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70 AÑOS CUMPLIENDO UNA PROFECÍA

Por Mariela Sagel, Vida y Cultura de La Estrella de Panamá, 24 de junio de 2018

El 14 de mayo de 1948 el líder sionista David Ben Gurion anunció al mundo el restablecimiento del Estado de Israel, dos mil años después de haber desaparecido. Apenas unas horas después de este anuncio, seis naciones árabes atacaron al país, pues disentían de la decisión de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que permitía a los judíos recuperar la tierra de sus antepasados.  Esta guerra, llamada de independencia, duró hasta enero de 1949, y de ese bautismo de sangre Israel no solo sobrevivió, sino que prosperó y hoy es uno de los países que arrojan mayores tasas de crecimiento.  El país estaba conformado por apenas más de medio millón de sobrevivientes del holocausto, y hoy tiene casi 10 millones de habitantes.


El pasado mes de abril el embajador de Israel en Panamá, Gil Artzyeli ofreció una fiesta en el emblemático Club Hebreo, para celebrar estos 70 años, decorado con motivos típicos y locales, en homenaje al país que ha dado cabida a una gran población de hebreos que han venido de todas partes del mundo.  Artzyeli termina el otro mes su misión de 3 años en Panamá y sobre su experiencia conversamos:

MS: ¿Hubo un tiempo que cerraron la embajada aquí?

GA:  Cerramos la embajada por razones presupuestarias. No nos retiramos ya que eso hubiera sido un acto político.  Hoy en día las autoridades ven a Israel en Panamá de una manera muy diferente, como un país eje en la región, en Centroamérica, en el sentido más amplio. Esto se refleja en muchos aspectos, las relaciones bilaterales con Panamá son más amplias y profundas.

MS:  Uno de los ejes que ha impulsado su misión es el de la tecnología…

GA:  Dentro de tecnología hemos impulsado la celebración de Cybertech, en dos ocasiones, la primera en 2017 y la segunda este año y ya nos preparamos para la tercera versión, que será más amplia y durará dos días. Vamos a cubrir más temas y habrá más participación de empresas y conferencistas.  Es una parte importante de la cooperación entre Israel y Panamá.  Es un evento regional.  En Israel se celebra el más grande, en el mes de enero y otros se celebran en Tokio, Singapur, Toronto, Roma, pero el de Panamá es el único en América Latina.  Hay un concurso para innovadores porque la clave del desarrollo es la innovación.

MS: ¿Y cómo ha sido la continuidad de lo que allí se gestiona?

GA:  Hacer el primero fue muy difícil, el segundo fue más fácil pero más difícil por hacerlo más grande, pero ya tenemos el camino claro. El interés está sembrado, no hay que convencer a las empresas. La justificación de hacerlo en Panamá es que vengan de otros países a Panamá y así lo vendimos a Israel porque la primera pregunta fue: ¿por qué Panamá y dónde queda Panamá?  Pero tecnología e innovación abordan diferentes temas, como agua y agricultura.  También la educación está en este eje.

En materia de agua sabemos que las autoridades locales no están satisfechas con la situación y entienden y conocen que el manejo no es óptimo, hay mucho desperdicio, el agua ha sido como el aire por décadas, y ahora la realidad es otra, es un recurso en escasez.  No ahora mismo, pero sabemos que hay menos recursos hídricos y la demanda crece.  Hay que manejarlo de una forma adecuada.  Y no hay mejor país que Israel para compartir su experiencia porque nosotros no tenemos agua.  Por segundo año consecutivo estamos atravesando una sequía extrema y no hay una sola casa en Israel a la que le falte agua. Tenemos cinco plantas de desalinización, estamos llenando el mar de Galilea, todo con tecnología israelí. Somos el primero en el mundo en reciclar agua residual, o sea, aguas negras, aguas sucias, agua que no se puede utilizar, así como el uso de tecnología de osmosis inversa.  Se reutiliza el 85% del agua tratada.

Estamos trabajando muy estrechamente con las entidades que llevan el tema aquí, como IDAAN, el Canal de Panamá, traemos expertos, estamos compartiendo nuestros conocimientos y experiencias.  Hay 8 entidades que tienen que ver con el tema y las coordina CONAGUA.  Por lo menos ya se han puesto de acuerdo y están creando una base de datos porque cada una manejaba su propia base de datos.  Ahora se está unificando y compartiendo la información.  Hay un gran interés nacional en la materia.  Una vez culminada esta etapa, las autoridades decidirán cuál es el mejor modelo para Panamá.  Por ejemplo, desalinización no es lo más adecuado porque hay abundancia, lo que hay es que manejarla. Cae del cielo y va al mar y antes de que vaya al mar, hay que aprovecharla.  No hay país que dependa tanto del agua como Panamá.

MS: Pero el uso de esta agua reciclada, que no toda es apta para el consumo requiere acciones educativas al respecto…

GA: Parte del manejo del agua es educativo, es apreciar el agua, no tirarla.  Es como aire, fue aire por mucho tiempo, pero ya no.  Educación es importante pero también hay que darle un precio al agua, aunque sea de un centavo, ya que lo que no cuesta, no se valora.

MS: Y en el tema de agricultura, han pasado dos ministros durante su misión aquí.  ¿Se avanza en ese rubro?

GA: Me ha tocado trabajar con el ministro Jorge Arango y con el ministro Eduardo Carles y ahora le toca a él escoger la empresa que va a ejecutar el plan de establecer el primer centro de excelencia y ya ha mostrado interés en establecer el segundo.  La pelota está del lado de Panamá.  Puede ser en El Ejido o en Divisa.

Este país, por su ubicación y características y accesos a los mercados regionales puede exportar productos de calidad a todo el mundo.  En la embajada hemos construido un huerto, una casa albergue de 80 niños abandonados, dos hectáreas donde se producen tomates, pepinos, berenjenas, repollos, lechuga, culantro, etc, al lado de Tocumen, los niños aprenden a cultivar, tiene sistema de riego por goteo.  El éxito es que la gestión es de ellos, asesorados por un experto que traemos, y lo están haciendo muy bien.  Comen sano, se sienten orgullosos de lo que producen, venden el excedente, garantizan su salud, es un modelo ejemplar y el centro de excelencias va a servir como un modelo para los agricultores de Panamá.

MS: ¿Y en temas educativos?

GA: Hace tres años ofrecimos la participación de colegios en un concurso internacional de física que está en Israel en el que compiten 30 países del mundo y no había ningún país de América Latina.  Fue recibido con mucho entusiasmo por 13 colegios y el primer año lo financió enteramente la embajada y ganó el Colegio Episcopal San Cristóbal.  El segundo año lo adoptó la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt) y ya va para el cuarto año.  Los niños aprenden a través de este concurso y enseñamos a los profesores a impartir la materia.

Tuvimos también unos cursos regionales de educación de primera infancia, que son vitales para la estimulación de los niños y otro de empoderamiento económico de las mujeres. Este se hizo con CINAMU.  En conjunto con la cancillería, estamos haciendo de Panamá un país que contribuye a la región.  La razón de hacerlo aquí es porque este país es un eje regional.

MS: Veo también que ha tenido gran actividad en apoyo a discapacitados

GA: Si, es un proyecto de responsabilidad social que fue apoyado con entusiasmo por la comunidad judía y consistió en la compra de 270 sillas de ruedas para niños.  Las sillas son fuertísimas, prácticas, livianas y también con diseño muy moderno (son cool).  Fueron inventadas por una pareja israelí con propósitos de ayuda humanitaria.  El entusiasmo de la comunidad fue tanto que donaron el doble, así que compramos 15 gafas para ciegos que repartimos a jóvenes entre 15 y 30 años, que les permiten leer, identificar caras.  La empresa fabricante nos dio un precio especial y seleccionamos jóvenes sobresalientes en sus estudios o en su trabajo.  Generalmente estas gafas cuestan como 5 mil dólares, pero es un aparato que le cambia la vida a personas con ceguera o visión muy escasa en su desempeño en la vida.  Estamos en contacto con la Caja de Seguro Social para ver si ellos pueden subsidiarlas, como se hace en muchos países.

MS: ¿Y de la firma del Tratado de Libre Comercio qué destaca?

GA:  El TLC va a entrar en vigor en unos meses y primordialmente va a permitir exportar a Israel productos panameños, desde café y piña e incentivar inversiones israelíes en Panamá.  Tuvimos cuatro rondas de negociaciones.  Se realizó un evento de “Panama Invest” y “Panama Fest”, que combina la mejor forma de vender al país.

MS: ¿Cómo ha evolucionado Israel en 70 años?

GA: Israel se ha transformado de ser un país de 600 mil personas a ser unos 9 millones.  Teníamos un producto interno bruto de mil dólares, y ahora estamos en casi 40 mil.  Nuestra economía estaba basada en la exportación de naranjas (que es como exportar agua) y hoy somos uno de los países más importantes en tecnología, que está en todas las actividades de los panameños: si usas computadoras con Intel, es israelí, cuando manejas y usas Waze, es israelí, si tienes manejo asistido es israelí, cuando comes un tomate cherry es de Israel.  Hoy en día los países vecinos, con los que había mucha hostilidad, colaboran con nosotros.  Estamos viviendo una época de oro en todos los ámbitos.  Es un país seguro, próspero, relevante, que tiene relaciones con la mayoría de los países del mundo.  Con India y China apenas tenemos relaciones hace 25 años.  Y hay cooperación e intercambio de conocimiento y tecnología.  Estamos trabajando en cambiar la agricultura en India.  Dar comida a 1,300 millones de personas es un reto.  Podemos hacerlo para 4 millones de panameños.

MS: Israel es el país invitado a la Feria del Libro. ¿Cómo será esa participación?

GA: Es un gran honor y aunque no voy a estar aquí para esa ocasión, pues me queda solo mes y medio aquí, tenemos todo muy bien organizado, vamos a traer autores, artistas, vamos a exponer a Israel en todos los aspectos, con la innovación y la tecnología reflejada en temas educativos, agrícolas y también vamos a exponer el judaísmo.  Será una plataforma de lujo para un gran debate.  No podemos invitar a todos los panameños a Israel, pero sí a Atlapa del 14 al 19 de agosto.  En el plano turístico tendremos gafas 3D para ver lo que ofrece el país y que más panameños nos visiten.

MS: Finalmente embajador, una de las razones por las que muchos consideran que usted ha sido exitoso en su misión en Panamá es porque está casado con una colombiana. Dicen que es muy “chévere”. ¿Así lo siente? 

GA: Ella se casó conmigo porque soy “chévere”.  Estamos terminando un ciclo de 24 años en nuestras vidas en los que hemos estado en Colombia, en México, en España, en Los Ángeles y ahora en Panamá.  Cada país tiene su idiosincrasia y es diferente.  En nombre de mi esposa y nuestros hijos, hemos pasado tres años maravillosos y llevamos parte del país con nosotros.

MS: ¿Y baila salsa?

GA: No, vallenato.

*La profecía se refiere a Zacarías 12:2 en la Biblia

LAS HIJAS DEL CAPITÁN

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 17 de junio de 2018

Dedicado a Pedro Pessoa e Costa, que seguro le gustará

María Dueñas no deja de sorprendernos.  Aún está viva la historia de “El tiempo entre costuras”, que la catapultó a la fama, y entre el libro que se convirtió en una exitosa serie y esta cuarta novela apenas han pasado 9 años.  “Las hijas del capitán” es un relato que no puedes soltar y te la bebes como agua de mayo desde la primera hasta la última página.

Ambientada en el New York de los años 30 y con los personajes femeninos fuertes que caracterizan sus historias, María Dueñas pone a tres hermosas hermanas, malagueñas y con carácter decidido, a entrar en un mundo para ellas desconocido y lo hacen con coraje y hasta atrevimiento.  Victoria, Mona y Luz son las hijas de Emilio Arenas, un tarambana que va por medio mundo cambiando de oficio para no aburrirse y cuando visita a su mujer la deja preñada.  En determinado momento decide asentarse en un antiguo barrio de la ciudad de los rascacielos (en una calle que ya no existe por haber cedido al progreso inexorable) donde se encuentran los españoles que en algún momento se fueron tras el destello de libertad de la antorcha que levanta la dama que está en la desembocadura del río Hudson.  Se trae a su mujer, Remedios, bastante ignorante y demasiado sumisa y temerosa y a sus tres hijas.

Las chicas están descontentas por ese traslado y se muestran arrogantes y displicentes entre sus vecinos de la calle 14, (en la parte oeste de la isla, donde viven los emigrantes tanto españoles como de otros países de habla hispana) que tratan de agradarlas.  Un accidente acaba con la vida del padre antes de que empezaran a adaptarse sus hijas a su nuevo entorno y eso cambia para siempre sus existencias.

LAS HIJAS DEL CAPITÁN

     El negocio que Emilio Arenas les hereda es una especie de fonda que se llama El Capitán y tiene muy poco éxito, por lo que sus hijas buscan un empleo supletorio que ayude a sostener la precaria economía familiar.  La muerte del padre las pone en situaciones impensables porque les ofrecen, por un lado, una indemnización de parte de la naviera en cuyos predios ocurrió el accidente, pero se les aparece un abogado italiano que les promete mayor compensación.  Las cuatro, madre y tres hijas, están confusas y apelan a una vecina, también española que vive en el mismo edificio (a la que antes ni saludaban pero que ahora, como todos, les ha tendido la mano) y llegan a conocer a una peculiar monja que además es abogada y ponen el caso en sus manos.

Mientras, Luz se emplea en una lavandería, Mona tiene trabajos eventuales como mesera para eventos de la alta sociedad y eventualmente como auxiliar de una caprichosa e insoportable dama y Victoria se queda ayudando en la fonda. Luz tiene aspiraciones artísticas y se presenta en audiciones para interpretar zarzuelas y otros bailes.  Tiene mucha gracia y atractivo y llama la atención. La más avispada es Mona, que en cierta ocasión conoce, por esas cosas del destino, al Conde de Covadonga, el príncipe de Asturias Alfonso de Borbón y Battenberg, que renunció a sus derechos sucesorios en 1933 y se casó con una cubana.  En esos meses estaba separado de su mujer y vivía en el Hotel St. Moritz, mientras estaba en Nueva York.  Mona no tenía ni idea de quién era, ni mucho menos los tejemanejes de los ricos y nobles de su país.  Solo una tarjeta de presentación guardó cuando ayudó al expríncipe en una caída.  Un hombre de cristal, afectado de hemofilia y más solo que la luna en un hervidero de pasiones.

Las hijas del Capitán

Se hacen inseparables de Fidel, el hijo del propietario puertorriqueño de una funeraria que trabaja en el negocio del padre y que aspira a ser cantante de tango y emular a Gardel.  En Luz se van fortaleciendo sus dotes artísticas y hace audiciones con no tan confiables personajes del espectáculo.  Como son de impecable factura y muy hermosas, más de uno sueña con ellas.  Los desenlaces de sus aventuras bien valen un maravedí por cada página de lectura.

Van adentrándose en la ciudad, adoptándola, caminándola (la noche que Mona conoce al Conde de Covadonga le tocó caminar en diagonal 58 cuadras, sin hablar inglés y sin tener idea de por dónde pasaba).  Victoria se casa con un vendedor de habanos que le dobla la edad y se muda a Brooklyn.  La madre piensa que así estarán más domables las marisabidillas de sus hijas, pero el matrimonio no termina en tragedia porque a Luciano, el marido, lo mata el abogado que pretende defenderlas ante la naviera.  Ocurren las cosas más inverosímiles cuando ellas intentan reformar la triste y lúgubre fonda que estableció su padre y hacer una especie de night club, con actuaciones de Luz y de Fidel.

Mona se empata con Toni Carreño, un tipo que se dedica a oscuros negocios, prohibidos en esos tiempos, gracias a que Luciano, el marido de Victoria, conoció a su padre, que vivía en Tampa.  Son de ascendencia cubana y con el atrevimiento que da la ignorancia, llegan a visitar al conde para pedirle que vaya a la noche de apertura de “Las hijas del Capitán”.  Inmerso en la soledad e impedido por su frágil salud, el ex príncipe de Asturias los invita a cenar (Toni les consigue a Luz y a Mona unos vestidos de ensueño, pero ellas no tienen maneras en la mesa).  Con las pasiones entre los republicanos y los monárquicos a flor de piel, la cena termina en un motín que hacen los empleados del restaurante que se oponen a la presencia del monarca en el exilio.  Toni acaba trabajando como asistente del Conde y abandona sus negocios turbios.  La inauguración del local nunca tiene lugar.  Y de allí siguen muchos sucesos impensables pero fascinantes.

MARIA DUEÑAS

Nacida en Puertollano, Ciudad Real, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, en 1964, María Dueñas tiene 9 años de estar disfrutando de las mieles de la fama, desde que su “opera prima”, “El Tiempo entre costuras”, fue publicada.  Posteriormente fue llevada a serie de televisión por Antena 3 y ahora se puede ver también en Netflix.  Obtuvo su primer galardón por ese libro, que ha sido considerado un fenómeno literario (Premio Ciudad de Cartagena de Novela Histórica) y al año siguiente, 2010, le concedieron el de Cultura 2011 de la Comunidad de Madrid, categoría Literatura.

Ejerció de profesora titular de filología inglesa en la facultad de Letras de la Universidad de Murcia​ y vive en Cartagena. Su tercera obra, “La Templanza”, que fue el libro más vendido en 2015, el año que salió, también está siendo adaptado para televisión.  El segundo libro de la escritora, “Misión Olvido”, salió a la venta en 2012 y para muchos fue una decepción, pero para mí fue de gran valor porque rescata historias de las misiones españolas que se establecieron en California.  Es una de las máximas exponentes de la novela histórica.

Sus obras tienen la constante de enaltecer a las mujeres que protagonizan sus historias y son un tributo a ellas, que resisten cuando los vientos soplan en contra. Y en este caso, un homenaje a los hombres y mujeres valientes que viven la aventura incierta y siempre épica de la emigración.

María Dueñas estuvo en Panamá en 2015 presentando su libro “La Templanza” en la Feria Internacional del Libro de Panamá y su interlocutor fue nada menos que Jorge Zepeda Patterson, escritor mexicano, ganador del Premio Planeta de 2014, y esa fue una de las veladas más inolvidables de la que han disfrutado los amantes de la literatura en nuestro país.