Archivos de la categoría Diplomacia

DE CONDECORACIONES Y EXCESOS

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 9 de junio de 2019

     Muchas ronchas han levantado las recientes condecoraciones que otorgó el presidente Varela, a punto de terminar su mandato, a miembros conspicuos de su gestión, como al Director del Consejo de Seguridad Nacional.  Hay que recordar que, en su momento, el expresidente Martinelli condecoró a todos sus ministros, muchos de los cuales se la pasaron subiendo y bajando escaleras durante los pasados cinco años, en la fiscalía especial, acusados de toda clase de malos manejos.

     Independientemente de cuál condecoración se les otorgó a estas personas, y la definición que acertadamente colgó Atenógenes Rodríguez del decreto que regula, por lo menos, la Orden Manuel Amador Guerrero, otros reconocimientos y condecoraciones se han estado dando recientemente, que no han levantado tanto interés pero que son, en su medida, más importantes que unas que hasta perro, micho y gato tienen en este país.

     Me refiero a la que se le concedió al ex embajador de Francia en Panamá recientemente en París, Patrick Boursin. Con motivo del día de América Latina en Francia, que fue una iniciativa del Senador Jean Marc Pastor en el año 2011 y que poco a poco se ha ido convirtiendo en la semana de América Latina y seguramente en breve será un mes dedicado a este continente, el embajador Boursin la recibió del presidente del Senado francés, Gérard Larcher, que es la segunda persona más influyente del gobierno. El evento contó con la participación de embajadores latinoamericanos y de personalidades que han sido merecedoras de recibir esta prestigiosa medalla, en los salones de la Cámara Alta francesa.

El embajador Boursin fue propuesto por nuestro embajador en el país galo bajo la siguiente premisa: “Considerando su trayectoria, el cariño y el apoyo que siempre ha manifestado para con nuestro país, el Embajador Fábrega le pide aceptar su propuesta de designarlo como la personalidad más relevante para recibir la medalla del Senado, en nombre de la amistad Franco-panameño”.

Patrick Boursin siente y piensa, desde su merecido retiro de la vida diplomática, que “Francia y Panamá están vinculados para siempre, por la aventura común del canal interoceánico, iniciado por Ferdinand de Lesseps, hasta su reversión a Panamá, en la víspera del año 2000, un gran momento que presencié. Queda mucho por hacer conjuntamente. Una mirada más ecuánime sobre Panamá sería propicia para concretar nuevos proyectos económicos comunes”.  Muchos desconocen que él es el padre del Metro, por lo menos de la primera línea, ya que fue el gestor del proyecto de factibilidad y consiguió el financiamiento inicial para que se hiciera, lo que no se pudo construir hasta que el expresidente Martinelli lo sacó de una gaveta donde lo habían metido los subsiguientes gobiernos al que terminó en 1999.

Patrick y su esposa Annie, fueron grandes promotores de la cultura francesa a través de la moda, la gastronomía, le tocó estar en Panamá cuando Francia ganó el Mundial de Fútbol y auspició un “happening” en Taboga con motivo del centenario de la muerte del pintor francés Paul Gauguin en 2003, al que concurrieron muchos artistas nacionales.

Otro galardonado la semana pasada, y por mérito propio, fue el Profesor Luis Navas Pájaro, por su trayectoria académica y en defensa de la identidad nacional y patriótica en la Facultad de Administración Pública, donde ha impartido clases por más de 40 años.  El Prof. Navas es el director del Instituto de Estudios del Canal.  El emotivo acto dedicado a su impecable trayectoria contó con la presencia de los más destacados intelectuales panameños, que ensalzaron las virtudes del ilustre compatriota que, desde joven, fue un ferviente defensor de la soberanía e identidad nacional, llegando a perder a su hermano, Juan, que fue vilmente asesinado cuando era Secretario General de la Federación de Estudiantes en 1966.  Ningún homenaje sería suficiente para el Prof. Navas que no fuera el ser propuesto para integrar la Junta Directiva del Canal de Panamá, como hemos estado pidiendo desde hace meses, para que ese privilegiado grupo deje de ser un coto de negocios para los allegados de los presidentes Martinelli y Varela.

Como bien apuntó el poeta Pedro Rivera, “Luis Navas pertenece a esa generación que le devolvió a Panamá su dignidad.  No claudicó, no se vendió, no se enriqueció y sigue luchando”.

Ante estas dos condecoraciones, y una tercera, que relataré en un próximo artículo, a la embajadora de Marruecos en Panamá, uno se pregunta, qué hace la cancillería actual condecorando a personas que pasaron con pena y sin gloria por este país, y en cambio, le regatearon, por lo menos a dos embajadores, su justo reconocimiento.  Me refiero a Philippe Casenave, que era el embajador francés cuando la pelea con la OCDE y lo trataron de manera displicente y a Gil Artizely, de Israel, que tanto empeño puso en el tema del agua y la agricultura, llevándose a medio gabinete a apreciar el milagro de una tierra árida que produce las mejores cosechas y aprovecha hasta la última gota de agua que está por caer en los alrededores.

MARCA PAÍS

Por Mariela Sagel, 19 de mayo de 2019, La Estrella de Panamá

     Durante la campaña electoral que recién terminó se realizó un foro de turismo entre los 7 candidatos, que aportaron algunos puntos valiosos, pero que no llegaron a definir lo que realmente necesitamos como país, tanto para atraer turistas como para ser considerados un lugar atractivo de visitar.  Es de todos conocido que la industria de turismo ha ido disminuyendo su aporte el producto interno bruto (PIB) en los últimos años, en parte por la falta de una promoción turística coherente.  Como me dijo un diplomático extranjero recientemente, Panamá no solo es polleras.

     En la mayoría de los países las atracciones turísticas son las culturales, siendo los sitios históricos los más visitados por casi todos los turistas, los entiendan o no (por ejemplo, los chinos tomando fotos a los santos en el Vaticano son una clara evidencia).  Si bien no podemos mostrar una catedral construida hace 800 años, sí podemos mostrar un conjunto monumental que se fundó hace 500 como la primera ciudad que establecieron los conquistadores españoles en el Océano Pacífico. El gran problema que hemos tenido para ser efectivos y exitosos vendiendo nuestro país es que la Autoridad de Turismo va por un lado, el Instituto de Cultura va por el otro, la Cancillería por ninguno y la facilidades de tener un “hub” aeroportuario en contravía.

     En México, que tan exitoso ha sido al vender el país como una gran y atractiva amalgama de manifestaciones artísticas (literatura, pintura, música, baile), gastronomía, tequila, playas, montañas, historia, se acaba de instalar un Consejo de Diplomacia Cultural entre la Secretaría de Cultura y la cancillería con el fin de “rearticular conjuntamente la política nacional de promoción y presencia cultural de México en el mundo”.  Según la nota que circuló, la Secretaría de Relaciones Exteriores asumirá, además de la cooperación en el tema cultural, la de coordinar las acciones de promoción económica, turística, cultural y científica en el extranjero.  Una sinergia perfecta que funcionaría muy bien en nuestro país.  Tenemos museos que, aunque algunos se estén cayendo, serían de interés para el visitante; un canal que es una de las más impresionantes maravillas del mundo; tenemos un desarrollo humanístico único en la Ciudad del Saber; tenemos un festival de jazz que ya casi alcanza su mayoría de edad, un festival de cine que cada año se pone mejor, una feria del libro que va a celebrar este año su décimo quinta versión, una oferta gastronómica que es la envidia de los países del área y muchas otras cosas que tienen que buscar apoyo (o mendingar) con empresas privadas. También tenemos resorts de playa, tanto en el Caribe como en el Pacífico, sitios de montaña impecables y de biodiversidad inigualables, islas donde se ha gestado la historia del continente americano (Taboga) pero no se ofrecen como un producto único sino desarticulado.  Tenemos la gran ventaja de contar con un “hub” aeroportuario donde pasan millones de pasajeros que, a veces hacen escala sin saber qué pueden venir a hacer a Panamá.  Nuestro “skyline” no tiene nada que ver con los países centroamericanos.

     El ensayo por el que pasó México, país ya de por sí exitoso en venderse, surgió durante la transición de gobierno el año pasado, ya que varios especialistas, grupos experimentados, académicos, se acercaron al gobierno electo y propusieron que hubiera un cambio en la manera y en la intensidad en la que se promueve la política cultural de ese país hacia el mundo, y es entonces que se incorpora la propuesta de una diplomacia cultural que deje atrás la vieja estrategia y rearticulara un nuevo modelo, teniendo a la cultura como eje transformador y tarea fundamental de la diplomacia.  Se creó así un Consejo de Diplomacia Cultural, con una dirección ejecutiva y que no estuviera solamente relegada a la cooperación.

     Debemos buscar la creación de una marca país, como la tienen y usufructúan muchos países.  Panamá es mucho más que polleras, que Mano de Piedra y Rubén Blades y es muy diferente a los #PanamaPapers. Es el momento en que el gobierno entrante estudie todo lo que no se ha hecho y también lo que se ha hecho, lo que ha funcionado y lo que no, y rearticule sus esfuerzos en el modelo que considere conveniente para que nuestro pequeño país se coloque en el “top of mind” de todos los operadores de turismo y al mismo tiempo, cuando salgamos a vender Panamá, lo hagamos de forma integral.