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El Kitsch arquitectónico panameño

MARIELA SAGEL*

Muchas personas que vieron la película Chance alegaban que se trataba de una burla a la clase alta panameña, a los “rabiblancos” (y de hecho, sé de casos en los que algunos se sintieron seriamente ofendidos). A mi entender, y sin ser ni pretender ser crítica de cine, no se burlaban de la clase alta sino a los “wanna be”, esa gente que aparenta ser más de lo que tiene y vive del cuento y de las apariencias.
Todas esas doñitas que no hacen nada todo el día, aparte de tomar café en el Deli e ir a misa y hablar mal de todo el mundo, o los sufridos maridos que hipotecan hasta el trasero para alcanzar un puesto que les permita pregonar que ahora sí le toca al pueblo. Y por supuesto, el mal trato que le dispensan a la servidumbre.

Pero ya muchos se encargaron, con buen juicio y tino, de hacer críticas valederas a la cinta que ha sido un éxito local y entiendo que también en los países vecinos.

En esa película mostraban una tendencia —en gustos y estilo de vida— que, aparejado al crecimiento inmobiliario y el boom de la construcción, se ha ido imponiendo, y de allí se ha derivado hacia el mal gusto que hasta los avisos luminosos ostentan. La palabra kitsch se originó en Alemania entre los años 1860 y 1870 e intenta definir el arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente.

Es en realidad un término alemán yidis y se usa, en su sentido más libre, para referirse a cualquier arte que es pretensioso, pasado de moda o de muy mal gusto. Y aclaro que al decir alemán yidis me refiero al idioma judeoalemán medio que se entiende como yiddish y se habla en las comunidades judías del centro de Europa ( ashkenazis ) que tiene raíces alemanas pero también fuerte influencia de lenguas eslavas, del arameo y del hebreo.

El kitsch apelaba a un gusto vulgar de la nueva y adinerada burguesía de Múnich  que pensaba, como muchos nuevos ricos, que podían alcanzar el status que envidiaban a la clase tradicional de las élites copiando las características más evidentes de sus hábitos culturales. Y generalmente esas copias eran malas y de pésimo gusto. Como lo son muchos edificios nuestros, que han adoptado estilos, materiales y hasta colores que no solamente hacen más caliente el entorno urbano sino que demandan más energía para enfriarlo, materiales que no se producen localmente y encima, desestiman totalmente la integración de la exuberante naturaleza tropical de la que debieran sacar partido.

El tema daría para un congreso de arquitectos donde tendríamos que poner a muchos en el banquillo de los acusados y otros a explicar lo importante que son los balcones y la ventilación cruzada en un país como el nuestro.

Sin embargo, en mi artículo de la semana pasada, señalé que en la manzana de Obarrio, sobre la calle 50, donde se talaron unos 180 árboles, se levantaría un hotel llamado Las Américas The Golden Tower, una torre dorada según pude ver en la presentación. Tengo que hacer la corrección que en ese lote el hotel que se va a construir es un Ritz Carlton —que no sé si es mejor o peor que la torre dorada— y también un edificio de oficinas, ya que uno de sus promotores se tomó el tiempo de explicarme el proyecto, los cientos de miles de dólares que pagó por los árboles que taló y la reposición que hará la ANAM de los mismos y que la dichosa torre dorada se construiría en el lote al lado de los Consultorios Médicos Paitilla, donde hay ahora un montón de vallas y siempre estuvo el popular restaurante Wendy”s.

Aclarado el punto, sigo insistiendo que hasta la fachada del Hospital del Niño, hecho con donaciones de la teletón, es un adefesio de mal gusto de remembranzas del estilo corintio que ofende y que si seguimos así, copiando lo que en otros lugares se hace, seguiremos llenando la ciudad de edificios y casas pretensiosas, de mal gusto y que seguirán quitándole personalidad a nuestra ciudad.

Cartel de la película CHANCE
Cartel de la película CHANCE

Un bautizo inusual

Obra de arte correspondiente al Greco de un bautizo
Obra de arte correspondiente al Greco de un bautizo

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

En el mes de agosto se va a celebrar la VI Feria Internacional del Libro de Panamá, que tendrá este año al Uruguay como país invitado. La organización de la feria recae totalmente en la Cámara Panameña del Libro, que fue fundada originalmente en 1983 por un grupo de personas interesadas en promover la lectura en nuestro país.

Cinco han sido las versiones que hasta ahora se han realizado, desde el año 2001. Se estila, a nivel internacional, que se invite a un país y el mismo participa con sus manifestaciones culturales. Es así como se tuvo una extraordinaria feria en el año 2005 con Chile de invitado y en el 2009 con Perú.

Los agremiados en la Cámara Panameña del Libro han tenido, en forma repetida, la iniciativa de conformar un comité de feria o consultivo, que es el que mete el hombro para que el evento se lleve a cabo con mucho éxito, ya que la mayoría de sus miembros son también participantes en la feria. Este año, siendo el primero que se va a celebrar en forma anual (antes se hacía cada dos años) se ha invitado a un muy selecto grupo de personas que siempre han manifestado interés por las actividades del libro y se les ha nombrado padrinos y madrinas. Estos padrinazgos han reemplazado lo que el año pasado se denominó “Comité de Honor”.

En fecha reciente, se efectuó el bautizo de la criatura que es la VI Feria y fue muy grande el entusiasmo que se percibió entre los convocados. Los padrinos y madrinas de la feria van a velar porque su ahijado tenga una gran cobertura, llegue a muchas personas mediante la distribución de las entradas y ayudarán, durante los días que dure, a atender a los visitantes distinguidos, como pueden ser los escritores tanto uruguayos como de otros países.

Es muy importante que sea el Uruguay el país invitado. Su recién estrenado presidente, José Mujica, es un ex guerrillero y llegó al puesto por el voto popular y el mismo partido que su antecesor, Tabaré Vásquez.

Contrario a lo que pensarían muchos, el señor Mujica es un hombre cultísimo –como casi todos los uruguayos- que pregonó que había que ganar las elecciones con la izquierda para después ir hacia el centro. En un reciente encuentro que tuvo con intelectuales, hizo énfasis del compromiso que tendrá su gobierno con la educación y en contagiar a todos del placer por el conocimiento.

Destacó que “no le des un dato a un niño, enséñale a pensar” y más importante, que “una vez que la inteligencia adquiere cierto grado de concentración en una sociedad, se hace contagiosa”. Vamos a ir buscando esa ansiada superación a través de los libros y contagiemos a todos en pos de la inteligencia.