiduría o episodios del programa “Caso cerrado”.

Tanto el gobierno, como los medios de comunicación y las redes, que han puesto los temas intrascendentes como #trendingtopics, debemos ser más serios y enfocarnos en lo verdaderamente importante y urgente, que es adecentar al país.