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EL MANTO

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, La Estrella de Panamá, 5 de enero de 2020

     La escritora chilena Marcela Serrano es una de mis favoritas y recientemente pude estar presente en el lanzamiento de su última novela –más bien unos apuntes emocionantes, tristes y a la vez luminosos— que ha reunido en un magnífico libro titulado “El Manto”, en honor a su hermana Margarita, que falleció a fines de 2017.  La autora proviene de una familia de cinco hermanas que llevaron unas vidas inseparables y al romperse esa unidad, siente que se quedaron a la intemperie.

     Lo tituló “El manto” y es una alegoría a la madre de Violeta y Nicanor Parra, Claudia Sandoval, y a la colcha que envolvió el cuerpo del vate cuando murió en enero de 2018, que había ido tejiendo de retazos a lo largo de su vida ya que era costurera.  En este emotivo y valioso testimonio presenciamos el desgranar los recuerdos más hilarantes y también más dolorosos de la autora, que se encerró a escribir su libro más personal como la única manera de sobrellevar el desconcierto, la tristeza y la rabia que sentía por la muerte de su hermana.

     No es un libro triste, sino lleno de anécdotas, recuerdos y relatos de una juventud compartida por partida quíntuple y, según ella escribe en sus primeras páginas, “no se ha inventado la palabra para la hermana que se quedó sin hermana”.  Apela a muchos autores, clásicos y contemporáneos durante su relato, reiterando que el duelo es un proceso síquico que debe ser absolutamente valorado.  Freud define el duelo como una separación solemne de la actitud normal hacia la vida, pero ella estaba lejos de llegar a ver cumplida la labor de su duelo porque quería rendirle a su hermana muerta este homenaje.

Foto cortesía de la FIL Guadalajara

     Aunque fue educada en una universidad católica, Marcela Serrano no es lo que se dice creyente, pero en la agonía de su hermana pidió que se rezara el rosario, al que define como un “mantra de sanación colectiva”.  Margarita Serrano tuvo tres cánceres, uno cada diez años, el primero en 1992, el segundo en 2003 y el tercero en 2013, que arremetió con fuerza tres años después para llevársela luego de una larga agonía en 2017.  Era periodista y la del medio de las cinco hermanas, y del signo géminis.

     Marcela Serrano hace gala de su vasto conocimiento literario y también político en este relato en honor a su hermana, citando las vidas y referencias de autores como Philip Roth, C.S. Lewis, Louise May Alcott (hace una hermosa reseña a “Mujercitas”, libro que según cuenta leyeron las cinco hermanas en la infancia) así como también a autores chilenos y de otros países, y sicólogos que han tratado el duelo, como es el caso de la colombiana Piedad Bonnet con su  libro “Lo que no tiene nombre”.

     En referencia a Chile, hace críticas muy duras, seguramente experimentadas durante la enfermedad de su hermana, como que “del mundo occidental, somos uno de los países más alejados del estado de bienestar”, explicando el sistema de salud que allí prevalece: el público y el privado, y según ella, si tuviera que describir el público, saldría a promover la revolución inmediatamente.  También cuestiona los tratamientos que se le imparten a los enfermos de cáncer, tema que es tratado en muchos otros ámbitos, ya que la lucha contra esta mortal enfermedad está financiada por los mismos laboratorios que producen los medicamentos y tratamientos para prolongar la agonía, ya que una terapia efectiva los haría quebrar.  Philippe Claudel, escritor y cineasta francés ha afirmado que el cáncer es un curtido asesino a sueldo y ella agrega que la industria farmacéutica es la tercera hermana de las industrias del horror, junto a los armamentos y la droga.

MARCELA SERRANO

     Es una de las más famosas escritoras chilenas, aunque aduce que su entrada al mundo literario fue tardía, a los 40 años. Tiene a su haber 12 novelas y dos libros de cuentos, el último recoge 20 cuentos publicado con el nombre “Dulce enemiga mía”.  Su primera novela, “Nosotras que nos queremos tanto”, publicado en 1991 fue un fenómeno editorial y de allí ha venido cosechando éxito tras éxito, uno de sus libros fue llevado al cine, “Antigua vida mía” por el productor argentino Héctor Olivera y la primera de sus novelas adaptada al teatro y estrenada en su país natal.

     Tuvo una juventud bastante agitada y expuesta a muchas corrientes, ya que vivió en París con dos de sus hermanas (para supuestamente aprender francés) y en el libro cuenta algunas de las travesuras que las unían.  Sus padres, el ensayista Horacio Serrano y su madre, Elisa Pérez Walker, novelista, que tuvo un seudónimo literario como Elisa Serrana, tenían los recursos para proveer a sus cinco hijas con confort y educación privada de excelencia.  Dueños de haciendas, al morir su madre heredaron un pedazo de tierra donde cada una de sus hermanas se construyó una casa y así convivían con sus retoños, compartían cabalgatas y muchas risas.

     Serrano, abiertamente de izquierda, estuvo en Paris cuando aún estaban vivos los gérmenes del Mayo del ‘68, y antes de eso en una academia católica chilena.  Al producirse el golpe contra Salvador Allende, se exiló con su primer marido en Roma, Italia, y regresó a su país cuatro años después.  Ingresó en la Universidad Católica para estudiar Bellas Artes, donde obtuvo una licenciatura en grabado.  Le gusta mucho el dibujo, el collage y en el libro se muestran algunas imágenes que dedicó a su hermana Margarita, la “M” como la llama.  Su carrera artística le ha dado satisfacciones porque ha podido exponer, pero definitivamente que la literaria la ha lanzado al estrellato.

     Siempre ha estado comprometida con la realidad política de su país a la vez que es una feroz defensora de las reivindicaciones de la mujer y sostiene, fehacientemente, que definirse “feminista es definirse como ser humano”.  Se ha casado tres veces, y su actual marido ha sido embajador de Chile en México y Belice, y en Argentina.  Tuvo una hija en su segundo matrimonio y una en el tercero, con quien ha compartido la autoría de uno de sus libros de cuentos, “El cristal del miedo”.

     Siente que Chile es un país misógino, así como a ella no la han tratado muy bien, lo mismo han hecho con Isabel Allende, “hay críticos que odian todo lo que tenga que ver con las mujeres, que la mujer tenga éxito”.  Sin embargo, ha ganado varios premios, el Sor Juana Inés de la Cruz en 1994, por “Nosotras que nos queremos tanto”, galardón que reconoce la excelencia del trabajo literario de mujeres en idioma español de América Latina y el Caribe.  El Premio Municipal de Literatura de Santiago 1994 por “Para que no me olvides” y fue finalista del Premio Planeta en 2001 con su novela “Lo que está en mi corazón”.

     “El manto”, su último libro, es real y desgarrador, pero es un canto a la vida, al amor entre hermanos, a la complicidad de las mujeres, más cuando son hermanas y como dice la contraportada, el dolor de perder a una de ellas “nos han arrojado una bomba atómica sobre nuestras cabezas.  Fuimos siempre cinco hermanas.  Se ha roto, irreversible, nuestra fanática identidad”. 

EL AMANTE POLACO

Por Mariela Sagel, Vida y Cultura, La Estrella de Panamá, 29 de diciembre de 2019

     Uno de los eventos más esperados de la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) fue la presentación de la última obra de la escritora mexicana, Elena Poniatowska, la “Poni”, como cariñosamente la llaman.  Nacida princesa en París, descendiente del último rey de Polonia, Stalislaw Poniatowski (Estanislao II Augusto Poniatowski, que nació en Wolczyn el 17 de enero de 1732 y murió en San Petersburgo el 12 de febrero de 1798) y fue el último soberano de Polonia como nación independiente (1764-1795).

     Días antes Elenita, a quien adoran los mexicanos, se había lucido presentando a Siri Hustvedt, la novelista y ensayista estadounidense que revolucionó esta versión de la Fil (es esposa de Paul Auster) y entre chanzas, en español e inglés hizo una presentación magistral, ante un público enorme.  Siri me había dicho, la noche anterior en el cóctel de Planeta, la editorial que las publica a ambas, que ella se había leído todos los libros de la Poni, y volvió a mencionar en su presentación que admiraba mucho a la “princesa roja”, como le dicen por su militancia política.

     “El amante polaco” es el primer libro de su biografía, que intercala la vida de su antepasado con retazos de la de ella.  Al final de cada capítulo hay un relato que nos retrotrae a lo vivió ella desde que abandonó París, donde nació, a los 10 años, por el conflicto bélico que ensangrentó Europa.  Su madre, Paula Amor Yturbide, era mexicana y Elena, su hermana Sofía y la madre, arribaron a ciudad de México en 1942 y su padre lo haría posterior al final de la guerra.  En 1947, cuando ya su padre se les había unido, nació su hermano Jan.

ELENA PONIATOWSKA

     Nacida como Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska en 1932 (hace casi 88 años) es un referente mexicano tanto en periodismo como en narrativa.  Ha cultivado un género que se ha catalogado como polifonía testimonial y varias de sus obras, escritas bajo este rigor, han sido premiadas.  En 1968 su libro “La noche Tlatelolco” fue aclamado por narrar la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas.  Lo hizo recopilando una serie de testimonios que recogían el pensamiento y sentimiento de personas a favor y contra el movimiento estudiantil que se gestó en ese momento.

     Entre su larguísima bibliografía están valiosas obras dedicadas a personajes femeninos, como Tinísima (Tina Modotti, fotógrafa italiana que vivió en México), Leonora (sobre la vida de Leonora Carrington, pintora y escritora inglesa que perteneció al movimiento surrealista codeándose con André Bretón, Salvador Dalí y llegó a involucrarse sentimentalmente con Max Ernst).  La Carrington era muy voluntariosa y durante la ocupación nazi en Francia se vinculó al Freier Künstlerbund, movimiento subterráneo de intelectuales antifascistas.  Eso la puso en aprietos, tuvo que huir a España y gracias al escritor y poeta mexicano Renato Leduc, pudo embarcarse a México, y con quien se casó para los propósitos de su escapada de Europa.  Vivió hasta los 94 años en su país de adopción.  También ha escrito sobre Angelina Beloff, pintora y grabadora mexicana.

     Tiene alrededor de 50 libros publicados y ha sido traducida a 15 idiomas, sin contar con los muchos artículos que ha escrito, ya que su principal profesión es la de periodista, aunque no tuvo una educación formal.  Recibió de Oscar Lewis la influencia para usar la entrevista y el testimonio gracias al trabajo que ejerció como su asistente, con el que aprendió a aplicar sus técnicas sociológicas. Oscar Lewis fue un historiador estadounidense, antropólogo, que introdujo el estudio de la pobreza desde un punto de vista social, y creó el concepto de “la cultura de la pobreza”.  Su obra más conocida es “Los hijos de Sánchez”.  Sin embargo, el amigo de Elena, el escritor ya fallecido Carlos Monsivais, expresó en su momento que la autora sortea el perjuicio teórico de Lewis para alcanzar conclusiones opuestas que buscan una respuesta moral.

     Mereció el Premio Cervantes de Lenguas Castellanas en 2013 y contó, en forma pícara que, al momento de recibirlo de manos de los entonces Príncipes de Asturias, le dijo a la hoy Reina Letizia que había una gran ironía en sus vidas, ella había pasado de ser princesa a periodista, y Letizia, de periodista a princesa.

EL AMANTE POLACO

     El relato es fascinante porque abarca los años previos a que Stalislaw August Poniatowski se posesionará como Rey de Polonia, antes de la tercera partición de ese país en 1795, que desapareció de la faz de la tierra durante 123 años.  Relata las intrigas de palacio, pero no solo de Polonia, sino de Prusia, Rusia y Austria, que le tenían el diente hincado a ese país.

     Lo interesante de este primer tomo de las memorias de la Poni es que se concentra en la etapa en la que Pedro III de Rusia era gran duque aspirante al trono ruso y contrae nupcias con la alemana que entonces se llamaba Sofía de Anhalt-Zerbst y que, convertida a la fe ortodoxa, se conoce y recuerda como Catalina II de Rusia, una reina poderosísima que impuso sus criterios y también sus amantes en todos los aspectos de la vida de ese enorme país.

     El antepasado de Elena, el príncipe Poniatowski, cuyo mayor linaje le venía de su madre, la familia Czartoryska, fue asiduo a la corte rusa y se convirtió en amante de la entonces duquesa, que llegó a ser emperatriz (con la gran suerte que cuando su marido estaba a punto de despojarla, para quedarse con la amante, una vez convertido en Zar de todas las Rusias, murió, reinando solo 8 meses).

     Las descripciones de las intrigas de la corte, abanicadas por Charles Hanbury Williams, diplomático inglés que, estando en Dresde, conoció a Poniatowski y fue él quien le presentó a la que sería su desaforada amante, son muy precisas.  Otro personaje determinante de esa corte fue Lev Naryszkin, aristócrata y lugarteniente de la corte, que alcahueteaba la relación entre el príncipe y la futura zarina.

     Sin embargo, Catalina no se quedaría con Stalislaw, y por eso lo haría Rey de Polonia, para quitárselo de encima.  El polaco sufrió mucho, pero hizo un buen reinado, defendiendo a su país de los rusos y hasta de su poderosa soberana.  Hizo avanzar a su país en ciencia, salud y cultura.

     El desenlace está por verse, el primer tomo termina con la entronización del antepasado de Elena en Polonia.  Su parentesco es indirecto, ya que ella desciende de un sobrino del rey y segundo príncipe Poniatowski, quien emigró a Toscana a raíz de la tercera partición de Polonia y se casó en Roma con una italiana.  Dos generaciones de Poniatowski provienen de esa región, el bisabuelo de Elena se casó con una noble francesa, estableciéndose en París y de allí es que proviene el linaje de la Poni.

     El libro es apasionante y muy aleccionador porque la escritora se enfrenta a su pasado, contó cómo pudo desmembrar todo este antepasado real y estrambótico, así como enmarcarlos en el contexto histórico.  Tienen mucho valor sus anécdotas a final de cada capítulo, de su vida en México, incluso la violación que sufrió de un gran intelectual mexicano, que la dejó embarazada y se tuvo que ir a Roma a tener a su bebé, que fue adoptado posteriormente por quien fue su esposo, Guillermo Haro.

     El segundo tomo debe estar en camino porque en la presentación contó que había terminado todo su libro de memorias pero que una amiga le había aconsejado partirlo en dos por lo largo que había salido.  El amante polaco, con apenas 405 páginas se lee con júbilo y prisa, por la fluidez de la narrativa de la princesa polaca que, según Juan Villoro, vino a México para ser la más “chingona”.