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ALEXANDER CALDER: UN INVENTOR RADICAL

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, 7 de octubre de 2018, La Estrella de Panamá

En el Museo de Bellas Artes de Montreal se inauguró el pasado 21 de septiembre una extraordinaria retrospectiva del escultor estadounidense Alexander Calder, que nos revela a un multifacético artista que no solo creó obras monumentales, sino que se aplicó en la filigrana y en la pintura entre otras manifestaciones artísticas.  Es emblemática la muestra porque una escultura muy distintiva de él está ubicada en el área donde se celebró la Exposición Universal de 1967 con el título inicial “Trois disques”, comisionada por la corporación Internacional Nickel Company of Canada (INCO), que conmemoraba el aniversario 325 de la fundación de la ciudad de Montreal y en el año que Canadá celebraba su centenario.

Alexander Calder, cuyas obras están en todo el mundo, –en Suecia, Alemania, Israel, Venezuela, España, México, etc.–, es el creador del arte cinético.  Hijo y nieto de escultores, sus ensayos con materiales y la forma en que se comportan en el aire lo llevaron a crear los móviles, que se hicieron muy populares.  También patentó los “stabiles” (nombre que le dio su amigo Joan Arp a las piezas que no se movían) que son las esculturas que vemos en muchas partes del mundo y que son su marca de fábrica.

Escultura de Alexander Calder en Montreal

El Museo de Bellas Artes de Montreal, en cuya ciudad está una de sus más conocidas creaciones, ha hecho posible esta muestra en alianza con la Fundación Calder y la Fundación Terra para el Arte Americano.

UN INVENTOR RADICAL

Alexander Calder creció rodeado de arte y estudió ingeniería mecánica.  Su madre era pintora y él completó sus estudios en el Art Students League de New York.  Oriundo de Filadelfia, murió a los 78 en Manhattan.  Alcanzó un gran éxito económico y de la crítica en vida, gracias a la solidez de sus creaciones, que se hacían en forma de ensamblaje por la monumentalidad de sus trabajos. Fue uno de los más prolíficos e innovativos artistas del siglo XX.

De los primeros trabajos artísticos que tuvo fue el de ilustrador para la National Police Gazzette, a fin de recrear escenas de los circos Ringling Bros. y Barnum & Bailey Circus, que lo aficionó al tema y lo llevó a crear su propio circo con piezas hechas de alambre, telas, cuero y otros materiales, que le dio mucho reconocimiento.

El arte de Calder desafió las formas tradicionales que estaban jerarquizadas en el mundo artístico y fundó un lenguaje visual universal que todos entendían, promoviendo así los cimientos de un rico diálogo intercultural diferente.

Calder y Joan Miró, Foto del New York Times

Esta exposición reúne un aproximado de 150 piezas, que incluyen dibujos, esculturas, maquetas de sus grandes obras, joyería y documentos de “performances”.  Todo esto se complementa con documentales, fotografías y otros materiales que destacan el espíritu distintivo del inventor y ubica su evolución artística en un amplísimo contexto, complementado por la ambientación con música, teatro y creaciones circenses.  Incluye también los aspectos más desconocidos del escultor, como sus estudios de astronomía aplicados al arte, la fusión con la arquitectura y todo lo que legó a la inventiva, que lo convirtieron en un artista radical.

LA ESCULTURA DE MONTREAL

El catálogo de la exposición, con una magnífica introducción del alcalde de esa ciudad de la provincia de Quebec señala que es lógico que la primera gran retrospectiva que se realice en ese país se haga en Montreal, donde se puede admirar la escultura que originalmente se llamó “Trois Disques” pero que posteriormente fue rebautizada como “Man” (Hombre).  En las palabras del alcalde, “esta obra es el legado tanto a la innovación como a la ambición de Calder, y al dinamismo y la apertura de la Ville de Montreal que, al ser los anfitriones de esa exposición universal, contribuyó grandemente al entendimiento entre las personas”.

Ha sido una constante en la obra de Calder que donde se coloque, tiene el efecto de motivar a que la gente se reúna y eso sucede en la que es referente en Montreal.  Tiene 24 metros de alto y en el verano se celebran en sus alrededores los eventos que se conocen como Piknic Électronik, donde se reúnen miles de personas a bailar a la sombra de esta escultura.

El tema de la exposición universal, que tuvo aristas políticas por estar en plena Guerra Fría, era “El hombre y su mundo”, inspirado en el libro “Terre des Hommes” de Antoine de Saint-Exupéry (autor de El Principito) y se mantiene en el inconsciente colectivo y el símbolo que creó Calder ha resistido desde entonces no solo el agreste clima de la franco parlante ciudad canadiense sino la imaginación.

Montreal se convirtió en la sede de esa exposición después que Moscú declinó no organizarla, a pesar de que se haría en el marco de los 50 años de la Revolución Rusa.  Y lo hizo en tiempo récord, tuvo que agrandar la Isla Saint Héléne y crear la Isla Notre Dame en el rio Saint Lawrence.  Fue un éxito del talento emprendedor y de la diplomacia audaz y la Expo ’67 se convirtió en una exhibición que solamente se pudo imaginar como una utopía. Asistieron un estimado de 50 millones de personas.

Exposición de Calder en el Museo de Bellas Artes de Montreal

El significado de esta escultura se convirtió en un emblema del humanismo que se erige hacia el futuro y refleja los adelantos tecnológicos de los obreros que también aspiran a compartir la armonía.  Esta escultura no es parte de las creaciones móviles sino de los “stabiles”, anclados en el piso.  En su momento, fue la segunda escultura más alta que hizo el artista, después de la instalada en la ciudad de México que se llama “El sol rojo”.

La escultura se mantuvo sin pintar, en acero inoxidable, una aleación entre acero y níquel.  Era la primera vez que una escultura suya no se pintaba.  Se hizo siguiendo una maqueta en escala 1:20 y se sometió ese modelo a vientos de 200 km por hora, que son los que azotan a la fría ciudad canadiense.  Con un peso de 40 toneladas, la escultura tenía que sostenerse sin caerse por su propio peso.  Tuvieron que reforzarla y ponerle pernos que cambiaron el aspecto de la obra.  Solamente un artista como Calder podía con semejante encargo.

Alexander Calder fue formado en la ingeniería, lo que aplicó a su vocación artística.  A pesar de que había nacido en Estados Unidos, hablaba con fluidez el francés, vivió en Paris en los años entre guerras y pudo conjugar magistralmente el arte y la ciencia.  Su esposa era sobrina nieta del escritor y crítico literario estadounidense Henry James.  Se codeó con los emblemáticos personajes del mundo Avant-Garde como Jean Arp, Jean Cocteau, Le Corbusier, Marcel Duchamps, Fernand Léger, Joan Miró, Piet Mondrian, Man Ray y muchos otros.  Su arte tenía la característica de ser al mismo tiempo serio y juguetón y siempre ha sido muy atractivo para el púbico.  Sus creaciones circenses, en las que hacía circos en miniatura tienen relevancia en la ciudad de Montreal, que es la capital mundial de los circos.  Calder era, sin lugar a duda, un contador de historias, un inventor, un pintor y un escultor. El filósofo Jean-Paul Sartre le dedicó un ensayo en el catálogo de una exposición en París en 1949 que se hizo famoso.

Escultura Carmen, en el Museo Reina Sofía

Se estima que en vida produjo unas 22 mil obras que se exhiben en cinco continentes y abarcó todos los aspectos creativos e infinitud de materiales: para juguetes, fuentes, textiles, joyas, exteriores de aviones y autos, afiches, así como escenarios de obras de danza y música.  Una magnífica obra suya, que combina móviles con stabiles se muestra en el patio del Museo Reina Sofía de Madrid y se titula Carmen, elaborada dos años antes de su muerte. Igualmente se puede apreciar un homenaje que le hizo al Guernica de Picasso con alambre, a modo de filigrana.

 

 

UNA GRAN NOVELA DE ESLAVA GALÁN

Por Mariela Sagel, Vida y Cutura, La Estrella de Panamá, 30 de septiembre de 2018

Las obras sobre historia del escritor español Juan Eslava Galán acapararon la atención de muchos que no las conocen al ser exhibidas como trofeos por el ex presidente preso en El Renacer, sin que nadie se creyera que se las había leído.  Muchas fueron las especulaciones que se hicieron al respecto, tratando de descifrar lo que quería decir.  En lo particular, cuando me vinieron a entrevistar sobre el tema (teniendo casi todos los libros del autor) afirmé que no había ningún mensaje, que era otra forma de llamar la atención y lo interesante sería saber quién le daba esos libros porque dudo que tuviera semejante colección en su biblioteca, si es que tiene una.  Posteriormente se decantó por otros libros, también de historia (concretamente de Santiago Posteguillo) y en sus últimas apariciones por el de su cuñado, presentado recientemente en la Feria del Libro de Panamá.

Lamentablemente los libros de Eslava Galán no son tan conocidos en nuestro medio y éste, que ganó el Premio Primavera de Novela en el 2015, “Misterioso asesinato en casa de Cervantes” es una joya no solo de erudición sino de manejo de datos históricos, así como de tramas y conspiraciones, que logran salir a la luz gracias a la intervención de dos mujeres aguerridas en la corte de Felipe III, cuando ésta tenía su sede en Valladolid, donde había sido trasladada en 1600 (y donde murió Cristóbal Colón en 1506).

La vasta producción literaria del escritor está basada mayormente en ensayos históricos, donde está muy presente el humor, que le da un toque de amenidad pocas veces logrado por los historiadores. Tiene una colección de éstos “contados para escépticos” como son las historias de la I y II Guerra Mundial, la Revolución Rusa y otras, así como una “Historia de la Guerra Civil que no le va a gustar a nadie”.

JUAN ESLAVA GALÁN

Con 70 años, es un lector y escritor incansable.  Estudió Filosofía y Letras con especialidad en filología inglesa y posteriormente obtuvo un doctorado con una tesis de algo tan misterioso sobre “Poliorcética y fortificación bajomedieval en el reino de Jaén”, de donde es oriundo.  La poliorcética, según la Real Academia Española es la disciplina que se encarga de construir fortalezas, bastiones, baluartes o fortificaciones. Se trata de una de las artes marciales o de guerra, dentro de la ingeniería militar.  Y también es un conjunto de técnicas utilizadas en psicología para fortalecerse frente a las agresiones de los entornos psicológicamente hostiles, o de nuestras propias agresiones endógenas.  Seguramente allí está el misterio de las lecturas del detenido en el Renacer.

Además de sus ensayos históricos, es un prolífico escritor en otros temas, como biografías, leyendas y enigmas, viajes, la misma poliorcética, sociología, sexo, cocina y poesía.  En su página web nos da la bienvenida con estas sabias palabras: “Creo que la lectura y la escritura nos permiten ensanchar la vida, ya que alargarla no podemos, y que, junto con la música, la amistad y el amor constituyen las formas de relativa felicidad a la que podemos aspirar los que no creemos en otra cosa. Si algún libro mío os proporciona ese placer, me doy por bien pagado y os quedo muy agradecido”.

Juan Eslava Galán

Es un escritor que produce a una velocidad comparable a la de su compadre, Arturo Pérez Reverte.  Para este año han salido dos, La familia del Prado y Una historia de toma pan y moja.  Lo mismo pasó el año pasado.  Con tanta fama que se ha creado, por lo menos entre los televidentes de las audiencias sobre el caso pinchazos, está en el “hit parade” panameño.   A veces deja el rigor histórico por la ficción, ya sea firmadas con su nombre (“En busca del unicornio”, “Rey Lobo”, “La mula”) o bajo el seudónimo Nicholas Wilcox (“La lápida templaria”, “La Trilogía Templaria”).

EL MISTERIOSO ASESINATO

La novela “Misterioso asesinato en casa de Cervantes” se sitúa en Valladolid, desde donde estaba la sede de la corte en los años en que transcurre.  Una dama noble y culta le pide a una amiga (igual de culta y sagaz) que se traslade en pleno verano a su mansión para averiguar quién mató a Gaspar de Ezpeleta, cuyo cuerpo fue encontrado en la puerta de la casa de la familia Cervantes.  Don Miguel de Cervantes Saavedra residía allí con sus hermanas, una sobrina y una hija.  Por este suceso fueron encarcelados, aunque solamente en forma preventiva, pero era una manera de escarmiento o venganza, o una combinación de las dos por la envidia que el escritor levantaba entre los miembros de la corte.

El hecho en sí se dio, en junio de 1605 y la solución de este misterio, que involucró a varios funcionarios de la corte y personas de mal vivir, es una trama deliciosa que se lee de un tirón, porque el autor le da, hasta en el más estricto formalismo del Siglo de Oro, la levedad de las complicidades y las peripecias más inimaginables narradas con el definitivo humor de Eslava Galán.

Misterioso asesinato en casa de Cervantes

La protagonista principal, doña Dorotea de Osuna, o su alter ego, Teodoro de Anuso (léanse las similitudes de sus nombres al leerlos al revés) sale como personaje masculino o femenino, dependiendo de lo que quiera conseguir, tras las pesquisas del que asesinó al caballero Ezpeleta.  Pero su “leit motiv” es en realidad liberar de toda culpa a don Miguel y sus Cervantas, como les dicen a las mujeres que viven en su casa.  Al momento de esta novela histórica, solamente se había publicado la primera parte de “El Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha” y muchos de sus admiradores, entre ellos algunas autoridades y nobles, estaban pendientes de cuándo publicaría una segunda parte, lo que hizo en 1615, un año antes de su muerte.

Las escenas son muy descriptivas y hacen a uno ubicarse en la corte de Felipe III, rezador, vago, aficionado a fiestas y saraos, con las conspiraciones de sus súbditos y los desastrosos resultados de las celebraciones que se dieron para el nacimiento del príncipe heredero y la visita de los embajadores ingleses, en unos años de enfrentamientos bélicos.  Todo esto lo toma en consideración la investigación de la Duquesa de Arjona y de doña Dorotea de Osuna que se distinguían de las demás mujeres porque sabían leer y escribir, lo que era raro ya que a las damas no se les educaba en esos parámetros.  En palabras de Don Miguel de Cervantes: “Quien no lee no alcanza conocimientos, y quien no alcanza conocimientos pasa por la vida como asno con anteojeras, solo siguiendo el camino que marca el amo”.  Y agregaba, en uno de los extraordinarios diálogos que tiene esta novela “Por eso en nuestra familia ha sido costumbre que las mujeres aprendan a leer y a escribir, para que sepan ser libres y valerse”.

Hay referencias a Lope de Vega, incluso de coplas y sonetos que ambos compusieron sobre el caso o sobre personajes de la corte.  De todos es sabido la animadversión que había entre Lope y Cervantes.  También se menciona al cautiverio que sufrió don Miguel en Argel, que fue previo a este incidente en Valladolid y que duró cinco años (1575-1580) y que fue el resultado de su participación en la batalla de Lepanto, que enfrentó a la armada del Imperio otomano contra la de una coalición católica, llamada Liga Santa, formada por el Reino de España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya.  En dicha batalla naval nuestro venerado autor perdió la movilidad de una mano, de allí se le conoce como “el manco de Lepanto”.

No oculta nuestro autor sus críticas a una España en decadencia, desde entonces, donde las manzanas podridas dañan a las que tienen en sus alrededores.  El libro es, sobre todo, un homenaje al padre de la novela moderna, Don Miguel de Cervantes Saavedra, desde la admiración y el respeto más profundo. Ningún amante de las obras de Cervantes debería dejar de leerla y reconocer el valioso documento que, en forma de ficción, nos ha dado Juan Eslava Galán.