Archivos de la categoría Devastación y Deforestación

NOS HACE FALTA UN RÍO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 24 de julio de 2017

     En casi todas las grandes (y pequeñas) ciudades del mundo hay un centro neurálgico que lo ofrece la naturaleza, casi siempre es un río, por eso el transporte pluvial fue tan importante en tiempos pasados.  Paris tiene el Sena, Londres el Támesis, Madrid el Manzanares, Praga el Moldova, San Petersburgo el Neva y así nos vamos, por Lisboa el Tajo, Oporto el gran Duero y Santiago de Chile el Mapocho.  La bella población de Salamanca tiene un Tormes algo reducido por la gran sequía, Sevilla el Guadalquivir, Valencia el Turia y por Budapest, Hungría, pasa el Danubio, que también lo hace por ciudades de Alemania, Austria, Eslovaquia, Croacia, Serbia, Rumania, Bulgaria, Moldavia y Ucrania. Montreal, en Canadá, gira alrededor del río San Lorenzo y Boston en torno al Charles. El gran poeta español Jorge Manrique, en una de sus más célebres obras decía “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar”… (Coplas a la muerte de su padre).

Aquí solamente podemos decir que, para la ciudad de Panamá, donde se concentran la mayoría de la población y la actividad comercial, tenemos el río Matasnillo, que fue desde su primera referencia en la historia panameña, piedra angular en la construcción de la ciudad.  Pero hoy nadie escapa a su mal aspecto, a su nauseabundo olor y la vista patética que ofrece, la basura que arrastra, contrario a los ríos que son emblemáticos de otros países.

Nos seguimos llenando de concreto, invertimos fortunas en adecuar los espacios de la ciudad con mucho cemento, acero y vidrio y poca vegetación, pero estamos descuidando algo tan valioso como podría ser el rescate del río Matasnillo, sanearlo, darle espacio, construirle un puente que sea emblemático de la ciudad y donde hasta los enamorados pongan sus candaditos de amor eterno.

Salvemos nuestros atractivos naturales y no sigamos haciendo íconos artificiales que al final no nos identifican como nación.

SOLIDARIDAD EN LOS DESASTRES

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 26 de febrero de 2017

El lunes pasado fuimos remecidos por un temblor en esta tierra que gracias a estar alejada de una zona sísmica, no sufre de estos movimientos telúricos que se producen cuando las placas tectónicas chocan entre sí. Recordemos que la decisión de construir un canal por Panamá se tomó cuando circulaba en Nicaragua una estampilla del volcán Momotombo en erupción, y ese instrumento filatélico cambió el curso de la historia, ya que la primera opción para hacer el paso transístimico había sido por ese país centroamericano.

Sergio Ramírez Mercado, el escritor y ex vicepresidente de Nicaragua cuenta, en su Prosa Profana, publicación regular que reúne ensayos de gran valor tanto histórico como literario, que él pensó que esa historia pertenecía a las leyendas del folclor político.  Resulta que el hábil francés Philippe Bunau-Varilla convenció a los senadores estadounidenses de no llevar a cabo la portentosa obra en un país expuesto a catástrofes de terremotos, se valió de esta simple imagen como prueba, y después firmó como representante plenipotenciario del recién independizado estado de Panamá el tratado del canal que le concedía a los Estados Unidos, a perpetuidad, derechos sobre nuestra posición geográfica.

En nuestro país tenemos el volcán Barú, que le dá más lustre del que ya tiene la provincia chiricana, pero no está activo desde hace más de 500 años, así que de erupciones y temblores, como dirían, “no han escrito los autores panameños”.

Los que sentimos el remezón entramos en pánico por el temblor de 5.0 grados con epicentro en el Golfo de Panamá, pero rápidamente se activaron las alarmas para saber qué hacer en caso de que tuviera réplicas.  Otros países, en este mismo continente, han sufrido terremotos terribles y otros fenómenos naturales que los han devastado, y los panameños hemos estado dispuestos a ayudarlos, como es el caso reciente de los incendios forestales que se produjeron en Chile entre enero y febrero.

Nuestro benemérito Cuerpo de Bomberos acudió a ayudar a los hermanos chilenos, aun cuando ese país tiene una vastísima experiencia por su larga y difícil geografía en estos fenómenos, causados o naturales y cuenta con una Corporación Nacional Forestal (Conaf) que coordina con las unidades especializadas, lo que anualmente se agrava gracias a las altas velocidades del viento, altas temperaturas —tras sucesivas olas de calor—, baja humedad y la dificultosa geografía de los sectores afectados.

En un ejercicio combinado entre los gobiernos de Chile y Panamá, liderados por el embajador de ese país aquí, el equipo de brigadistas estuvo en la zona cero de combate al fuego, principalmente en las localidades de Lolol y Navidad.  Las condiciones de trabajo en la zona eran similares a las que los combatientes han enfrentado en Panamá, aunque con más oscilación térmica y mayor sequedad.  El tipo de combustible con el que contaban era liviano y la topografía plana. La temperatura estuvo entre los 32 a 40 grados.

Se hizo un trabajo de penetración y liquidación de un perímetro de 4 kilómetros.  Todos los brigadistas tenían un alto nivel de compromiso y motivación en permanente coordinación con una contraparte de CONAF Chile, que asistía en terreno las tareas de desplazamiento, provisión y ubicación, además de estar acompañados de un jefe de brigada con mucha experiencia en el área y un técnico.  En todo momento nuestro grupo de ayuda al hermano país estuvo acompañado por los representantes de la embajada de Panamá en Chile y por el Embajador de Chile en Panamá.  Un efectivo intercambio y colaboración bilateral.

Panamá fue el primer país de Centroamérica en movilizar dotación y fuerza humana para la catástrofe, lo que ha sido expresamente reconocido por CONAF.  La cooperación de Panamá demuestra que la relación bilateral es intensa en todos los planos, incluyendo la fuerte vinculación de instituciones de seguridad (bomberos, protección civil, policía) en este caso, con Chile.  De hecho, varios de los brigadistas que acompañaron la misión ya habían estado en intercambios de formación en instituciones chilenas, lo que es un indicador adicional de la madurez de nuestra amistad y colaboración en este ámbito con el país sureño.

La solidaridad entre países es la más hermosa y sólida de las cooperaciones, porque no tiene cláusulas y se basa en una perfecta coordinación.  Nuestros bomberos demostraron con esta experiencia, que tienen el profesionalismo y sobre todo, la sensibilidad para acometer tareas que no son comunes en nuestro territorio.