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Un planeta para México

Domingo 18 de enero de 2015 

En el 2014, Jorge Zepeda se convirtió en el primer autor mexicano en recibir este galardón por la novela Milena o el fémur más bello del mundo

 Cortesía
CORTESÍA

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


El 15 de octubre de cada año se da a conocer, en la ciudad de Barcelona, el ganador y primer finalista del Premio Planeta. Con 601 mil euros (aproximadamente 800 mil dólares), es el mejor dotado de los galardones literarios después del Nobel. El año pasado Jorge Zepeda Patterson se llevó el honor de ser el primer autor mexicano en recibir este galardón por Milena o el fémur más bello del mundo , su segunda novela, que es una especie de continuación de la primera, Los Corruptores , pero que se lee de manera autónoma.

El primer tiraje en España de la novela alcanzó los 200 mil ejemplares, por lo que México se apuró a tenerla editada y lista para la Feria del Libro de Guadalajara. En la FIL fue presentada a inicios del mes de diciembre, tanto porque el autor es mexicano como también jalisciense de adopción. En esa ciudad, cuna del tequla y los mariachis, tuvo una extensa labor profesional.

PERFIL PERIODÍSTICO

Zepeda Patterson es economista y sociólogo, con maestría en ciencias sociales y estudios de doctorado en ciencias políticas de la Sorbona de París. Tiene una columna dominical en veinte diarios de México y una semanal en El País de España, titulada ‘Pensándolo Bien’. Ha sido fundador y director de varios diarios y obtuvo el afamado premio María Moors Cabot, de la Universidad de Columbia. Actualmente dirige el diario digital Sinembargo.mx. Sus análisis y coberturas hacen temblar a los políticos y al statu quo en general.

Los amos de México y Los Suspirantes son dos de los libros que ha coescrito. Los Corruptores , su primera novela, se convirtió rápidamente en un éxito editorial sin precedentes, siendo traducida a varios idiomas. Por esta obra se llegó a conocer como el ‘nuevo Stieg Larsson de la novela negra’.

Los Corruptores se enfoca en la corrupción de la clase política mexicana. El descubrimiento del cadáver de una conocida prostituta revela el intercambio carnal que existía entre ella y una serie de políticos que fueron objeto de sus favores. En este libro premiado la trama transcurre en el sur de España.

Su protagonista, una bella croata que a los 16 años es obligada a convertirse en esclava sexual, se llama Milena y, afortunadamente, no muere, aunque todos tratan de matarla.

Babelia , suplemento cultural de El País , publicó que ‘el fémur más bello del mundo’ era un título de cartel de circo. Zepeda Patterson explicó en la presentación que hizo en la feria del libro -frente a las mayores autoridades de esa institución y los grandes jefes de la editorial- que cuando Milena era pequeña veía jugar a otros niños con los huesos que sacaban de los cementerios como espadas, por lo que ella no quería ser, cuando falleciera, un fémur que fuera utilizado como arma durante juegos infantiles. Porque era de piernas larguísimas y figura escultural.

Con la incorporación de parte de ‘Los Azules’, tres de los cuatro que protagonizaron Los Corruptores , Milena experimenta una trama defensiva tras la saga de persecución que se desata cuando su protector, un poderoso dueño de medios, fallece en su cama dejando una nota lapidaria a su hija, en la que le brinda instrucciones de cuidar una comprometedora agenda de anotaciones.

LENGUAJE CUIDADOSO Y PULCRO

Conocí a Jorge Zepeda Patterson cuando vino a presentar Los Corruptores en la Feria del Libro de Panamá. Me impresionó su forma de hablar pausada y melodiosa, cuidando la perfecta articulación de lo que dice. Leyéndolo me cautivaron sus palabras y la tersura de su prosa, que vigila al extremo de volver algunas de sus protagonistas ‘evanescentes’.

Las pasiones, los celos -tanto amorosos como profesionales- los encuentros y desencuentros, y los resentimientos afloran a lo largo de la novela y en todos los aspectos posibles, por lo que se entiende que su redacción fue monumental. De allí que el premio que recibió sea tan merecido y determinante, para que así siga cultivando esa prosa ágil y tersa a la vez, que combina acción y amor en denuncia contra el poder y los hilos con que éste maneja la corrupción.

Si la novela anterior versaba sobre los carteles de la droga y la competencia que éstos mantienen en México, acá nos adentramos en una trama más compleja, de una realidad que, a veces, no queremos ver: el tráfico de mujeres. Muchas son sometidas contra su voluntad y obligadas a ejercer la prostitución. Detrás de este panorama desolador se encuentra una red de proxenetas con conexiones a nivel mundial, capaces de poner en jaque a las sociedades y los gobiernos más fuertes del mundo. Y es que la trata de blancas -como se le conoce a este negocio- ya ha alcanzado los niveles que el crimen organizado le otorga al lavado de dinero y trasiego de drogas, con el agravante que se involucra a mujeres vejadas en un mundo cada vez más globalizado.

UNA PRESENTACIÓN DE LUJO

Carlos Puig, periodista mexicano a quien le correspondió presentar el libro, le preguntó a su amigo Zepeda Patterson acerca de lo que planeaba hacer con el dinero de premio. Ante la agresividad del presentador el novelista optó por decir que el monto no es tanto si se le aplican los impuestos y otras deducciones.

Narró cómo llegó a sensibilizarse con el tema de la trata de personas, no solo para propósitos sexuales (que son los más lucrativos porque se vuelven esclavos). Una gran cantidad de sus compañeros de trabajo se hicieron presentes en ese acto en honor al primer mexicano que gana el Premio Planeta.

Milena o el fémur más bello del mundo se lee con fruición y delicia de principio a fin, como se leen las columnas que Zepeda Patterson firma cada semana, donde analiza -con la precisión de una guillotina bien afilada- la realidad mundial y de su país. Los jurados del Premio Planeta han seleccionado muy bien a su último ganador.

El pintor de la nacionalidad

Domingo 28 de diciembre de 2014

“Hoy, día que se conmemora un siglo de su nacimiento, la figura del pintor Juan Manuel Cedeño y su obra cobran más valor e interés.”

 Foto: Fotógrafo - La Estrella
FOTO: FOTÓGRAFO – LA ESTRELLA

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Este domingo 28 de diciembre se recordará, con música de arpa y guitarra, la entonación del himno santeño y la exposición de algunas obras originales -y otras reproducciones en la técnica de la serigrafía- al insigne pintor panameño Juan Manuel Cedeño, quien falleciera en 1997, unos meses antes de cumplir los 83 años de edad.

Su hijo, el doctor Roberto Cedeño ha organizado un ‘happening’ para recordarlo, por lo que este domingo la bohemia y la cultura se darán cita en la heroica Villa de los Santos para enaltecer la vida de este singular e inolvidable panameño. Con esta celebración se cierra el ciclo de los intelectuales panameños que nacieron hace 100 años, como fueron Ricardo J. Bermúdez, Manuel Ferrer Valdés, entre otros.

Juan Manuel Cedeño dedicó su vida a la docencia y cultivó el retratismo como una forma superior de la expresión artística, pero de igual forma sus obras creativas, así como las nacionalistas y folclóricas, son referentes de la pintura panameña del siglo XX.

El maestro Cedeño dejó una estela de caballerosidad e hidalguía que no ha tenido parangón entre sus contemporáneos, y siempre tuvo a mano una anécdota chistosa, un piropo apropiado y la eterna disposición de mostrar sus destrezas en el dibujo y la pintura, pero sobre todo en la composición, tanto en sus cuadros como en sus retratos. Hoy día no existe una colección particular o institucional que se respete que no tenga un retrato de este pintor singular.

ORÍGENES, EDUCACIÓN Y EXPOSICIONES

De lo profundo de la campiña, Juan Manuel Cedeño Henríquez era el penúltimo de 15 hermanos. Los tizones de carbón de los fogones fueron sus primeros instrumentos de dibujo. A los 10 años emprendió su primer viaje a la ciudad de Panamá (zarpó desde el puerto de Mensabé), donde estableció, por primera vez, contacto con las pinturas que engalanan el Teatro Nacional, creadas por el maestro Roberto Lewis.

Este ilustre pintor panameño sería quien lo encaminaría posteriormente en sus inquietudes y destrezas pictóricas y le orientaría académicamente. Ejerció el magisterio brevemente por la simple razón de sobrevivir, y llegó a merecer una beca del prestigioso Art Institute de Chicago, cuando tenía 30 años. Allí logró perfeccionar el conocimiento de técnicas y corrientes, para recibir las influencias de destacados pintores europeos que, por coincidir, con los últimos años de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la postguerra, se habían congregado en ese centro artístico (1944-1948).

A su regreso, dirigió por unos años, la Escuela Nacional de Pintura y volvió a viajar hacia México, donde logró empaparse de las técnicas de las pinturas al fresco, estableciendo, de paso, el contacto con los pintores que la ejercían con fruición. De vuelta al suelo patrio, fue invitado a formar parte del cuerpo de profesores de la Facultad de Arquitectura, donde estuvo hasta jubilarse. Son famosos los retratos de Octavio Méndez Pereira y Harmodio Arias Madrid, que se muestran en la rectoría de la primera casa de estudios panameña.

Según el crítico Pedro Luis Prados, en su obra La pintura en Panamá (1870-1950) Juan Manuel Cedeño es, junto a Humberto Ivaldi, ‘representante de la primera generación de artistas nacionales que dieron forma a la concepción de una plástica con matices autóctonos’. Sus primeras exposiciones se verificaron en las instituciones artísticas de Chicago, y en 1950, en la Tercera Exposición Anual de Bellas Artes, que se realizó en el Instituto Nacional.

De allí en adelante, muchas fueron las muestras en las que participó, tanto a nivel nacional como también fuera de nuestras fronteras, sin dejar de mencionar una importante exposición de la Unión Panamericana de Washington, D.C. en 1950, titulada ‘Ten Panamanian Artists’.

HERENCIA DEL MAESTRO

Uno de los encantos que tuvo para él su primer viaje a la ciudad de Panamá fue la de ver las pinturas murales del Teatro Nacional, elaborados por el maestro Roberto Lewis. El destino le reservaría el honor de restaurarlas entre 1972 y 1974.

A sus numerosos alumnos les recalcaba que el que dominaba el dibujo y la figura humana, que tenía el control de toda su técnica. En sus tertulias o en charlas más formales siempre repetía hasta el cansancio que el dibujo lo era todo. En su caso, la armonía de la composición, que muchas veces tenía música, también formaban parte de ese todo, porque el sonido del arpa y la guitarra, que tanto le gustaban, estaban presentes en sus cuadros.

En el friso del despacho de la Presidencia de la República se muestran los rostros de algunos presidentes que fueron pintados por él y por su maestro Lewis. Cada encargo del retrato de una personalidad, o de un familiar querido, era abordado con la seriedad de un estudio pormenorizado de sus gestos, costumbres, la preparación del lienzo, la selección de las luces que destacarían la pigmentación que usaría, el gesto que trascendería un legado póstumo.

Juan Manuel Cedeño recreó en su casa citadina la usanza de los hogares del interior. Allí, en Nuevo Reparto El Carmen, volvía uno a sentir su amor por la campiña. En el piso de arriba tenía su estudio, donde recibía siempre en forma afable y donde posaban los que aspiraban a tener en vida un retrato de su autoría. Hasta sus últimos días gozaba de una postura envidiable y gallarda, ya que fue un destacado atleta, llegando a competir en 1937 en unos juegos centroamericanos.

Fue un gran artista, que destacó en el retratismo sobre todos los demás, pero que enaltecía las representaciones costumbristas con rima y sentido musical incomparable. Hoy, día que se conmemora un siglo de su nacimiento, su obra y nombre cobran más valor e interés por la profundidad de su pensamiento, su trayectoria y su ejecutoria, que sirvió de ejemplo para muchos artistas que basan su destreza en el dibujo.