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Debacle en este lado del mundo

MARIELA SAGEL*

La Estrella de Panamá, 6 de Junio de 2010
CAMBRIDGE, MA. En el mundo entero todos los fenómenos naturales andan manga por hombro. Los terremotos en Haití y posteriormente en Chile, la erupción del volcán con nombre impronunciable en Islandia, que trastocó el tráfico aéreo entre Europa y el resto del mundo e hizo perder millones de dólares a miles de compañías y afectó a individuos que debían estar de uno u otro lado del Atlántico o de allende los mares, hasta el deplorable derrame totalmente antinatural, que hoy afecta el Golfo de México, no sabemos si la naturaleza se ha ensañado con los humanos por el abuso al que la hemos sometido.
Acá en Massachusetts amanecimos un día con una neblina un poco sospechosa y resulta que era el humo que se producía por unas quemas en Quebec, que a su vez habían sido causadas por descargas eléctricas, que provocaron incendios forestales tan fuertes que su humareda se sintió a kilómetros y kilómetros de distancia.

El derrame del Golfo de México es todavía más preocupante, porque si bien todos los fenómenos naturales son parte de la factura que nos pasa la madre naturaleza por el maltrato y el abuso, la culpa de esta tragedia es entera responsabilidad del contubernio de las petroleras con el gobierno, para decirlo de una manera elegante.

Si por el golfo llueve, en Centro América no escampa. El huracán Ágata se estrenó con fuerza antes que se iniciara oficialmente la época de huracanes y sus secuelas están dejando muchas víctimas en esas empobrecidas regiones y muy malos tiempos en nuestros países, donde está lloviendo más que nunca. Agréguenle a esto las erupciones de volcanes en Guatemala (otro fenómeno natural más) y en Ecuador y vamos sumando desastre tras desastre.

Ayer, 5 de junio, se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente. Mientras las entidades promotoras de la conservación y adscritas al protocolo de Kyoto —que todavía está vigente, pero que nunca lo firmó Estados Unidos— y tantas otras preocupadas por los recursos naturales de nuestro planeta exhortan a las buenas prácticas ambientalistas, en Panamá estamos dando alegremente concesiones mineras a cielo abierto que son altamente dañinas, no estamos siguiendo las pautas para que las represas hidroeléctricas se apeguen a un verdadero plan de desarrollo del área y seguimos sin solucionar los problemas elementales que abruman a los habitantes del pequeño istmo, como son el alcantarillado, el saneamiento de la bahía y la disposición de los desechos.

El gobierno, tal como si fuera Harry Houdini, se saca ahora de la manga una nueva autoridad de aseo, sumando más burocracia a la ya inoperante existente y todo empieza a caminar como la procesión de Taboga (tres pasos para adelante y dos para atrás).

Me preocupa qué va a hacer el señor alcalde ahora que ni la basura va a recoger. De repente se le ocurre organizar un concurso de bailar por un sueño en la Cinta Costera y allí sí que la acabamos de rematar. Creo que además de una abierta degradación para la posición del burgomaestre, es una gran bofetada para los que votaron por él, porque se burlan de esa confianza que depositaron en quien ni de sus mentores ahora la merece. Tal como dice mi admirado periodista y excelente columnista, —de los pocos buenos que quedan en La Prensa—, Paco Gómez Nadal, ‘hoy es la misma mierda que ayer, multiplicada por 1000. Mejor sinceremos esta basura de planeta’.

Arboricidio vergonzoso

MARIELA SAGEL*

Aunque la palabra “arboricidio” no existe como tal en el Diccionario de la Real Academia Española, para todos es conocido que la misma se refiere a la tala de árboles que se ve como una decisión humana “deshumanizada” que acaba con los árboles que dan sombra, frescura, oxígeno, son reguladores del cambio climático y generadores de vida. Y para los panameños, especialmente los que residimos en la ciudad, ha sido realmente vergonzoso lo ocurrido en la manzana de Obarrio, donde se acaban de talar 181 árboles para dar paso a una torre dorada, en el peor estilo kitsch, que ofrecerá 285 habitaciones en un hotel cinco estrellas, casi como trasplantado de un emirato árabe a tierras panameñas.
El tema tiene para mí una carga emocional muy fuerte, toda vez que desde pequeña fui asidua visitante a las casas que conformaban esa manzana, porque era compañera de escuela de dos chicas que allí vivían. Disfruté de los helechos gigantescos que con tanto esmero cuidaba tía Rita de Obarrio y era testigo del espectáculo magnífico que una o dos veces al año nos ofrecían los guayacanes. Si bien cada uno de los núcleos familiares que allí residía fue buscando otros lugares donde vivir, por la superpoblación a la que se ha visto enfrentada esta privilegiada área de la ciudad y por el éxodo imparable de los hijos que se casan y se mudan, esta cuadra siguió siendo un pulmón más que necesario para el inexorable cabreamiento global, como lo ha apodado Paco Gómez Nadal. Con el boom de las propiedades que se dio recientemente, dicho inmueble fue vendido y ahora, en un acto de total irreverencia e irrespeto hacia la naturaleza, se ha devastado totalmente su superficie.

Pero la responsabilidad no recae solo en las autoridades que aprobaron el Estudio de Impacto Ambiental Categoría I (que se aplica a los proyectos que no generan Impactos Ambientales significativos o cumplen con la Normativa Ambiental existente, y que no conllevan riesgos Ambientales y se sustentan apenas con una declaración jurada debidamente notariada) o los que le dieron luz verde a la tala de los árboles (ANAM en 2008 y 2009 en el primer caso y Municipio en 2010 en el segundo), sino también de las manos oscuras de los promotores, arquitectos, socios y “ facilitadores ” de todo este entramado.

El arquitecto del flamante Hotel Las Américas Golden Tower es un uruguayo de nombre Carlos Ott, que hizo la mayor parte de su carrera en Canadá y la coronó diseñando para los jeques árabes que residen en Dubai. De allí que piense que todo lo que brilla es oro. Su momento de fama le llegó en 1983, cuando obtuvo un premio en una competencia internacional para la realización de la Ópera de la Bastilla, que conmemoraba la Revolución Francesa.

Otra persona aparentemente involucrada en este descollante mamotreto es el español Jesús Barderas, que tomó relevancia en las páginas de nuestros diarios hace un par de años por haber estado impulsando el tristemente recordado Centro Energético de las Américas y catalogado por un informe que en su momento levantó el Consejo de Seguridad como un “ magnate de los bienes raíces ”. Sus no muy transparentes ejecutorias nos llevan a negocios que ha hecho en la República Dominicana, donde, en su momento, conoció a importantes funcionarios del gobierno anterior.

Otro nombre que saltó a la vista —y sin que yo forme parte de ninguna unidad investigativa— es el de Henry Mizrachi, quien aparentemente ha estado en el ojo del huracán por quejas que ha recibido de parte de compradores insatisfechos de otros proyectos inmobiliarios que ha estado impulsando.

Lo malo de esto no es que lo talado ya talado está, lo peor es que el gobierno actual alega rampantemente que no puede hacer nada porque estas aprobaciones —menos la de la tala indiscriminada— fueron dadas en el gobierno anterior, pero no pasan la oportunidad para deshacer cualquier cosa que les cause inconveniente, como sacar en menos de cinco horas a la procuradora o mandar a un ex presidente a su casa en un caso donde se violan todas las garantías constitucionales.

Doble moral y doble arboricidio que seguiremos condenando mediante acciones de protesta y sembrando no solo ideas, sino también árboles para demostrar que ni las unas ni las otras las pueden abolir acciones de ignorancia supina y mucho menos intereses mezquinos que no tienen que ver con los de mejorar la calidad de vida de los panameños.

La manzana de Obarrio totalmente devastada
La manzana de Obarrio totalmente devastada