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ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 15 de abril de 2018

      Estambul, en la República de Turquía, es una de las tres ciudades en el mundo que está en dos continentes, Europa y Asia.  Fue capital del Imperio Romano de Oriente y del Imperio Otomano.  Se le conocía como Bizancio primero y después como Constantinopla. Se distingue por sus portentosas edificaciones, la icónica basílica bizantina de Santa Sofia, que data del siglo VI; la Mezquita Azul, la primera en tener seis minaretes, además de muchas otras que le dan una pátina de misterio y belleza a la mega urbe en la que hoy se ha convertido. El Palacio Topkapi fue morada de varias generaciones de sultanes. La ciudad fue el escenario del desmantelamiento del Imperio Otomano que llevó a cabo Mustafá Kemal Ataturk en 1923, que constituyó una verdadera revolución tanto social como económica que dura hasta nuestros días.

Pero no solo Estambul es digna de visitar, también están Ankara, la capital, que es la sede del gobierno y donde hay un Museo de las Civilizaciones de Anatolia -del Asia menor- y un mausoleo en honor a Ataturk que impresiona por las dimensiones y lo que muestra.  Existe un exacerbado culto a la personalidad de Ataturk y sorprende que el mismo perdure casi un siglo después de su gesta libertadora.

Capadocia no solo ofrece el paseo en globo que la ha hecho famosa -y que está muy bien organizado-, saliendo al alba y con pilotos profesionales que se han certificado en esta destreza. Cada día suben entre 150 a 200 globos, en un viaje sobre la caprichosa geografía que ofrece vistas impresionantes.  Dura como 40 minutos y se desciende suavemente.  Pero también tiene otros atractivos, como la ciudad subterránea y el museo al aire libre, con iglesias rupestres decoradas con frescos.  Hay una gran devoción por San Jorge que, aunque nació en Grecia, se le conoce como de esa región y cuya fecha conmemorativa coincide con el día del libro, 23 de abril.  Las formaciones conocidas como las torres de hadas son distintivas de Göreme.

Camino a Pamukkale se puede visitar un monasterio de los derviches, una mezquita y el mausoleo el profeta sufí Mevlana.  Los derviches eran parte de una cofradía ascética, y se les representa bailando. En Hierápolis se visitan unas calzadas calcáreas que forman unas piscinas descendientes y donde uno puede caminar recibiendo todos los beneficios de aguas termales.

Efeso fue la capital del Asía Menor en la época Romana y se pueden visitar diferentes monumentos arqueológicos donde se aprecia la famosa biblioteca de Celso y el templo de Adriano.  Un lugar que ofrece mucha paz es la casita donde vivió la Virgen María.  Kusadaki, a orillas del Mar Egeo tiene los restos de un hospital para enfermos mentales.

De allí se sigue a Troya, al sitio donde se libró la batalla con ese nombre y que conserva una réplica del famoso caballo.  Después se llega a Cannakale, a orillas del estrecho de los Dardanelos, y se cruza esta vía marítima en ferry para volver a Estambul, la ciudad de Orham Pamuk, que fue premio Nobel de Literatura en el año 2006, que él define entre amargada y melancólica.

Pamuk, en su magnífica obra llamada “Estambul”, nos adentra en los entresijos de esa urbe que se resistía a ser occidentalizada.  El misterioso Bósforo, que no es un río ni un canal, es un punto estratégico entre el Mar de Mármara y el Mar Negro.  El escritor quiso ser pintor y estudió arquitectura, pero al final se dedicó a la literatura.  Vale la pena, para adentrarse en la aventura de Mustafá Kemal Ataturk, leer la novela de Kenizé Mourad “De parte de la princesa muerta”, que relata el desplome del imperio otomano desde la óptica de una niña de 12 años.

Panamá tiene embajada en Turquía desde septiembre de 2015.  La decisión de abrir una embajada en Ankara obedeció al interés nacional de fortalecer las relaciones con todos los países, especialmente con aquellos con los que conjuga intereses comunes.  Turquía es observador ante el Sistema de Integración Centroamericano (SICA) y ante la Organización de Estados Americanos (OEA).  Es además el principal socio comercial que tiene el país en la región centroamericana a tal punto que ahora contamos con un vuelo directo de la aerolínea Turkish Airlines. Ambos países son socios estratégicos en el tema humanitario, tan sensitivo hoy día, y esa nación es la que más refugiados alberga en el mundo, acogiéndose al mandato de la I Cumbre Humanitaria de Naciones Unidas, en la que Panamá participó activamente.

 

Nuestro país está dignamente representado en Ankara por el embajador Jorge H. Miranda, de probado profesionalismo y ejecutorias en el servicio exterior, que les ha dado un impulso definitivo a las relaciones de Panamá y Turquía.  El embajador turco en Panamá es Deniz Ozmen.

 

 

 

 

Marruecos en la literatura

Por Mariela  Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 1 de abril de 2015

Poco conocemos de la literatura marroquí, pero hay académicos e hispanistas que han estado promoviendo desde hace mucho tiempo el intercambio cultural con el sur de España, donde la influencia morisca es más evidente

Hacer un balance de la literatura marroquí, sea en árabe, español o francés, que son las lenguas en las que generalmente se escribe y publica, es tarea de especialistas que durante años la han evaluado, especialmente por los vaivenes que esa región del Magreb ha tenido desde que se conoce de ella. El Reino de Marruecos, como oficialmente se llama, es un país musulmán en África, que tiene al norte el Mar Mediterráneo, y al oeste el Océano Atlántico, allí donde confluyen los dos grandes mares. Frente a Europa está África, a solamente 39 kilómetros de distancia.

Galería de Eugene Delacorix

Es una monarquía constitucional y hace un año y medio tiene una embajada en Panamá, aunque las relaciones entre los dos países datan de más de 40 años. Los anteriores embajadores eran concurrentes y despachaban desde países cercanos.

Se estima que es el lugar más antiguo del mundo, ya que en sus tierras se encontró un cráneo de Homo Sapiens en el año 8000 AC. Una de las lenguas y etnias más destacadas de Marruecos es la bereber y todo indica que surgió al mismo tiempo que la agricultura.

Como fue protectorado español y francés, no estuvo exento de disputas entre esos dos países, que querían contar con un frente estratégico en sus tierras, con cierto apoyo y mediación de Gran Bretaña. Al soplar los vientos de guerras, las tensiones se acrecentaron y los mismos marroquíes se fueron involucrando en movimientos separatistas, que lograron que en 1956 se constituyera un país independiente.

Mientras todo esto ocurría, y desde tiempos inmemoriales, Tánger, la ciudad puerto que une a Europa con África y al Mediterráneo con el Atlántico, seducía a muchos intelectuales, artistas, conquistadores y gente famosa, que hicieron de ese maravilloso lugar un mito, una atmósfera, que cuando uno la abandona se pregunta si es que la soñó.

LOS FAMOSOS DE TÁNGER

En el siglo XIX las misiones diplomáticas y comerciales europeas aumentaron su presencia en la ciudad y en 1925 Tánger se convirtió en Zona Franca internacional, bajo la soberanía del Sultán de Marruecos. Esa es la época dorada de la ciudad, cuando se experimentó un gran desarrollo cultural y económico que le creó una reputación ‘novelesca’ en el cine y en la literatura. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que en esa ciudad se inventó la globalización.

De los más emblemáticos tangerinos está Ibn Battouta, nacido en 1304, que fue un viajero, peregrino, explorador que, al igual que Marco Polo (con quien se le compara) recorrió kilómetros para conocer el mundo, aunque lo hacía por razones intelectuales, mientras que el italiano, por razones comerciales. Se estima que recorrió el oeste, centro y norte de África, parte del sur y el este de Europa, Oriente medio, la India, Asia central, el sureste asiático y China, por lo que superó al viajero oriundo de Venecia en sus desplazamientos. Su tumba es lugar de peregrinación si uno visita su ciudad natal y a ella hacen referencia muchas novelas al igual que películas. Su ‘rihla’ o periplo le tomó 20 años, y está relatada por un estudioso granadino, Ibn Yuzayy, motivado por el sultán de esos tempranos años del siglo XIV, que lo contó en detalle en una crónica dictada por el trotamundos tangerino, a instancias del sultán.

Madre de leche y miel

Es interesante conocer que Marruecos fue el primer país en reconocer la independencia de Estados Unidos en 1777 y, en agradecimiento, el Sultán Moulay Slimane regaló a la misión estadounidense una regia mansión en Tánger, en 1821. Hoy día funciona allí un museo, que muestra la historia de la ciudad entre los siglos XVII y XX.

A Tánger, como a un imán, fueron a dar muchos escritores, de la talla de Tennessee Williams, Paul y Jane Bowles, Ernest Hemingway, William S. Burroughs, Raymond Chandler, Truman Capote y otros que entre 1925 y 1960 fueron parte de un movimiento conocido como la generación beat. A ellos se les unió el pintor Henri Matisse, que decía de Tánger que era ‘el paraíso del pintor’ y otro artista francés, Eugene Delacroix, exclamó, al descubrir la ciudad ‘Vengo de recorrer la ciudad. En este momento soy como ese hombre que sueña y ve cosas temiendo que se le escapen’. Su obra, a partir de ese encuentro con el paisaje tangerino, sufrió una transformación innegable. Hay una Galería Delacroix en la Rue La Liberté, que sube hacia el Gran Café de París, casi enfrente al mítico hotel El Minzah, en donde se hospedaron en su momento, Rita Hayworth, Rock Hudson, el diseñador Yves Saint-Laurent, Tennessee Williams y Paul Bowles. Otro dato que es de resaltar es que la película Casablanca no fue filmada en esa ciudad marroquí, sino enteramente en Hollywood, pero para celebrar la notoriedad, hay un Ricks’s Café en la ciudad de Casablanca.

Eva, de Arturo Pérez Reverte, que se escenifica en Tánger

Los afectos de Saint-Laurent se establecieron en Marrakech, donde compró varias propiedades, una de ellas la Villa Oasis. En esa también maravillosa ciudad hay una fundación y ahora cuenta con un museo Yves Saint-Laurent.

PUENTE CULTURAL ENTRE LA LITERATURA ESPAÑOLA Y TÁNGER

Poco conocemos de la literatura marroquí, pero hay académicos e hispanistas que han estado promoviendo desde hace mucho tiempo el intercambio cultural con el sur de España, donde la influencia morisca es más evidente. Autores marroquíes contemporáneos son muchos, aunque algunos no vivan en su país, como es el caso de Leila Slimani, que ganó el Premio Goncourt en 2016, el más prestigioso de la lengua francesa, por su libro Canción dulce y que hoy forma parte del gobierno del presidente francés Emmanuel Macron para el tema de la Francofonía. También destacan novelistas y cuentistas como Mohamed Akalay, Larbi El-Harti, Mohamed, Lahchiri y Najat El Hachmi; los relatos de género negro de Ahmed Oubali y la poesía de Mohamed Mamún Taha, Abderrahmán El Fathi y Abdellatif Limami.

Niebla en Tánger

Algunos escritores en lengua española que son dignos de mencionar, que recrean sus obras en Marruecos, son el mexicano Alberto Ruy Sánchez, que ha recibido más de 100 premios nacionales e internacionales y que fue elogiado en su momento por Octavio Paz, Juan Rulfo, Severo Sarduy, Alberto Manguel y Claude-Michel Cluny. Ruy Sánchez dirige desde 1988 la revista Artes de México y para él, cuando visitó el Sahara por vez primera, tuvo un Déjà vu que lo transportó a su primera infancia. Lo que él llama ‘la memoria involuntaria’ ha permanecido como una constante en sus obras.

Ángel Vásquez, nacido en Tánger, pero considerado escritor español, ganó el premio Planeta en 1962. Su mejor novela es La vida perra de Juanita Narboni , publicada en 1976 y de la cual se hizo una magnífica película, que transcurre en su ciudad natal. Hace un mes la cinta fue presentada en Panamá dentro del mes de la Francofonía por la Embajada de Marruecos. La obra de Vásquez ha sido elogiada por Alejo Carpentier y Juan Goytisolo.

Elías Canetti, de origen búlgaro y que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1981 publicó un interesante libro titulado Las voces de Marrakech , un recuento de su visita a esa ciudad.

Más recientemente, Arturo Pérez Reverte toma a Tánger y su puerto como escenario de la segunda novela de la serie Falcó, titulada Eva , que está formidable. También la escritora española, Cristina López Barrio, finalista del Premio Planeta 2017 se traslada a Tánger con su obra Niebla en Tánger. Javier Valenzuela, que laboró en El País y estuvo destacado en Rabat, tiene dos libros en torno a Tánger: Tangerina y Limones Negros , que son del género negro.

Librería Las Columnas

Y como siempre hay un lugar que aglutina a los escritores, la Librería Las Columnas, fundada en 1949, en la época de ebullición de la ciudad de Tánger, era donde se reunían autores como Samuel Beckett, Jean Genet, Tennessee Williams, Truman Capote, Paul Morand y otros. Ha logrado mantenerse como un espacio de expresión, de libertad, de consulta, de saber y difusión y allí se encuentran libros en árabe, español, inglés, francés y es un verdadero ícono de la ciudad.