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El poder de la iconografía

Domingo 20 de septiembre de 2015

‘Panamá tiene suficientes símbolos o marcas en los que se pueden inspirar nuestros artistas y diseñadores’

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Ámsterdam, Holanda—. La iconografía es la descripción o el tema representado en imágenes artísticas, así como de su simbología y de los atributos que representan a los personajes a los que se alude. Visto de esta forma es que podemos disfrutar en un poblado al sur de Holanda, llamado Zundert, donde hace 162 años nació un genio de la pintura impresionista, Vincent Van Gogh, de un desfile de carrozas hechas totalmente de flores y que este año fue dedicado al artista. Participaron 19 carrozas y una fue premiada. El tema era alegórico de la obra del holandés que tuvo una vida tormentosa y que en un incidente todavía no muy claro, le fue arrancada una oreja por nada menos que uno de los pintores que estuvo más cercano a Panamá, porque vivió en la isla de Taboga en su paso a la Polinesia, Paul Gauguin.

En este país la iconografía está muy ligada al arte, y los símbolos que identifican a pintores como Rembrandt, Vermeer y Van Gogh van casi de la mano con los tulipanes, los suecos de madera, los molinos, las bicicletas que usan para trasladarse a todos lados, la camiseta naranja de los jugadores de fútbol y más recientemente, la marihuana. Los colores de Van Gogh, especialmente el amarillo de sus girasoles, se usan en todos lados y para todos los objetos. Los holandeses son expertos en dragas, porque viven entre canales de agua que deben limpiar con frecuencia, respetan sus manifestaciones históricas y las mantienen incólumes, demostrando con eso que se puede ser un país de primer mundo, estar en la Unión Europea, negociar con euros y conservar una ciudad antigua que ostentan con orgullo como símbolo de su progreso y bonanza. Con ellos Panamá ya tiene varios contratos para construcciones en la bahía y la ampliación del Canal.

Todo esto me viene a la cabeza recordando el alboroto que se armó hace un par de semanas por la aprobación que se le dio a la Alcaldía para organizar un desfile para celebrar la Navidad y supuestamente atraer turistas a la capital, —para que la visiten todos aquellos que no pueden viajar a Estados Unidos—, según me lo justificó la encargada de cultura del Municipio. Se adujo como razón de peso de algunos de los opositores a este desfile, que a la Biblioteca Nacional se le había reducido su presupuesto. Y se añadió como alternativa que se le diera ese monto millonario a esa fundación. Posteriormente las mismas autoridades de la Biblioteca aclararon que no se les había reducido su presupuesto, sino todo lo contrario. El principio que debe prevalecer para oponerse al desfile no es que se le dé a uno en vez de a otro. Lo irresponsable está en tratar de justificar ese gasto estrafalario y extranjerizante, además de alienante, cuando se pueden hacer cosas creativas, estimulantes, incluso atractivas para el turismo que se quiere captar en Panamá, sin tener que pagar regalías a Disney o al Pato Donald.

Panamá tiene suficientes símbolos o marcas en los que se pueden inspirar nuestros artistas y diseñadores. Lo hacen los santeños para sus coloridos carnavales y el dinero que allí se gasta no permea a toda la población ni atrae paquetes turísticos. Es cuestión de dirigir las políticas culturales y turísticas en armónica colaboración para beneficio de una sola causa: el país que estamos construyendo.

Este desfile de flores, alegóricas a las obras de Van Gogh, es una demostración de voluntad, creatividad y amor propio. Seguramente será emulado por muchos por lo atractivo de la iconografía y los símbolos. Necesitamos alinear nuestras acciones para, si se quiere estimular el uso de la bicicleta, por ejemplo, tanto en la capital como en un municipio en particular, se logre un consenso y no solo se institucionalicen las ciclovías los domingos, sino que haya una regulación para el manejo de ellas. A lo mejor los santeños de San Miguelito pueden hacer un mejor desfile navideño sin que sea alegórico a Disney.

Pérez-Reverte, escritor y reportero

Domingo 20 de septiembre de 2015 

O ‘en los tiempos de oscuridad, la ignorancia del hombre era disculpable. En un siglo ilustrado como éste, resulta imperdonable’….

Portada de “Hombres Buenos”

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Arturo Pérez Reverte no solo se supera con cada relato, sino que en ésta su última novela nos enseña sus armas de reconstruir el pasado en base a mapas, libros de la época y hasta cotilleos de salón y recámara.

Va donde sea con tal de conseguir la información y eso es la garantía de que la novela te cautive desde el principio hasta el fin de las casi 600 páginas. Hay perlas que puedo citar como que ‘pocos se endeudan por comprar libros, pero nadie se priva de lucir cada domingo una casaca nueva….’

O ‘en los tiempos de oscuridad, la ignorancia del hombre era disculpable. En un siglo ilustrado como éste, resulta imperdonable’….

No se engañen con los títulos de libros suyos que él menciona allí. Estos no existen y es parte del juego que hace el autor para demostrar que no hacen faltas otras armas que el libro y la palabra frente a la ignorancia y la maldad.

Los duelos rescatan al reportero de guerra y maestro de esgrima, y las pesquisas de lugares, trazados de calles y descripción de salones de la alta sociedad francesa, en contraposición con la precaria y atrasada burguesía española, solamente pueden ser percibidos a través de su paciente óptica y rigurosa investigación.

Los desenlaces, como en casi todas sus novelas, son insospechados, como el que lleva al embajador de España en París, el maltrecho conde de Aranda, a darles a los académicos el dinero que les había sido robado, gracias a uno de esos juegos de palabras que solamente los masones entienden.

La relación de los dos académicos, que más dispares no puede ser, nunca se empaña a través de todas las vicisitudes que atraviesan, porque tenían en común que estaban orientados por las luces de la razón y quisieron cambiar el mundo con libros ‘cuando el futuro arrinconaba las viejas ideas y el ansia de libertad hacía tambalearse tronos y mundos establecidos’.