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LOS CHINOS EN EL CANAL DE PANAMÁ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 16 de septiembre de 2018

Para todos los que respaldamos el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá y la República Popular de China fue una alegría que éstas se concretaran el 12 de junio de 2017.  La Asociación Panameña de Amistad con China, establecida hace 16 años, a la que me honro en pertenecer, desplegó una ingente labor para que muchos panameños conociéramos las ventajas de ser amigos de los chinos del continente, un país milenario que es el segundo usuario del Canal de Panamá.  Li Yonglu, el recordado representante comercial de China (las relaciones comerciales entre los dos países se establecieron formalmente en 1996 con rango de embajador) comparó una vez el tener relaciones con Taiwán y no con China como si las tuviera un país con la isla de Taboga (ubicada en la bahía de Panamá) y no con Panamá.

La presencia china en nuestro país data de más de un siglo. La escritora Berta Alicia Chen, de ascendencia china, la documenta en su libro “Cómo, cuándo y por qué llegaron los chinos a Panamá” y la ubica en 1854 cuando llegaron 705 nacionales de ese país al istmo.  Ha sido un pueblo trabajador que ha puesto su cuota de sacrificio en las grandes obras que se han construido en esta estrecha cintura del continente, como el ferrocarril (para eso fue que los trajeron) y hoy día son dueños de un gran porcentaje del comercio al detal de manera ejemplar y sacrificada.  Pero no hay que confundir la gimnasia con la magnesia.

La peregrina idea de otorgarle a la embajada de China un terreno a la entrada del Canal de Panamá, en el área de la Calzada de Amador, es un error y un exabrupto que ha levantado todas las alarmas, incluso la de los gringos, tan despreocupados e indiferentes a lo que pasa en este lado del continente, que no sea el muro que quiere construir el pelirrojo que ocupa ahora la Casa Blanca en la frontera con su vecino México.  Pero la reacción del gobierno panameño ha sido equivalente a un harakiri, pero sin el honor de ese ritual.

Los terrenos de la calzada de Amador, que estuvieron vetados para los panameños mientras existió la Zona del Canal (por 74 años, hasta la firma de los Tratados Torrijos-Carter), no deben ser utilizados para establecer sedes diplomáticas de ningún país, ni para el que empezó su construcción (Francia), el que la finalizó (Estados Unidos) ni para su segundo usuario (China).  Hay muchas tierras que bien pudieran usar los diplomáticos chinos para poner su sede.  Ni que ellos nos hubieran dado un pedazo del Palacio de Verano o de la Muralla China en Beijing, que son emblemáticos de su país.

Pero la torpeza mayor la ha cometido, por supuesto y para variar, nuestro presidente, al defender esa prebenda inconsulta.  Al argumentar sobre la iniciativa de su casi agónico gobierno (le quedan menos de 10 meses de mandato) justificó que a la Fundación Omar Torrijos se le dio un espacio para ubicar un mausoleo donde reposaban las cenizas del general.  Un mausoleo vacío que, en palabras de la ex primera dama de la república, Dorita Boyd de Pérez Balladares, “está lleno de patriotismo.  Allí está el espíritu que hizo posible la conquista de esas tierras”.  No hay panameño que tenga más derecho a estar en esa área que el General Torrijos, porque fue gracias a él que tenemos el usufructo de nuestra posición geográfica y el control de la vía canalera.  En palabras del poeta Manuel Orestes Nieto: “Es un desvarío ir a contravía del sentimiento profundo del panameño, quien sabe perfectamente y con gratitud que al general Omar Torrijos le correspondió culminar la jornada final por la devolución de la vía interoceánica y el fin del colonialismo en nuestra tierra.  Hazaña tenaz que nadie puede regatearle, ni la mezquindad puede menoscabar”. La defensa (y ofensa) de esta verdad causó todo un revuelo en las redes sociales, esas que, al decir del escritor italiano Umberto Eco, han generado una “invasión de imbéciles”, ya que “dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”. Algunas opiniones, de supuestos referentes sociales y políticos, en detrimento del sentimiento patriota han sido verdaderamente lamentables.

Arnulfo Arias, el líder del partido del actual presidente, que llegó en tres ocasiones a la presidencia del país y nunca terminó ninguno de sus mandatos, en un decreto denigrante a la raza humana prohibió, mediante un “Boletín Sanitario” publicado en 1934, –cuando era director del Departamento de Sanidad y Beneficencia–, la entrada de “razas indeseables”.  El documento señala que las autoridades “han relajado y en ocasiones, apadrinado, la entrada al país de razas indeseables, y que la poca cultura que tenían los panameños de entonces no les había permitido desarrollar ‘un orgullo nacional para no mezclarse con elementos que lo inferiorizan’”.  Entre otros apunta a “‘una mancha amarilla’ que se extiende por las aldeas, pueblos y ciudades ‘que arrebatan con sus métodos comerciales de cuartillo y su dieta de arroz y chop suey los negocios de las manos de los panameños’” refiriéndose a los chinos, y ese decreto contiene otros epítetos denigrantes para los negros y otras etnias.

La oposición de los panameños dignos no es por la reacción que eventualmente tengan los gringos, — a ellos igual no los dejaríamos construir su embajada en las riberas del Canal–, ni tampoco porque ellos hayan llamado a su encargada de negocios a consultas, junto a los representantes diplomáticos de países que recién establecieron relaciones con China, como El Salvador y República Dominicana.  Es por nosotros, por nuestro orgullo patrio que debemos oponernos a que este presidente de caricatura deje de estar plegándose al mejor postor hasta el último día de su desacertado mandato.

 

 

70 AÑOS CUMPLIENDO UNA PROFECÍA

Por Mariela Sagel, Vida y Cultura de La Estrella de Panamá, 24 de junio de 2018

El 14 de mayo de 1948 el líder sionista David Ben Gurion anunció al mundo el restablecimiento del Estado de Israel, dos mil años después de haber desaparecido. Apenas unas horas después de este anuncio, seis naciones árabes atacaron al país, pues disentían de la decisión de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que permitía a los judíos recuperar la tierra de sus antepasados.  Esta guerra, llamada de independencia, duró hasta enero de 1949, y de ese bautismo de sangre Israel no solo sobrevivió, sino que prosperó y hoy es uno de los países que arrojan mayores tasas de crecimiento.  El país estaba conformado por apenas más de medio millón de sobrevivientes del holocausto, y hoy tiene casi 10 millones de habitantes.


El pasado mes de abril el embajador de Israel en Panamá, Gil Artzyeli ofreció una fiesta en el emblemático Club Hebreo, para celebrar estos 70 años, decorado con motivos típicos y locales, en homenaje al país que ha dado cabida a una gran población de hebreos que han venido de todas partes del mundo.  Artzyeli termina el otro mes su misión de 3 años en Panamá y sobre su experiencia conversamos:

MS: ¿Hubo un tiempo que cerraron la embajada aquí?

GA:  Cerramos la embajada por razones presupuestarias. No nos retiramos ya que eso hubiera sido un acto político.  Hoy en día las autoridades ven a Israel en Panamá de una manera muy diferente, como un país eje en la región, en Centroamérica, en el sentido más amplio. Esto se refleja en muchos aspectos, las relaciones bilaterales con Panamá son más amplias y profundas.

MS:  Uno de los ejes que ha impulsado su misión es el de la tecnología…

GA:  Dentro de tecnología hemos impulsado la celebración de Cybertech, en dos ocasiones, la primera en 2017 y la segunda este año y ya nos preparamos para la tercera versión, que será más amplia y durará dos días. Vamos a cubrir más temas y habrá más participación de empresas y conferencistas.  Es una parte importante de la cooperación entre Israel y Panamá.  Es un evento regional.  En Israel se celebra el más grande, en el mes de enero y otros se celebran en Tokio, Singapur, Toronto, Roma, pero el de Panamá es el único en América Latina.  Hay un concurso para innovadores porque la clave del desarrollo es la innovación.

MS: ¿Y cómo ha sido la continuidad de lo que allí se gestiona?

GA:  Hacer el primero fue muy difícil, el segundo fue más fácil pero más difícil por hacerlo más grande, pero ya tenemos el camino claro. El interés está sembrado, no hay que convencer a las empresas. La justificación de hacerlo en Panamá es que vengan de otros países a Panamá y así lo vendimos a Israel porque la primera pregunta fue: ¿por qué Panamá y dónde queda Panamá?  Pero tecnología e innovación abordan diferentes temas, como agua y agricultura.  También la educación está en este eje.

En materia de agua sabemos que las autoridades locales no están satisfechas con la situación y entienden y conocen que el manejo no es óptimo, hay mucho desperdicio, el agua ha sido como el aire por décadas, y ahora la realidad es otra, es un recurso en escasez.  No ahora mismo, pero sabemos que hay menos recursos hídricos y la demanda crece.  Hay que manejarlo de una forma adecuada.  Y no hay mejor país que Israel para compartir su experiencia porque nosotros no tenemos agua.  Por segundo año consecutivo estamos atravesando una sequía extrema y no hay una sola casa en Israel a la que le falte agua. Tenemos cinco plantas de desalinización, estamos llenando el mar de Galilea, todo con tecnología israelí. Somos el primero en el mundo en reciclar agua residual, o sea, aguas negras, aguas sucias, agua que no se puede utilizar, así como el uso de tecnología de osmosis inversa.  Se reutiliza el 85% del agua tratada.

Estamos trabajando muy estrechamente con las entidades que llevan el tema aquí, como IDAAN, el Canal de Panamá, traemos expertos, estamos compartiendo nuestros conocimientos y experiencias.  Hay 8 entidades que tienen que ver con el tema y las coordina CONAGUA.  Por lo menos ya se han puesto de acuerdo y están creando una base de datos porque cada una manejaba su propia base de datos.  Ahora se está unificando y compartiendo la información.  Hay un gran interés nacional en la materia.  Una vez culminada esta etapa, las autoridades decidirán cuál es el mejor modelo para Panamá.  Por ejemplo, desalinización no es lo más adecuado porque hay abundancia, lo que hay es que manejarla. Cae del cielo y va al mar y antes de que vaya al mar, hay que aprovecharla.  No hay país que dependa tanto del agua como Panamá.

MS: Pero el uso de esta agua reciclada, que no toda es apta para el consumo requiere acciones educativas al respecto…

GA: Parte del manejo del agua es educativo, es apreciar el agua, no tirarla.  Es como aire, fue aire por mucho tiempo, pero ya no.  Educación es importante pero también hay que darle un precio al agua, aunque sea de un centavo, ya que lo que no cuesta, no se valora.

MS: Y en el tema de agricultura, han pasado dos ministros durante su misión aquí.  ¿Se avanza en ese rubro?

GA: Me ha tocado trabajar con el ministro Jorge Arango y con el ministro Eduardo Carles y ahora le toca a él escoger la empresa que va a ejecutar el plan de establecer el primer centro de excelencia y ya ha mostrado interés en establecer el segundo.  La pelota está del lado de Panamá.  Puede ser en El Ejido o en Divisa.

Este país, por su ubicación y características y accesos a los mercados regionales puede exportar productos de calidad a todo el mundo.  En la embajada hemos construido un huerto, una casa albergue de 80 niños abandonados, dos hectáreas donde se producen tomates, pepinos, berenjenas, repollos, lechuga, culantro, etc, al lado de Tocumen, los niños aprenden a cultivar, tiene sistema de riego por goteo.  El éxito es que la gestión es de ellos, asesorados por un experto que traemos, y lo están haciendo muy bien.  Comen sano, se sienten orgullosos de lo que producen, venden el excedente, garantizan su salud, es un modelo ejemplar y el centro de excelencias va a servir como un modelo para los agricultores de Panamá.

MS: ¿Y en temas educativos?

GA: Hace tres años ofrecimos la participación de colegios en un concurso internacional de física que está en Israel en el que compiten 30 países del mundo y no había ningún país de América Latina.  Fue recibido con mucho entusiasmo por 13 colegios y el primer año lo financió enteramente la embajada y ganó el Colegio Episcopal San Cristóbal.  El segundo año lo adoptó la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt) y ya va para el cuarto año.  Los niños aprenden a través de este concurso y enseñamos a los profesores a impartir la materia.

Tuvimos también unos cursos regionales de educación de primera infancia, que son vitales para la estimulación de los niños y otro de empoderamiento económico de las mujeres. Este se hizo con CINAMU.  En conjunto con la cancillería, estamos haciendo de Panamá un país que contribuye a la región.  La razón de hacerlo aquí es porque este país es un eje regional.

MS: Veo también que ha tenido gran actividad en apoyo a discapacitados

GA: Si, es un proyecto de responsabilidad social que fue apoyado con entusiasmo por la comunidad judía y consistió en la compra de 270 sillas de ruedas para niños.  Las sillas son fuertísimas, prácticas, livianas y también con diseño muy moderno (son cool).  Fueron inventadas por una pareja israelí con propósitos de ayuda humanitaria.  El entusiasmo de la comunidad fue tanto que donaron el doble, así que compramos 15 gafas para ciegos que repartimos a jóvenes entre 15 y 30 años, que les permiten leer, identificar caras.  La empresa fabricante nos dio un precio especial y seleccionamos jóvenes sobresalientes en sus estudios o en su trabajo.  Generalmente estas gafas cuestan como 5 mil dólares, pero es un aparato que le cambia la vida a personas con ceguera o visión muy escasa en su desempeño en la vida.  Estamos en contacto con la Caja de Seguro Social para ver si ellos pueden subsidiarlas, como se hace en muchos países.

MS: ¿Y de la firma del Tratado de Libre Comercio qué destaca?

GA:  El TLC va a entrar en vigor en unos meses y primordialmente va a permitir exportar a Israel productos panameños, desde café y piña e incentivar inversiones israelíes en Panamá.  Tuvimos cuatro rondas de negociaciones.  Se realizó un evento de “Panama Invest” y “Panama Fest”, que combina la mejor forma de vender al país.

MS: ¿Cómo ha evolucionado Israel en 70 años?

GA: Israel se ha transformado de ser un país de 600 mil personas a ser unos 9 millones.  Teníamos un producto interno bruto de mil dólares, y ahora estamos en casi 40 mil.  Nuestra economía estaba basada en la exportación de naranjas (que es como exportar agua) y hoy somos uno de los países más importantes en tecnología, que está en todas las actividades de los panameños: si usas computadoras con Intel, es israelí, cuando manejas y usas Waze, es israelí, si tienes manejo asistido es israelí, cuando comes un tomate cherry es de Israel.  Hoy en día los países vecinos, con los que había mucha hostilidad, colaboran con nosotros.  Estamos viviendo una época de oro en todos los ámbitos.  Es un país seguro, próspero, relevante, que tiene relaciones con la mayoría de los países del mundo.  Con India y China apenas tenemos relaciones hace 25 años.  Y hay cooperación e intercambio de conocimiento y tecnología.  Estamos trabajando en cambiar la agricultura en India.  Dar comida a 1,300 millones de personas es un reto.  Podemos hacerlo para 4 millones de panameños.

MS: Israel es el país invitado a la Feria del Libro. ¿Cómo será esa participación?

GA: Es un gran honor y aunque no voy a estar aquí para esa ocasión, pues me queda solo mes y medio aquí, tenemos todo muy bien organizado, vamos a traer autores, artistas, vamos a exponer a Israel en todos los aspectos, con la innovación y la tecnología reflejada en temas educativos, agrícolas y también vamos a exponer el judaísmo.  Será una plataforma de lujo para un gran debate.  No podemos invitar a todos los panameños a Israel, pero sí a Atlapa del 14 al 19 de agosto.  En el plano turístico tendremos gafas 3D para ver lo que ofrece el país y que más panameños nos visiten.

MS: Finalmente embajador, una de las razones por las que muchos consideran que usted ha sido exitoso en su misión en Panamá es porque está casado con una colombiana. Dicen que es muy “chévere”. ¿Así lo siente? 

GA: Ella se casó conmigo porque soy “chévere”.  Estamos terminando un ciclo de 24 años en nuestras vidas en los que hemos estado en Colombia, en México, en España, en Los Ángeles y ahora en Panamá.  Cada país tiene su idiosincrasia y es diferente.  En nombre de mi esposa y nuestros hijos, hemos pasado tres años maravillosos y llevamos parte del país con nosotros.

MS: ¿Y baila salsa?

GA: No, vallenato.

*La profecía se refiere a Zacarías 12:2 en la Biblia